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Un traje nuevo para el abuelo – Pablo Aguayo

Un traje nuevo para el abuelo – Pablo Aguayo pdf

Sinopsis De 

Libro Un traje nuevo para el abuelo – Pablo Aguayo

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Un aire frío barre las calles y ya los
comercios de la calle principal
comienzan a echar el cierre con
estrépito. Algunos clientes rezagados se
reencuentran tras años de separación y
se saludan con grandes aspavientos. La
vida les ha puesto en caminos distintos,
pero la mayoría cumple con el rito de
volver a casa para la cena de
Nochebuena.
Feliciano, Salma y su hijo Toñín,
desempolvan los adornos navideños de
la casa de los padres de él. Ése año,
excitados con la ilusión del chiquillo,
sacan hasta los angulosos corchos de las
montañas del portal de Belén. Un
exceso. Desde hace unos cuantos años
Margarita, la madre de Feliciano, ya no
se siente con fuerzas, ni ganas, de
meterse en tantos preparativos. Han
colocado una mesa, arena y musgo para
hacer el campo, el río con el trozo de
espejo, el puente, las montañas de
corcho, las figuritas… Por último, han
hecho nevar harina sobre el conjunto.
Sólo falta colocar un papel sobre la
pared para simular el cielo estrellado.
Pero justo encima de la ubicación que
han elegido para el nacimiento, cuelga el
retrato de un familiar. El lienzo de gran
tamaño muestra en primer plano la
figura de un hombre de unos 65 años
sobre un fondo campestre. Feliciano
hace un mohín de disgusto: no. El rostro
serio como de haber hecho una mala
digestión de aquel señor no pega de
ninguna manera. A toda prisa, deciden
integrarlo en la escena. Le han
sobrepuesto una barba blanca de
algodón y un gorro de papá Noël.
Los tres se parten de risa. Feliciano
recuerda haber visto antes aquél cuadro
en alguna de las salas “nobles” del chalé
de su abuela materna. Sin embargo, no
consigue precisar cuando se ha mudado
hasta esa pared. Aparece Margarita
traída de la mano de su nieto para que
contemple la obra:
–Desde luego, qué poco respeto
tenéis por vuestros antepasados –le dice
algo molesta a su hijo.
–¿Quién es ese señor? –pregunta
Toñín divertido.
–Es el Tío Benito –dice Feliciano–,
mi…, mi…
Y trata de recordar su parentesco con
él, pero no lo consigue. Se da cuenta de
que no sabe prácticamente nada más
sobre el invitado sorpresa de esta
Nochebuena. Gira la cabeza hacia su
madre esperando una respuesta; Toñín
ya ha volado:
–Pues anda que estás tú poco enterado
–dice Margarita– Era mi abuelo, o sea,
tu bisabuelo José.
Feliciano se queda perplejo. Tiene
narices la cosa, toda la vida viendo este
retrato y no tengo ni idea de quien es.
Mira a Salma, que se encoge de
hombros, y se lanza a preguntar:
–¿Y por qué fue tan importante?
–Mi padre Fernando se marchó a
Méjico y dejó a mi madre con 5 hijos y
uno de camino…, así que mi abuelo José,
este señor del retrato, tuvo que hacer de
padre.

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–¡Ah! –dice un tanto satisfecho
Feliciano, no obstante su curiosidad ya
se ha disparado– ¿Y por qué no volvió
Fernando?
Oye el hondo suspiro de su madre;
mira de reojo a Salma que le hace un
mohín y piensa: Vaya, pinché en hueso.
Y a continuación llega un gran estruendo
desde el pasillo seguido por el
incontenible llanto de Toñín. Fin del
interrogatorio navideño.
2
Sonata desentonada
Cuando era pequeño Feliciano tenía
dos sueños. Uno, ser inspector de
Policía; lo sabía desde que jugaba al
escondite. El otro era tocar el violín.
Ése sueño también tenía que ver con el
famoso juego infantil. Lo averiguó al ir a
esconderse junto a una de sus primas
bajo la mesa camilla del chalé de su
abuela. Ella le dijo que tocaba el
instrumento y él no sabía de qué estaba
hablando. Ella simuló el vaivén del arco
sobre las cuerdas y le pareció que tenía
que ser lo más excitante del mundo.
Ya de mayor perdió parte de su amor
por la música aunque siguió con la idea
de hacerse inspector. Sin embargo, las
duras pruebas físicas fueron un
impedimento para acceder a la
Academia. Orgulloso, no renunció a su
afán detectivesco: se matriculó en la
Universidad. Tres años más tarde
obtuvo el diploma de investigador
privado. Hizo las maletas y se marchó
del pueblo cargado de ilusiones. Entró
en sociedad con un paisano de parecidas
inquietudes y se establecieron en la
capital de la provincia. No les fue bien,
al poco tuvieron que cerrar aburridos de
esperar algún cliente.
Feliciano ya no volvió a casa: tuvo
suerte y lo contrataron como vigilante
nocturno en una empresa de seguridad.
Las horas observando los monitores de
las cámaras de vigilancia eran eternas.
Pensó en aprovechar el tiempo y
practicaba escalas algunos ratos durante
sus largas noches en vela. Pero pronto
tuvo que dejarlo, sus compañeros no
tardaron en apodarlo como el señor de
los ruidillos. Se matriculó en Derecho, y
tiempo después se graduó como
Asistente Social. Hastiado de la
empresa y sin apenas afinidad con los
compañeros de trabajo, un buen día
pidió la cuenta y montó su propio
despacho.
Han pasado algunos años desde que
se estableció y hoy, la placa a la entrada
del edificio le proporciona algunos
clientes. Sin embargo, él no ceja en su
empeño por hacer lo que realmente le
gusta, y ofrece también sus servicios
como investigador privado. Al principio
le salieron unos cuantos casos en los que
puso mucho empeño: infidelidades y
abandonos familiares, absentismo
laboral, bajas fingidas, espionaje y
sabotaje industrial… Y algo que se había
puesto de moda en los últimos años:
airear las rencillas entre políticos de
segunda regional. Aquello le parecía un
sucedáneo aceptable de su sueño, pero
andando el tiempo ya no disfruta con
tanta impostura como se ve obligado a
tragar. Fantasea, aún le gusta recrear una
escena vista mil veces en las películas
de serie negra: se abre la puerta de su
despacho y una chica de largas piernas
requiere sus servicios.
Salma es una mujer vital. No hay reto
que le venga grande. Ella tampoco
trabaja en lo que le gusta y ejerce su
inquietud sanando almas, algunos ratos
que puede escamotearle al papeleo de su
oficina. Tiene fe en las personas. Es
soñadora y sensible a cuanto le rodea.
Feliciano y Salma hacen una pareja
que a priori puede parecer agua y aceite.
Sin embargo, la relación ha funcionado
hasta ahora. A él le parece que la
botella está medio llena, a Salma sólo le
gusta verla rebosante. Lo cierto es que, a
veces, el líquido escapa sin control.

Un traje nuevo para el abuelo – Pablo Aguayo libro

Como una gaseosa a la que se hubiera
agitado frenéticamente.
Los años de convivencia de la pareja
se notan: Feliciano está últimamente
instalado en un planeta

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