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Rompiendo todas las normas – Brenda Jackson

Rompiendo todas las normas – Brenda Jackson

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Resumen y Sinopsis De 

Rompiendo todas las normas – Brenda Jackson

hermanos y a sus ocho primos para informarles de la llamada de teléfono que había recibido el día anterior. El único que faltaba era su hermano menor, Bane, destinado
en una misión con los comandos de operaciones especiales del ejército.
–Me imagino que quieren jugar sobre seguro y por eso mandan a alguien ajeno a la familia. En cierto modo, entiendo que lo hagan. No tienen ninguna prueba de que lo
que decimos sea verdad.
–¿Y por qué íbamos a decir que somos parientes si no fuera verdad? –insistió Bailey–. Cuando nuestro primo James se puso en contacto contigo hace unos años y te
anunció que estábamos emparentados, no recuerdo que tú lo pusieras en duda.
Dillon sonrió.
–Bueno, James no me dio la oportunidad de hacerlo. Se presentó un día en nuestra oficina de Blue Ridge acompañado de sus hijos y sobrinos y me dijo que éramos
familia. Cuando vi que Dare era igualito que yo, me quedé sin argumentos.
–Mmm, tal vez nosotros tendríamos que haber hecho lo mismo –Bailey colocó el dedo índice sobre la barbilla y se dio unos golpecitos–. «¡Sorpresa!».
–A Rico no le parecía buena idea. Al parecer, los Outlaw están muy unidos y no les gusta que los desconocidos entren en su ámbito privado –dijo Megan
Westmoreland Clairbone. Rico, su marido, era detective privado y los Westmoreland le habían encargado que encontrara a los miembros de su numerosa familia.
–Y yo estuve de acuerdo con Rico –confirmó Dillon–. Reconocer que uno tiene parientes nuevos no es fácil. Y los nuestros se apellidan Outlaw. No tenían ni idea de
que estuviéramos emparentados hasta que Rico dejó caer la bomba. Si fuera a la inversa y apareciera alguien afirmando que somos familia, yo también me mostraría
precavido.
–Bueno, pues no me gusta –insistió Bailey, y miró a sus hermanos y primos a los ojos.
–Ya nos hemos dado cuenta, Bailey –dijo Ramsey Westmoreland, su hermano mayor, y luego miró a Dillon–. ¿Cuándo va a venir ese representante?
–Se llama Walker Rafferty y llega mañana. He pensado que es un buen momento, dado que estaremos todos aquí para la boda de Aidan y Jillian este fin de semana.
Los Westmoreland de Atlanta también vendrán: así podrá conocernos a todos.
–¿Y qué es lo que quiere averiguar sobre nosotros? –quiso saber Bailey.
–Que Bane, Adrian, Aidan y tú ya no sois unos gamberros –bromeó Stern Westmoreland, y sonrió.
–No la provoques, Stern –advirtió Dillon, meneando la cabeza–. Rafferty seguramente quiere conocernos para luego contarles que somos gente normal. No te lo
tomes como algo personal, Bailey. Ya te lo he dicho: solo quieren ser precavidos –se interrumpió como si de repente se le hubiera ocurrido algo–. ¿Bailey?
–¿Qué?
–Como tú eres la más desconfiada ante la visita del señor Rafferty, quiero que seas tú quien lo recoja en el aeropuerto.
–¿Yo?
–Sí, tú. Y espero que le causes buena impresión. Recuerda que vas en representación de toda la familia.
–¿Bailey va a representar a toda la familia? ¿No te perturba un poco la idea, Dillon? –intervino Canyon Westmoreland, y soltó una risita–. No se trata de asustarlo y
que se vaya corriendo. Como no le guste, Bailey lo va a acribillar.
–Déjalo, Canyon. Bailey sabe comportarse y causar buena impresión –afirmó Dillon, e hizo caso omiso de las miradas escépticas de sus familiares–. Lo hará bien.
–Gracias por tu confianza, Dillon.
–No me hagas quedar mal, Bailey.
* * *
«Bailey sabe comportarse y causar buena impresión».
Las palabras resonaban en la mente de Bailey cuando esta irrumpió en el aeropuerto con quince minutos de retraso. Y no podía echarle la culpa al tráfico.
Esa mañana, su jefa la había convocado y le había anunciado que acababa de ascenderla a coordinadora de reportajes. Aquello había que celebrarlo, así que corrió hasta
su mesa y telefoneó a su mejor amiga, Josette Carter. Como era previsible, Josette insistió en que almorzaran juntas. Y por eso Bailey se encontraba en aquella
situación: llegaba con retraso para cumplir el único encargo que Dillon le había hecho.
No, se negaba a aceptar que hubiera empezado con mal pie… aunque así fuera. No le importaría que el vuelo del señor Rafferty tuviera retraso; en realidad, sería una
bendición.
Se encaminó hacia las cintas de equipaje y se detuvo para mirar la pantalla de información. El avión de Rafferty había aterrizado en hora. Menuda suerte la suya.
Al llegar a la cinta asignada al vuelo, Bailey echó un vistazo alrededor. No tenía ni idea de qué aspecto tenía aquel hombre. Lo había buscado en Internet la noche
anterior pero no había encontrado nada. Josette le había sugerido que llevara un cartel con su nombre, pero ella lo había descartado. En aquel momento, teniendo en
cuenta que el aeropuerto se hallaba abarrotado de gente, debía reconocer que habría sido una buena idea.
Examinó a las personas que estaban retirando los equipajes de la cinta. Se figuraba que su hombre rondaría los cuarenta y muchos. Un cincuentón con barriga que la
observaba con mirada ansiosa debía de ser su hombre. Se dirigía hacia él cuando un murmullo áspero la hizo detenerse.
–Creo que es a mí a quien busca, señorita Westmoreland.
Bailey se giró y su mirada se encontró con un hombre que ocupó todo su campo de visión. Era alto, pero no era esa la razón de que sus neuronas se hubieran
reblandecido de repente; estaba acostumbrada a los hombres altos. Sus hermanos y sus primos lo eran. Se trataba de los rasgos de aquel hombre. Demasiado guapo para
describirlo con palabras. Supuso que eran sus ojos lo que la había dejado muda. Eran tan oscuros que parecían de color azul noche. Solo con mirarlos el pulso se le
disparó hasta un punto que empezó a sentir escalofríos.
Y además estaba su tono de piel, un caoba claro. Tenía la mandíbula firme y unos labios seductores. Llevaba el pelo bastante corto y aquello le daba un aspecto sexy
y fuerte.
–Y usted es… –dijo haciendo gala de su ingenio.
Él le ofreció la mano.
–Walker Rafferty.
Ella se la estrechó. Era una mano firme, llena de autoridad. Justo lo que esperaba. Con lo que no había contado era con la calidez y la descarga de energía que
experimentó su cuerpo. Se apresuro a retirar la suya.
–Bienvenido a Denver, señor Rafferty.
–Gracias. Prefiero que me llame Walker.
Ella estaba intentando no dejarse seducir por aquella voz ronca.
–Muy bien, Walker. Yo soy…
–Bailey Westmoreland. Ya lo sé, te he visto en Facebook.
–¿En serio? Yo también te busqué a ti, pero no te encontré.
–Ni me encontrarás. Debo de ser uno de los pocos que no han caído en la tentación.
Bailey se preguntó en qué otras tentaciones no habría caído, pero decidió guardar para sí su curiosidad.
–Si ya tienes todo tu equipaje, podemos irnos. He aparcado justo fuera de la terminal.
–Te sigo.
Ella comenzó a andar y él la siguió.
El señor Rafferty no era como se lo esperaba. Y lo que tampoco esperaba era la atracción que sentía por él. En general, prefería a los hombres bien afeitados; sin
embargo, la barba bien recortada de Walker Rafferty la atraía.
–Así que eres amigo de los Outlaw –empezó a decir ella mientras caminaban.
–Sí. Garth Outlaw y yo somos íntimos amigos desde pequeños. Mis padres me decían que nuestra amistad viene de la época en que ambos llevábamos pañales.
–¿En serio? ¿Y cuánto hace de eso?
–Unos treinta y cinco años.
Bailey asintió con la cabeza. Eso quería decir que tenía ocho años más que ella. O siete, puesto que su cumpleaños era dentro de pocos meses.
–Eres igual que en la foto.
Ella lo miró.
–¿Qué foto?
–La de Facebook.
La cambiaba a menudo con el fin de actualizarla.
–Bueno, de eso se trata –salieron de la terminal. Ella no pudo contenerse–. Así que estás aquí para espiarnos.
Él se detuvo y ella lo imitó.
–No, estoy aquí para conoceros.

Pages : 42

Autor : Brenda Jackson

Comprimido: no

Format :True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

Rompiendo todas las normas – Brenda Jackson

–Lo mismo da.
Él negó con la cabeza.
–No, no da lo mismo.
Ella frunció el ceño.
–En cualquiera de los dos casos, estás aquí para informar a los Outlaw sobre nosotros, ¿no es así?
–Sí, así es.
El ceño de Bailey se hizo más profundo.
–Parecen bastante desconfiados.

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