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Libro PDF Un chico ¿Normal? Myriam Ojeda

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—Mira oye, de verdad me has hecho reír y por ello te doy las gracias, pero en serio, esto no es necesario.
—Te repito que no voy de broma.
Apoyé los codos en la mesa y me sujeté la cabeza que en aquel momento me pesaba toneladas, le miré directamente a los ojos, era una autentica pena que aquel chico
tan guapo estuviera loco.
—Muy bien, así que tu eres vidente ¿verdad? —asintió— y es algo que te cuesta decir así de primeras ¿no? —asintió de nuevo—, mmm ya, entonces me has hablado
porque hay algo que me tienes que decir, ¿tienes algún mensaje de los espíritus para darme?
Sonrió con dulzura y se apoyó en el respaldo de la silla.
—De momento no hay ningún mensaje, aunque soy vidente no médium.
—Y la diferencia es.
—El médium ve espíritus, yo solo hago predicciones y presiento cosas sin quererlo, como ha sido tu caso, aunque aquí he de decir, que me he acercado a hablarte
porque quería hacerlo.
—Gracias por la parte que me toca —dije mirándolo como si estuviera viendo un payaso saltando a la comba— y bueno Quim, ¿qué quieres decirme?, ¿qué visión has
tenido de mi futuro?
Me miró con el semblante serio y yo no pude evitar sonreír, era más que obvio mi tono de ironía, ¿vidente?, ¿en serio?
—¿No me crees verdad? —dijo mirándome detenidamente, cosa que me puso nerviosa.
—Hombre, la verdad es que no.
—¿Me dejas intentarlo? —Me encogí de hombros evitando echarme a reír—. De acuerdo eres terapeuta, te gusta tu trabajo aunque muchas veces te aterroriza poder
parecerte a tus pacientes, te llevas bien con tus padres, en especial con tu hermana, la que por cierto acaba de conseguir publicar un libro. —Mi sonrisa fue
desapareciendo—. Habías puesto muchas esperanzas en tu última relación y que se fuera sin darte explicaciones te ha dejado una sensación de vacío enorme, no es
porque realmente estuvieras perdidamente enamorada, pero, si estabas ilusionada, crees que la culpa tuya, que tu eres la responsable de que te pasen estas cosas,
porque en tu foro interior sabes que eliges mal a los hombres.
Escucharle decir aquello me había borrado la sonrisa burlona de la cara, por ahora estaba dando en el clavo de todo, pero mi mente racional no podía admitir eso,
¿videncia?, ¿estamos locos?
—Ya —susurré—, no está mal, pero acabas de describir al 75% de las mujeres de mi edad, como verás, no es algo muy sorprendente.
—He dejado lo bueno para el final. —Se me heló la sangre de golpe—. Por mucho que quieras, no podrás dejar de pensar en mi, cosa que sinceramente me agrada,
mañana te levantarás enérgica, iras al trabajo y te irá bien, hasta que te topes con alguien de tu pasado que te hará replantearte muchas cosas, pero no quiero decirte
mucho más, no quiero que pierdas el efecto sorpresa, además varias casualidades harán que te acuerdes de mi en un momento oportuno, entonces te darás cuenta de que
no estoy loco y por alguna razón que no sabes te darás cuenta de que he acertado, así que serás tu misma la que venga a buscarme. —Le miré asombrada—. Hasta
mañana Paula a secas.
Se puso de pie y después de otra enorme sonrisa se dio la vuelta y desapareció por la puerta de la cafetería, dejándome helada y nerviosa.
Cuando llegué a casa aun seguía flasheada, Cristina ya se había ido, «mierda», me quedé con muchas ganas de contarle a alguien mi experiencia con el tarado más guapo
con el que había tenido el placer de coincidir. Después de echarme en el sofá otro rato para mirar las musarañas que bailaban danzas mágicas en el techo, me decidí a leer
un poco, tenía que pensar en dormir si quería estar con energía para el día siguiente, pero como siempre pasa cuando un libro es bueno, se me hicieron las tantas.
Capítulo 2
—¡Y como coño le has aceptado la solicitud! —grité exasperada mientras Elena me miraba con cara de cansancio—, encima no me mires como si estuviera loca.
—¿Y cómo quieres que te mire? —Se dejó caer en una de las sillas de nuestra pequeña sala y pegó trago de su café—. Aun no son las nueve de la mañana y ya estás
en este plan.
—La culpa es tuya, te pedí el turno de tarde. —El turno de tarde le toca a Dolo y lo sabes, no pasa nada porque madrugues un poco. — Resoplé indignada—.
¿Piensas estar con esta actitud?
—¿Y cómo quieres que esté? —Me senté frente a ella—. Manu es un cerdo, te conté lo que me hizo ¿y aun así lo pones a currar aquí de voluntario? Somos amigas, eso
no se hace.
Se rascó la cabeza y me miró sonriendo.
—De primeras, yo no lo he puesto a currar, está aquí voluntariamente, así que no me ha tocado otra que aceptar, yo no mando en todo. —Miré hacia otro lado—.
Segundo, has estado con tantos ineptos que «perdone usted» si no he recordado la cara de uno de ellos y tercero, hace como cuatro años de eso, ¿en serio tienes
veintisiete años?
—Eso pone en mi D.N.I. —Dejé caer los brazos a ambos lados y apoyé la cabeza resignada en la mesa, mi postura vista desde fuera era cómica—. Perdona Elena, es
que ¡No lo soporto! Fue un autentico cerdo y ahora verlo aquí, ¿pero de que va?
—No le des más vueltas Paula, con ignorarle tienes de sobra. —Se puso en pie y se acercó a mi—. Quizá se sienta tan mal por haber sido un cerdo que ahora quiera
redimirse.
—Ya, ¿haciendo un voluntariado en un centro de terapia?
—No sé, la gente tiene maneras raras de corregir errores.
—Pues entonces su madre debería metérselo de nuevo dentro otros nueve meses, eso sería una buena solución.
Me miró con aprensión, antes de echarse a reír.
—¡Por Dios! No seas tan bruta, está visto que madrugar no te sienta bien.
—Pues no.
—No le des vueltas Paula, son cosas que pasan ¿No dicen eso de «el pasado siempre vuelve»?
Le lancé un trozo de galleta que le dio en el culo mientras salía por la puerta, estaba enfurruñada y cansada y eso que me había levantado con ganas, cosa rara dado el
estado de ansiedad y tristeza que estaba manejando desde hacía unos días. Para mi sorpresa no había pensado demasiadas veces en Quim, por mi trabajo me topaba
demasiado a menudo con algunas personas con algún tipo de desorden emocional, puede que aquel chulazo los tuviera todos, una pena.
Sonreí al pensar en Quim, desde que me había topado con Manu por los pasillos del centro estaba que echaba humo, cuando me hice el ánimo de continuar con mi
trabajo, me puse en pie y fui hacia mi sala donde empezaría la terapia. Siempre que empezaba con un grupo nuevo me gustaba despejar mi mente de los otros grupos,
desconectar de todas las historias anteriores, aunque estaba segura de que sería más de lo mismo, las personas tristemente somos débiles y las que no lo son, es porque
han llevado una carga extrema y saben manejarse mejor en situaciones emocionalmente estresantes. Yo envidiaba a todas esas personas, si yo fuese así, ahora mismo no
estaría como una autentica mierda, y podría actuar como si nada hubiese pasado en mi vida, pero bueno, todos somos como somos por alguna razón que no llegamos a
saber, pero tarde o temprano conseguimos entenderlo, o no, quien sabe, yo aun no terminaba de entenderme a mí misma, pero tenía la esperanza de que el mundo
estuviera más avanzado que yo.
Ya estaban todas las sillas abiertas y en círculo, di las gracias a Dios o a quien fuera que lo hubiera hecho, porque llevaba un perro encima que era demasiado, estaba
sentada ojeando la lista cuando de reojo vi entrar a otro de mis amados compañeros, Mateo, terapeuta de aceptación.
—Me ha contado Elenita tu drama de hoy. — Se sentó a mi lado y ladeó su cabeza haciéndome reír—. Hija mía, a ti te ha mirado un tuerto.
—Vaya, como animes así a todos tus pacientes no sé cómo no ha subido el índice de suicidios.
Se echo a reír y me acarició el pelo.
—A ti no tengo que soltarte toda esa mierda, a ti puedo serte sincero.
—Pues prefiero que me sueltes tu mierda, al menos me subiría la moral. —Le miré intentando ocultar que su expresión me hacia reír, era muy guapo, moreno de espalda
ancha y tremendamente atractivo, una pena que fuese gay.
—Eres un tanto exagerada Paula, a ver ponme al día ¿Qué te hizo aquel rufián de mala muerte?
Sonreí sin poderlo evitar, le miré durante unos segundos y levantó sus cejas expectante.
—Lo conocí hace como unos cuatro años por internet, quedamos, nos gustamos y empezamos a salir, entonces fue cuando se le fue la pinza y me dio la patada sin
darme explicaciones. ¡Y dos veces!
Cuando lo miré, me estaba sonriendo.
—¿Tú sabes que eres terapeuta no?, esto deberías tenerlo superado. ¿Qué es lo que te da tanta rabia?
—¿Te parece poco el hecho de que me utilizara y después me dejara como a una mierda?
—¿Y te parece poco que hayan pasado cuatro años? —Me dio un golpe en la rodilla y se puso de pie—. Creo que tu nueva ruptura te tiene echa un basilisco, si
hubieras coincidido con Manu en una época de felicidad te hubiera dado rematadamente lo mismo que trabajara aquí, pero como has vuelto a topar con un indigente del
amor ahora odias a todo ser viviente con pene, y más aun si fue un capullo contigo. Supéralo nena.
Diciendo esto abandonó la sala y me dejó allí sentada con una mueca de disgusto bastante latente, tenía razón, Manu me recordaba mi nuevo fracaso amoroso, aparte de
que realmente ese imbécil me repugnara —que lo hacía—. Iba a ser una mañana realmente dura.
Me sentí algo culpable cuando me descubrí a mi misma con la cabeza en mis cosas en lugar de estar pendiente de las presentaciones de mi grupo, por suerte tenía la
costumbre de grabar la primera sesión para después anotar la sensación que me daba cada uno, era un trabajo extra que me ocupaba bastante tiempo, pero siempre solía
servirme de ayuda. Por mucho que lo intentara pocas veces me conseguía concentrar en la primera sesión, así que grabarla era lo único que podía hacer. No podía evitar
que las cosas nuevas me distrajeran. Me quedaba en babia observando sus movimientos, sus ropas, incluso sus expresiones al escuchar a las otras personas, eso muchas
veces ayudaba más que escucharles soltar un discurso que seguramente habían ensayado en casa.
Era casi medio día cuando salí del centro, me sentía agotada y tan solo había sido la primera mañana, en tres días estaría con las pilas desgastadas y echa una autentica
mierda. Quizá aquel desgaste se debiera al millón de maldiciones que le había lanzado a Manu durante toda la mañana, sí, era rencorosa, y bastante, visto lo visto.
Aquello seguramente no me depararía muchas cosas buenas, pero no podía evitarlo, desde hacía muchos años evitaba a toda costa a la gente que me hacía daño, los
desterraba de mi vida y me juraba a mi misma no respirar su mismo aire jamás. Y ahora tener que verle cerca de mí me corroía. Yo nunca perdonaba. Ni mucho menos,
olvidaba.
Hacía un calor horroroso y la humedad que había en mi cuidad hacia casi imposible caminar por la calle, así que llevada por una sed de escándalo y porque no decirlo una
pereza indomable, me decidí a entrar a la cafetería que a veces tomaba como hogar, y tomarme algo lo suficientemente helado como para congelarme el celebro. Cuando
el aire acondicionado del lugar azotó mi cara sonreí, que fácil era hacerme feliz algunas veces, por suerte mi mesa preferida estaba vacía, así que me senté dispuesta a
escuchar la grabación y dejarme echas las anotaciones para el próximo día que viera al grupo A.
Cuando Fabiola me trajo mi ensalada césar y mi agua helada le sonreí.
—¿Ya has vuelto al trabajo? —dijo sonriéndome con cariño.
—Sí. —Suspiré enfurruñada—. Acabo de empezar y ya estoy deseando que llegue Agosto.
—Ya no queda nada mujer.
—Casi dos meses. —Me miró negando con la cabeza mientras sonreía—. No me mires así, de lo último que tengo ganas es de escuchar nada de nadie.
Se guardó su libreta de comandas en el delantal y sacó su móvil.
—Yo tampoco tengo ganas de atender a nadie, ¿pero qué hago si vienen hambrientos?
—Ignorarlos.
Sonrió mientras me sacaba una foto y me la enseñaba.
—Esta cara es la que haces, por el bien de mi clientela haz el favor de cambiarla, o tendré que echarte de aquí.
Me eche a reír al ver la foto, y me dispuse a poner los cascos en la grabadora y centrarme en escuchar la sesión mientras comía, me sorprendí a mi misma sonriendo ante
comentarios que no recordaba, de hecho hasta me sorprendí de escucharme a mi misma hablar, ni siquiera recordaba haberlo hecho, al menos no recordaba haber hablado
tanto, pero me alegré por eso, escucharme de nuevo me había echo sentir algo mejor y no una terapeuta incompetente.
Estaba contenta, tenía un grupo bueno, como hacía tiempo que no tenia y así fue cuando me descubrí deseando que llegara el próximo lunes para verles de nuevo y eso
sí, hacerles mucho más caso. Ya había escuchado casi toda la grabación, cuando la voz de una de las chicas del grupo llamó mi atención.
—Hola mi nombre es Sandra, tengo veintiocho años y estoy aquí de casualidad, he estado los últimos ocho años con mi pareja la cual me dejó hace varios meses, desde
entonces no levanto cabeza y no tengo ganas de nada, he perdido mi trabajo, mis amigas han desistido en su intento de ayudarme y me encuentro en un pozo del cual no
consigo salir, es triste darte cuenta de que tu vida no era en si tuya, sino una prolongación de la vida de tu pareja, ni siquiera sé que cosas me gustan por mi misma, me
encuentro a mi edad y sin reconocer nada de mi alrededor, ni siquiera me conozco a mí misma, ahora el está con otra persona y yo estoy volviéndome loca. Lo llamo
todos los días varias veces, ya no me coge el teléfono, y eso solo me crea más ansiedad que me lleva a llamarlo más y más, necesito superar esto, necesito ayuda.
—Claro que lo superaras —reconocí mi voz—. ¿Cómo diste con nosotros?, ¿qué te hizo buscarnos?
—Pues es un poco embarazoso el tema, pero, estaba en una cafetería y un chico se acerco a mí, uno muy guapo, rubio con ojos azules, y me dijo que —hizo una pausa,
y me puse tensa, comprobé si la grabación seguía en marcha y vi que sí, subí el volumen y fijé mi vista en los papeles, no pude evitar sentir un pequeño escalofrío—,
bueno que, era vidente y que tenía un mensaje para mi, al principio pensé que estaba loco pero me dijo cosas, que eran verdad y que no podía saber nadie, me dio el
nombre de este sitio, lo busqué por internet y solicité la plaza.
Me quite los cascos boquiabierta, y fije mi vista en la nada ¿Dónde coño había estado mi cabeza cuando aquella chica había dicho eso?, me llevé las manos a la cabeza e
intenté pensar racionalmente, podía ser casualidad, seguro que hay muchos tarados que dicen ser videntes, rubios con ojos azules y guapos que asedian a las chicas en
cafeterías, claro, seguro que sí.
Dejé salir el aire de mis pulmones e intenté recodar con claridad las palabras de aquel vidente guapísimo que me había asaltado la tarde anterior.
«Te irá bien, hasta que te topes con alguien de tu pasado que te hará replantearte muchas cosas, pero no quiero decirte mucho más, no quiero que pierdas el efecto
sorpresa, además varias casualidades harán que te acuerdes de mi en un momento oportuno, entonces te darás cuenta de que no estoy loco.»
Abrí los ojos de golpe y tragué saliva, Dios, ¿cómo podía haberlo adivinado?, alguien de mi pasado ¡Manu! Varias casualidades, el testimonio de aquella chica, y…
—¡Quim! —Levanté la vista de golpe, a unas mesas de distancia había dos chicas, una de ellas tenía una revista en la mano y le hablaba a la otra que sonreía moviendo
su café.
—Quim Gutiérrez es el actor de quien me hablabas el otro día, el de la peli tres bodas de más ¿verdad? —La otra chica asintió con la cabeza y yo me hundí en la silla.
Quim Sin saber exactamente porque empecé a sudar, nunca había creído en ese tipo de cosas, creía en que había gente que pudiera tener un don, pero realmente no creía
en los videntes que decían serlo, estaba volviéndome loca, apagué la grabadora y lo guardé todo en mi bolso, debía enumerar las cosas y ponerlas en orden. Había
acertado en todo lo que me había dicho, podría ser simple casualidad pero, ¿cómo coño había podido saber que una persona de mi pasado aparecería?, quizá conociera a
Manu y supiera de mi existencia y por eso sabia que me encontraría con el al día siguiente, el mundo era un pañuelo y había veces que pasaban este tipo de cosas, sí, era
la única opción posible, esa o que realmente aquel chico tuviera algo especial, en ese momento y en un rincón de mi pervertido subconsciente deseé que así fuera.
Pensé racionalmente mis opciones, una de ellas era quedarme como estaba y dejarlo pasar y otra era buscar a aquel desconocido

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