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Libro PDF Y todo ha cambiado Silvia Gonzalez

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Son las 6:00 de la madrugada de un día cualquiera, podría intentar saber a que día estamos exactamente pero he perdido la noción del tiempo en esta isla y tampoco
tiene demasiada importancia ahora, Alicia está intentando sostenerse en una línea del suelo de nuestra habitación de hotel, parece que va a resultarle literalmente
imposible porqué los 4 ó 5 mojitos que nos hemos bebido durante la noche no van a ayudarle precisamente. Yo estoy en el balcón sentada en una hamaca observando el
hermoso paisaje que tenemos desde aquí, me siento casi como si estuviera flotando en una nube y eso también debo agradecérselo a lo que he bebido hace unas horas.
Veo como Alicia viene donde yo estoy para sentarse en la otra hamaca, me mira pensativa mientras yo intento contener la risa, está realmente borracha.
– ¡Deliciosos! Hacen unos mojitos deliciosos en esta isla
– Si – le digo riéndome – en eso estamos de acuerdo –
– Al final la noche no ha salido tan mal, hasta se puede decir que nos hemos divertido
– Sobre todo, tú – le contesto sonriendo –
Hace 5 días que decidimos venir a pasar una semana a Mikonos en Grecia, un paraíso increíble que nos apetecía descubrir, estábamos tiradas en una playa de la
costa dorada abrasándonos al sol, pero aburridas de que todos nuestros días fueran prácticamente iguales, cogimos el móvil de Alicia y buscamos en Internet destinos
insólitos que visitar, teníamos ganas de playa pero con un poco de diversión, el alcohol ayuda a pasar las penas.
Nos queda poco tiempo para volver a casa porqué Alicia tiene que empezar a trabajar ya, yo todavía tengo unos días por delante en los que no sé todavía que hacer,
quizás vaya a visitar a mi hermana unos días y luego por fin consiga volver a esa casa que tanto pánico me da, todavía no tengo nada claro.
Nos hemos quedado las dos dormidas viendo amanecer desde el balcón, es alucinante poder observar este maravilloso espectáculo en directo, todo lo que esta isla
tiene ayuda a dibujar todavía con más color cualquier puesta de sol, si pudiera me quedaría a vivir aquí mismo.
Son las 11:00 de la mañana y me despierto cuando escucho gente en la playa, veo que Alicia todavía sigue durmiendo, así que decido levantarme para darme una
ducha, tengo una orquesta entera dentro de mi cabeza que presiento que no podré dejar en todo el día de escuchar, pero quizás esa ducha me ayude a suavizar el sonido.
Al salir enrollo la toalla en mi cuerpo y camino para sentarme en la cama, un pensamiento que todavía no había tenido en todo este tiempo viene a mi cabeza, mi móvil
sigue en el fondo de esa maleta que me lleve cuando salí de casa por última vez, me acerco a ella para buscarlo y lo veo en el fondo, apagado como yo lo deje.
Lo cojo dudosa de saber si estoy haciendo lo correcto, sé que tengo que seguir escapando de él durante un poco más de tiempo, pero parece que mi cuerpo tiene vida
propia y termino encendiéndolo, pongo el pin para esperar que una lluvia de mensajes lleguen con todas las llamadas que no he atendido, parece que la tentación a
podido conmigo.
¡ Voilá! Me llegan varios mensajes con llamadas perdidas, reviso cada uno y son justo los que esperaba encontrar, llamadas de mi madre que aunque le avisé de que
no tendría móvil insiste, dos llamadas de Julia que seguro serían para quedar a pasar el día con ella, una llamada de Elisa antes de saber que Alicia si tendría el móvil
encendido, varias llamadas de Alex que ya ni si quiera me afectan y dos mensajes de varias llamadas que me bloquean, Pablo me ha llamado tres veces en días distintos
supongo que para contarme que ha conseguido el trabajo y él, veintidós llamadas el día que desaparecí de su casa, a varias horas, pero ningún mensaje con una sola
palabra que ponga lo cobarde que fui por escapar sin más. No ha vuelto a llamarme ningún día, ni si quiera a dejarme un mensaje para que pueda leerlo después, así que
supongo que es la respuesta perfecta a mi bofetada.
Casi no puedo notarlo porqué estoy concentrada pero Alicia está observándome desde la ventana, se ha despertado sin que me diera cuenta y seguramente ha visto
todo lo que hacía.
– Has tardado demasiado tiempo en hacerlo, me has sorprendido – mientras habla viene a sentarse justo a mi lado –
– Mejor así, te hubiera amargado el viaje
– ¿Mas de lo que yo te lo he amargado a ti? – Dice mientras se toca la sien con los dedos – dichosa resaca
– Sonrió por lo que acaba de decir – lo has pasado mal, no es fácil para ninguna de las dos, pero mejor juntas
– Si, en eso estoy de acuerdo
– Voy a levantarme para vestirme pero me coge del brazo – Daniela ¿Qué has visto en el móvil? Te ha cambiado la cara…
– Nada, ese es el motivo por el que me ha cambiado – intento contener esa lagrima que tengo apunto de salir – pensé que me enviaría un mensaje al menos para hacerme
ver lo cobarde que fui
– ¿Eso te haría sentir mejor?
– No sé, creo que nada me haría sentir mejor que estar con él
– ¡Ah muchas gracias! – me dice pegándome con la almohada –
– Sabes a que me refiero
– Si – me dice sonriendo – Daniela nunca es tarde, que no te haya enviado un mensaje no significa que no te vaya a perdonar
– Creo que ahora si tengo realmente miedo…
Han pasado 13 días desde que me fui corriendo de su casa, la última imagen que tengo de Hugo es mientras dormía en su cama tranquilo, estaba tan adorablemente
guapo que dude mucho en salir corriendo, pero terminé haciéndolo sin pensar en las consecuencias. Ahora he tenido que venir a una Isla de Grecia, a miles de kilómetros
de él para darme cuenta que me equivoqué, que tenía miedo a enamorarme porqué pensé que jamás volvería a hacerlo como me paso con Alex, pero ¿quién dice que
tenga que enamorarme del mismo modo?
Soy una persona nueva, una Daniela que él me ayudo a descubrir y que tendría que haber sabido afrontar, que el primer amor es el que nunca olvidas, pero que el
segundo puede convertirte en la persona que realmente quieres ser, en esa chica madura que asume los problemas cuando vienen, que afronta las cosas sin salir corriendo
y que desea por encima de todo cada día rozar cada rincón de su cuerpo para sentirse todavía un poco más mujer.
Pasamos los días que nos quedan en esta Isla tiradas en la playa y tomando por las noches una copa en alguna terraza del paseo, es tan relajante estar aquí que no
desearía irme nunca, más bien me gustaría poder cerrar los ojos y traer a mi lado a Hugo, he de decir en su defensa que Alicia es muy buena compañía pero esos ojos
azules son algo difícil de olvidar.
Yo me iré a pasar unos días a casa de mi hermana para no volver a la mía, es pánico lo que voy a sentir cuando tenga que volver a hacerlo, Alicia volverá a su rutina
de siempre y supongo que terminará adaptándose de nuevo, sé que con el tiempo conocerá un chico que consiga volverle más loca de lo que está o quizás pensándolo
bien debería intentar enderezarla un poco.
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Después de 20 días fuera de casa estoy en mi rellano con la llave puesta en la cerradura y cogiendo fuerzas para poder girarla, creo que volver a entrar en ella me va a
costar mucho pero tengo que hacerlo, escucho que suena algo dentro de casa y me asusto, abro la puerta con miedo pero preparada para darle con la maleta al ladrón que
está en mi casa y me quedo alucinada, ya que no esperaba encontrarle precisamente a él.
– ¿Alex? – lo que me faltaba para hacer más fácil mi llegada –
– Hola Daniela
– ¿Qué haces aquí?
– Tu hermana me dijo que te habías ido de viaje y he venido a pasar unos días, pensaba que llegarías mañana – contesta nervioso sin dejar de gesticular –
– Mañana vuelvo al trabajo – pienso en su respuesta detenidamente
– ¿Mi hermana?
– Si, la llamé ya que no cogías tu teléfono y quería preguntarte si podría pasar unos días aquí si te ibas fuera, mi hermano empieza a cansarse de mi – sonríe y me
resulta extraño, hacía mucho tiempo que no le veía hacerlo –
– No me ha dicho nada, he pasado unos días en su casa
– Lo sé, no le dije el motivo por el que te llamaba
Dejo mi maleta en el comedor porqué todavía estaba en la entrada de casa y las llaves donde siempre, camino hacia el salón y él no deja de mirarme sonriendo.
– Vaya, estás muy morena – dice señalándome –
– Si, lo sé – ¿Qué se supone que va a pasar ahora? –
– ¿Dónde has estado?
– En Cadaqués y Mikonos
– Cadaqués… por fin has ido a visitarlo
– Si… – suavizo el tono para no parecer estúpida, nos miramos en silencio y decido romper el hielo – ¿y ahora qué Alex?
– Ahora me iré, no te preocupes
– Vale – prefiero no añadir nada que pueda provocar una discusión

Voy a la cocina para beber un poco de agua y no dejo de pensar que mi ex novio está en el salón, recogiendo sus cosas para irse, solo quiero hacerle una pregunta,
necesito saber si está con ella, si ha sido capaz de asumir que ese niño era suyo, quizás la Daniela que él conocía no sería capaz de preguntárselo pero he cambiado en
todos los aspectos, no pienso callarme nada.
– Alex ¿estás con ella? – demasiado directa para mí gusto –
– Me mira serio pero con ojos tristes – no, ya te dije que fue un error
– Intento que su comentario no me afecte demasiado – ya… respiro hondo y vuelvo a mi interrogatorio – ¿Y el niño?
– Daniela estoy seguro de que ese niño no era mió, de todos modos ya no hay nada más que hablar, lo ha perdido
– ¿Qué?
No puedo evitar sentirme mal, una de mis mejores amigas estaba embaraza y lo ha perdido, sé que me ha hecho mucho daño acostándose con mi novio pero eso es
algo que no tendría que sentir nadie nunca, debe ser tan difícil poder superarlo.
– Si, hace dos semanas que me llamó para contármelo
– Vaya, pobre Mónica – me mira porqué parece que no esperaba esa respuesta por mi parte –
La tensión entre nosotros es más que cortante, no sé muy bien que podría decir para seguir hablando, es bastante difícil asumir que ya no vamos a discutir más, que
no tengo nada más que reprocharle porqué ya no serviría de nada. Le observo mientras recoge sus cosas de mi casa, me da pena como hemos terminado pero ya no
siento ese vació en el estomago al verle, ya no duele saber que nunca más volveré a besarle, ahora solo desearía que con el tiempo podamos ser amigos, dos personas
adultas que compartieron sus vidas durante casi 10 años pero que ahora toman caminos distintos.
– Daniela, no quiero irme de aquí sin que sepas que yo no lo hice adrede, que me equivoqué pensando que hacia lo mejor y fui egoísta por no aceptar que estabas
pasándolo mal
– Ahora ya no tiene importancia Alex
– Coge su maleta, sus llaves del recibidor y vuelve a mirarme – te voy a querer toda mi vida, aun sabiendo que otro hombre te hará todavía más feliz de lo que algún
día pudiste ser conmigo, solo espero que me perdones por todo esto y podamos tomar un café juntos sin tener nada que reprocharnos
Cierra la puerta de nuestra casa y una lágrima cae al suelo de mis ojos, quisiera tanto poder salir corriendo para decirle que le he perdonado, que quiero que vuelva a
casa para que podamos ser felices, pero me ha hecho demasiado daño y duele tanto saber que me ha fallado, que mi amigo ante todo, mi cómplice en cualquier momento
se cansó de apoyarme. Creo que he tardado mucho tiempo en poder asumir que Alex también comete errores, como los humanos.
Intento tranquilizarme mientras seco mis ojos con mis manos, escucho que suena el teléfono de casa y voy corriendo para cogerlo.
– ¿Si?
– ¡Daniela! – Elisa siempre tan feliz –
– Hola pequeña ¿qué tal?
– Pues harta ya de que me dejaseis sola estas semanas – me dice con voz triste – Carla desde que llegó de su viaje no ha dado todavía señales de vida y Alicia está en
otra galaxia…
– Que mona eres – le digo riéndome – lo sé, tenemos que vernos para cenar mañana mismo
– Claro – me dice un poco más contenta – ¿qué tal esa vuelta a casa?
– Dura – y más cuando no sabía lo que me esperaba – Alex estaba en casa cuando he llegado, ha estado aquí mientras yo no estaba
– ¿Qué dices? Ese chico no aprende
– Bueno da igual, al fin de al cabo también es su casa, lo importante es que parece que podemos hablar sin gritar
– ¿Si? Quizás con el tiempo podéis llevaros bien Daniela
– Pues si, eso parece – prefiero cambiar de tema – pero bueno ¿que tal tú? ¿Cómo va todo con Dani?
– ¡Súper bien! Hemos ido hoy a pasar el día a la sierra, disfruto mucho estando con él
– Me alegro mucho pequeña – se merece alguien que le haga feliz –
– Al final he podido cambiar mis vacaciones y pasaremos unos días juntos, iremos a la costa blanca
– Genial – de repente viene un pensamiento a mi cabeza, yo también podría haber pasado unas vacaciones con Hugo si no hubiera sido tan cobarde –
– ¿Daniela estás bien?
– Si perdona, solo pensaba en mi vuelta al trabajo, creo que va a ser muy difícil
– Ya veras como él te perdona y nos reímos de este momento dentro de muy poco, no puede olvidarte en tres semanas Dani
– Supongo que no…
Ojala tenga razón Elisa y consiga que Hugo me perdone por escapar de su casa sin darle una explicación a la cara, le dejé con una triste nota que terminaba con algo
que los dos empezábamos a construir, sobre todo gracias a él.
Hablamos un rato más sobre mi viaje con Alicia y al final nos despedimos porqué ha quedado para cenar con Dani, yo debería hacer justo lo mismo, prepararme algo
de cena, sentarme a leer un buen libro que me distraiga para no pensar que estoy en esta casa.
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Son las 8:00 y estoy sentada frente a mi armario para saber que ponerme mi primer día de trabajo después de las vacaciones, hace un calor horroroso en Madrid,
tengo los nervios a flor de piel por lo que me espera hoy y lo peor de todo es que no sé que voy a ponerme para volver a encontrarme con Hugo, tengo que ir perfecta,
sé que no va a perdonarme por estar terriblemente guapa pero supongo que ayudara a provocar su deseo hacia mi.
Escojo una falda que tengo en rosa palo que hace tiempo que no me ponía, es de cintura alta y la combino con una camisa blanca, estoy tan morena que resalta
mucho, unos zapatos en color rosa también y mi bolso nuevo de Mikonos en un tono chocolate que me costo un dineral pero que hoy estrenaré con mucho gusto. El
pelo suelto pero con un ligero toque moldeado de la plancha, los labios pintados muy suaves y estoy lista para conseguir volver a casa con la sensación de que con el
tiempo todo puede salir bien.
Entro en la oficina mientras mi corazón va a salirse, al llegar a mi planta puedo ver a la gente que están saludándose y comentando sus vacaciones, Amanda está
sentada en su mesa como si no le importase lo más mínimo lo que hace el resto, se auto margina demasiado ella sola para lo joven que es.
– Buenos días Amanda – mi mirada no deja de observar su despacho, la puerta está cerrada –
– Hola Daniela – que entusiasmo para ser el primer día de trabajo – ¿Qué tal tus vacaciones? Estás morenísima
– Si, muy bien de viaje unos días ¿y las tuyas? – quisiera saber porqué todo el mundo me dice lo mismo –
– Tranquila, con mi novio por Madrid y alguna escapadita cerca
– Me alegro, cuando tengas un momento entras para que revisemos todo
– Vale, en cinco minutos estoy contigo
Camino para entrar en mi despacho y me da un vuelco el corazón, la última vez que estuve aquí estaba casi segura de querer estar con Hugo, no sabía si el resto de
mi vida pero si que estaba muy a gusto con él, incluso llegué a pensar que podríamos irnos de vacaciones juntos.
Me siento en mi mesa y un recuerdo viene a mi mente, aquel día en que me di cuenta nada más sentarme, que había una caja pequeña en mi mesa, tenía la gargantilla
más bonita que jamás me han regalado, ese día fue un completo desastre por todas las discusiones que fuimos acumulando, pero realmente perfecto como llegué a
sentirme cuando cenábamos juntos o cuando notaba que sus manos recorrían mi cuerpo.
Salgo de mi nube cuando Amanda toca a mi puerta para entrar.
– Tienes algunos contratos pendientes de revisar, te los deje en esa carpeta antes de irme
– Observo mi mesa y veo una carpeta roja – perfecto ahora lo hago
– ¿Quieres que concerté alguna cita con los clientes que nos quedan de Valencia? – esto me hace pensar en Cristina –
– Claro, perfecto – aunque Hugo debería de estar de acuerdo también en eso – ¿el señor Hernández ha llegado?
– ¿Hugo? – asiento para contestarle aunque escuchar su nombre me pone nerviosa – no, creo que no vuelve hasta dentro de unos días de sus vacaciones – claro que
idiota, el hijo del jefe no podía ser menos –
– Vale, pues intenta que sea cuando vuelva de sus vacaciones
– Claro, lo consultaré con su secretaria
Repasamos algunos puntos más y sale de mi despacho, debería bajar para ver a Julia pero ahora mismo no me apetece salir de aquí, reviso durante todo el día los
contratos que tengo pendientes hasta que es casi la hora de irme a casa, entonces tengo una idea que creo que me ayudará a saber donde está Hugo, necesito verle cuanto
antes.M arco su número nerviosa porqué hace días que no hablamos, escucho cada uno de los tonos de espera y casi cuando creía que debería colgar me contesta.
– Hola guapa, estaba en la otra parte de la oficina
– Hola Cristina – le digo animada – ¿Qué tal todo?
– Estupendo, nuestro plan va viento en popa, quizás no tengas ni que ayudarme
– ¿A si? Cuanto me alegro – pero ¿por qué? – ¿y a qué se debe ese cambio?
– Nada Hugo me ha ayudado unos días con Roberto y está casi convencido
– Ha dicho su nombre, así que le ha visto – ¿está ahí?
– ¿Quien? – pregunta sin saber de que hablamos –
– Hugo…
– No, se fue hace dos días a Madrid, supongo que estará por casa si no le has visto en la oficina
– Si, supongo que si – suena demasiado triste por mi parte –
– Daniela siento que no saliera bien, hacíais buena pareja
– Gracias, pero compliqué las cosas…
– Lo sé, él me lo ha contado – se hace un silencio pero ninguna de las dos dice nada – Daniela tengo que dejarte porqué tengo una reunión en media hora, te llamo en
unos días para ver como vas o mejor si dios quiere te veo muy pronto
– Me río por su comentario – ya veras como si
Cuelgo y me derrumbo sin poder evitarlo, a dado por hecho que hubiéramos sido una buena pareja que ya no puede volver a serlo, quizás sabe algo, como que se ha
rendido para siempre y no quiere ni si quiera escucharme, la verdad es que creo que he planteado todas las posibles opciones, en todas ellas termina perdonándome pero
esto debe ser porqué son demasiado subjetivas.
No sé qué pensar pero si me quedo en esta oficina sentada no voy a conseguir la respuesta, tengo que ir a su casa para ver si está, puedo intentar que me perdone, así
que la mejor opción es coger mi bolso y salir corriendo pero esta vez para recuperarle.
Estoy en mi coche con las manos en el volante y sin dejar de temblar, desde aquí puedo volver a ver esa casa de la que salí corriendo hace unos días, nada parece haber
cambiado o al menos eso espero. Cierro el coche con decisión para tocar al timbre pero cuando llego a la puerta veo que alguien sale de ella, tengo que apartarme para no
chocar con él y al verme detiene la puerta con su mano.
– Perdone señorita ¿va a entrar? – tengo a un chico que no sé de que me suena esperando una respuesta por mi parte –
– Si claro, gracias
– De nada – le veo que sonríe mientras se mete en un coche azul que hay justo aparcado en la puerta –
Entonces recuerdo de que me sonaba su cara, es el asistente de Hugo y por eso le recordaba, me compró toda esa ropa que me regaló la primera noche que pasamos
juntos, siento una punzada en el estomago al recordarlo, era feliz en ese momento aunque no quería darme cuenta, estaba tan aterrada que no lo disfrute suficiente.
Entro mientras mis piernas tiemblan en esa casa que hacía tiempo no pisaba y no consigo ver a nadie, camino hacia la puerta de su casa mientras mantengo el
equilibrio para no caerme y tras subir los escalones consigo acercar mi mano al timbre, si no lo hago posiblemente me arrepentiré y saldré corriendo, así que sin pensarlo
más tiempo aprieto el botón para que suene.
Segundos después le tengo delante de mí mirándome con los ojos como platos, supongo que no esperaba encontrarme justamente a mí en la puerta, está tan perfecto
como siempre, sin camiseta justo como yo le dejé, con unos pantalones azules que me gustaba mucho verle puestos y con su adorable pelo despeinado. Intento
reaccionar pero no puedo dejar de mirarle, sé que tengo que hablar para poder venir a decir lo que llevo días ensayando en el espejo, pero es como si mi garganta hubiera
perdido el sonido porqué no sale nada de ella.
– ¿Qué haces aquí? – me mira con esos ojos penetrantes que no recordaba ya –
– Yo… necesitaba verte – contesto nerviosa –
– ¿Ahora? – está más serio todavía – ¿Después de casi 3 semanas necesitas verme?
– Hugo yo – noto que va a cerrar la puerta sin que pueda ni si quiera hablar pero mi mano detiene el movimiento, no sé como pero lo

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