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Libro PDF Tus Ojos No Me Saben Mentir – Jess C Fadanelli

Tus Ojos No Me Saben Mentir - Jess C Fadanelli

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nuestras familias eran muy unidas.
Ambas somos Latinas. Ella ya tiene su carrera como una gran diseñadora
gráfica y yo como fotógrafa. A pesar de tener solo 22 años, ambas hemos decidido
trabajar juntas. Yo me encargo de tomar las fotografías requeridas, y ella hace su
magia en la computadora para así finalizar el trabajo de cada portada de revista,
portafolios para las modelos, enmarcadas de negocios, etc.
Nuestro trabajo es tan bueno que logramos conseguir un buen negocio en
Italia. Más específico, en Jesolo. No tuvimos que pensarlo dos veces cuando ya
teníamos las maletas preparadas. Nos iríamos a vivir juntas y que mejor que a
Italia.
Amamos nuestro trabajo, pero dicen que todos necesitamos de algo para
sentirnos completos. En ese caso, lo nuestro es la música.
Desde que llegamos a Jesolo hemos conocido a un gran amigo. Su nombre es
Pietro y al igual que nosotras, él tiene una pasión por la música y caya que el
talento lo tiene.
Al poco tiempo de instalarnos aquí, recordamos que nuestro grupo favorito
tenía una escuela de música justo en esta playa, así que no lo pensamos dos veces
cuando ya estábamos más que decididas a inscribirnos.
Como cada fin de mes, Diego y Luca se preparaban para salir al concierto
privado que ellos hacían para los alumnos de la escuela de música “Suono ora”
En este concierto todos los alumnos debían preparar una canción para
presentarla frente a todos los demás, así ponían en práctica lo que día con día
aprendían al mismo tiempo que ganaban experiencia frente a un público. Cerca de
este sitio donde se presentarían, había una de esas casas rodantes enormes y
bastante lujosas. Mantenían las cortinas abiertas, así que se podía apreciar lo
espaciosa y elegante que era, empezando por la pequeña sala con un sofá
formando la mitad de un cuadrado, era color crema con unos cuantos pequeños
cojines cuadrados de colores café oscuro, unos más claros y por ultimo unos
blancos. Este sofá estaba pegado a la pared y en el medio tenía una mesa pequeña
color blanco brilloso que la hacía parecer de mármol. Las cortinas eran blancas al
igual que la mayoría. Si mirabas desde cierto ángulo de la ventana, podías
observar algunas puertas al fondo de color café claro, las cuales suponía que serían
algunos cuartos y quizás el baño. Esa linda casa rodante era donde Diego y Luca
afinaban sus instrumentos o se arreglaban de último momento para el show junto
con ayuda de su amiga estilista Brisia.
*DIEGO
Hey
Brisia ¿En qué tanto piensas? Andas distraída, necesito que me ayudes
con esto mencioné
mientras intentaba peinarme un poco.
Lo
siento, es solo que –se pausó sin mirare aún. Tomó un poco de aire y me
miró fijamente a los ojos.
Necesito hablar contigo Diego.
Vaya
que eres lento Diego –Luca apareció de repente de una de las puertas
y comenzó a burlarse.
Yo ya quedé así que me voy, te espero allátomó
su
guitarra y salió de la camioneta rumbo aquel jardín donde sería el concierto.
En ese momento Brisia tomó mi mano y me miró directo a los ojos.

¿Qué querías decirme? –regresé mi mirada hacía ella y sostuve sus manos.
Pues
sabes que siempre te he querido…
Solté un suspiro al escucharla y saber que no era nada grave lo que tenía que
decirme –Brisia to también te quiero, eres una gran amiga, sabes que te estimo
mucho –le di un gran abrazo y después me separé un poco para mirarla.
¿Era eso
lo que tenías que decirme?
No
exactamente. Deja que termine de hablar.
Mencionó entre molesta y nerviosa. En si nunca he entendido mucho a las
mujeres, así que no sabría decir como estaba.
De
acuerdo, lo siento.

que me quieres como tu amiga. Pero yo no quiero eso, bien sabes que me
gustaría que lo intentáramos –dijo sin rodeos.
Brisia
basta sí. Ya hemos hablado de esto, sabes que por ahora no quiero
ninguna relación y además no creo que sea lo correcto. Trabajas con nosotros y eres
mi amiga.
Diego
si tan solo nos diéramos la oportunidad –me interrumpió
desesperada.
Basta
Brisia enserio –me sentía ya algo molesto.
Tengo que irme, ya se me
hizo tarde.
Salí casi corriendo de la camioneta al mismo tiempo que despeinaba un poco
mi cabello con la mano. Estaba algo confundido con la repentina plática de Brisia y
tenía ya el tiempo encima para el concierto. Al bajar de la camioneta no presté
atención y sin querer choqué con alguien provocando que por poco cayera al suelo.
*LÍA
Sentir la luz del sol en mi cara al entrar por la ventana no era muy de mi
agrado ya que sabía que era hora de levantarme y eso no era muy apreciado para
una amante del sueño, pero hoy no fue así. Hoy era un día especial y anhelaba que
amaneciera. Hoy Elizabeth y yo, iríamos a inscribirnos a la escuela de música
Suono ora, así que me levante y corrí a darme una ducha. Al salir, tomé un mini
short de mezclilla con un cinturón delgado color blanco, una blusa gris de tirantes
y unos tenis del mismo color. De inmediato preparé mis papeles y los metí en una
mochila pequeña para portátiles. Corrí al cuarto de Elizabeth para despertarla.
Elizabeth
–toque la puerta y de inmediato la abrió.
Vaya, ya estas lista.
¡
Más que lista! –mencionó entusiasmada.
¿Nos vamos?
Claro,
¿ya tienes todo verdad?
Sí,
eso creo. ¡Vámonos ya!
Tomamos nuestras cosas y salimos del departamento. La escuela no nos
quedaba tan lejos y teníamos tiempo de sobra para llegar caminando.
Rayos,
me olvidé del celular –gruñó al mismo tiempo que revolvía todo
dentro de su enorme bolso.

¿Quieres que te acompañe? –pregunté deteniéndome a mirarla.
No
te preocupes. No tardo, mejor adelántate –se dio media vuelta al mismo
tiempo que sacudía su mano para que me adelantara.
De
acuerdo, pero no tardes –grité mientras ella se alejaba.
Elizabeth corrió de regreso al departamento mientras yo saque los audífonos
y me los coloque. Caminé hacia la escuela imaginando como sería todo en la
escuela de música, cuando de repente sentí un golpe contra mí que casi me hace
caer al suelo.
Lo
siento, ¿estás bien? –fue lo único que escuché.
Sentí una mano tomar mi brazo mientras que la otra rodeaba mi cintura para
evitar que cayera, lo cual provocó que quedara de frente con esa persona. Era él.
Era Diego. Como no reconocer esos ojos color marrón. Al mirarlo me perdí en su
mirada.
*DIEGO
Su mirada era impactante. Esos enormes ojos oscuros eran tan expresivos
que podías ver lo que sentía en ese momento sin necesidad de que ella dijera una
sola palabra. Al mirarla por completo, su rostro se me hizo familiar pero a la vez
no recordaba haberla visto nunca antes en la ciudad.

¿Estás bien? –repetí.
Empujé ligeramente su cintura con la mano que la sujetaba para alejarme un
poco de ella y poder levantar su mochila para entregársela.
Gracias
–mencionó bajo un leve susurro. Parecía que estaba en shock.
De
verdad lo siento. Disculpa, tengo que irme. Me
alejé y corrí un poco
intentando recuperar tiempo.
*LÍA
Me quedé completamente muda al verlo y sentirlo tan cerca que no pude
hacer más que ver como se iba lentamente. De pronto volteó y me sonrió. Le
devolví la sonrisa y cada quien siguió su camino.
Caminé hacía la escuela. A decir verdad me faltaba nada para llegar y antes
de entrar, a los lejos vi a Pietro. Fui hacía él y me dio un fuerte abrazo.
¡
Lía! –exclamó emocionado al mismo tiempo que me abrazaba.
¡
Pietro!

¿Qué haces por acá? –preguntó mirándome a la cara algo confuso.
Pues
ya ves. Mi grupo favorito tiene su propia escuela de música, así que
vine a inscribirme.
Claro,
tus ídolos. Oye, pero no sabía que tenían su propia escuela de
música.
Pues
ahora lo sabes

¿Y piensas inscribiste sola?
En
realidad venía con Elizabeth pero olvidó su celular y regresó al
departamento por él. No debe de tardar.
Mientras platicábamos, llegó Elizabeth y Pietro nos acompañó a inscribirnos.
Al entrar, los tres quedamos fascinados. La escuela era amplia y con un gran
ambiente. Llegamos a la recepción y pedimos los informes para inscribirnos. De
inmediato la señorita nos llevó hasta una oficina donde tramitamos todo el papeleo
necesario.
A última hora, a Pietro le gustó tanto la escuela que decidió inscribirse junto
con nosotras. Al salir nos dirigimos a un café que quedaba cerca de ahí. Estuvimos
un buen rato hasta que sin darnos cuenta, ya había atardecido. Pietro se ofreció a
llevarnos al departamento en su auto.
*DIEGO
Tenía muchas cosas pendientes por hacer, pero a cada rato la imagen de
aquella chica venía a mi mente distrayéndome intentando recordar donde la había
visto antes. Me sentía como un estúpido adolescente enamorado.
¡
Diego! ¡Aterriza! ¿Qué te pasa? –Ese era Luca gritándome y haciéndome
aterrizar de cualquier pensamiento que tuviese en el momento.
Desde que
hablaste con Brisia has estado muy raro. Ni si quiera te concentraste en el
concierto.
No
es nada. Bah, en realidad lo mismo de siempre –talle mi frente mientras
recordaba la conversación con Brisia.

¿No has pensado en darle una oportunidad? Igual y funciona.

¿Tú también con lo mismo? –Me miró y alzó las manos en forma de
derrota.
Es decir, no la quiero de esa forma. Es nuestra amiga. Ni si quiera sé si
quiero una relación por ahora.

¿Y solo estás así de perdido por lo que te dijo Brisia? –indagó mirándome
como si fuera un psicólogo.
No.
En realidad hay algo que me tiene peor. Cuando termine de hablar con
ella, choqué con una chava que puedo jurar que la he visto varias veces. No lo sé,
hay algo en ella que…
Pues
igual y la has visto por las calles –dijo riendo.
Esto
es enserio Luca.
Igual
no es para tanto, creo que si te afecto el choque con aquella chica
misteriosa. ¿No habrá robado algo más que tu atención?

¿De qué hablas?
De
que también robó tu corazón –en ese momento soltó una fuerte
carcajada.
No
digas tonterías. No la conozco.
Bueno,
entonces ya vámonos que somos los únicos aquí y el concierto ya
terminó hace horas.
Capítulo 2.
*LÍA
Este fin de semana fue el más largo y lento que yo recordara. Ansiaba por
que llegara el lunes e iniciar las clases de música. Con suerte ya era Domingo y yo
tenía que preparar todo lo que ocuparía para mi primera clase, así que antes de
dormir, preparé la credencial junto con mi guitarra. Después de todo, fui a mi
habitación y me preparé para dormir. Como cada noche desde ese día, me
recostaba pensando en sus ojos mirándome. Me sentía como una adolescente
enamorada por primera vez y eso me causaba bastante risa. No sé cuantos minutos
habrán pasado pero me quedé completamente dormida.
Al día siguiente antes de que me despertara, llegó Elizabeth corriendo a mi
habitación y saltó sobre mi cama gritando ¡
Hoy es el día!lo
cual me hizo
despertar de un gran salto. Tomé mi almohada y se la lancé. Volví a recostarme
pero no contaba con que ella me golpearía nuevamente hasta que me levantara de
la cama.
Vamos
Lía, levántate ya. No seas floja. ¡Hoy es el día!
Lo
sé, y no puedo arreglarme si sigues en mi habitación.
Cierto.
Me voy. Pero no tardes –salió de la habitación azotando la puerta
felizmente.
Me talle los ojos y me estiré dirigiéndome hacia el baño para tomar una
ducha. Salí envuelta en la toalla y abrí el armario para ver que me pondría.
Después de sacar toda mi ropa, terminé seleccionando un blusón de gasa color
crema que dejaba al descubierto uno de mis hombros junto con un short corto color
negro. Me vestí y salí a la sala donde Elizabeth me esperaba.
Tomé mi guitarra y mi bolso junto con las llaves del auto. Teníamos poco
tiempo para pasar por Pietro y llegar a la escuela, así que decidí conducir y
ahorrarme tiempo. Al llegar, nos señalaron el salón principal donde se tomaban las
clases. Afortunadamente llegamos antes y aún no había nadie, así que nos
sentamos a platicar un rato mientras acomodábamos nuestras cosas. De pronto
escuché que alguien entró al salón.
*DIEGO
Llegué al salón como siempre pero esta vez me sorprendí al darme cuenta
de que había alguien dentro. Había una chica de cabello largo, lacio y negro de piel
blanca y con una sonrisa de oreja a oreja. También había un chavo con un estilo
entre punk y rock. Su cabello era claro y rapado de los costados dejando un bulto
de cabello en el centro con terminación de pico. Vestía una camisa larga sin
mangas color negro y al parecer su atención estaba totalmente dirigida a la chava
de en medio. Cuando ella volteó me di cuenta de que era la misma del viernes con
la que me había topado. Su largo cabello castaño claro, algo ondulado, y esos ojos
cafés oscuros los cuales se agrandaron con sorpresa el verme.
Hola.
Veo que son los primeros. Deben de ser nuevos –dijo mi hermano al
entrar a salón, provocando que dejara de ver a aquella chica
Así
es –mencionó aquel chico haciéndome regresar la mirada a ellos.
No
lo puedo creer, por fin en persona y fuera del escenario –susurró la
chica de cabello negro.
*LÍA
Elizabeth seguía sin creer que ellos fueran a ser nuestros maestros. Al ver de
nuevo la mirada de Diego, me atrapó como aquella vez en la que chocamos.
Nuestras miradas se cruzaron nuevamente el día de hoy y me perdí en su mirada
hasta que sentí que Pietro me tomó de la cintura por detrás rompiendo la conexión
de nuestras miradas.

¿Y tú no dices nada Lía? ¡Son tus ídolos!
Lo que dijo Pietro me sonrojó un poco. Pareciera que lo hacía con el fin de
molestar a alguien. No le quitaba la mirada a Diego junto con una sonrisa
triunfante. Cuando volví a mirarlo el solo esquivó mi mirada y siguió acomodando
su guitarra y una cuantas cosas más.
Al poco rato comenzaron a llegar todos dando inicio a la clase. Era inevitable
que mi mirada no se topara con la de Diego y cada que pasaba esto un silencio
incómodo y profundo llegaba a mí como si no hubiera nadie más.
Cada alumno tocaba su instrumento en su respectivo sitio. Yo tocaba mi
guitarra mientras lo miraba repentinamente.
Veo
que tocas demasiado bien la guitarra. ¿Cuál es tu nombre? –me
preguntó Diego situándose justo al frente de mí.
Lía
–intenté sonar normal pero su presencia me ponía nerviosa haciendo
que mi voz me delatara.
Lindo
nombre Lía. Pero sigue tocando, quiero ver que tienes en mente.
Retomé mi concentración en la guitarra y toque una parte de la melodía que
tenía en mente. Sentía como Diego me miraba y luego miraba mis manos sobre la
guitarra.
No lo niego. La mirada de Diego tan penetrante me ponía demasiado
nerviosa. Terminé parte de la melodía que tenía y lo miré directo a los ojos con una
gran sonrisa.

¿Qué tal te pareció?
Aunque
no está terminada, me encantó. Eres perfecta –esa frase me
incomodó un poco y me removí en mi asiento. Silencio incomodo. De pronto
volvió hablar.
Me refiero a que eres muy buena tocando la guitarra –dijo mientras
tallaba su frente como si fuese un tic nervioso me
dejaste sin palabras.
Sonreí y desvié la mirada.
La mirada de Diego me enloquecía. Era como si sus ojos me dijeran te
quiero… ja pero que estoy diciendo seguro él solo se interesa en mi forma de tocar
la guitarra. Si es obvio, solo eso.
Pietro llegó por detrás de mi para espantarme lo cual provocó que ese cruce
de miradas se desatara nuevamente.
Bueno
seguiré con los demás alumnos –giró en sus talones y se retiró.
Yo solo asentí con la cabeza y tomé mi guitarra. Pietro me miró algo
extrañado lo cual me saco de onda.

¿Qué pasa? ¿Porque me miras asi?
Te
gusta tu nuevo maestro de música –más que pregunta, lo estaba
afirmando.
No
seas tonto Pietro. Una cosa es ser su fan y que me guste como el
cantante que es. Pero de eso a que yo sienta algo por él, es muy distinto.
Nunca
dije que sientes algo, solo dije que te gusta –su mirada era seria, me
dejó sin palabras Bueno
no vine a eso

¿Entonces? –pregunté nerviosa
Quiero
enseñarte como suena una canción con una melodía diferente que le
inventé –arrimó la butaca de alado y se sentó junto a mí.
Mientras Pietro tocaba la melodía yo no podía dejar de mirar a Diego. Creo
que él sentía mi mirada porque de vez en cuando me miraba y sonreía al mismo
tiempo que negaba con la cabeza desviando la mirada, así que lo miraba de vez en
cuando intentando no ser pillada.
De pronto me quedé mirándolo mientras él escuchaba a un joven con la
guitarra eléctrica. Seguía la tonada con sus dedos sintiendo la música que emitía
aquel chico con su guitarra. Era una imagen perfecta. Dejé a un lado mi guitarra y
tomé mi cámara. Lo enfoque, y capture aquel momento en una fotografía. Por
mala suerte el flash me delató y él se percató. En ese momento me miró. De
inmediato baje la cámara y preste toda mi atención hacia Pietro.
Suena
bien ¿Piensas tocarla para lo del concierto de fin de mes?
Si
¿Que te parece?
Es
estupenda
Gracias.
Pero eso no es todo. Sé que sonará expectacular acompañada de tu
voz comencé
a reír Si
claro –lo ignoré y me levanté de mi asiento para salir del
salón.
*DIEGO
Escuchaba a uno de los alumnos. La música que tocaba era maravillosa.
Estaba demasiado metido en su melodía que por un momento me perdí
imaginando algunos acordes, pero una luz del costado me distrajo robando por
completo mi atención. En cuanto voltee, la miré a ella con una camara en sus
manos. En seguida la bajo, me dio la espalda y comenzó a hablarle a aquel chico
que estaba antes con ella.
Poco después se levantó de su asiento y salió del salón. Me acerqué a su
asiento pero era obvio que no podría tomar su cámara y asegurarme de que era a
mi a quien me habia fotografiado.
En ese momento, vi unas revistas en su butaca y me percaté que entre esas,
había un bonche de hojas y fotografías sueltas. ¡Claro! En algunas entrevistas
estaba ella con una cámara. Se ocultaba de los guardias de seguridad y demás
personas mientras nos tomaba algunas fotografías.
Varias veces la confundieron con un paparazzi pero ella siempre lo negó,
simplemente se respaldaba diciendo que era una gran fan. Aunque realmente,
tenía mis dudas, así que decidí salir para ver si podía hablar con ella.
*LÍA
Solo quería distraerme un rato y quitarme los nervios de encima. Me topé
con una máquina de refrescos e inserte una moneda. Elegí la opción de un jugo de
uva. Mi favorito. En ese momento sentí a alguien detrás mío.
Creo
que nuestro primer encuentro no fue muy bueno lo
miré confundida
–Me refiero a esa vez que por poco te tiro.
Sonreí al recordar ese día –Claro, no
suelen ser así mis encuentros con la gente
Podríamos
empezar de nuevo, como gente normal –sonrió y estiró su mano
–Soy Diego
Comencé a reír –Bueno, creo que eso ya lo sabía –hizo una mueca
mirandome y sin retirar su mano.
Tomé su mano y respondí al saludo –Lía. Gusto en conocerte –dije
siguiendole el juego.

¿A qué te dedicas? –me preguntó sin rodeos. Su pregunta me extrañó y
seguramente lo notó –Me refiero a que si te dedicas a algo aparte de la música.
Bueno,
tanto así como que me dedique a la música, no. Pero me agrada
bastante como pasatiempo. Soy Fotografa.

¿Y trabajas como paparazzi o algo por el estilo?
Al escuchar su pregunta supuse que él pensaba que yo me encontraba ahí
para vigilarlo y luego revelarlo en alguna revista. Solté una carcajada y el solo
cruzó los brazos mirandome aún más extrañado.
No,
ni al caso. Los chismes no me van. Nunca me ha interesado eso. Como
fotógrafa me dedico profecionalmente a modelos, negocios, de todo menos espiar a
personas.
Hice una pequeña pausa
¿Por qué lo preguntas?
Curiosidad
Platicamos un poco. Realmente poco ya que teníamos que regresar al salón.
Pero antes de eso, sacó una lata de cocacola
y tomó un poco.
Pasarón dos semanas y cada clase me gustaba más que la anterior. Cada día
se podía decir que conocía más a Diego. No del todo ya que solo nos hablabamos
en las clases y cuando solía llegar antes que todos.
Otra clase más, aún más cruzadas de miradas pero ahora al menos sabía un
poco de mí y no solo como su fan. Quizás como una compañera.
Sabes,
necesito ayuda para algo importante ¿Me ayudarías?
Claro
–exclamé sonriente

¿Te parece si hablamos al finalizar la clase?
Ok
La clase terminó y Luca nos recordó que teníamos que seguir pensando y
ensayando lo que sea que fueramos a tocar o cantar en el concierto de fin de mes.
Todos se levantaron. Tomaron sus cosas y salieron. Luca miró a Diego y él
solo le hizo una seña, asi que él se fue y solo se despidió. En el salón solo
quedábamos Elizabeth, Pietro, Diego y yo.
Mientras Pietro rodeaba mis hombros con su brazo, podía sentir la mirada
de Diego y al parecer no fui la única. Eli se percató e intentó alejar a Pietro de mí.
Fue entonces cuando Diego se acercó hasta llegar a mí.
Lía
¿Te molestaría acompañarme?
Pietro lo miró y me soltó por completo. Elizabeth le hizo una señal discreta
para retirarse juntos.
Bueno
nosotros tenemos que ir por unas cosas, te vemos luego Lía.
En cuanto Elizabeth se llevó a Pietro quien al parecer no estaba muy de
acuerdo en dejarme sola con Diego, el salón quedó vacio a ecepción de nosotros
dos.

¿Vienes conmigo?
Porque
no –mencioné alzando mis hombros y él sonrió de costado.
Tomé mi guitarra y salí junto con Diego. Caminamos por el pasillo. No
podía dejar de mirarlo. Levaba sus manos en los bolsillos de su pantalón.
Caminaba con tanta seguridad y porte, que enloquecería a cualquier mujer. Me
llevó hasta unas escaleras que nos conducieron hasta una linda terraza.
Era pequeña pero acojedora. Las paredes llegaban un poco mas arriba de mi
cintura. Eran de color amarillo cremoso. Toda esta terraza estaba cubierta por una
pergola de color madera clara.
Creo
que acá podremos platicar más a gusto –no dije nada y solo asentí con
la cabeza.
En realidad no tenía ni idea de que era lo que quería hablar conmigo y al
mirarlo a los ojos el soltó una risa, al parecer algo nerviosa y esquivó mi mirada.
Dos
cosas su
tono cambió a algo más serio Una
quizás te suene algo
personal
La palabra “personal” siempre la relacioné con “problemas” Bien si en un
principio estaba un poco nerviosa, ahora no sé ni que hacer o decir. La palabra
“personal” me retumbaba una y otra vez en mi cabeza.

¿A qué te refieres con personal? ¿Pasa algo?–. pregunté curiosa pero con el
mayor intento de sonar segura y sin mucho interés.
En
realidad si. Bueno por ahora solo te puedo decir que me gustaría contar
con tu apoyo para organizar el concierto de este mes. Y quizás tomar algunas
fotografías del evento. ¿Aceptas?
A
eso –suspiré sintiendo un gran alivio Si
claro. ¡Me encanta la idea! Y
¿Qué otra cosa necesitabas decirme?
Eso
te lo diré después. Por ahora quisiera que me mostraras de nuevo la
melodía que estas creando. Creo que se me ocurrió algo, claro si no te molesta
No
hay problema.
Tomé mi guitarra y me senté en el suelo. Acto seguido el tomó asiento junto
a mí. Ambos estabamos recargados en la pared y comencé a tocar la melodía. En
ese momento él comenzó a darme ideas sobre el arreglo, así que nos la pasamos
componiendo la melodía toda la tarde. De vez en cuando nos distraiamos
platicando de cualquier cosa y entre las pequeñas pláticas pude conocer un poco
más de él como persona y no como el artista discreto y serio que era.
No me hubiera percatado de la hora a no ser por que mi celular comenzó a
sonar. Dejé a un lado la guitarra y acepté la llamada. Antes de poder decir algo
escuché la voz de Elizabeth algo alterada así que me levante y le hice una seña a
Diego. Él asintió y yo me aleje un poco.

¿Estás bien Lía?
Estoy
con Diego ¿Pasa algo?

¿Porque no contestas los mensajes?, estaba preocupada. Ya es de
madrugada.

¿Qué? –me sorprendí y me alarmé al ver mi reloj que llevaba en mi
muñeca.
Por dios se me pasó volando el tiempo, estabamos arreglando una
melodía y no me percaté de la hora, voy por mis cosas y te veo en un rato en el
departamento.
Colgué el teléfono y me giré para mirar a Diego. Él seguía sentado en el
mismo sitio. Sostenía mi guitarra y tocaba sin parar. Se veía tan concentrado que
no quise interrumpirlo así que me acerqué sigilosamente y me senté a su lado, fue
entonces cuando su atención se rompió. Dejó de tocar la guitarra y de inmediato
me miró.
Lo
siento. Espero no te moleste que haya tomado tu guitarra
Oh
no claro que no. Siento haberte interrumpido, sigue tocando –sonrió y
regresó su mirada a la guitarra.
Diego comenzó a tocar de nuevo la melodía. Nuestra melodía que creamos
juntos esta tarde. Pude notar la pasión con la que tocaba. Mientras el tocaba la
guitarra yo no podía dejar de mirarlo. Él me miraba de reojo y sonreía, de pronto
me miró directo a los ojos sin dejar de tocar la guitarra. Era sorpendente, sin duda
su mirada me tenía enamorada, era tan profunda, brillante, me encantaba cada que
él me miraba con esos ojos color marrón. De pronto dejó de tocar y se acercó a mí.
Cada vez un poco más. Podría jurar que me besaría o almenos yo a él pero de
pronto agachó la cabeza y soltó una pequeña risa. Solté el aire que estaba
aguantando, ¿Acaso se estaba burlando de mí? En eso, tomó mi mejilla y la rozó
con sus largos y delgados dedos. Su tacto era tan sútil, era como si quisiera
tocarme y a la vez alejarse.

¿Ya viste la hora? –susurró mientras yo inconcientemente cerraba mis ojos
ante su tacto Creo
que es algo tarde
¡
Cierto! –dije alarmada abriendo de golpe los ojos y reponiendome –creo
que tengo que irme
Tenemos
que irnos. No olvides que tenemos algo pendiente

¿Como olvidarlo? –después de decirlo me arrepentí de inmediato. Creo que
no debí de haber dicho eso. Al parecer le sorprendió mi respuesta, su silenció me
mataba hasta que sonrió de nuevo. Solo pude sentir el calor subir a mis mejillas e
imaginarme sonrojada ante él.
Bueno
vamos te llevo a tu casa
Gracias
Tomé mis cosas y bajé junto con Diego. Elizabeth se había llevado el auto así
que acepté que Diego me llevara a casa. Al bajar las escaleras nos dirigimos a la
puerta principal la cual se encontraba cerrada con llave y al parecer no había nadie
cerca.
Oh
por dios la puerta Diego –estaba nerviosa y me sentía alterada
¿Nos
quedaremos aquí?
Por un momento no dijo nada. Poco a poco se acercó a mi hasta acorralarme
en aquella puerta. Poso sus manos en la puerta dejandome a mi entre ellos y me
miró fijamente los ojos.

¿Te molestaría quedarte sola conmigo? –resopló frente a mi.
Intenté hablar, pero tenerlo tan cerca e imaginandome sola con él en la
escuela, no ayudaba mucho. De pronto soltó una ligera risa, se separó de mí y me
sonrió.
Tengo
las llaves de repuesto en mi oficina. ¿Vamos?
Respiré profundo y lo seguí hasta su oficina. Encendió las luces y se dirigio
hacía el escritorio. Abrió el cajón y sacó un juego de llaves. Mientras las sostenia en
su mano me miró al mismo tiempo que me las mostraba.
Lo miré y me encongí de hombros. Sentí de nuevo como me sonrojaba como
por milésima vez gracias a él. Solo sonreí y me dí la vuelta dirigiendome hacía la
puerta principal.

¿Te asusta quedarte a solas conmigo? –susurró detrás de mí mientras giraba
la llave en la puerta que tenía frente a mí.
Suspiré profundo, no sabía ni que decir. Solté una risita y negué con la
cabeza. Abrí la puerta y salí sin mirarlo topandome con una fresca rafaga de aire
chocando en mi cara.
Después de que salieramos y cerrara de nuevo la escuela, subimos al auto y
nos dirigimos a mi departamento. Al llegar ambos bajamos del auto y el solo me
miró extrañado.
Eres
rápida. Iba abrirte la puerta –no hice más que sonreír y alzar mis
hombros en forma de disculpa.
Fuimos hasta la entrada del departamento, tomó mi cintura y besó mi
mejilla. Por si fuera raro de nuevo sentí ese calor al sonrojarme. Con este hombre
era raro el no sonrojarme.
Te
veo mañana –dijo sin soltar mi cintura
De
acuerdo –me sentí ¿enamorada?
Se giró en sus talones y caminó hasta su auto. Esperé a que subiera y de
nuevo nos despedimos. Me quedé ahí hasta que no vi más su auto.
Entré al departamento con la intención de llegar directo a mi cama y dormir
pero no contaba con toparme con Elizabeth.
¡
Lo vi todo! Ahora debes contarme y con detalle. ¿Porque tardaste tanto?
No
paso nada, simplemente empezamos a hablar sobre el concierto de fin
de mes y me pidió que lo apoyara con eso a organizarlo…
Y
luego…. –interrumpió
Y
luego comenzamos a tocar la guitarra y a completar la melodía que tenía
incompleta. Y platicamos un rato, es todo.
Si
claro, ya cuenta todo

¿A qué te refieres con todo? –comencé a reír nerviosamente
Con
todo, me refiero a ti en su auto hasta acá, la despedida, tu sonrisa y por
si fuera poco, esa risita nerviosa.
Ok
ok, ya entedí.
Dejé mi guitarra y nos sentamos en la sala. Elizabeth quisó los detalles desde
que ella y Pietro salieron del salón de clases, hasta lo que según ella, vió cuando
Diego me trajó hasta la puerta.
Después de una larga plática detallada nos fuimos a dormir. Cuando llegué
a mi habitación cerré la puerta y con mi mano rosé mi mejilla en la que diego me
había besado y tiempo antes la había acariciado. Me sentí ridícula. Después lo
recordé tocando mi guitarra asi que me acerqué y rosé las cuerdas recordandolo.
Al imaginarme el estado en el que estaba, comencé a reír. Creo que ni si quiera en
la secundaría actué asi por alguien. Me sentía cansada, así que dejé la guitarra a un
lado y me fui a dormir.
Al día siguiente fuimos a clases. Esta vez le dejé el auto a Elizabeth para que
ella pasara por Pietro ya que esta tarde volvería a pasarla con Diego. Teníamos
algo pendiente, aunque aún no sabía del todo de que se trataba. Comenzó la clase
y por más que intenté no pude concentrarme y mucho menos aún con la mirada de
Diego. No paraba de mirarlo y a pesar de que todo el salón se dio cuenta,
incluyendolo a él, no me importó ya que su mirada me transmitía tranquilidad. Esa
misma tranquilidad que me hacía falta.
Terminó la clase. Todos salieron del salón y Elizabeth ya se había ido junto
con Pietro a quien le daría un aventón a su casa o seguro se irían por ahí a pasar la
tarde.
El salón quedó vacío y yo seguí en mi lugar tan tranquila como nunca,
rayando la hoja de mi carpeta. En ese momento Diego guardó sus cosas y se acercó
hasta mí.

¿Lista?
Eso
creo –me miró confundido –Sí, estoy lista –dije al mismo tiempo que
guardaba mis cosas.
Que
bien porque no estaremos en la escuela

¿Ah no? –me detuve Y
entonces ¿A dónde vamos?
No dijo nada, solo tomó mis cosas y caminó hacia la puerta sin si quiera
voltear a verme.

¿No me dirás nada? –al verlo alejarse, desidí moverme y seguirlo.
Para
que si ya vamos para allá
Claro
–dije sarcasticamente
En
realidad no está lejos pero te gustará, o almenos eso espero
Iremos
en tu auto supongo
No.
Iremos caminando.
Ok
–dije mientras lo alcanzaba
Mientras caminábamos pasamos por unos helados. Luego seguimos
caminando, en ese momento sentí como el brazo de Diego rodeó mis hombros. No
dije nada, en realidad no se me ocurrió algo que decir, simplemente lo miré. Rodee
su cintura con mi brazo y recargué mi cabeza sobre su hombro. Al imaginarme
como nos veíamos podría asegurar que pareciamos amigos de hace tiempo o
inclusive una pareja, una linda y amorosa pareja. Todo el camino reímos y
platicamos hasta que llegamos a una parte de la playa, pero no paramos ahí. Diego
tomó mi mano y corrió cerca de la ola hasta que llegamos a una hermosa cabaña,
entonces Diego abrió la puerta y me invitó a pasar.
Y
bien ¿Qué te parece?
Wooow
–exclamé realmente sorprendida
Es
una cabaña muy especial para mí

¿Especial?
Sí.
Te confieso que solo tú sabes de ella –susurró en mi oído

¿Ah si? –pregunté con voz baja
Aquí
vengo siempre que quiero estar solo.
Supongo
que muchas de tus canciones las creas aquí.
Mientras miraba la cabaña no me percaté de que Diego estaba detrás de mí.
Al no escuchar respuesta alguna voltee para mirarlo y quedé frente a él. De nuevo
como en un principio. Chocamos pero a diferencia de que esta vez me apegó a él
abrazandome. Él solo sujetó mi cintura con sus manos y nuetras miradas…
Nuestras miradas si fueron igual o aún mejor que aquella vez. Estabamos tan cerca
que podía incluso sentir su respiración revolotear junto con la mía. Me acerqué aún
más a él. Ahora podía sentir nuestros corazones latir al mismo ritmo y acelerarse
cada vez más. Posé mis manos en su pecho y fijé mi mirada en sus labios. Tenerlo
tan cerca me provocaban aún más ganas de besarlo sin importarme nada. No me
importaba si me rechazaba el beso. Incliné solo un poco mi cabeza hacía la derecha
y me acerqué aún más hasta sentir mis labios rosar los suyos.
Esperaba que el hiciera algo pero en cambio, no decía ni hacía nada. Decidí
mirarlo a los ojos. Al verme a los ojos giró la cabeza hacia el otro lado y bajó la
mirada soltando mi cintura. Entonces sentí su frialdad ante mí y ante lo que
ocurría. Hace unos segundos no me importaba si me rechazaba pero ahora no es
así. Esto se siente peor, no me rechazó pero tampoco dijo ni hizo nada, solo es algo
confuso así que me alejé de él y bajé la mirada.
Retrocedí mientras miraba a cualquier otro lado que no estuviera él.

¿Para qué me trajiste aquí? mencioné
y solte un pesado suspiro que me
contraia el pecho.
Capítulo 3.
*DIEGO
Escuché su voz algo entrecortada y molesta, o almenos eso me pareció a mí.
Me giré para mirarla y la ví de espaldas con la cabeza agachada como buscando
una salida o donde refugiarse. Me acerqué a ella y tomé su mano. Ella me miró
confundida al mismo tiempo que bajo la mirada observando mi mano tomando la
suya. No dije nada y la llevé hasta la pequeña sala de la cabaña y nos sentamos.
Fue entonces cuando tomé mi guitarra junto con una hoja donde tenía la letra de
una canción que quedaba perfecta con nuestra melodía.

¿Secrets? preguntó
asombrada al leer el título
¿Qué piensas hacer con ella?
–preguntó emotiva
Escuché
esta canción de One Republic y tomé la letra de la canción. Pensé
en un cover tomando la letra y combinandola con nuestra melodía
¡
Suena increible!
Tengo
pensado cantarla para el concierto de fin de mes.
Seguro
les gustará mucho a todos
Creo
que no me has entendido bien. No puedo llevarme los créditos yo solo
porque la melodía es principalmente tuya
En
realidad es de los dos
A
lo que me refiero, es que no la cantaré solo
Sus ojos se abrieron como dos enormes platos. Al parecer tenía una idea de
lo que le decía pero también estaba confundida
Quiero
que la cantemos juntos.
*LÍA
Mis ojos se abrieron completamente y lo miré. No lo podía creer, solo
imaginarme cantando junto a él me llenaba de emoción y a la vez de nervios. La
canción era fantástica así que porque no intentarlo.
Diego y yo ensayamos la canción. Nuetras voces se unían en una sola.
Mientras cantábamos lo miraba tocar la guitarra. Me encantaba la pasión que
emitía. Los momentos con él siempre eran maravillosos y sorprendentes y no había
necesidad de que él sintiera lo mismo que yo pero me encantaba pasar tiempo a su
lado.
La canción quedó perfecta con nuestra melodía. Ya había anochecido así que
decidimos descansar un momento. Se nos ocurrió salir a caminar un rato por la
playa. Que decir de la noche. Era hermosa, la luna alumbraba el camino que
recorriamos y a pesar de que no había estrella alguna, la noche se sentía más que
romántica. El aire era fresco y la sensasión de sentir la arena en nuestros pies
descalzos era fantástica. De pronto mis sentimientos me traicionaron y tomé la
mano de Diego. No dijo nada, simplemente miró de reojo nuestras manos y
sostuvo completamente la mía. Seguimos caminando sin decir nada lo cual me
hizo sonreír. No era un silencio incómodo. A pesar de todo, lo disfrutaba.
Después de un rato caminando sin decir nada sentí como me empujó
ligeramente con su costado y una ola rosó mis piernas lo cuál me tomó de sorpresa.
El agua estaba bastante fría. Cuando lo ví el sonreía ocultando una gran carcajada.
¿Así que quieres jugar? Tomé todas mis fuerzas posibles y lo jalé hacía mí cerca de
las olas que cada vez pegaban más arriba. Ambos comenzamos a reír. De pronto el
tomó mis piernas y me cargó jugando a que me tiraría hacía el agua. Cada vez nos
adentrábamos más hacía el mar. El agua le llegaba casi a la cadera, entonces rodee
su cuello con ambos brazos y al sentirlo de nuevo tan cerca de mi no puede evitar
contenerme así que lo besé.
Esta vez sentí como el correspondía con dulzura al beso mientras sus manos
se undian en mi piel al sostenerme mas fuerte. No quería pero tuve que separarme
un poco de él para ver su reacción. Necesitaba saber si había sentido lo mismo que
yo.
*DIEGO
Vaya que esta chica es única y atrevida. La verdad no me lo esperaba. De
pronto dejó de besarme y se separó un poco sin dejar de rodear mi cuello con sus
brazos. Seguía cargandola pero no sabía que hacer, simplemente bajé la m

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