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El amor concertado del mafioso ruso – Bella Rose

El amor concertado del mafioso ruso – Bella Rose

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Resumen y Sinopsis De 

El amor concertado del mafioso ruso – Bella Rose

La campana en la puerta principal de la floristería sonó con un alegre tintineo que llenó a Katrina Sokolov de nostalgia. Llevaba casi una década sin visitar la
tienda de su familia. Le encantaba la escuela, pero era agradable volver a casa con su padre y su hermana.
“¿Puedo ayudarte, Maksim?” preguntó su padre.
Katrina alzó la vista desde el diminuto escritorio en la parte de atrás de la tienda. Había estado buscando información de los cursos online que necesitaba para
terminar su grado en política exterior. Centró su atención en su padre. Nunca lo había oído hablarle así a un cliente.
“Buenos días, Denis.” El hombre llamado Maksim se adentró en la tienda.
Katrina lo miró fascinada. Era una estudiante en el sentido más amplio de la palabra. Al observar las cosas, su cerebro analizaba y procesaba los datos, y
nunca hacía un juicio sin contar primero con todos los hechos.
Estaba a punto de hacer una excepción con aquel hombre llamado Maksim. La única palabra que le vino a la cabeza cuando lo vio fue temible. Medía más de
1’82 metros de altura, era musculoso y sus manos podrían aplastar cráneos. Tenía el pelo oscuro y muy corto, casi a ras del cuero cabelludo. Parecía un matón, y no del
tipo que querría comprar flores para su madre.
“Katrina.” Su padre la observó de reojo, negándose a mirarla de frente. “¿Por qué no vas a la esquina y nos traes un buen café de Mamacita’s?”
“Es más de la una.” Katrina frunció el ceño. ¿Por qué quería su padre café a esas horas?
Lo observó durante un momento, tratando de entender aquel comportamiento extraño. Hacía tanto que no estaba en casa. Durante sus años en la Academia de
Saint Asonia en Miami, había vuelto a su hogar por Acción de Gracias y Navidad, pero había pasado los veranos en la escuela participando en programas especiales de
estudio. Al graduarse en el instituto e ir a la universidad, su padre y su hermana habían ido a pasar las Navidades con ella. Desde su vuelta a casa, se había dado cuenta
de lo mucho que había envejecido su padre durante el tiempo que había estado ausente.
Sacó unos billetes doblados de la cartera. “Por favor, Katrina, ve a traernos café.”
“Pero…” Katrina cerró la boca de pronto al ver que Maksim le lanzaba una mirada de puro fastidio.
D-de acuerdo. Suspiró exageradamente y cerró la ventana del navegador en su portátil. Dirigiendo más de una mirada clandestina al tal Maksim, se calzó las
sandalias. ¿Qué problema tenía aquel tipo? ¿Es que necesitaba privacidad total para comprar flores? ¡Era ridículo!
“¡Katrina!” Su hermana Nika salió de la trastienda, donde había estado cortándole las espinas a las rosas que se utilizaban en la mayoría de los arreglos. “Me
apetece mucho un muffin de arándanos de Mamacita’s. Y un café con leche, con nata montada, por favor”.
Katrina arrugó la nariz en dirección a su hermana. “Si no te conociera, pensaría que tratas de deshacerte de mí por alguna razón.”
Su padre y su hermana intercambiaron una mirada de alarma antes de recuperar su expresión de anodina indiferencia. Katrina frunció el ceño de nuevo y tomó
su bolso. ¿Qué estaba pasando? Si las miradas mataran, Maksim ya le habría chamuscado la espalda con la ferocidad de su evidente desaprobación.
Katrina salió de la tienda. La pintoresca calle principal de Hollywood, Florida, tenía mucho que ofrecer a los turistas. Por ello, siempre había grandes
multitudes de personas en las aceras, mirando boquiabiertas las palmeras, el cielo azul y la gran variedad de escaparates. Deteniéndose en la acera, cerca de la tienda de
su padre, Katrina inclinó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, dejando que el sol calentara sus mejillas. Le encantaba la forma en que el aire siempre parecía perfumado
por las buganvillas y lilas que su padre cultivaba en el patio justo al lado de su edificio.
Contempló la tienda y las tres pequeñas ventanas del segundo piso de su apartamento. Cuando era más pequeña, se había sentido acomplejada por el hecho
de que su familia viviera encima de la tienda, pero esos sentimientos se habían desvanecido con el paso del tiempo. Ahora, a veces echaba de menos las habitaciones
pequeñas y acogedoras que había compartido con Nika y su padre durante tanto tiempo.
Algo en el interior de la tienda llamó su atención. Con ceño fruncido, Katrina escudriñó a través de las flores que Nika había pintado en las ventanas. Podía oír
el murmullo severo de una voz masculina. Maksim señalaba enérgicamente a su padre.
¿Qué-Demonios? ¿Qué hacía ese idiota amenazando a su familia? Al menos daba esa impresión. La cara de Maksim parecía desencajada por la ira, y su padre
se veía insignificante y compungido. ¿Cuándo había empezado a parecer tan frágil?
Katrina vio cómo agachaba la cabeza. Su pelo se había vuelto blanco hacía mucho tiempo y solía despeinársele en ángulos extraños. Era un hombre distraído y
olvidadizo que a menudo se perdía en las hojas de una planta mientras la podaba y arreglaba. Cuando era pequeña, al pensar en su padre, a Katrina le venía a la mente su
imagen sonriente, con sus manos en la tierra mientras cuidaba de sus preciosas plantas. Ver a esa persona de buen corazón siendo amenazada por un simple matón la
llenó de rabia.
Pero, ¿qué podía hacer al respecto? Su padre y Nika no habían querido que estuviera presente en aquella confrontación anticipada. ¿Era Maksim un cliente
descontento? Siendo así, Katrina era partidaria de decirle que buscara otra floristería para mandarle flores a su madre. A juzgar por el mal comportamiento de su hijo,
debía ser una arpía de todos modos.
Frustrada, Katrina tomó la única opción que tenía en ese momento. Decidió descubrir la verdad sobre la relación del tal Maksim con su padre y la tienda.
Pero, por ahora, la habían mandado a por café y un ridículo muffin de arándanos.
* * *
Ivan Petrov tomó, distraído, un sorbo de su moca helado y observó al barista tras el mostrador de Mamacita’s Bakery & Coffeehouse. No podía evitar
preguntarse cómo sería tener un empleo así, con turnos regulares y donde el trabajo fuera simple y directo. La única preocupación de un barista era poner los
ingredientes en la máquina en el orden correcto. Si el café salía mal, se tiraba y se repetía.
Ojalá la vida fuera tan sencilla. Ivan se movió en el taburete. Se había situado en la esquina trasera, desde donde tenía una panorámica de todo el espacio.
Siempre lo hacía, se había vuelto una costumbre. De hecho, era algo que había aprendido de su padre. Nicolai Petrov rozaba la paranoia en cuanto a su seguridad
personal. Lo más irónico de aquello era que había fallecido el año anterior de un ataque al corazón. Los médicos le habían dicho a Ivan y a Maksim que la dieta alta en
colesterol de su padre y la completa falta de actividad física habían sido responsables de su muerte a la edad de sesenta años. Al final, la paranoia de su padre no había
servido de nada y sus malas decisiones lo habían rematado.
Ivan se preguntaba a veces si su hermano pequeño Maksim y él habían llegado a llorar la muerte de su padre. Tal vez fuera que ninguno de ellos sentía esa
necesidad. Su padre había sido un hijo de puta al que solo le importaban sus participaciones financieras y su posición en la mafiya.
Y ese era el motivo por el que Ivan estaba sentado en Mamacita’s bebiendo café a una hora tan absurda. Nicolai Petrov había sido un matón y un tirano. Su
territorio en Hollywood, la comunidad de Florida, estaba repleto de víctimas a las que había exprimido. Se había apropiado de su dinero, recursos e incluso hijos e hijas
para engrosar las filas de la mafia Petrov. Ahora Nicolai estaba muerto y había dejado a Ivan al mando de algo que no estaba seguro de querer asumir.
Creía que podía ser amable y honesto en su trato con la gente de su territorio. Sin embargo, la mayoría era presa del miedo y se habían regido por el odio
durante tanto tiempo, que no sabían cómo responder a un trato más amable. Además, ser visto como alguien débil habría sido el fin de Ivan. No sólo como jefe de la
familia Petrov, sino en su propia vida. Así que envió a Maksim a ejercer su mano dura para recoger la montaña de deudas que su padre había dejado sin resolver, con la
esperanza de que, una vez puestos en marcha, pudieran de alguna forma hacer que las cosas funcionaran de manera más moderada.
Alguien le empujó la pierna. Ivan levantó la vista, sorprendido, y se encontró mirando un trasero muy bien formado. Una joven se agachaba delante de él,
haciendo equilibrio con una bandeja llena de tazas de café y una bolsa de panadería. Al parecer, había dejado caer un puñado de servilletas al suelo y trataba de
recuperarlas.
“Disculpa, ¿puedo ayudarte?” preguntó Ivan, intentando no reírse. No quería ofender a la pobre chica.
Se enderezó de pronto, dándose la vuelta. “Dios mío, ¿te he pisado? ¡Lo siento mucho! Me cuesta tanto prestar atención a lo que hago, suelo tener la mente
en otra parte. ¡Disculpa!”
Ivan intentó hablar, pero parecían haberle abandonado las palabras. No se había sentido tan atraído por una mujer en su vida. Tenía una belleza poco común.
Su pelo, claro como el trigo, suave y espeso, caía por su espalda hasta casi rozarle la cintura. Lo había sujetado con un pasador para apartarlo de su rostro, haciendo que
sus ojos azules resaltaran aún más. Era delgada, de nalgas suavemente redondeadas y piernas musculosas. Sus diminutos shorts le ofrecían una vista fantástica de sus
muslos y su camiseta ajustada mostraba sus pechos firmes y erguidos.
Espera. ¿Estaba hablando? ¿Se suponía que debía contestar? Ivan se dio cuenta de que llevaba un buen rato sentado como un imbécil sin mediar palabra.
“Me llamo Katrina, por cierto.” Sonrió y a Ivan le sorprendió la inteligencia patente en sus ojos azules.
Se aclaró la garganta, tratando de recuperar su raciocinio. “Soy Ivan. No creo haberte visto por aquí. ¿Acabas de mudarte? ¿O eres turista?”
“En realidad llevo mucho tiempo fuera estudiando.” Tenía una sonrisa melancólica.
“Así que supongo que soy algo así como una turista en el sentido de que todo me parece nuevo. Es increíble lo mucho que puede cambiar un lugar a lo largo de
los años.”
Apoyó la bandeja en su mesa. Ivan la observó mientras comprobaba la estabilidad de cada taza. Se preguntó cuál era su apellido y si conocía o no a su familia.
Entonces un horrible pensamiento atravesó su mente. ¿Y si había enviado a Maksim a extorsionar a su familia por dinero adeudado a los Petrov? Eso serían muy malas
noticias.
“Ivan.” La sonrisa de Katrina era cálida y acogedora. “¿Eres turista? No te recuerdo.”
“No,” le dijo. “Yo también he estado estudiando fuera. Y podría decirse que he vuelto a casa para encargarme del negocio familiar. Mi padre falleció el año
pasado.”
“Lo siento.” Extendió la mano y le dio unas suaves palmadas en el brazo. “No puedo ni imaginar lo que sería perder a mi padre. Debe resultar muy difícil”.
El lugar donde ella le había tocado quemaba al contacto. Hizo todo lo que pudo por permanecer inmóvil. “Soy muy afortunado de tener a mi hermano para
compartir la carga.”
“Es una suerte,” afirmó ella.
“Hablando del rey de Roma.” Ivan vio entrar a Maksim en Mamacita’s. “Ese de ahí es mi hermano.”
Katrina se volvió y sus ojos azules se abrieron como platos al ver a Maksim. “Espera… ¿Ese es tu hermano?”

Pages : 39

Autor De La  novela : Bella Rose

Comprimido: no

Format :True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

El amor concertado del mafioso ruso – Bella Rose

“Sí.” Ivan frunció el ceño. Maksim podía parecer aterrador a veces, pero en realidad era como un oso de peluche gigante. “Lo único que tiene de temible es el
aspecto, te lo prometo.”
“Por desgracia, lo he visto en acción y tengo que decir que temible, en este caso, se queda corto.” Frunció los labios

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