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La tentación más dulce – Lucia Herrero

La tentación más dulce – Lucia Herrero

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Resumen y Sinopsis De 

La tentación más dulce – Lucia Herrero

A la mañana siguiente, John no tuvo ni que preguntarle a Emma qué tal lo había pasado con Carlota. Lo primero que la niña le preguntó al despertarse fue si
Carlota podía cuidarla alguna vez más. Le contó que habían estado jugando con las princesas antes de cenar, que después habían visto los dibujos mientras comían unas
galletas buenísimas que le había traído, hechas por ella misma, y que le había contado un cuento antes de dormir. Su madre llamó a media mañana para preguntarle qué le
había parecido Carlota y qué tal se las había arreglado con Emma, y John la tranquilizó asegurándole que la niña estaba encantada y que todo había ido bien. Omitió
contarle lo equivocada que había sido su primera impresión sobre ella. Realmente seguía pensando que era una friki, pero al menos no era ninguna loca irresponsable.
Carlota se levantó temprano, ya que tenía un trabajo que acabar para entregarlo esa misma semana. Miranda estaba en la cocina cuando ella entró a desayunar.
¿Qué tal te arreglaste con la niña? le preguntó mientras la veía prepararse una taza de té fuerte y cargado.
Estupendamente. Tuve mucho tiempo para estudiar y además me pagaron genial.
¿Y cómo es el padre de la criatura?
La sonrisa que se formó en la cara de Carlota hizo que la curiosidad de Miranda subiera como la espuma.
¿Está bueno?
Está tremendo, aunque no sé si he visto alguna vez un tío más estirado. Parecía que llevara un palo metido en el culo se burló. ¿Y a que no sabes cómo
se llama?
Se llama John, te lo dijo su madre, ¿no?
John Connor.
¡Qué fuerte! rio Miranda. ¿Como el de Terminator?
Eso mismo le dije yo, y no veas el mosqueo que se agarró…
Las dos amigas se rieron un rato a costa del «estirado», como lo llamaba Carlota, antes de dar buena cuenta de las últimas galletas que quedaban de las que
había hecho el día anterior. Después cada una se puso con su trabajo.
La semana siguiente ni Emma ni su abuela asomaron por el parque. La niña estaba con su madre. Pero al llegar de nuevo el lunes, se encontraron en el banco de
siempre, donde Carlota estudiaba como de costumbre.
¡Hola, Carlota! la saludó Emma.
Hola, preciosa respondió ella. Y mirando a su abuela, añadió: ¿Qué tal, Amanda? ¿Estuvo bien la obra?
Oh, mi niña, me encantó. Muchísimas gracias por quedarte con Emma.
Fue un placer respondió Carlota recordando la impresión al ver a John con el pantalón de su traje gris oscuro, la camisa blanca y la corbata gris clara.
Cuando se puso la americana para marcharse, ella tuvo que obligarse a no mirarle haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad. ¡Como si no hubiera visto un tío bueno
en su vida! Bueno, vestidos de traje y a tan corta distancia, en realidad pocos. Alguno que otro se veía en el metro de vez en cuando, pero no era lo mismo. A John
Connor era probable que volviera a verlo. Y se moría de ganas de que eso ocurriera.
Se acordó de que había traído muffins de nueces, y cuando metió la mano en la mochila para sacar el tupper, Emma ya estaba dando palmas esperando
impaciente para probar lo que fuera que había traído. Quedaba apenas un mes de curso y tenía los exámenes a la vuelta de la esquina, así que no podía entretenerse
mucho. Le agradeció a Amanda que hubiera contado con ella para cuidar de Emma y tuvo buen cuidado de hacerle saber que estaría encantada de volver a hacerlo si la
necesitaban. La mujer le sonrió agradecida.
Pues no sabes lo que me alegra oír eso. Por las tardes no tengo ningún problema en quedarme con mi nieta, pero cuando John sale de noche, a veces tengo
que cambiar mis planes, y mira, está bien saber que si no quiero renunciar a lo que yo tengo planeado, la niña se queda en buenas manos. Hasta hace poco, en algunas
ocasiones recurríamos a una vecina mía, pero se mudó hace poco y nos hemos quedado sin canguro.
Mientras no tenga que trabajar o algo así, yo estaré encantada de quedarme con ella cuando lo necesitéis. Ya tienes mi móvil, cualquier cosa, me llamas.
Apenas un par de semanas más tarde, llegó su ocasión de volver a cuidar de Emma. Amanda la llamó un poco apurada el viernes poco después de que ella
volviera de la universidad.
Hola, Carlota, soy Amanda, la abuela de Emma.
Hola, Amanda, ¿pasa algo? inquirió, preocupada por el tono nervioso de la mujer.
Pues verás… Ha surgido un problema y necesitaba saber si te puedes ocupar de Emma la semana que viene, todas las tardes.
¿Todas las tardes? Sí, supongo que sí…
Es que verás, mi hija Carol, ya sabes que está embarazada… Le han mandado reposo y tengo que irme a Boston a echarle una mano. John necesita a alguien
que recoja a la niña a la salida del colegio, la lleve a casa, le dé la merienda y la entretenga un rato hasta que llegue él.
Claro, Amanda, no hay problema.
Quedaron un poco más tarde junto a la casa de Emma para que Amanda le indicara a Carlota dónde dejaba a la niña el autobús del colegio, y fueron juntas a
esperarla para avisar a la responsable del autobús de que sería Carlota quien la recogería hasta nuevo aviso. Amanda no sabía realmente cuánto tiempo de reposo tendría
que hacer su hija, pero seguro que Carlota tendría que ocuparse de Emma más de una semana. Tendría que organizarse para estudiar, pero el dinero le vendría genial.
Desde que se le había acabado el contrato de camarera en el hotel no había vuelto a encontrar nada, y necesitaba ingresos. Además, si eran semanas alternas tampoco le
quitaría tanto tiempo. Las tardes que la niña estuviera con su madre podía dedicarse a fondo a preparar los exámenes.
Recogieron a la pequeña, que por supuesto se alegró mucho de que Carlota fuera a ocuparse de ella, aunque también se mostró apenada por que su abuelita
tuviera que irse. Fueron a casa y prepararon la merienda: un pequeño bocadillo y una pieza de fruta. Las instrucciones eran pocas: recoger a la niña, llevarla a casa, darle
la merienda, y salir al parque siempre que no lloviera, cosa que bien entrado ya el mes de mayo, era poco probable. John regresaba a casa sobre las siete de la tarde, así
que esa era la hora límite estipulada para volver. Cuando Amanda le puso una copia de las llaves en la mano, Carlota se revolvió un poco intranquila.
¿Seguro que tu hijo está de acuerdo?
Sí, claro. ¿Por qué lo preguntas? Espero que no fuera desagradable contigo cuando viniste a cuidar a Emma… A veces John es demasiado seco con la gente
que no conoce bien.
No sé, me pareció un poco desconfiado. «Y un borde estirado», pero eso no se lo podía decir a su madre.
Ya, a veces tiene un carácter un poco brusco, pero se le pasará cuando te conozca mejor.
«Lo dudo» pensó Carlota. Bajaron al parque y pasaron la tarde con la niña, viéndola jugar y charlando en el banco hasta que llegó la hora de volver a casa.
Carlota seguía sin estar muy convencida de que John estuviera conforme, así que Amanda cogió el móvil, llamó a su hijo y le pidió que las fuera a buscar al parque en
lugar de ir directo a casa al salir de trabajar.
Carlota y Amanda estaban hablando de los estudios y los planes de la chica cuando oyeron a Emma gritar y salir corriendo.
¡Papá, papá!
Carlota levantó la vista y la garganta se le secó de golpe. John acababa de llegar al parque, y se agachaba en ese momento para abrazar a su hija que se había
lanzado corriendo a sus brazos. Llevaba un traje azul marino con una camisa celeste y una corbata a rayas. Estaba impresionante. Se acercó a ellas con la niña en brazos,
y saludó a su madre con un beso en la mejilla.
Hola, mamá.
A continuación miró a Carlota, que trataba de que no se le notara lo nerviosa que se había puesto al verlo. El gesto de él aún era serio, pero su voz sonó más
suave esta vez al dirigirse a ella.
Hola, Carlota. Mi madre me ha dicho que te puedes ocupar de Emma, no sabes cuánto te lo agradezco.
Carlota respiró un poco más tranquila. Vale, por lo menos el ogro estaba de acuerdo, y agradecido porque ella se quedara con la niña.
John había tenido un día horrible. Primero una reunión interminable para estudiar la campaña de marketing de la próxima temporada. Después un problema
con uno de los canales de distribución que había requerido de toda su atención hasta bien entrada la tarde. Y en todo ese tiempo apenas había podido quitarse de la
cabeza la preocupación de que su madre tenía que irse a Estados Unidos y no tenía canguro para Emma. En casos extremos podía llamar a Su, la madre de su hija, y
pedirle que se quedara con la niña, pero no estaba dispuesto a hacerlo por una semana entera. O a saber por cuánto tiempo, porque lo del reposo en el embarazo no es
raro que se alargue hasta el parto, y a su hermana le faltaban aún tres meses. No estaba dispuesto a renunciar a su pequeña durante tanto tiempo.
Aunque no quería reconocerlo, enseguida había pensado en Carlota. Por una parte le horrorizaba que aquella jovencita estrafalaria se quedara a cargo de su hija,
pero por otra, la niña la adoraba, su madre le había sugerido inmediatamente que recurrieran a ella, y la noche que la había cuidado todo había ido bien. Cuando Amanda
lo llamó para pedirle que se pasara por el parque, por un momento casi se aterrorizó. Necesitaba desesperadamente que Carlota dijera que sí.
Al llegar al parque enseguida las había visto. Emma estaba jugando en el tobogán mientras su madre y Carlota charlaban en un banco cercano. Lo primero que
le había llamado la atención habían sido sus gafas de sol, ¡con cristales rosas! Dios santo, ¡qué atentado contra el buen gusto! Llevaba el pelo suelto, una melena larga y
brillante. Iba vestida con shorts vaqueros deshilachados y un jersey enorme de ganchillo blanco sobre una camiseta de tirantes en rosa chillón. Una de sus piernas estaba
cruzada sobre el banco y la otra se balanceaba rozando el suelo con unos zuecos blancos con las punteras abiertas. Tanto las uñas de sus manos como las de sus pies
estaban pintadas en un rabioso rosa fucsia. La forma de vestir de esa chica era toda una declaración de principios. Susana, su ex, nunca se habría puesto algo así.
Después de saludarlas le pareció que Carlota se relajaba. Tal vez había sido demasiado cortante con ella la primera vez que se vieron. Hablaron durante un rato
y se pusieron de acuerdo sobre las condiciones. Si el reposo de Carol se alargaba, Carlota no tenía inconveniente en seguir cuidando a Emma hasta las vacaciones de
verano. La niña pasaba con su madre el mes de Julio y con su padre el de Agosto, y John ya tenía los billetes sacados para irse a los Estados Unidos. Tenía aún su casa
en Nueva York así que pensaba pasar allí unos días, visitar también a su hermana, y tal vez llevar a Emma a

Pages : 161

Autor De La  novela : Lucia Herrero

Comprimido: no

Format :True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

La tentación más dulce – Lucia Herrero

Orlando para ver el parque Disney. Carlota estaría libre en
Julio y Agosto, y si al volver en Septiembre aún la necesitaba, la llamaría.
Carlota regresó a casa contenta, no sabía bien si por haberse asegurado unos ingresos más que

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