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Un ángel en la oscuridad – Mariah Evans

 Un ángel en la oscuridad – Mariah Evans

Sinopsis De 

Libro
Un ángel en la oscuridad – Mariah Evans

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Josh corrió junto al resto del equipo en la oscuridad de la noche, dirección a los todoterrenos. Podían observarse en el cielo algunas estrellas, pero la luna estaba oculta
tras unas nubes que comenzaban a divisarse en el horizonte. Había poca luz, simplemente les llegaba el resplandor de unas pocas farolas que habían en la lejanía. Llegó
hasta los dos todoterrenos y se apoyó contra uno de ellos con una mano, mientras sus compañeros le rodeaban recuperando también el aliento. Sin duda, era una de las
luchas más encarnizadas que habían mantenido. Pero no tenían tiempo que perder. Abrió su todoterreno e introdujo las llaves haciendo contacto.
—¡Nicholas! —gritó—. Las luces solares del todoterreno. ¡Vamos!
Al menos, de aquella forma, estarían protegidos por si algún vampiro conseguía escapar de aquel edificio o aparecía algún hombre lobo.
Las luces se conectaron emitiendo una luz potente y clara. Con aquella luz, cualquier vampiro que se acercase acabaría hecho cenizas, y si lo intentaba algún hombre
lobo, se desconcertaría y sería mucho más fácil de matar.
Salió del vehículo y miró al resto de sus compañeros, todos con sus armas en las manos. Se fijó en los nuevos, con los que llevaban poco más de un mes. Eran buenos.
Excesivamente buenos, aunque aún les quedaba por aprender, pero estaba seguro que en poco tiempo estarían tan bien formados como ellos mismos.
Se bajó del todoterreno y miró alrededor mientras se quitaba el auricular del oído con el que habían mantenido el contacto los unos con los otros mientras luchaban
contra todos los vampiros, cada uno distribuido por las diferentes plantas de aquel alto edificio en construcción.
Miró hacia el edificio. Un edificio que aunque estaba acabado tenía que ser finalizado por dentro. A medio construir.
—¿Habéis encadenado las puertas?
Sean se aproximó a él.
—Ningún vampiro podrá salir de ahí.
—Perfecto —dijo girándose hacia el resto. Contempló uno a uno y entonces vio que algo no encajaba—. ¿Y Nathan? —Se movió nervioso de un lado a otro
buscándolo al igual que el resto de sus compañeros. Tragó saliva y miró al frente, hacia el edificio—. Joder —susurró. Se puso el auricular de nuevo y apretó el cuello de
su traje negro, preparado y diseñado para luchar contra los vampiros y hombres lobos, y en el cual habían introducido unos pequeños micrófonos por los que
comunicarse—. ¡Nathan! —exclamó mientras todos lo miraban algo asustados—. Nathan. ¿Estás ahí? ¡Contéstame! —acabó gritando.
Su mirada voló hacia aquel edificio al que habían cegado cualquier tipo de salida y que explotarían en pocos minutos.
—Joder, Nathan. ¡Contéstame!
Adrien, uno de los nuevos dio un paso hacia él.
—¿Está dentro? —preguntó preocupado—. ¿Quitamos las cadenas y vamos a por él?
Josh lo fulminó con la mirada, pero en ese momento la voz de Nathan le llegó a través del pequeño auricular que había introducido en su oído.
—Dime, Josh. —Nathan tenía la voz grave.
—¿Dónde cojones estás? —gritó apretando aún su cuello para que su voz no le llegase distorsionada.
Nathan esquivó las garras de un vampiro mientras con un movimiento rápido clavaba su daga en su corazón y la extraía. Su otra mano voló a su cinturón donde
llevaba su arma. La sacó y apuntó al frente disparando otra racha de balas hacia el vampiro que se dirigía hacia él. Justo antes de que llegase a su lado se convirtió en
cenizas.
Echó su brazo hacia atrás mientras disparaba con la otra mano a otro vampiro que se aproximaba por su derecha y lanzó con todas sus fuerzas la daga hacia la derecha
acertando a la primera.
Bajó su mano y se movió rápido, al frente, avanzando y cogiendo la daga que había caído entre las cenizas del vampiro al que acababa de matar. Miró al frente y vio
que la fiesta no había acabado. ¿Pero cuántos debía haber? Parecía que no se acababan nunca.
Se agachó justo cuando sintió aquella brisa tan característica de los vampiros, justo lo suficiente para esquivar de nuevo sus garras. Echó la pistola hacia atrás
mientras sujetaba la otra y disparó tanto para adelante como hacia atrás, evitando que se acercasen a él. En aquel momento escuchó la voz de Josh.
—¡Nathan! —Su tono parecía enfurecido—. Nathan, ¿estás ahí? ¡Contéstame!
Se movió rápido hacia un lateral esquivando a unos cuantos vampiros más, mientras apuntaba con cada brazo hacia un lado y disparaba compulsivamente. Se agachó
y rodó por el suelo esquivándolos. Se levantó de un salto y volvió a apuntar un poco más alejado de ellos.
—Joder, Nathan. ¡Contéstame! —volvió a gritar la voz de Josh en su oído.
Dos balas más atravesaron dos corazones diferentes y al momento dejó una de sus pistolas en el cinturón sujetando una de las dagas, se dio media vuelta y atravesó
sin previo aviso al vampiro que se había acercado.
Miró hacia los laterales, contemplando aquella habitación ahora vacía, con charcos de sangre en el suelo y cenizas, iluminada por una pequeña bombilla que colgaba
del techo. Las paredes estaban sin pintar. Todo el enorme edificio estaba sin arreglar, sin detalles. Únicamente, las paredes de yeso, unas grandes cristaleras y algunas
bombillas colocadas que alumbraban de una forma leve las estancias de lo que serían, en un futuro, las oficinas de algún gran banco o inmobiliaria. Miró al frente y
observó la siguiente puerta. Tomó aire y llevó la mano hacia el cuello de su traje.
—Dime, Josh —pronunció con la voz grave después de la lucha.
—¿Dónde cojones estás?
Nathan miró la pistola que sujetaba y con la otra soltó su cuello y la llevó hacia su cinturón de donde colgaba la otra pistola, cargadores y cuatro dagas más. Comenzó
a avanzar hacia la siguiente puerta y esta vez adoptó un tono de voz similar al susurro.
—Estoy dentro. Última planta.
Josh tardó un poco en responder, como si estuviese intentando mantener el control.
—Joder —acabó gritando—. ¿Por qué no has hecho lo que he ordenado? ¡He dado la orden de salir del edificio!
—No pienso marcharme de aquí hasta saber si está o no —gruñó mientras llevaba su mano hacia el pomo de la puerta y la hacía girar. Al momento, el alarido de unos
vampiros al otro lado de la puerta, llegó de forma estridente.
Nathan no lo pensó mientras con una patada abría la puerta por completo y comenzaba a disparar de un lado a otro.
—¡No es seguro que se encuentre ahí! —respondió la voz de Brad con un grito.
—¡Pero es posible! —Le devolvió el grito, mientras llegaba hasta uno de los vampiros. Clavó su daga y se giró directamente mientras colocaba la pistola en el pecho
de otro y disparaba. Tuvo que agacharse de nuevo para esquivar el brazo de otro, pero esta vez lo cogió desde abajo y tiró de él, partiéndoselo. El vampiro emitió un
grito y cayó al suelo revolcándose de dolor. Nathan elevó sus piernas y consiguió echar al que se abalanzaba sobre él colocando sus pies en su pecho y echándolo a un
lado.
No tuvo ni un segundo de descanso, se impulsó y de un salto se puso firme, en el preciso momento en que otro vampiro se acercaba, clavó su daga en el corazón y
elevó su pierna derecha golpeando la mandíbula de otro que se acercaba.
—¡Nathan! —gritaba Josh en su oído—. ¡El edificio va a estallar de un momento a otro! ¡Sal ya!
Cogió la otra pistola, puso un brazo a cada lado y comenzó a correr por la enorme estancia disparando a cada uno de los vampiros que intentaban acercarse. Cuando
llegó al final fue hacia la siguiente puerta la cual salió disparada al recibir una patada de él.
—¡No! —gruñó mientras observaba la siguiente habitación, plagada de vampiros. Suspiró, puso los ojos en blanco y al siguiente segundo tuvo que girarse para hacer
frente a los pocos vampiros supervivientes que habían quedado de la anterior habitación.
—¡Joder! —Escuchó el gritó Josh—. ¡No va a servir de nada que mueras!
Al momento, la voz de Sean le llegó también a través de su oído. Todos estaban conectados.
—¡Nathan! ¡No podemos detener las bombas! ¡Sal de una vez o vas a saltar por los aires! ¡No creo que esté ahí! ¡Vamos!
Comenzó a disparar hasta que notó que una de sus pistolas ya no tenía balas. Cogió su daga y desapareció de la vista del vampiro apareciendo justo detrás. Pero no
clavó su daga, sino que lo impulsó hacia delante con todas las fuerzas posibles derribando a los tres vampiros que venían hacia él.
Aprovechó aquellos segundos para coger un nuevo cargador, añadirlo a su pistola y disparar hacia los tres vampiros que acababan de ponerse firmes.
—¡No! —gritó él, observando a los siguientes vampiros con los que se batiría—. ¡No pienso marcharme sin asegurarme de que no está!
—¡La madre que te…! —Esta vez no supo de quién era aquella voz, pero pudo intuir que sería de uno de los nuevos, seguramente de Christopher.
No pensaba irse de allí sin asegurarse, sin tenerlo totalmente claro, aunque sabía que le costaría la vida seguro. No le importaba morir intentándolo.
Volvió a moverse de forma rápida entre los vampiros, intentando no perder mucho tiempo. Casi no le quedaba. Sabía que faltaban pocos minutos antes de que el
edificio saltase por los aires.
Avanzó entre ellos disparando a todo aquel que intentase aproximarse, moviéndose a la mayor velocidad que podía. Divisó la siguiente puerta y fue directa hacia ella.
La derribó haciendo que la puerta volase hacia dentro de la estancia, pero no tuvo tiempo de detenerse a observar. Tuvo que agacharse para sortear otras afiladas uñas
que amenazaban con separarle la cabeza del resto del cuerpo y clavó la daga en el centro de su corazón.
Seguro que acabaría volando por los aires, pero antes acabaría con unos cuantos vampiros. Disparó a los dos últimos que quedaban de aquella habitación pero tuvo
que moverse hacia un lateral, pues de la puerta que acababa de derribar salían tres vampiros más directos a por él.
Uno de ellos casi ni le dio tiempo a salir, pues una bala atravesó su pecho en ese mismo momento.
Se echó a un lado, esquivando a uno de ellos pero tuvo que agacharse de nuevo al encontrarse de frente con el siguiente. Hizo un corte en su pierna con la daga de
plata mientras se giraba y disparaba al que notaba que tenía a su espalda. Una vez la bala atravesó el corazón de ese, se giró y apuntó directo al corazón del que tenía
detrás, colocando su pistola en su pecho al vampiro al que acababa de cortar en la pierna. Disparó y se apartó a un lado cuando escupió sangre ante de desintegrarse.
No tenía tiempo de entretenerse, corrió hacia la puerta y al momento notó cómo algo golpeaba su pecho. Se vio impulsado varios metros hacia atrás. Un vampiro le
impedía la entrada en aquella habitación, colocando una mano a cada lado, cubriendo totalmente la entrada.
Nathan se incorporó de inmediato, mientras el vampiro ladeaba su rostro hacia él con una sonrisa perversa, como si se sintiese orgulloso de haberlo cogido por
sorpresa y haberlo empujado varios metros lejos de él. Nathan ladeó su rostro hacia él, imitándolo, y arqueó una ceja.
Con un movimiento rápido le apuntó con el arma y disparó. Al momento, el vampiro se convirtió en cenizas, pero pudo observar su mirada sorprendida justo antes
de caer arrodillado al suelo y comenzar a desintegrarse.
Nathan corrió hacia aquella sala. Era igual que el resto, las paredes sin pintar, alumbradas por pequeñas bombillas que aparecían bajo un tubo negro y dotando a
aquellas habitaciones de muy poca luz. Todas ellas con grandes cristaleras desde donde podía verse la calle y la ciudad.
Entró y observó de un lado a otro, hasta que su mirada coincidió con el de ella. Se encontraba de pie, en la esquina más alejada de aquella enorme estancia, mirándolo
asombrada. Él no se hizo esperar, avanzó hasta ella de forma rápida y se fundió en un abrazo.
—Nathan —gimió abrazándose, mientras temblaba y lloraba en su hombro.
Él pasó su mano por su cabello negro y lo besó mientras suspiraba.
—Tranquila. Estoy aquí —dijo apretándola contra él.
Notó cómo su corazón se disparaba al volver a tenerla entre sus brazos, al ver que aún estaba viva y no había sufrido daño alguno. Sabía que era una mujer muy
importante para los vampiros, pero no sabía a ciencia cierta si la encontraría con vida. La estrechó más fuerte contra él, saboreando aquellos segundos, notando cómo el
cuerpo de ella comenzaba a agitarse por las lágrimas que vertía.
Al momento, la voz de Ryan inundó su oído, aunque no hablaba con él.
—La tiene. —Escuchó que gritaba.
Esta vez pudo escuchar e identificar la voz de Josh.
—¡Sácala de ahí! —gritó con urgencia—. ¡Vamos! ¡Salid de ahí! ¡Va a explotar de un momento a otro! ¡Tienes dos minutos!
Nathan se separó un segundo de ella y la observó con convicción.
—¡Vamos! —exclamó cogiéndola de la mano—. ¡Hay que salir!
Corrieron hacia la puerta, pero nada más atravesarla, cinco vampiros aparecieron en la siguiente habitación. Ella tiró de su mano, asustada.
—Mierda —gritó Nathan mientras apretaba más su mano y con la otra apuntaba a los vampiros, los cuales le miraban paralizado—. No te separes de mí.
Comenzó a correr con ella cogida de la mano, sabía que tenían que salir de allí en pocos minutos o acabarían muertos. Su vida y la de ella, en esos momentos, tenían
una cuenta atrás.
Debían llegar hasta las escaleras y bajar hasta la última planta. Sabía que sus amigos le abrirían las puertas de acceso a aquellos pisos, que ahora permanecían cerradas
por grandes cadenas de plata, eliminando cualquier posibilidad de escapar para los vampiros. Pero ellos estaban dentro.
Cuando uno de los vampiros se interpuso en su camino, Nathan se tiró al suelo, aun manteniendo la mano de ella y se deslizaron por él, resbalando. Escuchó el grito
de sorpresa de ella.
En un determinado momento soltó su mano y pasó entre las piernas del vampiro que les cortaba el paso. Se puso en pie de un salto y clavó la daga en la espalda de
este, desintegrándose al momento.
Con la pistola disparó a los otros dos que se acercaban, pero el grito de ella le hizo girarse. Se encontraba de rodillas en el suelo, tal y como la había dejado, y otro de
los vampiros se había colocado a su lado y se inclinaba para cogerla.
Nathan se movió rápido, se agachó en el suelo deslizándose hacia ella flexionando sus rodillas y la apartó de su lado con un leve empujón colocándola tras su espalda
y situándose él, en la posición que estaba ella.
—¡Un minuto! —Escuchó la voz de Josh.
Cogió el brazo de él partiéndolo, colocó la pistola en su pecho mientras el vampiro gritaba dolorido y apretó el gatillo.
Cuando el vampiro comenzó a desintegrase notó cómo ella cogía de su cinturón la pistola que llevaba y disparaba a otro vampiro, el cual se desintegró al momento.
Nathan echó su brazo hacia atrás y arrojó con todas sus fuerzas la daga al último que quedaba en aquella estancia.
Se giró hacia ella y la observó. Era la mujer más hermosa que había visto.
—Buena chica —susurró mientras la cogía de la mano. Ella le sonrió, aun así, su rostro estaba pálido por el miedo.
La puso en pie y esta vez la cogió de la cintura deslizándose los dos de forma rápida hasta la siguiente habitación, donde sabía que al cruzarla hallaría las escaleras que
les permitirían bajar de aquella novena planta.
Se desplazó hacia la siguiente y se detuvo mientras notaba la respiración agitada de ella en su oído.
—¡Medio minuto, Nathan! —gritó Sean.
Más vampiros les cortaban el paso.
—No, no, no… —exclamó soltándola al momento.
Aquello se ponía más difícil cada vez. Sabía que no le dejarían llevársela, que ella era como un talismán para los vampiros, pero también para él y toda la división.
Observó a los diez vampiros que los esperaban y miró hacia la puerta de salida abierta, por donde parecían que entraban algunos más.
No podían entretenerse o acabarían muertos cuando todo el edificio se hundiese. Debía salir de allí, de inmediato. Debían quedar pocos segundos.
Observó cómo ella apuntaba con su arma al primer vampiro y este se desintegraba, pero no había tiempo de luchar. Debían salir de allí.
Observó que ella apuntaba a otro vampiro y disparaba, pero si se entretenían así no saldrían con vida. Obviamente, ella no sabía que al final los dispositivos de las
bombas se habían conectado y la marcha atrás, iniciada.
La cogió del brazo, atrayéndola hacia él, y la rodeó con sus brazos. Al momento comenzó a desplazarse de forma rápida entre los vampiros, esquivando sus brazos y
garras y sin detenerse a luchar con ellos.
Colocó una mano en la cabeza de ella y le hizo agacharse para esquivar las uñas afiladas, escuchó de nuevo cómo gritaba, pero no tenía tiempo a detenerse para
tranquilizarla.
Estuvieron a punto de llegar a la siguiente habitación, sorteando con movimientos extremadamente rápidos, mucho más rápidos que los vampiros, hasta que un par de
ellos se interpusieron en su camino y les hizo perder el equilibrio.
Cayeron al suelo justo para ver cómo se abalanzaban sobre ellos. Nathan rodó cogiéndola y haciéndola girar por el suelo, mientras con el arma disparaba a uno de
ellos.
Cuando se distanció, se puso en pie. Pero otro se había aproximado, y de nuevo intentaban arrebatársela. La cogió de la mano tirando de ella para que se pusiese en
pie y esquivó las garras del vampiro mientras con la otra apuntaba al corazón y apretaba el gatillo.
Ella miró de un lado a otro nerviosa, con su rostro pálido y sus ojos azules muy abiertos.
—Nathan —gritó señalando hacia la puerta por donde pretendían salir.
Entraban los vampiros en fila. Por Dios, ¿de dónde salían tantos?
Nathan la colocó detrás de él, protegiéndola, mientras cogía con una mano el arma y con otra la daga y fue dando pasos hacia atrás, empujándola a ella hacia aquella
enorme cristalera e intentando poner la mayor distancia entre ella y los vampiros, sabía que a la menor oportunidad se la arrebatarían, y no estaba dispuesto a pasar por
ello de nuevo. Ahora la tenía, y aunque le costase la vida la pondría a salvo. No dudaría en dar su vida por ella. Ya no solo por lo que sentía, sino por todo lo que
representaba.
Cuando ella tocó el cristal con la espalda se situó a su lado, apuntando también con el arma, pero los vampiros los tenían totalmente rodeados. Le iba a ser demasiado
difícil escapar. La contempló durante un segundo. Permanecía con los brazos hacia delante apuntando con el arma de un lado a otro, aunque su pulso temblaba.
Nathan miró hacia delante, sabía que comenzarían a atacar de un momento a otro. Cogió con más fuerza su daga, dispuesto a comenzar la batalla pero en ese momento
lo notó.
Una sacudida en el edificio que precedió a un gran estallido. Notó cómo el suelo de aquella planta se elevaba un segundo y posteriormente la fuerza de la explosión los
echaba al suelo, haciendo volar parte de algunas paredes.
Nathan se encontraba tirado en el suelo mientras los vampiros gritaban al ser conscientes de lo que ocurría. Los pilares maestros de aquel edificio estaban siendo
bombardeados, era cuestión de segundos que el edificio se desmoronase arrastrándolos a todos.
Miró hacia delante y contempló que ella estaba tumbada a su lado, mirándolo con ojos llorosos. No pudo evitarlo y

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cogió su mano, apretándola.
—Sam —susurró.
Ella le devolvió el apretón justo antes de sentir cómo el edificio cedía arrastrándolos a todos hacia el infinito y una intensa luz blanca lo inundaba todo.

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