---------------

Libro PDF El bosque de los corazones dormidos Esther Sanz

El bosque de los corazones dormidos Esther Sanz

Descargar Libro PDF El bosque de los corazones dormidos Esther Sanz 


Finalmente, llegamos a una aldea formada por dos casas de piedra y una antigua caballeriza. Una de las viviendas estaba medio derruida; la otra tenía aspecto de torreón. Había un cartel de madera en la entrada.
—La Dehesa —leí en voz baja. No era la primera vez que leía ese nombre…
Recordé vagamente ese lugar. Había un estanque de agua verde con nenúfares que me resultó familiar. Me asaltó el recuerdo de un bote de cristal con una rana dentro y me visualicé de renacuaja con una enorme red anudada a un palo. Recuperar aquel recuerdo de mi infancia me hizo sonreír. Por fin un sentimiento agradable.
Álvaro entró en la casa con forma de torreón y empezó a sacar unas cajas con botes de miel y mermelada. Tenían un aspecto artesanal que me pareció encantador. Me costó imaginarme a ese huraño pariente etiquetando cada bote con aquella delicada caligrafía y anudando en ellos de forma primorosa una telilla de cuadros. Seguí sus pasos y le ayudé a cargar su dulce mercancía en el Land Rover. Cuando salió con la última caja, me quedé en el interior de la casa.
—No nos quedaremos mucho rato —me gritó desde fuera—. Tengo que hacer el reparto, pero antes te dejaré en Colmenar para que te instales.
Una vez liberada de cajas, levanté la vista de aquella enorme mesa de roble y
Librosdelcielopersonal.blogspot.com
9
contemplé el salón de estilo rústico que daba entrada a la casa. El doble acristalamiento de las ventanas y la madera bien pulida y barnizada me hizo adivinar una reforma reciente. La estancia destilaba la misma delicadeza con la que habían sido envasados aquellos botecitos.
Era un lugar sobrio pero acogedor. Las paredes de piedra gris contrastaban con la calidez de las vigas y el suelo, ambos de pino. Había una alfombra de lana junto a la chimenea y un sofá con mullidos cojines. La cocina de leña antigua estaba integrada en esa misma estancia. Y junto a ella, una escalera de madera conectaba el piso inferior con dos plantas más. Seguí el impulso de subir por ella.
En la primera planta había cinco puertas. Las abrí una a una. Solo hallé dos dormitorios y un baño arreglado. Supuse que mi tío pasaba temporadas puntuales en aquella casa. Aun así, se notaba que hacía tiempo que no la habitaba porque había polvo acumulado y un colchón enrollado sobre el somier de cada habitación.
Seguí escaleras arriba hasta toparme con una puerta maciza de roble. Estaba cerrada con llave.
Cuando bajé a la calle, ya había tomado una determinación. Seguí el ruido de un motor que provenía del establo. Mi tío lo había transformado en una especie de taller donde elaboraba sus productos artesanales. Además de la maquinaria y varias pilas de leña, dos bicicletas se apilaban en una esquina junto a un ciclomotor que mi tío trataba de poner a punto.
—Quiero quedarme aquí.
Mi tío apagó el motor y me miró fijamente unos segundos.
—Imposible.
Le miré con ojos suplicantes.
Deseaba estar sola con todas mis fuerzas. No tener que sonreír o poner buena cara, no tener que relacionarme con nadie; especialmente con él. La idea de convivir con mi tío me asustaba más que la soledad misma.
—Pero es que quiero quedarme…
—No es motivo suficiente.
—¿Por qué no?
—Porque no. No es lugar para…
—… una chica como yo. ¡Eso ya lo has dicho! Ni Colmenar ni la Dehesa son sitios para mí. Pero resulta que tú no me conoces. No tienes ni idea de cómo soy.
—Sé que eres una niña de ciudad. Llorona y frágil. Estás tan flacucha que saldrías volando en cuanto el cierzo soplara con un poquito de fuerza. Eso por no hablar de los lobos o los jabalíes hambrientos que se pasean por aquí en cuanto oscurece. Sacarían partido hasta de un saquito de huesos como tú.
Librosdelcielopersonal.blogspot.com
10
—¡Soy más fuerte de lo que crees! No tienes que preocuparte por mí.
—No me entiendas mal, Clara. Tú no me preocupas lo más mínimo. Hasta hace unas semanas ni recordaba tu existencia. Pero ahora soy tu tutor legal y si algo te ocurriera tendría problemas. Vendrás conmigo a casa.
—Si no te preocupo nada, ¿por qué aceptaste mi custodia?
—Lo quiera o no, hay hilos que nos unen.
Aquella enigmática respuesta me dejó sin argumentos durante unos segundos. Después contraataqué.
—La Dehesa también es mi casa.
—¿Cómo dices?
—Esta es la casa en ruinas que se menciona en la herencia, ¿verdad? La has arreglado y adaptado a tu negocio, pero estoy segura de haber leído ese nombre en el testamento.
Mi tío me lanzó una mirada cargada de resentimiento y desconfianza.
—Yo solo quiero quedarme un tiempo… —dije con voz lastimera.
—Maldita niña —murmuró entre dientes—. Eres tan testaruda como…
Sus palabras se frenaron en seco.
—Como…
—No importa. Seguro que vas a hacer lo que quieras de todos modos…
Seguí sus pasos hasta la casona principal. La lluvia caía ahora de forma torrencial sobre nuestras cabezas formando una espesa cortina de agua.
No había electricidad, pero un generador abastecía la casa con una tenue luz. La caldera funcionaba con leña y el agua procedía de un depósito instalado en el tejado. Mi tío me mostró algunos aspectos prácticos de la casa y sacó un enorme cesto de mimbre de la alacena.
—Ya que vas a quedarte aquí, trata de ser útil. Recoge tantas endrinas, moras, fresas y bayas silvestres como encuentres… ¿Sabrás reconocerlas, niña de ciudad?
—Las fresas son esas cositas rojas con un rabito verde, ¿verdad? —contesté con bravuconería.
No tenía ni idea de cómo era una endrina ni para qué diablos se utilizaba, o qué diferencia había entre una mora y una baya silvestre… pero preferí no decírselo a mi tío en aquel momento. ¡Ya me las arreglaría!
—No te alejes mucho del camino —continuó mi tío ignorando mi comentario—. Volveré en una semana para arreglarte el ciclomotor. Mientras tanto,
Librosdelcielopersonal.blogspot.com
11
puedes bajar al pueblo en bici o caminando. Solo hay diez kilómetros.
Mi tío desapareció tras la puerta y regresó un minuto después empapado de pies a cabeza. Solo necesitó un viaje para entrar todas mis cosas. Estaba oscureciendo. Le acompañé a la salida.
—Una cosa más —dijo antes de esfumarse bajo la lluvia.
—¿Sí?
—Si tienes problemas, no me llames.
Librosdelcielopersonal.blogspot.com
12
Primera noche
Aquella noche —mi primera en la Dehesa— supe de verdad lo que es el miedo.
Reconozco que no lo esperaba.
El dolor de las últimas semanas había anestesiado cualquier otro sentimiento, haciéndome creer que no podía sentir otra cosa que no fuera tristeza.
Estaba equivocada.
La soledad despierta fantasmas olvidados en el alma.
Permanecí en el resquicio de la puerta observando cómo se alejaba mi tío. Contemplé la luz de su todoterreno mientras se hacía diminuta, hasta fundirse en negro con la noche. No había luna ni estrellas en el cielo. Solo la más absoluta oscuridad, iluminada cada pocos segundos por un relámpago. Contemplé un rato la nada.
Me sentí bien… y mal al mismo tiempo.
Me sentí bien por haberme salido con la mía. Apenas había pasado unas horas junto a mi tío y ya lo odiaba. No quería estar con él.
Me sentí mal porque no estaba segura de poder

Web del Autor

Pagina Oficial

Si no sabes descargar mira este video tutorial

[sociallocker]
[popfly]

Descargar 

Leer en online
[/popfly] [/sociallocker]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
---------