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Domando a mi ranchero – Rebecca Elyon

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Resumen y Sinopsis 

Domando A Mi Ranchero Salvaje
“Qué haces acá?”
Con esto descartaba sus esperanzas de una cálida bienvenida. Alex se enganchó el bolso en el hombro y le dio a su antigua madre de acogida una sonrisa. Fue un
poco forzada, pero trató de hacerla parecer natural.
“De visita nada más,” dijo ella, inyectando más alegría de la que sentía en su voz.
“A mitad del semestre, Alexandra?” Eden Johnson levantó una ceja. Tampoco se apartó de la puerta.
Alex puso el bolso de lona en el porche y tronó sus dedos adormecidos. Había caminado desde el canódromo por la ciudad y ese bolso no era exactamente
liviano.
“Me tomo un descanso,” dijo ella, esperando que quedara ahí.
“Un descanso?”
“Babe?” una profunda voz habló desde el vestíbulo. “Quién está en la puerta?”
Ok, esto era nuevo. Alex miró por encima de la cabeza de Eden y vio acercarse a un hombre alto y fornido. Parecía ocupar la mayoría de aquel pequeño vestíbulo
cuando se detuvo detrás de Eden y observó a Alex.
“No sabía que tenías compañía,” dijo.
“No soy compañía,” dijo el hombre, dándole una sonrisa mientras estiraba la mano. “Yo vivo aquí. Y tú eres?”
Su voz y su sonrisa eran suficientemente amigables, pero Alex se demoró un poco en tomar su mano. No sabía exactamente la razón, pero ella no era su más
grande admirador.
“Alexandra, él es Bill,” dijo Eden, por fin apartándose para darle paso a Alex hacia dentro de la casa. “Él ha estado viviendo aquí por unos cuantos meses. Bill,
ella es Alexandra Morrison, uno de los niños adoptivos que solía tener.”
Eso lo hizo bastante claro que ella no debiera ponerse cómoda, pensó irónicamente Alex.
“Se supone que ella esté en la universidad,” continuó Eden. “Todavía no estoy exactamente clara de por qué está acá.”
“No interrogues a la chica,” dijo Bill con una risa mientras ponía el su brazo alrededor de los hombros de Eden. “Tienes hambre? Tienes el aspecto de una chica
con apetito.”
Alex sintió su sonrisa congelarse cuando Eden rio. Una chica con apetito. Esa podía ser una manera de explicar sus jeans talla 16 y su camiseta extra grande. Este
Bill sí era un verdadero encanto.
“No, de hecho,” dijo ella. “No tengo.” Se volteó hacia su antigua madre de acogida. “Sé que no debí haber venido sin avisar, pero me preguntaba si quizás me
podía quedar aquí por algunos días.”
La frente de Eden se frunció. “Oh, Alexandra, no lo sé. Acabo de recibir un nuevo muchacho y –”
“Y apuesto a que ella sería de gran ayuda,” Bill interrumpió, aparentemente no ofendido por el brusco rechazo de Alex. “No es así?”
Alex lo observó por un momento, deseando poder decir no otra vez. Deseando tener dónde… cualquier lugar… a donde ir. Pero no tenía. Así que acudió a Eden,
manteniendo su nivel de mirada, no acusatoria y tampoco cruzando la línea hacia lo desesperado.
Eden suspiró. “Está bien. Supongo que algunos días no estará mal. Quizás me puedas contar por qué dejaste la escuela mientras me ayudas con la cena.”
Alex colocó su bolso dentro de la habitación que había ocupado desde que tenía 14 hasta que se había ido a la universidad a los 19 y luego conectó su laptop.
Necesitaría comenzar a buscar un trabajo muy pronto.
Mientras se acomodaba en la pequeña habitación, trató de pensar en qué decirle a Eden. No tenía idea cómo explicar por qué se había ido. Al menos, no tenía
idea de cómo explicarlo de una manera que su antigua madre adoptiva entendiera.
Sus notas habían bajado. Luego habían bajado aún más. Finalmente, había tenido que admitirlo, sin importar que tan práctica fuera su carrera, no era para ella. No
quera se una contadora. No le interesaba recordar las fórmulas de los libros de balances. Ella quera un trabajo donde ayudara a gente. Quera sentir, por primera vez en su
vida, como si realmente importaba.
Sacó una chaqueta ligera para protegerse de la mirada intrusiva de Bill y se dirigió de vuelta a la cocina. Eden nunca había sido una mujer paciente y ella estaría
esperando la cena lista de inmediato.
Un muchacho estaba en la cocina vaciando el lavaplatos. Parecía tener entre 10 y 12 años. Él la saludó con un gesto un tanto tímido.
“Hey,” dijo ella, Una sonrisa verdadera brillaba en su rostro por primera vez desde que había abandonado las clases. “Soy Alex. Viví aquí por algunos años.”
“Jonah,” dijo el chico. “He estado aquí desde el jueves.”
Como era apenas viernes, sintió simpatía. “Este es tu primer hogar de acogida?” preguntó ella, abriendo el refrigerador.
“No,” dijo Jonah. “Estuve en uno cuando era un niño pequeño. Luego regresé con mi mamá. Pero ahora…” dejó de hablar, mirando un poco con demasiada
atención las ollas y sartenes que estaba apilando en los gabinetes.
Alex solo inclinó la cabeza. Ella misma había estado de ida y vuelta en el sistema por unos cuantos años, así que no preguntó por más información. “Qué te
parece espagueti de cena?” preguntó ella. “Hago una salsa muy buena.” Ya que era una “chica con apetito,” pensó con fastidio.
“Seguro,” Jonah le dirigió una sonrisa rápida y prepararon juntos la cena.
******
Por algunos días, Alex pensó que estaría bien. Jonah era un niño bueno. Eden pareció no molestarle tanto su presencia y también parecía haber olvidado lo de las
clases. Por supuesto, por todo el cuidado de niños gratis que estaba obteniendo, Alex no estaba muy sorprendida de que fuera tan fácil de llevar.
Pero el jueves en la noche todo cambió. Alex estaba sentada frente a su computadora, llenando una aplicación para la tienda de comestibles local cuando
hubo un ligero golpe en la puerta. Antes de poder decir nada, la puerta se abrió y entró Bill.
“Hola,” dijo él, inclinándose sobre la mesa donde ella estaba sentada.
“Hola,” contestó ella, observando por encima del hombro y moviéndose hacia atrás solo un poco. “Qué puedo hacer por usted?”
“Yo pienso que ya sabes lo que necesito,” dijo él mientras se acercaba más.
Alex se puso de pie y retrocedió. “No, lo siento. Dónde está Eden?”
“Llevó al niño al dentista. Solo estamos tú y yo.”
El corazón de Alex comenzó a latir con fuerza y su adrenalina comenzó a fluir. Cada instinto de ella comenzaba a gritarle que saliera de esa habitación, que se
escapara de ese tipo. Pero cómo se supone que haría eso? Él estaba bloqueando la puerta y no estaba segura ser suficientemente fuerte para empujarlo fuera del camino.
Intentó respirar hondo, pero tenía miedo de que el aliento le quedara atorado en la garganta.
Él se acercó aún más. “Piensas que no sé lo que estás haciendo? Caminando por ahí con esos pequeños shorts? Presumiendo tus tetas en esas ajustadas
camisetas?”
Alex sintió que su rostro se encendía de indignación. Sus camisas podían ser ajustadas, pero no había mucho que ella pudiera hacer al respecto. Y solo usaba
shorts para dormir. No tenía suficiente confianza como para presumir mucho de su cuerpo.
“Vamos no seas tímida,” dijo Bill, tomándola de los antebrazos, haciéndola jadear de dolor con su agarrón. “Piensas que puedes provocarme así y luego
rechazarme?”
La lanzó sobre la cama. Cuando se movió con apuro para ponerse de pie otra vez, la volvió a lanzar y se montó sobre ella, manteniéndola sujetada. Ella sintió
lagrimas brotar en sus ojos, pero las parpadeó. No le iba a ceder la satisfacción.
“Vas a ser una niña buena y –” Su oración terminó con un soplido de dolor cuando ella estrelló la rodilla en sus testículos.
Justo cuando él estaba empezando a maldecir, escucharon abrirse la puerta principal y la voz de Edén diciendo, “Bueno, apresúrate y encuéntralo, Johan!
Vamos a llegar tarde!”
Alex estaba fuera de la habitación como un rayo. “Que ocurre?”
“Olvidé mi retenedor,” dijo Jonah. “Se supone que el dentista lo va a ajustar.”
“Como si no tuviera un millón y una cosas que hacer aquí,” dijo Eden con una fuerte mirada.
“Yo lo llevaré al dentista,” ofreció Alex. “Eso te dejará la tarde libre.”
Apenas esperó que Eden le diera permiso antes de apresurar a Jonah. No era fácil, pero mantuvo la conversación ligera y alegre. El pobre niño tenía más que
suficiente de qué preocuparse. Cuando regresó a la oficina del dentista, Alex deslizaba el dedo en su celular buscando anuncios de trabajo, incluso ahora más desesperada
por encontrar algo.
Esta vez en vez de buscar en Georgia, buscó en Wyoming, Dakota del sur y del norte y Montana. Ojeaba los anuncios frenéticamente, tratando de luchar contra
su miedo y pensar. Ni siquiera le importaba qué fuera el trabajo, mientras hiciera que se mudara. Entonces un anunció captó su atención.
“Se necesita niñera de dos niños, edades de 7 y 4. Alojamiento y comida como también un salario generoso, gastos de viaje pagados por un periodo de prueba de
un mes.
El anuncio prosiguió a describir el rancho de ganado en el que estaría viviendo y el hombre para el que estaría trabajando. Había una dirección electrónica y ella
no titubeó antes de mandar un mensaje que estaba interesada. Una rápida respuesta de una mujer llamada Lisa Car preguntaba si podía hacer una entrevista por Skype el
día siguiente. Alex respondió que podía hacer la entrevista esa misma noche si era conveniente y Lisa pareció complacida con la respuesta. Establecieron una reunión a
las 8:30 y Alex logró relajarse por primera vez desde que Bill golpeó en su puerta.
******
Alex se aseguró de que Bill y Eden estuvieran ocupados antes de tomar una ducha. Se aplicó el maquillaje cuidadosamente y arregló su cabello con esmero antes de la
llamada. Siempre le gustó causar una buena impresión, pero esta vez era imperativo que a esta mujer le agradara.
Sus manos temblaban cuando ella inició sesión, pero cuando el rostro de la otra mujer apareció en la pantalla, Alex sintió que su nerviosismo se desvaneció. Lisa
Carr tenía ojos amables y una sonrisa preparada.
“Hola!” dijo Lisa con entusiasmo. “Señorita Morrison?”
La mujer tenía un fuerte, pero lindo acento del oeste en su voz. Borró lo último de la tensión de Alex.
“Soy yo! Pero puede llamarme Alex. Todos lo hacen.”
“Bueno, es un placer conocerte, Alex,” dijo Lisa. “Gracias por tomarte el tiempo de conversar conmigo esta noche.”
“No, gracias a usted!” dijo Alex. Tratando de parecer ansiosa pero no desesperada. “Aprecio que adelantara la entrevista.”
“No hemos tenido mucho interés,” dijo Lisa. “La mayoría de la gente no quiere viajar hasta acá. Estamos muy alejados.”
“Es usted la esposa del señor Riley? Preguntó Alex. Los apellidos no eran los mismos, pero eso no necesariamente significaba que no estuvieran casados.
Lisa se rio entre dientes y movió la cabeza. “No podrías pagarme por vivir con Lucas,” dijo ella. “soy una vieja amiga de él y solo lo estoy ayudando. Su esposa
falleció hace alrededor de un año.”
“Oh, lo siento mucho,” dijo Alex.
ROMANCE: ROMANCE DE TRANSFORMACIONES BBW: Domando a mi ranchero salvaje. (Romance de vaqueros del oeste) (Nueva ficción contemporánea para adultos) (Spanish Edition)

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