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El poder de la mujer – Vicente Martínez García

El poder de la mujer – Vicente Martínez García

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Resumen y Sinopsis De 

La mañana transcurría con total normalidad. El verano llegaba a su fin y el cultivo de fresas era un evento importante para todos. En las afueras del pueblo de Ariban,
ubicado en el distrito H, vivía una familia que se dedicaba a la agricultura. La granja de los Stevenson era enorme; podría decirse que era la envidia de muchos, ya que
estaba localizada en un terreno extenso y sus cosechas eran de excelente calidad. La pequeña Nayla y su madre se esforzaban por recolectar el máximo de fresas posible
y llevaban una cesta donde iban colocando los frutos que estaban en buen estado. A pesar de que el calor era sofocante, madre e hija no se detenían ni un instante a
descansar; habían estado trabajando duro desde que el sol vislumbró sus primeros destellos durante el amanecer. La madre de Nayla se preocupaba mucho por su hija;
intentaba darle conversación a menudo para que su labor no fuera tan agotadora. Para alguien tan joven, tener que trabajar de forma tan ardua no era de lo más agradable.
Observaba a la niña con rabia e impotencia por no poder cambiar esa situación. Ambas estaban obligadas a obedecer las órdenes del hombre de la casa. Si bien él era el
agricultor, ellas se encargaban de las tareas más demandantes. De vez en cuando, a lo lejos, se oía un portazo en la entrada principal de la residencia. Era el hombre, que
observaba durante unos pocos instantes cómo su mujer y su hija trabajaban sin cesar y, con la misma actitud indiferente, desaparecía de la escena sin siquiera
preocuparse mínimamente por el bienestar de las damas.
¿Era papá? preguntó la niña, que le había parecido ver la silueta de su padre junto al portal de la casa.
Sí, era papá. Seguramente, estaba controlando que todo fuese bien. La mujer solía defender al hombre.
¿Por qué no trabaja con nosotras? La pequeña Nayla empezaba a hacerse mayor y cada vez sus preguntas y curiosidades era más persistentes en todo lo
referido a su padre. La mujer sabía que la pequeña, tarde o temprano, se enteraría de lo injusto que era el mundo, aunque hacía lo posible para resguardar a su hija de los
sinsabores de la vida.
Tu padre está trabajando adentro. La mujer volvió a excusarlo.
No lo está insistió la niña.
¡Nayla! La mujer fijó su mirada un momento en los ojos de la niña, que estaba complicándole las cosas con tantos interrogantes. No preguntes, hija. Trabaja.
Durante unos instantes reinó el silencio. Se limitaron a trabajar, sin articular ni una sola palabra. Aún quedaba bastante por recolectar; según sus cálculos,
aproximadamente tenían dos días más por delante sin parar de recoger fresas. De vez en cuando Nayla miraba a su madre, pero desviaba la vista de inmediato cuando
sus ojos se encontraban. La mujer tenía un enorme moretón al lado del ojo izquierdo. Parecía que había intentado ocultarlo, pero no había tenido éxito. Su hija sabía que
algo andaba mal; los maltratos de su padre hacia su madre eran persistentes en el día a día, por lo que sospechaba que esa herida era producto de algún brote de ira del
desgraciado.
Falta poco para tu cumpleaños, Nayla. Tu padre y yo hemos planeado algo especial para ti. La mujer intentaba desviar los malos pensamientos que su hija
empezaba a tener sobre su padre y la distraía con comentarios irrelevantes. ¿Cuántos años cumples?
Ocho. Sonrió por fin la niña que, por momentos, parecía olvidarse del tema de su padre. Justo lo que su madre buscaba.
¡Ocho! ¡Vaya… qué mayor te haces ya! Enséñame con los dedos cuántos años son. La niña apenas sabía lo básico. En el mundo en el que vivían estudiar era un
privilegio al que sólo tenían acceso los hombres. Nayla apoyó la cesta en el suelo un instante para poder enseñarle a su madre cuántos años cumplía con los dedos. Le
costó un poco, pero al final logró su cometido.
¡Así me gusta! exclamó sonriente la mujer mientras seguía recolectando los frutos. En seguida, Nayla volvió a agarrar la cesta y continuó con sus quehaceres.
¿Qué es eso tan especial que recibiré en mi cumpleaños? La niña hacía lo posible por sacarle un poco de información a su madre.
Si te lo cuento, ya no será sorpresa. Pronto lo descubrirás respondió su madre.
¡Quiero saber qué es! Nayla no se conformaba con lo que oía. Su naturaleza insistente se hizo evidente al tratar de averiguar qué era eso tan especial que sus
padres le tenían preparado. Lo que la niña desconocía es que no era más que un invento de su madre para generarle ilusión; por el momento, no había regalo alguno y su
marido sería incapaz de regalarle algo a su hija.
No seas cabezota, Nayla. Sin perder la calma la mujer intentó evadir la respuesta.
La niña por fin se calló y no volvió a tocar el tema de la falsa sorpresa de cumpleaños. Sin embargo, al cabo de una hora, continuó con las preguntas incómodas.
¿Puedo preguntarte una cosa, mamá?
Tanto la mujer como la niña lucían agotadas. Si bien Nayla era muy pequeña y su aguante era mucho menor, se esforzaba por cumplir con sus obligaciones.
Hazlo, hija. La mujer sabía que la niña estaba a punto de preguntar algo complicado de responder con la verdad.
¿Por qué no puedo jugar con niñas de mi edad? La cara de la criatura era tan inocente que a su madre le daba muchísima pena tener que hacerla vivir esa situación
a tan corta edad.
Hay niñas que nacen con un objetivo en la vida. Tú has nacido con uno, cariño, al igual que lo hizo mamá en su época intentaba responder de una forma
imaginativa.
El niño de junto me dijo que las niñas somos unas amargadas y quería que le limpiara sus zapatillas sucias.
¿Qué niño? ¿Tom? Sin darse cuenta, madre e hija habían dejado de recoger frutas por charlar, algo que les podría traer muchísimos problemas si el hombre las
llegara a ver.
Sí, él mismo.
No le hagas caso, cariño, y tampoco dejes que te dé órdenes. No le obedezcas en nada, aún no. Los niños parecían sacar provecho de las reglas establecidas tan
pronto como podían y pasaban por alto el hecho de que hasta cierta edad ellos no podían exigir demasiado. Tú hazles caso a mamá y…a papá.
Papá se porta mal, no me agrada. La conversación volvía a tomar

Título: El poder de la mujer
Autores: Vicente Martínez García
Formatos: PDF
Orden de autor: García, Vicente Martínez
Orden de título: poder de la mujer, El
Fecha: 28 ago 2016
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id: 188
Modificado: 28 ago 2016
Tamaño: 0.89MB

Novela kindle  Comprimido: no

kindle Formato – Contenido – tipo : True 

Temáticas: Novela romántica, Comedia romántica , romance

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Título: El poder de la mujer
Autores: Vicente Martínez García
Formatos: PDF
Orden de autor: García, Vicente Martínez
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Fecha: 28 ago 2016
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