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Te confío mi corazón Te confío mi vida 2 – Isabella Abad

Te confío mi corazón Te confío mi vida 2 – Isabella Abad pdf

Sinopsis De 

Libro Te confío mi corazón Te confío mi vida 2 – Isabella Abad

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adusta y mirada huidiza. Le preguntaba
y anotaba sus respuestas, que salían
como mordidas y con voz muy queda.
Pronto terminó y la mujer se levantó y
cruzó por delante de Asunción, clavando
en ella su penetrante mirada. Alejandra
la vio casi enseguida y su cara
resplandeció.
–Asunción, querida, ¡cuánto te he
extrañado! Buenas vacaciones te
tomaste, mi amiga–le soltó Alejandra
corriendo a estrecharse en un abrazo.
–¡Yo también añoré verte y
nuestras charlas! Me merecía el
descanso, ¿o no?
–Vaya que sí, buen baile tuviste
este año.

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Realmente había sido una
vorágine de hechos encadenados que
habían sacudido la habitual tranquilidad
de su vida, hasta convertirla en algo
plenamente diferente. La pena, el temor
y el pesar habían dado paso al amor y
afortunadamente todo había resultado
finalmente bien. Algunos cabos sueltos,
pero no afectaban el todo esplendoroso
que era hoy su realidad. Sonrió.
–Tuvimos, dirás. Me faltó
tomarte la foto con el rifle a cuestas.
“Billy the Kid” o algunos de nuestros
bandoleros de antaño envidiarían tu
puntería y coraje.
Alejandra movió su cabeza al
reír con fuerza y su cabellera negra se
desparramó por la espalda al desatarse
el improvisado moño. Sus ojos verdes
refulgían y mostraban su carácter. Era su
mejor amiga, la única en realidad.
–Pues al lado de algunos
especímenes de por aquí soy un
guisante. Como esta que se acaba de
retirar… ¡Qué pieza la muy
sinvergüenza!– rezongó.
–Deja el trabajo. Ven, tomemos
un café y nos contamos todo– la invitó.
–Obviamente, no creas te me vas
a escapar sin contarme todo el viaje. Y
cuando digo todo incluyo los detallitos
pornográficos con tu Santiaguito, je je.
–Me pones colorada, eres
insufrible.
Alejandra abrió la marcha hacia
la salita que oficiaba de “bunker” de los
profesionales del Centro, lugar de
desahogo de las amarguras que muchas
veces les atenazaba el corazón. Apenas
podían paliar lo terrible de algunas
vidas, las experiencias traumáticas, el
desamor, las adicciones y tantas otras
situaciones que sacudían los cuerpos de
los más vulnerables del barrio. Estaba
vacío ya que era temprano aun, por lo
que fue lugar propicio para el cotilleo
de las amigas.
–Bien, querida, de veras quiero
saber cómo has pasado. ¿Fue tal y como
esperabas?
–Mejor aún… Descansé,
disfruté… Años hacía que no me sentía
tan viva.–
Santiago ha hecho maravillas
en ti– la miró con cariño.
–Sí, así es. Lo amo tanto,
Alejandra. Y me he sentido tan querida,
tan deseada, que parece un sueño todo.
–Después de la pesadilla que te
legó tu abuelo, te lo merecías.
Recordar todo el embrollo que
había sido heredar la Hacienda Santa
Isabel y con ella la pesada cruz que era
el vínculo familiar con el narcotráfico la
hizo asentir con seriedad.
–Verdad. Por fortuna todo se
solucionó de la mejor manera. El cártel
de los hermanos Hidalgo desarticulado,
mi linda hacienda y la fábrica de tequila
libres de delincuentes y dedicadas solo
a lo que debe ser: producir.
–El que la sacó demasiado
barata fue tu tío. ¡Escapó bien limpito de
todo, siendo el que estaba más sucio! A
los delincuentes como los Hidalgo los
detesto y deseo sean todos apresados y
se pudran entre las rejas, pero más
temor me provocan los ladrones de
cuello blanco y manos finas como
Esteban. Perdona mi sinceridad.
–Sabes que opino igual, el muy
hábil se las arregló para irse antes de
tiempo y no encontraron nada que lo
incriminara. Ahí sigue controlando las
minas y empresas suyas y las acciones
de las tías. Allá él, ya le llegará su
hora.
–Yo creo lo mismo, este mundo
es redondito. Pero entretanto distorsiona
la vida de los otros. Mira por ejemplo a
tu primo Pedro, luchando con la
adicción a las drogas que la falta de
atención y el desprecio de tu tío le
provocaron.
Asunción la miró con mayor
atención. Las palabras sonaban más
intensas de lo esperable, como si…
–¿Has seguido en contacto con
Pedro?
–Sí, por cierto. Lo estoy
ayudando, salimos a veces–.
La mirada pretendidamente
indiferente no la engañó.
–Estás muy involucrada con él–
le dijo, recibiendo el asentimiento
silencioso de su amiga–. Ten cuidado,
Ale. Es mi primo y demostró ser recto al
quedarse con nosotros y ayudarnos
cuando mi tío, su propio padre, nos
entregó en bandeja a los
narcotraficantes. Pero sabes cuan
complicada es la adicción y lo difícil
que es salir…
–Lo tengo claro, querida. Por
eso procuro ayudarlo. Si en el proceso
pasa algo más entre nosotros, dejaré que
fluya o me retiraré si las circunstancias
así lo ameritan.
–No es tan fácil despegarte
cuando estás en el medio de la
situación… Bueno, tú eres la inteligente
aquí. No te diré más.
–Se que te preocupa, pero
déjame esto a mí. Ahora, a otra cosa.
Dime, ¿cómo es vivir con un agente
secreto? ¿Excitante, peligroso?
No pudo evitar reír y pensar que
su estadía en Acapulco había tenido
poco de lo último, pero si hubo mucho
de lo primero. Santiago encendía todos
sus sentidos y sabía que zonas recorrer y
besar y… Sacudió la cabeza y volvió a
tierra ante la mirada de su amiga.
–Hasta ahora ha sido lo mejor.
Estamos volviendo al trabajo ambos y
probablemente él será asignado a una
misión pronto. Solo espero que no sea
encubierto otra vez, me da miedo que
pueda pasarle.
–Te entiendo, ¿él que te dice?
Suspiró. Habían hablado poco
de eso y no quería molestarlo con sus
temores. Su romance se afirmaba y se
complementaban perfectamente, y ella
quería respetar sus tiempos y su trabajo.
–Poco.
–Sí, si ya vi que habla lo
necesario y nada más. ¿También en la
intimidad? –señaló con picardía.
Le dio un manotazo.
–Pues no, para que te enteres ahí
derrama toda su locuacidad.
–Mmmh, qué momentos…
Bueno, a ver. ¿Cómo vas a organizarte
ahora? Debes atender tus negocios y a tu
pareja y además esto. ¿Crees que es
buena idea volver?
–Sabes que me encanta estar acá,
me siento útil y en contacto con el
mundo real. La hacienda y la fábrica
están bien cuidadas por gente de
confianza y pienso viajar seguido. Y a
Santiago lo voy a ver todos los días
porque hemos decidido vivir juntos. De
hecho, para tu información, se ha
mudado conmigo.
–¡Qué modernos! ¿Cuánto te ha
llevado convencerlo?
–Bastante, él debe viajar a
menudo por su trabajo y hasta hace poco
residía fijo en Miami, cerca de su
madre. Pero le pareció bien la idea de
quedarse. Lo único es que insiste en
pagar las expensas y qué se yo qué
más…
–Habla bien de él, democracia
en los gastos. ¿Y su mami que opina de
que su retoño se le vaya de su regazo?
Esto la hizo poner bastante seria.
Era uno de los puntos más grises de la
relación, de hecho no sabía bien como
lo encararían. Santiago reconocía que
era muy probable que aquella nunca la
aceptara. Asunción representaba para
ella el vivo recordatorio de la muerte de
su hija Lupita y la culpaba por eso. En
vano pretendió entender la lógica de la
mujer: ¿qué responsabilidad podía
tener?… Ella era apenas una niña de
cinco años, cuando la muerte de la niña.
Su único “pecado” había sido invitarla a
jugar juntas, y además sus padres habían
sido asesinados en el mismo hecho.
“No importa eso, Asunción” le
dijo mil veces Santiago. “Es la manera
que mi madre procesó la historia, para
ella tu familia y por tanto tú quedaron
señalados como los culpables. Los odia
y no hay razonamiento en eso.”
Reaccionó cuando Alejandra
levantó la voz, preocupada por ella.
–Disculpa, Ale. Es que me dejé
llevar. Precisamente ese es un asunto
por resolver, aunque solución parece
que es lo último que tiene.
Le relató la historia con pelos y
señales y su amiga trató de confortarla.
–Es triste, nena, pero estoy con
Santiago en esto. Si ella siente así no te
conviene acercarte.
–No tengo problemas con eso,
quiero ser respetuosa con ella. Pero voy
a vivir con su hijo. Él va a estar
tironeado por los sentimientos y
emociones que ambas le provocamos.
Me da miedo eso.
–Es un hombre grande y sabía de
antemano todo. Si decidió amarte, va a
tener que resolverlo. Solamente no lo
presiones.
Lo tenía claro, pero le
angustiaba igual. Decidió eliminar los
malos pensamientos y abocarse a las
tareas del centro, debía ponerse al día
con todo.
–Eres un ángel por cubrirme.
¿Cómo ha estado el trabajo?
–Ha habido de todo. Por cierto
la fulana que recién salió es la abuela de
Florencia, ¿te acuerdas?
Cómo no recordarla, era una
niña adorable, apenas en sus siete años
y totalmente abandonada por su madre.
Vivía mendigando porque donde residía
no la alimentaban a menos que llevara
algo. La había conocido justo unas
semanas antes de irse a Santa Isabel.
–¿Cómo lograste que acudiera?
–A la fuerza, la he amenazado
con enviarle la Policía. Y como no vive
precisamente de un trabajo honesto se
tomó el trabajo de venir.
–¿Y qué argumenta?
–Me contestó todo a desgano y
habló de que va a cuidar mejor a la
nena, pero me temo que esto solo va a
empeorar. Por lo que averigüé en el

Te confío mi corazón Te confío mi vida 2 – Isabella Abad gratis

barrio, su prontuario marca que se
dedicó a prostituir a sus hijas, que tiene
muchas, desde la adolescencia y no
puede esperarse otra cosa para
Florencia a menos que logremos

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