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El rompe olas – Laura Lago

El rompe olas – Laura Lago

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Resumen y Sinopsis 

Marta salía del hotel donde se hospedó. Uno que se acomodó a sus necesidades y presupuesto. Era un hotel 3 estrellas, que de hecho, parecía tener más clase, era
muy acogedor y el trato del personal era excelente.
Fue una sorpresa para ella desde el momento en que entró y se sintió con suerte al haberlo escogido, pues era el más barato que consiguió en la zona que ella
precisamente quería.
El día es perfecto. Se dijo para sí misma parándose por momento a observar el paisaje que la rodeaba.
El mar estaba tranquilo y las olas reventaban en la orilla con calma como llamándola a relajarse y dejarse llevar por los sonidos de esa playa que la quería envolver.
Las palmeras formaban sombras sobre la arena de manera tentadora, como para guindar una hamaca y quedarse a vivir ahí para siempre, la brisa que traía el rocío del
mar acariciaba la piel de la mujer y desde ese momento comenzó a sentirse mejor. Era exactamente lo que buscaba.
Marta lucía un bikini de una pieza muy recatado, de color blanco y tela fina que hacía resaltar su hermosa piel morena, el ajuste de la prenda contorneaba con
sutileza las curvas de su cuerpo sin deformarse en ningún lugar.
Unos lentes de sol grandes y un sombrero más grande aún evitaban que pasara desapercibida y además la protegían de los rayos ultravioleta. En su mano llevaba una
Margarita recién preparada en el bar. Un bolso playero terminaba de completar el atuendo, dentro un libro, algo de dinero y su bronceador.
Caminó hasta la orilla de la playa y se sentó en una de las sillas que eran puestas por el hotel donde estaba hospedándose (lo supo por la insignia remachada en uno
de los brazos de la silla), cómoda y casi con la mente en blanco se instaló a disfrutar del ambiente, del olor, de los sonidos y de… ¡Oh, por Dios! De la vista.
¡Un hombre con un trasero así debería ser ilegal! dijo Marta en voz baja mientras se carcajeaba de la risa.
No quitó la mirada de esa escultura hecha humano, que además del trasero que parecía de piedra, era portador de un cuerpo de lujo. Quizá tan definido como alguna
vez lo soñó pero, que nunca había visto. Una tabla de surf bajo el brazo le daba un aire más interesante. No parecía uno de esos chicos estilo californiano, pero de igual
manera era algo vistoso para ella. Sus ojos estaban clavados y podía dejar de escrudiñar ese cuerpo. Esas situaciones
El individuo en cuestión parecía extasiado con el mar.
Era Arturo. Estaba parado frente a ella contemplando el océano después de haber montado algunas olas esa tarde sin tener mucha suerte. De repente volteó, quizá
sintió el peso de la mirada de Marta (que esperáramos no fuese penetrante, tomando en cuenta lo que estaba viendo en el hombre) o solo por simple casualidad. Él miró
a Marta y esta posó su mirada en otro lugar sin poder disimular.
Idiota, te vio. No puede ser… Ahí viene.
Buena tarde, señorita. Hermoso día de playa ahora que la veo a usted. ¿Puedo sentarme?
Definitivamente no era para nada un surfista ocioso y sin trabajo. Era un hombre de verdad y además portador de unos abdominales de acero que se verían muy bien
rozando los de ella.
Por supuesto, caballero.
Arturo Márquez. Encantado de conocerle.
Marta bajó sus anteojos oscuros hasta la punta de la nariz. Y lo miró con detenimiento. De cerca estaba mucho mejor. Extendió su mano.
Marta Carreño. El placer es mío.
Se tomaron de las manos saludándose por primera vez. Sus ojos no dejaron de hacer contacto y ambos se sonrieron.
Marta trató de no mostrarse muy interesada en el asunto, aunque por dentro se derretía por Arturo. Se acomodó sus gafas y tomó un poco de su Margarita mientras
veía al frente. Estaba nerviosa.
No creo que una mujer tan hermosa como usted se encuentre sola en este lugar.
Si lo que quieres es averiguar si estoy casada o comprometida o si vine con alguien la respuesta es: no. Y por favor, tutéame, eso de “usted” me hace sentir vieja.
Arturo se rio con naturalidad y ella sonrió también.
Está bien, Marta. Entonces, sabiendo que estás sola y que yo también, podríamos cenar esta noche sin problemas.
¿Valdrá la pena?
Eso te lo aseguro. ¿Dónde te hospedas? Preguntó Arturo.
Aquí. dijo Marta mientras señalaba el hotel que estaba justo detrás de ellos.
Perfecto. Paso por ti a las 8:00 pm.
Arturo se levantó mirándola.
Nos vemos a la hora acordada, Arturo.
Que sonrisa tan maravillosa la de ella.
El hombre le dio la espalda y salió caminando mientras llevaba su tabla a un lado. Marta levantó el brazo e hizo un gesto con la mano como dándole una nalgada en la
distancia. Eso le causó gracia. Luego miró a su alrededor para ver si alguien la había pillado. Nada. Todos ocupados en sus vidas y disfrutando del lugar.
Lo miró hasta que se perdió entre la gente y la distancia.
No sabía la razón real por la cual había aceptado la invitación de Arturo. No quería que la confundieran con una cualquiera, estaba clara que era un completo
desconocido pero, hubo una conexión entre ellos.
Además el hombre le transmitía una seguridad increíble y eso para ella era fundamental. Y sí, quería volver a ver ese cuerpo y quizá conocerlo mejor. Una cena no le
haría daño a nadie y capaz terminaría siendo un patán egocéntrico y lo descartaría de una vez. Todo estaba dentro de la posibilidades.
Por otro lado, para Arturo era fácil interactuar con mujeres, acercárseles y hablarles no le resultaba para nada un problema. En Marta vio algo diferente, además de
ser una mujer hermosa y con buen cuerpo (sacó la conclusión de que poseía un muy buen trasero ya que tenía unas caderas bien voluptuosas), irradiaba una confianza
enorme.
Sí, también se le hizo fácil hablarle, como con todas las demás, pero, después de un segundo se dio cuenta de que realmente estaba frente a una persona especial. En
ningún momento pensó mal de ella por aceptar su invitación, por lo contrario, se sintió halagado.
El resto de la tarde fue de relax para ambos, cada quién disfrutó del lugar a su manera y desde su trinchera. Él con más lujos que ella y ella con más paz que él, pero
había un punto en común, ambos pensaban en esa cena que no estaba en los planes de ninguno.
Quizá no de la misma forma pero, sus pensamientos estaban centrados en eso. Para Marta existía un nerviosismo algo inédito, todavía no terminaba de entender
como aceptó esa invitación con tanta naturalidad. Ella normalmente no era así, pero, él la empujó. Con su personalidad y su excelente cuerpo, la empujó.
Arturo reservaba una mesa en un restaurante
El Rompe-Olas: Romance Inesperado con el Ejecutivo de Vacaciones (Novela Romántica y Erótica en Español: Alma Gemela) (Spanish Edition)

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