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Un gin-tonic, por favor – Clamores de juventud 1 – Estrella Correa

Un gin-tonic, por favor - Clamores de juventud 1 – Estrella Correa

Un gin-tonic, por favor (Clamores de juventud 1) – Estrella Correa

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Resumen y Sinopsis De 

Me duele la cabeza. Es insoportable. Creo que anoche bebí demasiado. En realidad no lo creo, el zumbido en mis oídos lo confirma ¡Dios mı́o! Necesito un
paracetamol; o un ibuprofeno; o, mejor, un hacha para poder cortarme la cabeza de un golpe seco. Eso estaría bien.
No me lo puedo creer. Sara con ganas de fiesta. No me gusta este piso. Odio que su cabecero colinde con el mío y que las paredes parezcan de papel cebolla.
Creo que follo siempre que lo hace ella o, al menos, estoy presente cada vez. Y es muy a menudo. No debería quejarme, si no fuera por ella, se follaría muy poco en esta
casa. La estoy oyendo gemir. Me tapo los oídos. Ni siquiera recuerdo a quién se trajo anoche, en realidad, ni siquiera recuerdo cómo llegamos a casa. Levanto las
sábanas y me recorro el cuerpo con la mirada. Al menos llegamos sanas y salvas.
Me tapo la cabeza con la almohada e intento volver a dormir pero es imposible. Solo son las diez de la mañana y no debimos llegar antes de las siete, estoy
segura de esto porque encendieron las luces y nos echaron de la discoteca, es de las pocas cosas que recuerdo; de eso, y de que alguien con cara de enfado me llevaba casi
en brazos. Debió tocarme el portero más antipático.
“Nena, nena… despierta susurra en mi oído. Sonrı́o y siento cómo un reguero de besos baja desde mi garganta hasta el centro de mi estómago. Vamos…,
llegamos tarde.
No quiero me quejo. Es muy temprano.
Son más de las nueve vuelve a subir y roza con sus labios los míos.
Pues eso… muy temprano.
Noto cómo sonrı́e sin parar de besarme. Introduce la lengua en mi boca y rodeo su cintura con mis piernas. Se incorpora un poco quedándose de rodillas frente
a mı́. Se quita la camiseta y me deleito observando su perfecto torso desnudo. Se desabrocha los pantalones y baja mis bragas hasta deshacerse de ellas dejándome
completamente desnuda.
Si vamos a llegar tarde, que sea por una buena razón y se introduce lento en mí”.
Vuelvo a despertarme, esta vez con la ropa empapada en sudor. Los sueños que me acompañan, a veces me afectan demasiado. Miro el reloj y decido que esta sí
es una hora decente para abandonar la cama un sábado de resaca. Las doce y media de la mañana.
Arrastrando los pies cojo unas braguitas y una camiseta y me dirijo al único cuarto de baño que tiene el apartamento. Es pequeño, todo blanco con un inmenso
espejo con el borde morado a juego con las toallas compradas en Ikea, ¡mierda! Casi estoy desnuda cuando me doy cuenta de que no estoy sola. Un culo digno de
premios internacionales me está mirando con un solo ojo.
Pero… ¿qué coño…? me dice el dueño del culo medalla de oro.
¡Hostia Puta! respondo tapándome lo que puedo ¡Sara! grito.
En menos de dos segundos mi querida amiga nos deleita con su presencia y tira del dueño de ese trasero para llevárselo gritándome que lo siente, el tío se gira y
tiene la cara de decirme que él estaba ahí primero. Cierro de un portazo, me siento sobre la taza del váter y respiro profundamente. Por favor, esto es una casa de locos.
Me ducho, termino de vestirme y me voy a la cocina a hacerme una taza de café. O dos. Lo voy viendo sobre la marcha. No debí dejar las clases de yoga aunque
hubiera una razón de peso para no volver a aparecer por allí jamás.
Nota mental, volver el lunes próximo. Y, por supuesto, ignorar la razón de peso.
Entro en nuestra cocina, el piso no es gran cosa, dos habitaciones y un baño, pero la cocina no está nada mal. Incluso tiene una mesita con unas sillas muy
coquetas. Es de color celeste y lila, debe tener por lo menos 20 años, es muy… vintage. Vieja pero con estilo. A mí me encanta.
¡Mierda! El del culo prieto me mira con una sonrisa. Es rubio, con unos grandes ojos color miel que enmarcan su cara y una tez morena y cuidada. Está fuerte sin
llegar a ser obsesivo. Es carne de gimnasio, por supuesto, pero no le va la vida en ello.
Hola dice descaradamente.
Hola le respondo apartando la mirada.
Abro el frigorífico y decido que lo voy a ignorar. Si tuviera que hacerme amiga de todos los amantes que trae mi queridı́sima amiga a nuestra posada, no me
cabrían en la agenda del móvil.
Leche,
leche,
necesito leche.
¿Estás buscando esto? dice agitando la botella con una mano. Cierro el frigorífico y le quito el bote de un tirón.
Me llamo Mike sonríe.
Ya, y a mí ¿qué coño me importa?
Me preparo el café todo lo rápido que puedo y me voy al salón a tomármelo

Orden de autor: Correa, Estrella
Orden de título: gin-tonic, por favor (Clamores de juventud 1), Un
Fecha: 12 ago 2016
uuid: b996fd92-e441-4970-9776-902dc61999e3
id: 86
Modificado: 12 ago 2016
Tamaño: 0.98MB

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