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Libro PDF ¿Dónde estamos? José María Gay de Liébana

 ¿Dónde estamos? - José María Gay de Liébana

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Ante todo, amable lector y comprador
de este libro, mi más sincera gratitud
por haber elegido esta modesta obra. No
sé si usted es de los que piensan que las
cosas no acontecen por casualidad. Igual
es que tanto usted como yo estábamos
predestinados para que se produjera esa
conjunción favorable de los astros…
Porque la oferta de libros que tenía ante
sus ojos era copiosa y usted va y
precisamente se decanta por ¿Dónde
estamos?
Es de recibo, antes de romper el
fuego de la obra, dejar constancia sobre
su padrino, su aliado y su autor.
Sin el estímulo y perseverancia del
querido Roger Domingo, para mí el jefe
con quien me entiendo y, sobre todo, me
entiende él, este libro no habría visto la
luz. Roger es todo comprensión porque
siempre contagia de bravuras y alienta
en pro de la escritura, en que se refleje
en una obra las ideas, los pensamientos
y las cavilaciones de un economista que
sólo pretende hacer lo que podríamos
calificar como narrativa económica.
Roger me ha perdonado no una vez sino
muchas mis retrasos e incumplimientos,
y en todo momento me inyecta las
necesarias dosis de optimismo. Roger,
como bien está usted entendiendo, es el
padrino, el gran y benevolente padrino
del autor.
En este trabajo he contado con un
aliado de excepción: Manel Manchón.
Él, enorme periodista muy especializado
en información económica, ha sabido
esculpir la materia prima, ha sabido dar
forma a mi verborrea imparable, ha
sabido templar impulsos y me ha
ayudado en todo instante a seguir
poniendo tesón en la labor de darle a las
teclas, buscar datos, organizar gráficos e
imprimir coherencia a pasos
atropellados, con periodicidad semanal
en estos últimos meses.
Le explico brevemente de qué va
este trabajo aunque supongo que usted
ya se lo imagina. El título es ¿Dónde
estamos? Verdades, mentiras y deberes
pendientes de la recuperación
económica. Y la autoría supone que es
de este humilde escribidor, que es del
Espanyol. Pues, ¡en efecto!
A la pregunta que da título al libro,
se responde explicando no sólo dónde
nos encontramos sino cómo estamos. Es
importante en un momento como el
actual que todos sepamos la verdad de
nuestra situación y que sepamos
compararla con las mentiras que nos
cuentan y los deberes, muchos, que
estamos haciendo y que aún tendremos
que hacer. Máxime, porque en un año
como éste de tan ferviente y acalorada
pasión electoral digno de plantear
consultas y más consultas, no es lo
mismo depositar la papeleta en la urna
pensando que si…, u obrando en
consecuencia.
En este trabajo voy narrando cosas
sobre nuestra realidad económica. Me
pregunto, para empezar, si es verdad eso
que nos dicen de que la crisis es historia
del pasado. No lo creo. Lo que sí creo
es que esta crisis ha provocado un brutal
cambio de escenario económico, donde
ya nada será igual que antes. Vivimos
una pujanza ciertamente artificial, nos
emborrachamos de algarabías y
mejunjes económicos que desembocaron
en una resaca de tomo y lomo, dura,
durísima, en la que todavía estamos. Al
final, llegó la intoxicación económica
acompañada de la mezcla financiera.
Nuestro cuerpo tiene que aguantar esa
desazón o resacón. Hemos de
acostumbrarnos a lo que hay…, salvo
que seamos capaces de cambiarlo, de
dar un giro a nuestras vidas en clave
económica construyendo un hábitat
confortable para ir tirando y, a ser
posible, para aspirar a más.
Por ello, uno se pregunta, jugando
con la metáfora de los aeropuertos que
semanalmente piso y las experiencias
personales a bordo de los aviones, si
España despega y cuál es la potencia
económica con que lo hace. Permítame
que no le responda en este punto porque
si lo hago, me temo que usted ya dé por
finiquitada la lectura del libro. Así que
le invito a seguir con este simple relato
en las páginas que vienen a
continuación.
Por más que se me tilde de
pesimista —ya sabe que se suele decir
que un pesimista es un realista o,
incluso, un optimista bien informado—
veo a España en una fase de
estancamiento, sin liderazgos serios,
encadenada a un paro que no amaina, a
una falta de fuelle de nuestro modelo
económico-productivo preocupante, a un
consumo que no acaba de remontar y a
una deriva atroz en cuestiones políticas,
plagada de intrigas palaciegas y
componendas de extraña catadura,
juegos sucios entre socios en la alta
política, y obsesiones sin freno por
querer catapultar los chorizos como
plato nacional con los medios de
comunicación como testigos. Si a ello le
sumamos las montañas de deuda que
tenemos tanto en lo privado y familiar
como empresarial y, por encima de todo,
en el disparate de la deuda pública y los
déficits alocados de nuestras cuentas
públicas, las conclusiones que prima
facie uno pueda extraer desaniman. No
se preocupe, apreciado lector, que ese
panorama cambiará más tarde o más
temprano y este país entrará en razones,
recobrará impulsos y sabremos divisar
nuestro futuro en la línea del horizonte.
Tranquilos que ese día, aunque no sé
cuándo será, está por llegar.
En fin, no le quiero cansar más con
estos preparativos para que se inicien
las maniobras del despegue. Para su
tranquilidad, sí le quiero aclarar que no
tengo predilección por ningún color
político, ni milito en formación alguna,
ni tengo intereses partidistas, ni exhibo
carnet de partido, ni espero una llamada
para enrolarme en alguna candidatura.
Nada de eso. Procuro ser imparcial y
objetivo, explicar las cosas como las
veo y seguro que yerro muchas veces.
En su día, criticaba las políticas y
gestiones de quienes gobernaron, alabé
las decisiones efectivas y aportaciones
positivas de otros que llevaron las
riendas del país, me metí con quienes no
lo hacían bien y opiné, y opino, sobre lo
que hay, eso sí, con la mejor de las
intenciones y en pos de sumar. Soy
consciente de que esta libertad tiene un
precio, que ya estoy pagando, pero creo
en la verdad y en que todos sepamos
dónde estamos y cómo estamos, adónde
vamos y cómo nos llevan. No verá mi
nombre en las próximas ni en las
siguientes elecciones ni tan siquiera
para optar a la junta de la comunidad de
propietarios donde vivo. Por no verlo,
ni tan siquiera me verá por un colegio
electoral. ¡Quiero llegar al Cielo libre
de toda complicidad!
Si de todo eso, de lo que unos
dicen y otros decimos, de lo que unos
opinan y otros opinamos, sumamos a
buen seguro que llegamos a construir
una España que vaya bien, que recobre
su energía, que resurja la ilusión, que se
contagie el entusiasmo. Porque entre
todos, cada cual a su manera, sólo
tenemos un clarísimo objetivo:
conseguir que las cosas vayan bien,
aprender de los errores, sentar las bases
para un mañana mejor y, desde luego,
iniciar el despegue cuanto antes con un
vuelo seguro y estable, alcanzando una
aceptable, regular y sostenible
velocidad de crucero, como lo saben
hacer los pilotos y tripulaciones de
Vueling e Iberia, de Air Europa y Air
Nostrum, y de otras compañías aéreas,
empeñados como buenos profesionales
en que lleguemos felizmente a destino.
Igual sería preciso que alguno de esos
excepcionales pilotos se sentara en la
cabina y tomara los mandos de un avión
llamado España.
Apreciado lector: ¡Gracias por los
ratos que dedicará a leer estas páginas!
Barcelona, 26 de abril de 2015
1
¿La crisis es historia del
pasado?
Un necesario tono optimista
La empresa de escribir un libro a finales
del mes de enero de 2015, con el
objetivo de dibujar un horizonte
económico para España, tiene una
ventaja: hay elementos que invitan a la
esperanza, después de una larga crisis
económica. Lo que ha comenzado a
suceder es la coincidencia en el tiempo
de diversos factores. Uno cree que se
conjuran todos los sistemas
interplanetarios financieros y los astros
económicos, y que la reactivación es
posible.
Hay varias circunstancias que
pueden ayudar a esa recuperación. En
primer lugar lo que tenemos es que el
Banco Central Europeo (BCE) ha
comenzado a inundar de dinero a todos
los países de una Europa demasiado
dubitativa. Y ello se une a un descenso
del precio del petróleo, que, de forma
sorprendente, repercute en los
descosidos bolsillos de españoles y
europeos.
Las medidas del BCE favorecen lo
que tiempo atrás parecía un sueño
inalcanzable en pos de la competitividad
de la zona euro: la paridad con el dólar.
Es uno de los objetivos que pretendía.
Al regar con euros a todos los países, la
moneda se devalúa frente al dólar. Y eso
es positivo. Aunque no sea mucho, el
impuesto sobre nuestras rentas se
atempera. Ahora bien, confiemos en que
no haya gato encerrado y que lo que nos
dan por un lado no nos lo quiten por
otro.
Y es que hay que contar también, de
ahí esa confluencia de la que
hablábamos, con el descenso en las
retenciones del inefable IRPF, que ha
puesto en marcha el Gobierno. Con ello,
tendremos más dinero en nuestros
bolsillos. Los tipos de interés caen. Por
tanto, la lluvia de dinero que el BCE
inyecta en los mercados debiera tener
consecuencias favorables para mantener
en mínimos y bajo control la temida
prima de riesgo, aguantar los
voluminosos endeudamientos públicos
sin tensiones, facilitar la fluidez
crediticia por parte de las entidades
financieras, ajustar a la baja aún más los
tipos de interés, permitir la colocación
de deuda corporativa en los mercados
—descendiendo el coste de las
hipotecas e incentivándolas— y animar
algo el empuje económico.
Consecuencias, todas ellas, muy
interesantes, y que, efectivamente,
coinciden en el tiempo en estos primeros
meses de 2015.
Una de esas consecuencias es el
mantenimiento de los precios bajos. En
este caso, las interpretaciones son
diversas, porque se puede entender
como una inflación contenida, o
negativa, o los más atrevidos sostienen
que se trata de una deflación a secas. En
cualquier caso, ello debería servir como
acicate para reactivar el consumo,
porque no se pierde capacidad
adquisitiva, a pesar de la devaluación
interna de los salarios en España. A ello
se añade lo que se apuntaba respecto al
BCE y es ese volumen de dinero que
regará todas las economías europeas.
Justo en ese contexto, en el que
diversas medidas se han puesto en
marcha, nos encontramos con Grecia o,
mejor dicho, con el pueblo heleno, que,
llamado a las urnas, ha decidido dar un
golpe de timón y ha ofrecido el país a la
izquierda considerada como radical. Los
ajustes de la troika —esos señores de
negro, producto de la estrecha
colaboración entre la Comisión
Europea, el Banco Central Europeo y el
Fondo Monetario Internacional (FMI)—,
con las políticas de austeridad incluidas
en el paquete anticrisis, han propiciado
un descontento generalizado y un
rechazo abrumador por parte de la
ciudadanía. No sabemos cuál será el
futuro de Grecia ni del resto de la
Europa del sur, pero se puede prever
que 2015 volverá a ser un año en el que
los interrogantes sobre el euro se
agitarán de nuevo de modo espectacular.
Atentos, pues, a los mensajes que
lleguen desde la Europa del norte…
Uno de los mensajes importantes
que escuchan esos países del Norte es el
del FMI. El organismo publicó en el mes
de enero sus pronósticos para este año
2015 y para el próximo 2016,
presentados como perspectivas de la
economía mundial. Ya sabemos que el
FMI no siempre acierta, pero sí marca
tendencias y sus, a veces, poco
optimistas presagios sirven para
provocar reacciones, y hacer bueno
aquello de que las estadísticas sirven
para romperlas, es decir, para
desmentirlas con el trabajo que se haga
a partir de ese momento.
En el caso de España, el FMI elevó
las previsiones y auguró un crecimiento
para 2015 del 2 %, y un 1,8 % para
2016. Posteriormente, la Comisión
Europea aumentó también sus
previsiones y pronosticó un crecimiento

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