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Libro PDF El Placer Sexual Ordenado por Dios Ed Wheat

El Placer Sexual Ordenado por Dios  Ed Wheat

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11 La planificación de la paternidad y su logro
12 Técnicas para el acto sexual durante el embarazo
13. La relación sexual después de Iq s 6Q . . . 7Q . . . 8Q
14JgLe¿pi¿estas a sus_p.reguo.tas
15 Su vida matrimonial: Un pequeño reino privado
Indice
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P R E FA C IO
Este libro. El placer sexual ordenado por Dios, aparece casi inesperadamente; no porque hubiera
querido escribir un libro, sino porque tenía una información que comunicar, la cual podría cambiar
dramáticamente vidas, matrimonios, hogares y familias. Como un médico de familia que creo en la Biblia
y la enseño en Springdale. Arkansas. durante los últimos años me he hallado cada vez más involucrado
en la actividad de consejero matrimonial, por causa de que las necesidades han sido muy grandes. Esto
me ha llevado a hablar sobre el tema y ofrecer orientación en iglesias, universidades, seminarios y otros
sitios de reunión. Luego, hace varios años, recibí una petición de parte de los dirigentes cristianos
tradicionalistas para que produjera una serie de cassettes sobre el tema de la técnica del sexo y los
problemas sexuales en el matrimonio, para ser usados por el mundo cristiano.
Como resultado de la amplia distribución de estas cintas magnetofónicas, diariamente han llegado
cartas a mi oficina, procedentes de creyentes que han oído los cassettes y desean discutir sus
problemas específicos con un consejero bíblicamente orientado que tenga el conocimiento médico para
ayudarles. El contenido de este libro ha sido diseñado para responder a esas preguntas y para hacer
frente a las necesidades que tan frecuentemente aparecen en el matrimonio. Tanto los principios bíblicos
como las soluciones médicas para los problemas del ajuste sexual se discuten aquí detalladamente, y se
dan específicas instrucciones al lector: la misma clase de instrucciones que le daría si llegara como
paciente a mi consultorio. Descubro que un sorprendente número de parejas simplemente están pasando
por alto lo que Dios tuvo en mente para ellos. Algunos se sienten infelices y activamente buscan
respuestas. Otros tratan de lograr el contentamiento, mientras allá adentro sienten vagos anhelos de
experimentar aquella clase especial de relación que nunca han tenido con sus cónyuges. A la mayoría de
estas parejas cristianas nunca se les ha enseñado realmente lo que dice la Biblia con respecto al sexo, ni
tampoco se les ha dicho, desde el punto de vista médico, cómo disfrutar plenamente lo que Dios diseñó
para el marido y su esposa.
De modo que este libro se escribió para toda persona casada o próxima a casarse, que esté buscando
una explicación exacta desde el punto de vista médico, con respecto al sexo en el matrimonio, dentro
de la estructura de las enseñanzas bíblicas. Aunque el tema se discute muy francamente y con precisión
médica, se trata a la vez en forma tan sagrada y cuidadosa como la misma Biblia trata el asunto del sexo
dentro del matrimonio. La promesa de satisfacción sexual está a disposición de cualquier marido y de
cualquier esposa que decida entrar en el plan de Dios para su matrimonio; y el propósito de este libro es
el de indicar el camino hacia esa satisfacción.
Mi querida esposa. Gaye, ha trabajado estrechamente conmigo en mi actividad de consejero
matrimonial, ofreciendo seminarios, preparando la serie de cassettes, y ahora escribiendo este libro. A
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través de estas páginas queremos comunicar a cada lector nuestro propio sentimiento de admiración y
regocijo por lo que Dios puede hacer en el matrimonio cuando se le encomienda a El, y cuando el marido
y la esposa poseen tanto las actitudes como la información necesarias para una relación feliz. ¡Le
comunicamos a usted lo que nosotros mismos hemos descubierto!
Al comenzar, tenga presente, por favor, un hecho importantísimo: Dios mismo creó el sexo para
nuestro deleite. Fue El el que nos dio ese don para nuestro placer.
Ed Wheat. Doctor en Medicina
Springdale. Arkansas
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R ECO N O CIM IEN TO S
Gaye y yo queremos dar las gracias a muchas personas, a quienes estimamos mucho, las cuales como
equipo ayudaron a este ocupado médico familiar a preparar El placer sexual ordenado por Dios para su
publicación. Nuestro más profundo aprecio a Gloria Okes de Perkins. cuya pericia como escritora y
editora fue invalorable para nosotros y dicisiva para la producción de este libro. No sólo apreciamos
inmensamente su habilidad, sino también su amor cristiano y su preocupación por las necesidades de los
demás. Pasamos muchas horas felices con Gloria y su maravilloso esposo, orando y trabajando juntos en
todas las fases del manuscrito.
Expresamos nuestro agrdecimiento a Richard Nilsen y Linda de Nilsen. Jerry Knode y Sandi de Knode. y
a Henry Taylor. quienes hicieron cuidadosas investigaciones y reunieron material para este libro; a
nuestra hija. Merry Ann. y a Susan Vanderwater. quienes amablemente mecanografiaron estas páginas
vez tras vez; y a Kayda Grace. doctora en Medicina, quien leyó las pruebas desde el punto de vista
médico, y también me prestó aisitencia vital en mi clínica durante este torbellino de actividad. El libro no
hubiera podido completarse si mi enfermera. Joan McDonald, y la gerente de mi oficina. Alma Beard, no
me hubieran librado de muchas distracciones y trabajado largas horas extras en la clínica, atendiendo de
manera especial a nuestros pacientes durante las horas que no pude atender personalmente el trabajo.
Apreciamos particularmente la obra de Martín Bak. quien se entregó incansablemente a la producción
de los materiales visuales. Dale Ellen de Beals preparó con precisión las ilustraciones médicas, en
tanto que su esposo. Benny. enseñó mis clases bíblicas matinales durante este ocupado período. Nos
sirvieron de mucha ayuda las sugerencias que nos ofreció nuestro amigo Michael Cocoris. del Seminario
de Dallas. Texas. Todas estas personas han trabajado con nosotros en una atmósfera de amor cristiano
la que nos ha hecho acercar más que nunca antes con un respeto cordial y mutuo por la contribución que
cada cual ha aportado.
Tuve el privilegio de que un hombre que ha sido amigo mío durante veinte años. LeMon Clark. Doctor
en Medicina, le diera un repaso a gran parte de este manuscrito. El doctor Clark es verdaderamente
uno de los más grandes pioneros en el campo de la terapia sexual. Su material fue incorporado en
diveras partes de este libro.
Cualquier libro reciente que trate el tema del sexo dentro del matrimonio tiene que hacer uso de la
significativa investigación realizada por el Doctor William H. Masters y la Doctora Virginia Johnson en la
Fundación para la Investigación de la Biología Reproductiva, de St. Luis. Misurí. Estados Unidos de
Norteamérica. Hoy sabemos mucho más acerca del tratamiento efectivo de la disfunción sexual a causa
de su obra pionera en este campo. Algunas de las sugerencias prácticas de El placer sexual ordenado por
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Dios. que guiarán al lector hacia la satisfacción sexual, reflejan los descubrimientos clínicos de M astersy
Johnson, y los prodecimientos desarrollados por ellos.
Finalmente, gracias a Jody Dillow y a Don Meredity. de la organización Vida Cristiana Familiar. Inc., por
su estímulo y ayuda en la preparación original de los cassettes sobre el tema del sexo, que formaron el
trampolín del cual saltó a la luz este libro.
Ed Wheat y Gaye de Wheat
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IN TRO D U CCIO N
El doctor Ed Wheat es un médico familiar muy apreciado en su propia comunidad, cuyo sensible interés
en ayudar a la gente le ha dado un amplio ministerio en todo el país. Es un estudiante serio de la
Biblia, y ha enseñado tres clases bíblicas para adultos semanalente durante muchos años. Su profundo
interés en la Palabra de Dios se refleja en el fuerte hincapié bíblico que hace en El placer sexual
ordenado por Dios.
Durante los últimos años, la investigación moderna ha descubierto una sorprendente cantidad de
información sobre el ajuste sexual dentro del matrimonio. Desafortunadamente, la mayor parte de ella
ha sido escrita de una manera tan crasa que la comunidad cristiana ha quedado fuera de ella. El doctor
Wheat ha escudriñado todo este material para presentar lo que es médicamente útil de una manera sana
y con una perspectiva piadosa que ciertamente ha de tener un efecto enriquecedor en el lector.
Parte del material de este libro se basa en los conceptos que el mismo autor distribuyó en cassettes de
tres horas de duración con el título: “La técnica del sexo y los problemas sexuales dentro del
matrimonio”. He recomendado altamente estos beneficiosos cassettes a los jóvenes que se van a casar y
a las personas casadas que tienen problemas sexuales no resueltos. En efecto, casi todas las principales
autoridades de Norteamérica, en lo que se refiere a la vida familiar cristiana, dan su sincero apoyo al
material de estos cassettes. Por el hecho de que se han distribuido ampliamente, muchos han solicitado
que los pensamientos del doctor Wheat se publiquen en forma escrita. El resultado es este libro que
recomiendo a cualquiera que esté interesado en una sana presentación de este tema, que es muy
delicado, pero significativo.
Tim LaHaye
Presidente de la Universidad
Christian Hertiage y de los
Seminarios Sobre la Vida Familiar
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D iseñ ado para e l p la ce r
Gran número de personas, muchas de ellas cristianas, acuden a mi consultorio en busca de una
solución para su particular problema matrimonial. Aunque como doctor puedo hacer mucho para
ayudarles desde el punto de vista médico, a menudo se presenta una necesidad mayor de que les
comunique primero la información bíblica que puede sanar las heridas, restablecer las relaciones y
establecer el fundamento preciso para las actitudes favorables hacia el sexo dentro del matrimonio.
Saber y comprender lo que dice Dios con respecto a cualquier fase de la vida conduce a la integridad
en ese aspecto; y en ninguna parte es más necesario esto que la esfera de lo sexual, donde las
actitudes negativas han destruido virtual mente las relaciones matrimoniales.
Pienso en el hombre que se sintió profundamente perturbado cuando en una misma discusión se
mencionaron a Dios y al sexo. Para él. el sexo estaba completamente separado de su vida cristiana. En
su opinión, la relación sexual era una actividad impía y. sin embargo, continuaba en ella con profundos
sentimientos de culpa que empañaban tal experiencia tanto para él como para su esposa. Las ideas
erradas que él tenía sobre el concepto que Dios tiene del sexo dieron como resultado un acto físico
apresurado, sin ternura ni placer.
También pienso en la mujer que ha estado casada veinticinco años y todavía no está segura de lo que
es un orgasmo, ni si alguna vez lo ha experimentado . . . en el marido y su esposa cuyos “yo” han sido
tan heridos en el dormitorio que casi no se hablan el uno al otro . . . en la pareja cristiana sincera que no
tiene serios problemas, pero que es poco lo que disfruta de sus relaciones sexuales. . . y en muchas
otras personas atribuladas cuyo matrimonio está lleno de infelicidad, en vez de estar lleno de placer.
¡Dios, por medio de su Palabra, tiene mucho que decir a todas estas personas! Como médico cristiano,
tengo el privilegio de comunicar un mensaje importante a las parejas infelices que tienen actitudes
equivocadas y enfoques defectuosos en cuanto al sexo. En pocas palabras, el mensaje es el siguiente:
Tenemos el permiso de Dios para disfrutar del sexo dentro del matrimonio. El creó el sexo; desde el
principio estaba en sus planes. Podemos aprender a disfrutarlo. Y ustedes, esposos, pueden desarrollar
un matrimonio emocionante y feliz con “la esposa de la juventud”. Si su matrimonio ha sido un campo de
batalla, o un horrible desierto, en vez de ser un retiro de amantes, todo eso puede cambiar. Como
vemos. Dios tiene un plan perfecto para el matrimonio el cual podemos adoptar en cualquier momento.
Los errores del pasado se pueden enfrentar con resolución y dejarlos atrás.
El antiguo consejo dado por el padre al hijo, basado en la sabiduría de Dios, le llega al lector de hoy
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con igual claridad: “Sea bendito tu manantial [las partes de tu cuerpo que producen vida], y alégrate [o
deléitate extáticamente] con la mujer de tu juventud . . . sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en
su amor recréate [o llénate] siempre” (Proverbios 5:18. 19).
Tal vez algunos se sorprendan al saber que la Biblia habla tan abiertamente, tan alegremente, acerca
del sexo dentro del matrimonio. Casi cualquier libro de la Biblia dice algo con respecto al sexo, y el
Cantar de los Cantares de Salomón describe exquisitamente la relación amorosa del matrimonio. Pero
Génesis, el libro de los principios, nos muestra de la manera más inolvidable lo que Dios siempre pensó
con respecto al amor matrimonial.
Si leemos los tres primeros capítulos del Génesis, donde se registra que Dios creó al varón y a la
hembra, hallamos que “vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”. Es
interesante notar que la creación de la luz fue “buena”, la creación de la tierra y del mar fue “buena”, y
de igual manera, la creación de la vegetación, de los peces, de las aves y los animales fue también
“buena”. Pero sólo cuando fueron creados el hombre y la mujer. Dios llama nuestra atención diciendo
que todo era “bueno en gran manera”.
Con tantas cosas “buenas” en el huerto y en la tierra, sólo había algo que no era bueno. “Y dijo Jehová
Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda indónea para él” (Génesis 2:18). Con esas
pocas palabras nos enseñó Dios que para el hombre no hay sustituto, ni plan alterno, ni mejor compañía
que su esposa. El vacío que originalmente fue causado al tomar “hueso de mis huesos y carne de mi
carne” sólo puede llenarlo la presencia de la mujer. Puesto que una parte de Adán se destinó para hacer
a Eva. el hombre sigue incompleto sin su Eva.
Dios le dio casi la primera prioridad a la unión sexual dentro del matrimonio. En el relato del Génesis
podemos ver que. después que Dios le dijo al hombre que no aprendiera el mal por experiencia
(Génesis 2:17), en su segunda enseñanza les dijo al hombre y a la mujer cómo debían relacionarse
dentro del matrimonio: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y
serán una sola carne” (Génesis 2:24). Primero. Dios había separado a la mujer del hombre, cuando hizo a
Eva. Pero ahora les ordena unirse otra vez en una carne. En esta breve sesión de consejo matrimonial,
aun antes que cualquier pecado hubiera entrado en la raza humana con su egoísmo resultante,
encontramos tres mandamientos básicos:
Primero. cuando nos casam os, debemos dejar de depender de nuestros padres o de nuestros
familiares. Tenemos que llegar a depender completamente de nuestro cónyuge para la
satisfacción de todas nuestras necesidades.
Segundo, el hombre es el responsable de mantener el matrimonio unido, manteniéndose “unido” a
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su esposa. Unirse en este sentido significa mantenerse juntos inseparablemente de tal modo que cada
uno llegue a ser parte del otro. Por tanto, el hombre tiene que estar totalmente dedicado a su única
esposa.
Tercero, se nos ordena unirnos en unión sexual, ser una carne.
La situación ideal que Dios tenía en mente para nosotros se nos indica en las siguientes benditas
palabras: “Y estaban ambos desnudos. Adán y su mujer, y no se avergonzaban” (Génesis 2:25). Adán y
Eva se podían ver el uno al otro tal como realmente eran, sin sentir vergüenza, desilusión ni frustración.
La relación sexual que Dios había diseñado para ellos les trajo las bendiciones del compañerismo, la
unidad y el deleite. Y notemos que esto Ocurrió algún tiempo antes que se les diera el mandamiento de
procrear hijos (Génesis 3:16).
El plan de Dios para nuestro placer nunca ha cambiado. Esto lo comprendemos aun más cuando
consideramos cómo somos: “formidables, m aravillosas son tus obras” (Salmo 139:14). Cuando
descubrimos los numerosos detalles intrincados de nuestros cuerpos que proporcionan tantísimas
sensaciones físicas intensas y maravillosas para que los esposos y sus esposas las disfruten juntos,
podemos estar seguros de que El quiso que experimentemos plena satisfacción en la relación
matrimonial.
Algunos han asumido que el acto sexual llegó a ser una práctica impura cuando entró el pecado en el
mundo. Sin embargo, esto queda descartado cuando vem os que el consejo básico de Dios sobre el
sexo en los primeros capítulos del Génesis fue repetido por Jesucristo a los dirigentes religiosos de su
día: . . pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su
padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos.
sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Marcos 10:6-9). Jesús volvió a hacer
énfasis sobre esto a sus discípulos en los dos versículos siguientes, y estos mandamientos los volvemos
a hallar reforzados en Efesios 5:31.
En efecto, la relación sexual en el matrimonio recibe tal énfasis en las Escrituras que comenzamos a
comprender que no era sólo una experiencia continua y maravillosa para el esposo y la esposa, sino
que también estaba diseñada para mostrarnos algo aun más maravilloso acerca de Dios y de su relación
con nosotros. Leemos en Efesios 5:31, 32: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá
a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo
y de la iglesia”. De modo que la unión sexual mutuamente satisfactoria, llevada a cabo en forma y con
amor, es la manera en que Dios nos demuestra una gran verdad espiritual. Nos cuenta la más grande
historia de amor que jam ás se haya contado: cómo Cristo se dio a sí mismo por nosotros y cómo está
íntimamente unido a su esposa, la Iglesia, y la ama (la Iglesia está compuesta por los que creen en El).
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En esta estructura de comprensión entre dos creyentes que están en proceso de crecimiento, la relación
sexual llega a ser un tiempo de comunión íntima como también de deleite.
Esto, por supuesto, explica por qué la unión matrimonial es la única en que el hombre y la mujer
pueden disfrutar verdaderamente de las riquezas que Dios planificó para ellos. Porque esta relación
está específicamente diseñada para ilustrar el interminable amor de Dios hacia su pueblo, el intercambio
sexual tiene que experimentarse en el contexto de una dedicación permanente. Cualquier cosa que exija
menos es deficiente para los que están involucrados en dicha relación.
Algunas personas se han sentido incómodas con respecto al sexo porque de algún modo han
establecido una ecuación entre el deseo sexual de los hombres y el instinto sexual de los animales.
Deben recordar que los animales procrean según su instinto con motivación biológica. Pero el hombre
tiene relación sexual como persona completa. De todas las criaturas, él es el único que usa la razón
cuando decide tener relaciones sexuales. El esposo y la esposa son las únicas criaturas capaces de
ganar unidad espiritual y un conocimiento más profundo el uno del otro por medio de la relación sexual.
Comprendamos cómo están diseñados el hombre y la mujer. Aun en el mismo acto sexual se nos
recuerda que ésta es una relación de personas, no sólo de cuerpos; ya que no es coincidencia que el
hombre es la única criatura de la creación de Dios cuya relación sexual se efectúa cara a cara.
La Escritura sugiere que precisamente así como podemos conocer a Dios, también podemos conocer al
esposo o a la esposa de un modo más profundo, sublime e íntimo por medio del acto físico del
matrimonio. El verbo conocer es el término usado en la Biblia para definir nuestra relación con Dios. Y
ése también es el término usado para designar la íntima unión del esposo con su esposa. “Conoció Adán
a su mujer Eva” (Génesis 4:1). María, al hablar de su virginidad, dijo: “¿Cómo será esto? pues no conozco
varón” (Lucas 1:34). En Mateo 1:25 leemos que José “no la conoció” hasta que dio a luz a Cristo. La
relación sexual no ofrece placer más halagador que éste de conocer a la persona que uno ama. Con la
comprensión de que nuestra relación matrimonial representa las verdades de nuestra relación con Dios,
podemos llegar a sentirnos libres como nunca antes para expresar plenamente el amor al cónyuge a
través de la oportunidad dinámica del acto sexual.
El punto de vista de Dios se manifiesta vigorosamente en 1 Corintios 7:3-5. donde se les dice al marido
y a su mujer que ellos realmente se defraudan el uno al otro cuando alguno de ellos se niega a dar
placer y satisfacción física a su cónyuge. La única actividad que puede impedir las relaciones sexuales
regulares es la oración y el ayuno a favor de alguna causa específica, y esto sólo debe hacerse mediante
mutuo consentimiento y durante un tiempo muy limitado.
Aunque el pecado entró en la raza humana en el huerto de Edén y trajo consigo la posibilidad de la
perversión de toda buena dádiva (incluso el sexo), el plan de Dios para su amada creación ha
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continuado en operación a través de la provisión de un Redentor, Jesucristo. ¡Por fe, las personas pueden
elegir el camino de Dios! Es cierto que nuestra cultura está saturada de conceptos y prácticas sexuales
que se han convertido en lujuria, y que el deseo se ha deformado hasta el punto en que ya parece que el
hombre fuera una bestia suelta en las calles, que destruye los límites establecidos por Dios. Sin
embargo. nuestro ¡echo matrimonial es un lugar santo ante los ojos de Dios. Tenemos que tener el
cuidado de mantener este punto de vista con respecto al sexo dentro del matrimonio, pues ése es el
concepto de Dios. Leemos en Hebreos 13:4: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin
mancilla”.
Tenemos que atesorar y enseñar a nuestros hijos estos valores positivos que el mismo Dios nos
enseña en la Escritura con respecto a la relación sexual amorosa, colocando la vida sexual dentro del
matrimonio como algo completamente diferente a la relación sexual fuera del matrimonio. La práctica
sexual fuera del matrimonio queda descartada por ser obviamente pervertida. La relación sexual dentro
del matrimonio es maravillosamente buena. ¡Nunca olvidemos eso!
No puedo comenzar a describirlas dimensiones de la relación matrimonial tal como la experimenta la
pareja cristiana que está totalmente entregada a Jesucristo, que fluye de esa comprensión de su propia
seguridad en unidad espiritual y física; que sólo sienten excitación el uno con el otro, y saben que esto
les durará mientras vivan. Esta genuina y total unidad e integridad, por alguna razón, no puede
explicarse a aquellos que aún no la han experimentado. Cuando existe esta clase de relación, muchas
veces los dos esposos sienten el deseo de alabar a nuestro Señor y tener comunión con El en oración,
para darle gracias cada uno por su cónyuge y por el completo amor que comparten.
El acto sexual dentro del matrimonio fue diseñado para el placer; sí. en el más pleno sentido de la
palabra. ¡Y aun así. el idioma no puede comunicarnos lo que Dios preparó para nosotros!
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Cóm o hallar el
d esignio de D ios
Muchos de los que están buscando satisfacción sexual en su matrimonio comprenden que el dominio
de las técnicas físicas sólo es parte de la solución. A pesar de las afirmaciones de algunos manuales
que tratan sobre el sexo, la pareja no puede separar el aspecto sexual del resto del matrimonio,
perfeccionarlo y aislarlo, por decirlo así. en un compartimiento hermético para hacer uso de él cuando lo
desee. Todo lo que ocurre en la vida matrimonial tiene su efecto sobre la experiencia del acto sexual.
Por el hecho de que todas las fases del plan bíblico para la vida matrimonial tienen que estar en
operación para que podamos disfrutar plenamente de la unión sexual tal como Dios la diseñó, tenemos
que tener una clara comprensión de su plan. Infortunadamente, la mayor parte de nosotros no recibimos
consejos sobre estos asuntos antes de casarnos, y por eso tropezamos, por lo menos en los primeros
años, tratando de hallar el camino hacia la felicidad. He sido médico de familia durante veinticinco años,
y he observado que el matrimonio, con su tremenda significación, a menudo resulta ser el evento para el
cual nos hemos preparado menos en la vida. A pesar de que el divorcio está alcanzando proporciones
epidémicas, las jóvenes parejas continúan aventurándose al matrimonio con una notable falta de
preparación. Algunas veces sólo hay una breve reunión con el ministro religioso antes de la boda, luego,
una ceremonia a menudo bien elaborada, y de una vez quedan por su cuenta los recién casados, al azar,
en la búsqueda de la felicidad, mientras la familia y los amigos esperan lo mejor para ellos.
Considero que el consejo prematrimonial es una parte esencial de mi responsabilidad como médico de
familia. No sólo es una medida preventiva que proteja contra la rotura de relaciones, sino que también
puede desatar un curso positivo de acción que traerá placer y gozo, por cuanto la joven pareja aprende a
amarse de un modo duradero.
Los mismos principios básicos que discuto en las sesiones de consejo prematrimonial deben recalcarse
al lector antes de continuar explicándole los aspectos físicos que entran en la práctica del acto sexual.
Aunque usualmente comparto estos principios con los que están comprometidos para el matrimonio,
indudablemente serán útiles para los que están recién casados y también para los que celebran el
vigésim o octavo aniversario de bodas. Realmente, son pocas las parejas que están tan avanzadas en
sabiduría y en años que no sacarían provecho de los siguientes principios bíblicos.
Puesto que lo que voy a decir es casi equivalente a que el lector oiga

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