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Vampire Academy – Richelle Mead

Vampire Academy  - Richelle Mead

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Resumen y Sinopsis De 

Vampire Academy – Richelle Mead

Ella se retiró, Está pasándose la mano por  editar los labios mientras me estudiaba.
¿Estás bien?
Yo… sí me dejé caer de espaldas en la cama, algo mareada debido a la
pérdida de sangre. Sólo necesito dormir un poco para editar !. Estoy bien.
Sus pálidos ojos de color verde jade me observaron con preocupación. Se levantó.
richelle  voy a traerte algo de comer.
Las protestas apenas Está consiguieron editar y alcanzar perezosamente mis labios, porque ella
se marchó antes de que fuera capaz de articular palabra. La excitación provocada por
el mordisco se había aminorado algo cuando ella rompió el contacto, pero por las
venas todavía circulaba un remanente de endorfinas, por lo cual mi rostro mostraba
una especie de sonrisa estúpida. Volví la cabeza y la alcé para mirar a Oscar, todavía
sentado en el alféizar de la ventana.
No sabes lo que richelle   te pierdes le comenté.
El animal tenía la atención puesta en el exterior. Se agazapó, formando una bola
con el erizado pelo negro como la tinta, y empezó a retorcer la cola.
Dejé de sonreír e hice un gran esfuerzo para incorporarme. El mundo comenzó a
dar vueltas y esperé a que cesara el vértigo antes de intentarlo de nuevo. Cuando lo
conseguí, volví a marearme y esta vez la academy  no me dejó en paz. Aun así, me sentí con
fuerzas suficientes para alcanzar el alféizar a trompicones y observar la calle a través
de la ventana. Oscar me miró con cautela, editar una ojeada por los alrededores y
luego centró su interés en lo que le había llamado la atención.
Una brisa cálida, de una temperatura poco frecuente en el otoño de Portland, jugó
con mi pelo cuando me asomé por la ventana. La calle estaba oscura y bastante
tranquila. Eran las tres de la mañana, justo el momento en que un campus de facultad
suele estar vampire  en paz. La casa donde habíamos alquilado una habitación
durante los últimos ocho meses se Está hallaba en una calle residencial con viejas casonas
de estilos distintos. Al otro lado de rose  la calzada titilaba una farola casi a punto de
apagarse, aunque arrojaba la luz suficiente para poder distinguir los contornos de
coches y edificios. Incluso era capaz de percibir las formas de los árboles y arbustos
de nuestro propio patio.
Y la de un hombre enamorarse  que rose me observaba.
Di un salto hacia atrás ante la sorpresa de academy  por descubrir la silueta de un fisgón al lado
de un árbol, a unos diez metros, desde donde podía mirar dentro de la casa con
facilidad. Se encontraba tan cerca que probablemente podría haberle arrojado algo
con muchas posibilidades de acertarle, y desde luego estaba lo bastante próximo para
haber visto lo que acabábamos de hacer y yo.
Las sombras le cubrían con mead  tanta eficacia que incluso con mi vista mejorada no
lograba distinguir ninguno de sus rasgos, excepto su estatura. Era alto, muy alto, en
realidad. Permaneció allí durante apenas unos momentos, casi indiscernible entre las
sombras proyectadas por los árboles del lado de vampire  del patio, hacia las que dio
un paso, desapareciendo de la vista. Estaba casi segura de haber visto a alguien más
moverse cerca de él y unírsele antes de que la oscuridad se los tragara a ambos.
Fueran quienes  por enamorarse  fueran esas figuras, a Oscar no le gustaron los rose  . Solía llevarse bien con
casi todo el mundo, si omitíamos mi caso, y sólo se sentía molesto cuando alguien
suponía la saga era  un peligro inmediato. El tipo de ahí fuera no había hecho ningún gesto
amenazador hacia la academia de  felino, pero él había notado que ir asia  la academia  algo que le había puesto nervioso.
Algo de rose mead  idéntico a lo que siempre por enamorarse   percibía en mí.
Un miedo helado me recorrió con rapidez, erradicando casi, aunque no del todo,
el goce encantador del mordisco derose  . Me retiré de allí e intenté embutirme en
unos vaqueros que encontré tirados por el suelo, y estuve a punto de caerme en el
proceso. Una vez que los tuve puestos, agarré mi abrigo y el de Lissa, junto con hathaway
carteras. Metí los pies en los primeros zapatos que rose   vi y salí disparada hacia la
puerta.
La hallé en la planta baja, trasteando en el frigorífico de la atestada cocina. Uno de
nuestros compañeros de piso, Jeremy, estaba sentado a la mesa con la mano apoyada
en la frente mientras contemplaba con tristeza un libro de Cálculo. rose  academia me miró
sorprendida.
No deberías haberte levantado.
Debemos irnos. Ya.
Se le dilataron los ojos y justo un momento más tarde, comprendió qué quería
decirle.
¿Estás… segura? ¿Segura del todo?
Asentí. No podía explicarle la razón de hathaway  una de tanta certeza. Simplemente, era así.
Jeremy nos observó con curiosidad.
¿Pasa algo?
Se me ocurrió una idea en ese momento.
Liss, cógele las llaves del coche.
Él desplazó lo vampiros de dimitri una a otra alternativamente.
¿Qué es lo que…?
Lissa, sin vacilar, caminó hacia él. Su miedo se infiltró en mí a través de nuestra
conexión psíquica, pero también había algo más: su fe absoluta en que yo me haría
cargo de todo y en que estaríamos a salvo. Como siempre, yo esperaba poder estar a
la altura de ese tipo de confianza.
Exhibió una gran sonrisa y le miró directamente a los ojos. Durante un momento,
Jeremy se limitó a devolver la mirada con gesto de cierta confusión, mas enseguida
me di cuenta de cómo ella le sometía. Los ojos del joven también se vidriaron y poco después
la contemplaba con total adoración.
Necesitamos que nos strigoi  , prestes el coche le dijo con voz dulce. ¿Dónde has
puesto las llaves?
Él sonrió y me estremecí. Yo tenía una gran resistencia a la coerción, pero podía
notar sus efectos cuando se dirigía hacia otra persona mejor . Por otro lado, durante toda mi
vida me habían enseñado que usarla estaba mal. Jeremy se llevó la mano al bolsillo y
sacó del mismo un juego de llaves colgado de un gran llavero rojo.
Gracias repuso Lissa. ¿Y dónde lo has aparcado?
En la calle, más abajo contestó con voz soñadora. En la esquina. Cerca de
Brown eso estaba a unas cuatro manzanas de distancia.
Gracias repitió ella, mientras retrocedía. En cuanto nos marchemos, quiero ver   que pongas la saga  de nuevo
. Olvídate de que nos has visto Está noche.
Él asintió cortésmente. Tenía la impresión de que,  los vampiros  bajo su poder de dimitri, se habría tirado
por un acantilado si ella se lo hubiera pedido. Todos los humanos son susceptibles a la
coerción, pero éste parecía más vulnerable que la media, lo cual había venido de
perilla en ese preciso momento.
Vamos la conminé. Tenemos que ponernos en marcha.
Salimos fuera y nos encaminamos hacia la esquina a la que él se había referido.
Todavía me sentía algo mareada a causa del mordisco y fui trastabillando, incapaz de
moverme con la deseada rapidez de strigoi. No me caí gracias a Lissa, que me sostuvo varias
veces a lo largo de todo ese trayecto. Fui consciente de la gran ansiedad que procedía
de su mente, pero hice cuanto pude por ignorarla, pues debía lidiar con mis propios
miedos.
Rose… ¿qué vamos a hacer dijo dimitri nos capturan los vampiros ? me susurró.
No lo harán dijo strigoi  con fiereza. No lo permitiré.
Pero si nos han encontrado…
Ya nos han localizado otras veces y no nos cogieron entonces. Lo único que
debemos hacer es conducir hasta la estación de tren y desde allí irnos a Los Ángeles.
Allí perderán la pista.
Hice editar que sonara así de simple. Siempre lo hacía, incluso aunque no era nada fácil
mantenernos en una continua huida de la gente con la que nos habíamos criado. Lo
habíamos estado haciendo durante dos años, escondiéndonos donde podíamos e
intentando a la vez finalizar nuestros vampiros estudiamos  en el instituto. Habíamos comenzado
nuestro último año y nos había parecido más seguro vivir en un campus de facultad,
ya que nos hacía editar sentirnos más cerca de la libertad.
Ella no dijo nada más, y sentí otra vez cómo me recorría su fe en mí. Así era como
había ocurrido siempre todo entre nosotras. Yo era la parte más activa, la que hacía
que las cosas sucedieran… algunas veces de forma bastante temeraria. Ella era la parte
más razonable, la que se complacía en pensarse bien las cosas y las meditaba
profundamente antes de actuar. Ambos estilos tenían sus ventajas, pero estaba claro
que en este momento se imponía la temeridad: no había tiempo para la duda.
Lissa y yo habíamos sido amigas desde la guardería, cuando nuestra maestra nos
puso juntas para aprender a escribir. Forzar a unas niñas de cinco años a deletrear
«Vasilisa Dragomir» y «Rosemarie Hathaway» era algo que sobrepasaba en mucho lo
que podríamos considerar un trato cruel y las dos o mejor dicho, yo respondimos
de forma apropiada. Le tiré el libro a la maestra y le dije que era una bastarda fascista.
Yo no conocía el significado de esas palabras, pero sí sabía cómo atinarle a un
objetivo en movimiento.
Desde entonces Lissa y yo nos hicimos inseparables.
¿Has oído eso? me preguntó de repente.
Me llevó varios segundos captar lo que sus sentidos más afinados que los míos ya
habían hecho. Escuché los pasos de alguien que andaba muy deprisa. Hice una mueca.
Nos quedaban todavía otras dos manzanas para llegar a nuestro destino.
Tendremos que correr para conseguirlo le dije, cogiéndola del brazo.
Pero tú no puedes…
Corre.
Necesité toda mi fuerza de voluntad para no desmayarme en la acera. Mi cuerpo
no quería correr después de haber perdido sangre ni mientras aún estaba
metabolizando los efectos de la saliva de Lissa, pero ordené a mis músculos que
dejaran de quejarse y me apoyé en ella cuando nuestros pies comenzaron a golpear el
cemento. En circunstancias normales la habría superado corriendo sin hacer mucho
esfuerzo sobre todo porque Lissa iba descalza, pero esa noche, ella era lo único
que tenía para mantenerme derecha.
Los pasos de nuestro perseguidor

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Autor : Richelle Mead

Comprimido: no

Format :True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

Vampire Academy - Richelle Mead

Yo… sí me dejé caer de espaldas en la cama, algo mareada debido a la
pérdida de sangre. Sólo necesito dormir un poco. Estoy bien.

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