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Poseída y protegida por el jefe – Alena García

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Resumen y Sinopsis De 

Las aventuras conllevan sólo un riesgo para quien siempre arriesga arriesgándolo todo.
Las gárgolas de Notre Dame miraban hacia abajo. En la parte de abajo, había una chica de veintidós años, de pelo castaño, ojos negros y una nariz pequeña, casi
escondida. Las descripciones en palabras nunca son gran cosa, pero la belleza que portaba encima era una belleza admirable.
De hecho, se había acostumbrado a que la gente se parase en la calle a mirarla como si ella fuera un cuadro. Sus labios, rosados y blancos como las camelias, incitaban
a la lujuria y al deseo. Su mirada incitaba cierto misterio que no se puede explicar. Y su pelo largo, le recorría los hombros como diciendo: «todos nosotros, los cabellos,
somos afortunados de tocar y pertenecer a tan bella mujer».
Al ser julio, la chica llevaba una camiseta de tirantes, un pantalón corto y una desesperación encima que no le cabía en el cuerpo. No estaba desesperada por no
conocer el idioma ni nada por el estilo, estaba así por la situación tan complicada que le había tocado vivir.
La chica, a la que miraban las gárgolas como diciéndole: «¿qué haces aquí, necesitas ayuda?», se llama Alice Delacroix.
Nació en España, concretamente, en un pequeño pueblo costero de Lanzarote llamado La Santa. Su padre había nacido en Besanzón, pueblo que le dio vida al gran
Victor Hugo. Su madre había nacido y vivido toda su vida en La Santa.
A lo que pensaréis, ¿cómo se conocieron dos personas tan alejadas? Al padre de Alice, a Axel Delacroix, le encanta el surf. Sus padres, desde pequeños, lo llevaban a
las mejores playas de Francia para que él surfeará con ellos. Ellos amaban el surf, no me cabe duda de que si hubiesen amado la pintura de la misma forma que amaban el
surf, habrían llamado a su hijo Eugène y tal vez, habría hecho alguna versión moderna de «la Libertad guiando al pueblo» para darse a conocer.
En el surf, sin embargo, no le fue tan bien como a Eugène Delacroix le fue en la pintura. Axel no había ganado nunca ningún premio ni ningún reconocimiento, para
seros sincero, tal vez nunca había participado en ninguna competición.
Sea como fuere, su pasión es el surf y él disfruta surfeando. Pues bien, en su búsqueda de la gran playa que le dé las olas que necesita para sentirse vivo, se topó con
La Santa. Allí, en la playa, conoció a Idaira, la madre de Alice. El proceso, creo que ya todos lo conocéis y no hará falta que lo expliqué mucho. El caso es que, dos años
después, ya estaban casados e Idaira ya tenía a Alice entre brazos.
La vida en La Santa es, ante todo, tranquila. Es un pueblo en el que todo el mundo se conoce y todas las ventanas tienen siempre ojos asechando. Las
conversaciones que tienen lugar en sus calles, son conversaciones públicas que siempre tienen a alguien escuchando. La gente es curiosa por naturaleza, pero se vuelven
más curiosos cuando sus vidas tienen pocos entretenimientos.
En este lugar se crió Alice. Cuando iba a la escuela, tenía que coger el autobús que iba a Tinajo. Ya que en La Santa no hay ni escuela ni instituto. El autobús de
rumbo a la escuela era un tramo tranquilo. Las clases en el colegio le gustaban. Lo que no le gustaba era tener que llevar uniforme, pero con los años aprendió a
acostumbrarse.
Lo malo llegó cuando empezó a ir al instituto. Los jóvenes, llenos siempre de fervor hacia el sexo opuesto, empezaron a molestar a Alice para llamar su atención. Ya
se sabe que, la inexperiencia crea la experiencia a lo largo del tiempo. Alice aprendió a no hacerles caso a los chicos que la molestaban y los chicos aprendieron que así no
conseguirían nada.
Con los años, vino el primero amor, las primeras separaciones de amigas que se fueron y el sentimiento de revelación característico de todos los adolescentes.
También, empezaron a crearse obligaciones y Alice tuvo que ir organizando su futuro. Como su padre es francés, de pequeña le enseñaron el idioma que aprendió a
controlar a la perfección. Al empezar a ir a la escuela infantil, aprendió el español y a los cinco años, ya era una niña privilegiada al dominar dos lenguas.
Más adelante, a la hora de terminar el instituto, esto le sirvió para darse cuenta de cuál sería su vocación. Lo tenía claro. Lanzarote, al igual que la isla de
Fuerteventura, son islas que viven principalmente del turismo pero en estas islas, hay poca gente muy preparada para dichos cargos.
Obviamente, la gente que está muy preparada es la gente que tiene mejores puestos de trabajo. Alice vio aquí una gran oportunidad para darle salida a los idiomas
que sabía, además, fue casi como una pasión para ella mostrar lo más valioso que tenía después de su familia a los turistas: sus tierras.
Después de hacer la prueba de acceso a la universidad, envió las peticiones a varias universidades y la universidad Complutense de Madrid la aceptó. En un
principio, el plan era sencillo. Alice quería estudiar durante cuatro años, licenciarse y volverse a Lanzarote a buscar trabajo.
En el primer año, las cosas fueron francamente bien. Había encontrado a un chico que la quería, con el cual incluso vivía, había entablado amistad con personas con
las que se lo pasaba muy bien… ¡Nada podía ir peor! Pero, en el tercer año, las cosas empezaron a cambiar. Un día, en una de las clases, la profesora dijo que ya
estaban disponibles las becas Erasmus para todo aquel que estuviese interesado.
En ese momento, a Alice se le encendió una luz… Su francés, desde luego, ya no es lo que era y vivir un año en Francia le podría venir muy bien, pensó ella. Así
que, envió la solicitud y al cabo de unos meses, fue entrevistada. Al finalizar el año, se publicó la lista de quienes habían sido seleccionados: Alice había sido escogida
para ir a Francia.
Tras años de escuchar a su padre hablar de París, de Lyon, de Normandía, de leer libros de Alejandro Dumas que contaban historias en las calles de París, de oír a
muchas personas decir que el museo del Louvre el más importante del mundo, tras mucho tiempo adorando las gimnopedías de Erik Satie, después de estar tanto
tiempo familiarizándose con la cultura francesa, iba a ir, por fin, allí.
La alegría que tuvo Alice en ese momento fue descomunal. La sonrisa que le iba de oreja a oreja era digna de ser retratada en alguna parte. Todo lo contrario a la cara
de su novio, que sabía que se acababa y veía que a Alice eso no le importaba mucho. «Tendremos una relación a distancia», le decía ella. «Perderemos la pasión y se nos
irá todo al garete entonces», le respondía él.
Después del verano, en septiembre, Alice se mudó a París. Su universidad habló con la universidad de Paris-Dauphine y allí que se fue. Con la beca que le dieron,
consiguió alquilarse una habitación que no estaba muy lejos de la universidad.
Compartía piso con otras personas que habían venido de Erasmus. Ese año, fue un año esplendido en su vida. Exquisito en todos los sentidos. Probó todas las
variedades de queso que ofrece Francia, se enamoró de las calles de París, entregó su corazón a las obras de la Ópera de París y casi se enamoró de Gerard Mortier, el
director.
A veces, le comentaba a sus compañeras de piso: «es un hombre tan apuesto… Sabe cómo dirigir una ópera, ¿habéis visto que bien dirigió Madame Butterfly?». De
su novio, como veréis, se olvidó rápidamente. Eso era que no lo quería tanto.
Las complicaciones empezaron a llegar en menos de doce meses. Pesé a que Alice ama las calles de París, siempre se pierde en ellas. Nunca llegó tarde a las clases ni
suspendió ningún semestre eso es verdad, pero tuvo que esforzarse mucho para comprender un francés «tan técnico» (como solía decir ella).
Las complicaciones con sus compañeras de piso también empezaron a llegar y la vida tan sublime que tuvo ese año, tambaleó varias veces. Por suerte, nunca se cayó
hasta el final.
Tras acabar las clases, se acabó también la beca. Y ahora tocaba la gran pregunta: ¿qué toca hacer ahora, volver o quedarme? Pero la respuesta no tardó mucho en
llegar, en cuestión de unos días, ya tenía claro que se quería quedar.
Alice ama las calles de Paris aunque no las pueda diferenciar, la naturaleza, la forma de vida

Orden de título: Poseída y protegida por el jefe
Fecha: 08 ago 2016
uuid: 1716be88-1031-4e4b-912f-13852401153f
id: 70
Modificado: 08 ago 2016
Tamaño: 0.54MB

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