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Redención – Meredith Wild

Redención – Meredith Wild

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Resumen y Sinopsis De 

Redención – Meredith Wild

Deslicé mis manos frías arriba y hacia abajo por los lados del vestido. Me había arreglado para dar una buena impresión. Sabía que era una tontería. Sobre todo, porque
aquélla no sería exactamente una primera impresión.
¿Quieres café?
Blake se acercó hasta donde yo estaba y me ofreció una taza humeante. Iba vestido con unos pantalones vaqueros de color azul oscuro y una camisa blanca que
hacía que le brillara la piel. La tenía bronceada por nuestra estancia en la casa de la playa, el lugar donde fuimos a escapar del bullicio de la ciudad y a cargar las pilas. Ese
día, como todos los demás, Blake me dejó sin aliento. Parecía recién salido de un catálogo, pero había algo más en él que su impresionante apariencia atractiva. Toda su
presencia tenía la capacidad de hacerme perder el equilibrio. A veces, cuando no estaba prendada de su perfección, me preguntaba si yo también le provocaba algo así.
Gracias murmuré.
Nuestras manos se rozaron cuando tomé la taza, y dejé que su calor me impregnara los dedos.
Llámame «tonto», pero te veo nerviosa.
Tomó un sorbo de su café y ladeó la cabeza.
Me quedé mirando el líquido cremoso, dejé que el fuerte aroma me llenara la nariz y traté de imaginarme lo que traería la siguiente media hora. Estar allí con Blake a
mi lado debería haber sido un pequeño, un gran, apoyo, pero no fue así.
No puedo evitarlo.
Él se rio en voz baja.
No tienes absolutamente ninguna razón para estarlo. Lo sabes, ¿verdad?
Para él era fácil decirlo. Al otro lado de la habitación, un joven alto estaba hablando con algunos de los demás inversores. A esas alturas, a muchos de ellos ya los
llamaba por el nombre de pila, pero no podía pasar por alto que eran los creadores y destructores de sueños. Eran hombres, en mayor o menor medida, como Blake.
Algunos se habían hecho a sí mismos, y otros habían tenido éxito en sus carreras profesionales y habían decidido tener como afición convertirse en patrocinadores de
inversiones explorando nuevas ideas interesantes.
El joven tenía la mandíbula muy apretada, y sus movimientos eran espasmódicos bajo una sonrisa tensa y unos ojos muy abiertos, como si se hubiera bebido todo el
café de Boston esa misma mañana.
Ésa era yo hace unos meses comenté. Es aterrador, y nunca sabrás lo que se siente. Además, probablemente todavía sufro de estrés postraumático por toda
la mierda por la que me hiciste pasar en esta sala. ¡Dos veces!
La expresión divertida de Blake no mostraba en absoluto todo el remordimiento que estaba tratando de hacerle sentir. Hacía tan sólo unos pocos meses, nos
habíamos visto cara a cara en aquella misma habitación, un encuentro que puso en marcha una serie de acontecimientos inesperados: nuestra vida juntos tal y como la
conocíamos.
Veo que estás realmente desolado por aquello añadí tratando de parecer molesta mientras soplaba una nube de vapor de mi café.
Fui un idiota. Lo admito.
Un auténtico capullo le corregí.
Una sonrisa arrogante le curvó los labios.
Está bien, pero no puedes hacer que me arrepienta de un solo segundo de aquel día, porque ahora te tengo.
Su mirada de ojos verdes se quedó clavada en la mía mientras permanecía de pie frente a mí, con una postura relajada y envolvente. Sí, me tenía por completo. Mi
nerviosismo desapareció poco a poco, y tuve que contener el impulso de borrarle esa sonrisa burlona con un beso delante de todos aquellos individuos trajeados. El
hombre me enloquecía, en más de un sentido.
¿Qué piensas? ¿Te arrepientes de algo? me preguntó.
La expresión de sus ojos se oscureció como si pudiera leerme el pensamiento, y el hombre divertido y algo engreído quedó sustituido por el amante que tenía mi
corazón en sus manos. Inspiré profundamente por la nariz, esperando la caricia que a menudo solía seguir a esa mirada. Una sencilla caricia tranquilizadora que contenía
todo el amor que sentíamos el uno por el otro.
Pasó los dedos con suavidad a lo largo de mi mandíbula y bajó la cara hacia un lado de la mía. El suave beso con el que me rozó la mejilla podría haberse confundido
con un saludo discreto entre colegas y llenó el aire entre nosotros con su olor. Dejé de respirar y atrapé su esencia en mis pulmones. Quería estar inmersa en aquello,
cubierta por ese aroma masculino tan único.
Se apartó y volvió a adoptar su actitud relajada delante de mí. Se llevó la taza de café a sus bellos labios una vez más, cuando yo los quería contra los míos otra vez.
Dios, la tortura sensual que había soportado a merced de aquellos labios.
Cerré los ojos y sacudí la cabeza. No había palabras. Ni arrepentimientos. Él tenía razón. Todos los altibajos, por muy dolorosos que fueran, habían merecido la
pena. Habíamos cometido errores. Nos habíamos hecho daño el uno al otro, pero, de alguna manera, habíamos salido de todo aquello fortalecidos. Él conocía mi corazón,
y yo conocía el suyo. No podía adivinar el futuro, pero no podía imaginarme al lado de nadie que no fuera Blake.
¿Todavía nerviosa? murmuró.
Abrí los ojos para encontrarme de nuevo cara a cara con su sonrisa de diversión, pero con una nueva calidez en sus ojos.
No admití, demasiado consciente de nuestra falta de privacidad y nerviosa por el cambio repentino en el ambiente entre nosotros. Traté de hacer caso omiso del
modo en el que mi corazón se hinchaba contra las paredes del pecho, ese recordatorio sin nombre de lo desesperadamente que lo amaba. Era una esclava de ese hombre y
del cuerpo que destrozaba una y otra vez mi capacidad para comprender la vida más allá de nuestro dormitorio. En ese momento me hubiera gustado que estuviéramos
solos, ser libre para tocarlo. Ansiaba tocarlo.
Bien. Esto va a ser divertido, te lo prometo.
Se colocó a mi lado y deslizó su brazo alrededor de mi cintura para acariciarme con unos leves círculos trazados por sus dedos en la parte baja de la espalda.
Tal vez aquello ya no era tan informal. Blake encontraba el modo de dejar claro a todo el mundo que yo era suya sin importar dónde estuviéramos. Ya fuera en la
sala de juntas o en el dormitorio, nunca dejaba lugar a muchas dudas. No puedo decir

Pages : 86

Tamaño de kindle ebook : 814 kb

Autor De La  novela : Meredith Wild

kindle ebooks Comprimido: no

kindle Format : True PDF 

Idioma :Español-España 

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Redención – Meredith Wild

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