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Libro PDF El marciano Andy Weir

El marciano Andy Weir

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se atreve hoy a profetizar futuros más o menos cercanos que la tecnociencia
posiblemente vuelva ridículos y obsoletos en pocas décadas?
Tal vez por ello la ciencia ficción parece haber perdido en los últimos años su
empuje anterior y suele reducirse en muchos casos a temerosas especulaciones en
torno a avances muy cercanos de la biotecnología o las infotecnologías. Lo
llamamos: el futuro cercano (near future). La mayoría de las nuevas novelas se
reducen a thrillers tecnológicos (bio e info en su mayoría) muy cercanos en el
tiempo y que pueden pasar perfectamente por literatura general. Carecen, casi
siempre, de ese afán especulativo tan característico de la ciencia ficción y, sobre
todo, pierden el sentido de la maravilla que tanto la había caracterizado. Poca
maravilla hay en sociedades que vienen a ser como las de nuestra cotidianeidad.
Posiblemente eso explique (en un razonamiento apresurado…) el auge actual de
la fantasía. Ahí es evidente que se pierde la capacidad especulativa de la ciencia
ficción pero se mantiene la riqueza de la aventura y del sentido de la maravilla. No
en vano, la fantasía moderna nació en el seno de la ciencia ficción y fueron los
lectores de ciencia ficción quienes primero cobijaron obras como EL SEÑOR DE
LOS ANILLOS, de Tolkien, y fue en su seno donde se desarrollaron obras ya
clásicas en la fantasía como la serie de DARKOVER, de Marion Zimmer Bradley, o
TERRAMAR, de Ursula K. Le Guin.
Sin embargo, la fantasía suele estar reñida con la ciencia. Siguiendo esquemas
más bien trillados, nos ha ofrecido básicamente el enfrentamiento del bien y el mal
(caso de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS) o la reconstrucción fantaseada de
períodos históricos (como en la citada CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO).
Debo reconocer, no obstante, que hay un autor distinto que destaca en la
moderna fantasía por su gran producción en la última década, toda ella de gran
calidad y, en general, presidida por una sugerente idea central: la magia (un
elemento imprescindible en la fantasía) debe ser «lógica», si ello es posible.
Se trata de Brandon Sanderson, el joven y prolífico autor que sorprendió con
ELANTRIS (2005), la serie de MISTBORN (Nacidos de la bruma, iniciada en
2006), la novela EL ALIENTO DE LOS DIOSES (Warbreaker, 2009), fue elegido
para finalizar la serie de LA RUEDA DEL TIEMPO cuando falleció su autor
Robert Jordan y ahora nos sorprende con su propia macroserie: EL CAMINO DE
LOS REYES (2010).
La idea de Sanderson es sencilla: la fantasía exige magia, pero esta se ejecuta en
nuestro universo y por ello ha de estar sujeta a sus leyes. Por ejemplo, si
valiéndome de un poder mágico repelo hacia atrás (pongamos veinte metros) a un
enemigo, debo recordar que en nuestro universo rige la ley de acción y reacción y,
por lo tanto, yo iré hacia atrás, en dirección contraria, otros veinte metros
aproximadamente (en función de la diferencia de pesos…). O, expresado en forma
de norma, Sanderson usa en su fantasía «lógica» dos principios básicos: «La magia
ha de tener un coste» y «El beneficio y el coste han de ser iguales». Les puedo
asegurar que de esa idea (y de la habilidad narrativa de Sanderson) surge una
fantasía que atrae incluso a lectores tan interesados en la tecnociencia como yo.
Un curioso ejemplo de una posible amalgama entre lo mejor de la fantasía y las
bases de la ciencia ficción.
Pero, aunque a veces yo mismo me queje de cómo la vieja ciencia ficción está
perdiendo peso ante la nueva fantasía, y de cómo diversos brillantes autores de
ciencia ficción se han pasado a la fantasía, que parece tener más mercado, siempre
hay excepciones y maravillosas novedades.
Afortunadamente, de vez en cuando, aparece una novela «distinta», capaz de
recuperar todas las cualidades de la mejor ciencia ficción. Por eso me gusta
saludar la llegada de EL MARCIANO (The Martian de 2012/14), la primera novela
de Andy Weir y una verdadera gozada.
Andy Weir es, al menos para mí, un completo desconocido, y esta es su primera
novela. La autopublicó en 2012 y eso, en el mundo editorial, suele ser visto como
un grave pecado que, a la larga, impide la contratación y edición: un editor
profesional tiende a ver con malos ojos una novela autopublicada…
Sin embargo, la novela de Andy Weir es tan buena (y tan distinta de lo habitual)
que la editora estadounidense Crown Publishing Group se arriesgó, compró los
derechos, la publicó de nuevo (esta vez profesionalmente) y ahora mira
esperanzada el interés de Hollywood por hacer una película basada en ella.
También les puedo contar que, esta vez (y me temo que sin que sirva de
precedente, aunque vaya usted a saber…), no solo me recomendaron la novela
algunos de mis amigos editores, escritores y aficionados a la ciencia ficción de
Estados Unidos. Ocurrió incluso que un compañero de mi departamento, Marc
Alier, que suele tener el «vicio» de escuchar audiolibros en inglés, se agenció EL
MARCIANO y, nada más terminarla, parece que le faltó tiempo para
recomendármela. También me he enterado de que otros amigos, gracias a esta
«modernez» de los e-books, la han leído y dicen buenas cosas de ella.
La otra noticia complementaria, y tal vez la que explica la decisión del Crown
Publishing Group, es que a finales de 2013 (la edición profesional estadounidense
apareció en febrero de 2014 aunque la versión en audiolibro estaba ya disponible
en marzo de 2013) la Twentieth Century Fox se interesó por los derechos
cinematográficos. La versión en e-book para kindle, por su parte, parece haber
vendido 35.000 copias solo los tres primeros meses. En marzo de este año se
difundió también la noticia de que la Fox estaba en contacto con Ridley Scott para
dirigir la película y que Matt Damon podría ser el protagonista. Vaya usted a
saber… Hollywood es todo un mundo, y si lo dudan pregunten a John Varley u
Orson Scott Card lo mucho que sufrieron por el traslado de sus novelas al cine…
Por si quieren otras reacciones, el Wall Street Journal (que no es precisamente
conocido por su atención a la ciencia ficción…) ha dicho de EL MARCIANO que se
trata de «la mejor novela de ciencia ficción en años», y el Publishers Weekly (ya más
conocido en el mundo de la crítica de novelas de ciencia ficción) afirma que «Weir
enlaza los detalles técnicos con suficiente ingenio para satisfacer al mismo tiempo el
interés de los aficionados a la ciencia ficción y al lector en general».
Y, ¿qué tiene EL MARCIANO para justificar todo eso?
Pues la historia es bien simple: una historia de supervivencia que a mí me
recordó la clásica La isla misteriosa (1874) de Jules Verne. Si recuerdan, en esa
novela los escapados de un campo de prisioneros durante la guerra de Secesión
estadounidense, llegan en globo a una misteriosa isla. Allí, dirigidos por el
ingeniero y capitán Cyrus Smith, han de luchar por su supervivencia con la ayuda
de los amplios conocimientos científicos (principalmente de química) de Smith y
gracias a la colaboración de un misterioso personaje que, al final, resulta ser el
capitán Nemo en su retiro final.
En EL MARCIANO ocurre que la nave del Proyecto Ares, un viaje tripulado a
Marte, ha de huir apresuradamente hacia la Tierra, dejando Marte, ante una
peligrosa tormenta de arena. Atrás dejan también el cuerpo supuestamente sin vida
del astronauta Mark Watney (botánico e ingeniero mecánico). Pero, como era de
temer, Watney no ha muerto y como náufrago solitario en Marte ha de utilizar todo
su saber y sus recursos para sobrevivir. Y, también, avisar a la Tierra de que sigue
con vida para que acudan en su rescate.
Hay mucho de Cyrus Smith en ese Mark Watney y, también, una importante ayuda
exterior. No se trata en EL MARCIANO del capitán Nemo, evidentemente, sino de
una ayuda nada misteriosa: la comunidad internacional que aúna esfuerzos para
salvar la vida del astronauta abandonado cual Robinsón Crusoe en una «isla»
inhóspita como puede ser el planeta Marte.
Por si todo ello fuera poco, el propio texto es claramente cinematográfico en su
redacción y reserva una brillante sorpresa final que, evidentemente, no voy a
desvelar aquí…
Por fortuna, la ciencia ficción que sabe usar de la ciencia y la tecnología para
fines importantes (salvar la vida de un ser humano) todavía existe, no ha muerto y,
lo deseo con fervor, le quedan muchos años por delante aunque sea compitiendo en
el mercado con la fantasía moderna de la que hemos hablado.
En realidad, por poner un ejemplo evidente, cuando me preguntan qué música me
gusta, suelo dar una lista que incluye a Vivaldi, Bach, Mozart, Beethoven,
Stravinsky, John Coltrane, Miles Davis, los Rolling Stones y los Beatles, sin olvidar
a Elvis Presley o Frank Sinatra, entre otros. En resumen: la buena música.
Igual me ocurre hoy con la ciencia ficción y la fantasía: me gusta la buena
ciencia ficción y también la buena fantasía, y si Tolkien, Le Guin, Bradley,
Sanderson y Martin son buenos, también lo es, afortunadamente, este desconocido
Andy Weir del que espero poder leer nuevas novelas tan interesantes y
revitalizadoras de un género como es esta de EL MARCIANO.
Que ustedes la disfruten.
MIQUEL BARCELÓ
A mamá,
que me llama Pepinillo,
y a papá,
que me llama Tío.

1
ENTRADA DE DIARIO: SOL 6
Estoy bien jodido.
Esa es mi considerada opinión.
Jodido.
Llevo seis días de lo que deberían ser los dos meses más extraordinarios de mi
vida y que se han convertido en una pesadilla.
Ni siquiera sé quién leerá esto. Supongo que alguien lo encontrará, tarde o
temprano. Tal vez dentro de cien años.
Para que conste: yo no fallecí en sol 6. Desde luego, el resto de la tripulación así lo
cree y no puedo culparlos. Tal vez habrá un día de duelo nacional por mí y en mi
página de la Wikipedia pondrá: «Mark Watney es el único ser humano que ha muerto
en Marte.»
Y será cierto, con toda probabilidad. Porque seguramente moriré aquí, pero no lo
habré hecho en sol 6 ni cuando todos creen.
Vamos a ver, ¿por dónde empiezo?
El Programa Ares. El intento de la humanidad de llegar a Marte, de enviar gente a
otro planeta por primera vez y expandir los horizontes de la humanidad y bla, bla, bla.
La tripulación de la misión Ares 1 cumplió su cometido y todos regresaron como
héroes. Hubo desfiles y fueron recompensados con la fama y el amor del mundo.
La de la misión Ares 2 consiguió lo mismo en un lugar diferente de Marte.
Recibieron un firme apretón de manos y una taza de café caliente cuando llegaron a
casa.
La de la misión Ares 3… Bueno, esa era mi misión; vale, no mía per se. La
comandante Lewis era quien estaba al mando. Yo solo era un miembro de la
tripulación. El de menor graduación, de hecho. Solo habría estado «al mando» de la
misión de haber sido el último que quedara.
Mira por donde, estoy al mando.
Me pregunto si recuperarán esta bitácora antes de que el resto de miembros de la
tripulación mueran de viejos. Supongo que volverán a la Tierra sanos y salvos.
Chicos, si estáis leyendo esto: no fue culpa vuestra. Hicisteis lo que teníais que hacer.
En vuestra situación, yo habría hecho lo mismo. No os culpo, y me alegro de que
sobrevivierais.
Supongo que debería explicar cómo funcionan las misiones a Marte para cualquier
profano en la materia que pueda estar leyendo esto. Llegamos a la órbita de la Tierra
del modo habitual, en viaje ordinario hasta la Hermes. Todas las misiones Ares
utilizan la Hermes para ir a Marte y volver. Es realmente grande y costó un montón,
así que la NASA solo construyó una.
Una vez llegados a la Hermes, cuatro misiones adicionales no tripuladas nos
trajeron combustible y víveres mientras nos preparábamos para el viaje. Cuando
estuvo todo listo, partimos hacia Marte. No íbamos muy deprisa. Atrás quedaron los
días de quemar cantidades ingentes de combustible químico y de las órbitas de
inyección transmarcianas.
L a Hermes está propulsada por motores iónicos. Expulsan argón por la parte
posterior de la nave a mucha velocidad para conseguir una pequeña cantidad de
aceleración. La cuestión es que no precisa tanta masa reactiva, así que un poco de
argón (y un reactor nuclear para dar potencia) nos permitió acelerar de forma
constante hasta aquí. Te asombraría la velocidad que puedes alcanzar con una
pequeña aceleración durante un período prolongado.
Podría obsequiaros con historias sobre lo mucho que nos divertimos en el viaje,
pero no lo haré. No me siento con ganas de revivirlo ahora mismo. Baste con decir
que llegamos a la órbita de Marte ciento veinticuatro días después de despegar sin
estrangularnos unos a otros.
Desde allí tomamos el VDM (vehículo de descenso a Marte) hasta la superficie. El
VDM es básicamente una lata grande con algunos propulsores ligeros y paracaídas.
Su único propósito consiste en llevar a seis humanos de la órbita de Marte a la
superficie sin matar a ninguno.
Y ahora llegamos al gran truco de la exploración de Marte: mandar todo lo
necesario por anticipado.
Un total de catorce misiones no tripuladas depositaron todo lo que necesitaríamos
durante las operaciones de superficie. La NASA hizo todo lo posible para que todas
las naves de suministros aterrizaran aproximadamente en la misma zona, y su trabajo
fue razonablemente bueno. El material no es ni de lejos tan frágil como los seres
humanos y puede impactar en el suelo con mucha fuerza, aunque tiende a rebotar
mucho.
Naturalmente, no nos enviaron a Marte hasta que confirmaron que todos los
suministros habían llegado a la superficie y sus contenedores estaban intactos. De
principio a fin, contando las misiones de suministro, una misión a Marte dura unos

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