---------------

Libro PDF Dichos De Luder Julio Ramón Ribeyro

Dichos De Luder - Julio Ramón Ribeyro

Descargar Dichos De Luder Julio Ramón Ribeyro 


parte porque su tendencia a la soledad
se había ido exacerbando y lo conducía
necesariamente a someterla a pruebas
más rigurosas y, diría yo, irrevocables.
Fue así que un día convocó a sus
amigos más cercanos para anunciarnos
que abandonaba París para instalarse
en algún lugar del Perú. Poco después
liquidó todos sus bienes —que aparte
de su biblioteca no tenían mayor valor
— y se fue sin despedirse de nadie.
Desde entonces, hace casi dos años,
no hemos tenido noticias de él. Que se
encuentre —como dicen algunos— en
el valle del Urubamba, cerca del
Cusco, amancebado con una campesina
jovencísima y analfabeta o que haya
elegido como refugio —según otros—
una caleta pesquera abandonada, es
secundario y no viene al caso, pues no
es mi propósito fomentar una pesquisa
que atentaría contra su voluntad de
apartamiento. Sólo quiero recalcar que
la partida de Lude nos dejó una
inquietud y, para ser sincero, una
decepción. A pesar de la forma irónica
como siempre se refirió a sus escritos y
a la tarea literaria en general, sus
amigos confiábamos que, llegado a la
madurez, nos dejaría antes de partir
algo más importante y sólido que los
pocos libros que publicó en editoras
marginales o a cuenta de autor. Quizás
esa obra la esté escribiendo en su
retiro ignorado, pero también es
posible que su retiro sea una dimisión
—una abdicación, como él diría— de
toda responsabilidad literaria.
Este pequeño libro es una
recopilación de algunos de sus dichos
que anoté cuando conversamos en
París o durante sus esporádicas visitas
al Perú. Al publicarlos —por amistad,
por simpatía u con la esperanza de
despertar interés por un autor casi
ignorado— he tenido que vencer un
escrúpulo: ¿Qué pensaría Luder de
esta publicación? ¿La hubiera
aprobado? Su viaje intempestivo no me
permitió tratar en forma explícita el
asunto, pero me acuerdo que en una
ocasión le dije que había tomado nota
de sus conceptos y que alguna vez los
publicaría. “Los conceptos pertenecen
al dominio público —me dijo
secamente—. Sólo las formas son
privadas”. Frase poco clara y
discutible, que interpreto a mi favor, si
bien comprendo que en sus dichos los
conceptos y las formas son
inseparables.
París, 1984
JULIO RAMÓN RIBEYRO
1
—No te desesperes —le dicen a
Luder cuando se lamenta por no haber
encontrado la compañera ideal a causa
de sus achaques y sus manías—.
Siempre hay un roto para un descosido.
—Sí, pero yo no soy roto ni
descosido: soy un remendado.
2
—¿Has leído su última novela? —le
preguntan, refiriéndose a un autor
famoso—. ¡Qué musicalidad, qué ritmo,
qué riqueza de voces! ¡Es un verdadero
oratorio!
—Que lo cante —responde Luder.
3
Envidian a Luder porque una o dos
veces al mes se amanece conversando
con un amigo muy inteligente.
—¡Debe ser una conversación
apasionante!
—Ni crean. Como ignoramos más de
lo que sabemos, lo único que hacemos
es canjear fragmentos de nuestra propia
tiniebla interior.
4
—Ven con nosotros —le dicen sus
amigos—. La noche está espléndida, las
calles tranquilas. Tenemos entradas el
cine y hasta hemos reservado mesa en un
restaurante.
—¡Ah, no! —protesta Luder—. Yo
sólo salgo cuando hay un grado, aunque
sea mínimo, de incertidumbre.
5
Se sueña sólo en primera persona y
en presente indicativo —dice Luder—.
A pesar de ello el soñador rara vez se
ve en sus sueños. Es que no se puede ser
mirada y al mismo tiempo objeto de
mirada.
6
Le preguntan a Luder por qué no
escribe novelas.
—Porque soy un corredor de
distancias cortas. Si corro maratón me
expongo a llegar al estadio cuando el
público se haya ido.
7
—Me he enterado que tu nombre
unido a ciertos sufijos quiere decir en
alemán borrico, ocioso, mequetrefe…
—No me extraña —dice Luder—.
Siempre he creído en el carácter
profético de los nombres.
8
Caminando con un amigo Luder se
ve reflejado en la vitrina de una tienda.
—Ya me fregué —dice,
sobreparándose—. Acabo de darme
cuenta que no soy un hombre de hoy sino
un letrado de ayer. Hasta en mi manera
de caminar arrastro los escombros de mi
educación literaria.
9
Sus amigos se sorprenden de
encontrarlo a menudo releyendo los
libros de Kafka.
—Es mi tarjador —dice Luder—.
En él afilo la punta gastada de mi
espíritu.
10
—Una cualidad que te envidiamos
es haber logrado siempre evitar las
discusiones —le dicen a Luder.
—No veo por qué. Entrar en una
discusión es admitir por anticipado que
tu contrincante puede tener la razón.
11
Nunca he sido insultado, ni
perseguido, ni agredido, ni encarcelado,
ni desterrado —dice Luder—. Debo en
consecuencia ser un miserable.
12
Hay autores que fracasan
majestuosamente —dice Luder—. Son
como un transatlántico que se va a pique
en plena tempestad, con todas sus luces
encendidas, entre el ulular de las
sirenas. Otros, en cambio, son como el
tipo que se ahoga en un estanque
fangoso, sin que nadie lo vea, agarrado
al mango de una escoba podrida.
13
—Cuando a Balzac le entra la manía
de la descripción —observa un amigo—
puede pasarse cuarenta páginas
detallando cada sofá, cada cuadro, cada
cortina, cada lámpara de un salón.
—Ya lo sé —dice Luder—. Por eso
no entro al salón. Me voy por el
corredor.
14
—Es curioso —dice Luder—. En el
fondo de los ojos de las personas
extremadamente bellas hay siempre un
remanente de imbecibilidad.
15
—Así como hay una palabra que

Web del Autor

Pagina Oficial

Si no sabes descargar mira este video tutorial

[sociallocker]
[popfly]

Descargar 

Leer en online
[/popfly] [/sociallocker]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
---------