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Libro PDF El Sabotaje Kristin McTiernan

El Sabotaje – Kristin McTiernan

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firme, y ella sonaba como si estuviera más grande de lo que aparentaba su rostro y así se los hizo creer a ellos.
“Después de todo, técnicamente se supone que yo no debería existir. De acuerdo a sus registros, nunca nací. Pero yo estoy aquí, sin embargo, así que ¿dónde nos deja
eso? Tengo información que ustedes desean, y a cambio ustedes escucharan lo que tengo que decirles. Yo sé lo que le pasó a Isabel Jaramillo.”
Los nueve hombres que estaban allí no hablaban, pero el sonido de todos ellos simultáneamente inclinándose hacia adelante en sus sillas hacían un eco por toda la
habitación cavernosa.
“Yo, como todos ustedes, soy un viajante. Y en uno de mis viajes, conocí a una mujer que, en mi mundo, nunca había existido. Ella no pertenecía al siglo XXI.
Tampoco pertenecía al siglo en el que la conocí”
“¿Así que ella está viva?” El hombre que hablo era visiblemente mayor que todos los demás, algo mustio y moribundo. Llevaba el cuello de un sacerdote, y ella se
preguntó silenciosamente cual era el propósito de su pregunta.
“Ya no más amigo. Isabel respiro su último aliento hace unos siglos. Pero no estoy aquí para hablarles de ella, realmente no. Estoy aquí para decirles lo que ella me
dijo.” Estos hombres se sorprendieron y estos se estremecieron haciendo un suspiro.
El estar describiendo sus experiencias era difícil para ella. La urgencia de brincar inmediatamente a las partes importantes la abrumó. Pero por el bien de la claridad,
sabía que debía poner los eventos en orden cronológico como ella los había experimentado. Los hombres continuaron observándola; sus miradas le irritaron como la lana.
“Tengo que admitir que estaba confundida por Isabel. Parecía tener una historia completamente ajena a la mía. Ella era del 2114, un total de cuarenta años después
de mi fecha de origen. Esa fue una excelente razón para que yo no la conociera. Pero otras cosas que dijo, “su voz se redujo a un susurro,”. Así que le pregunté por su
país, su historia. Su versión de los hechos no podría haber venido de la línea de tiempo correcto. El escuchar que Adolfo Hitler fue un famoso pintor y que no había
ocurrido una segunda Gran Guerra fue suficiente para convencerme que había que tomar medidas en el asunto. Nada era como yo lo conocía. Nada era como debía ser”.
Ella tomo un respiró. La hostilidad en la habitación pudo empeorar antes de mejorar, pero en este momento los hombres apenas se veían confundido, todos menos
uno.
“¿Acaso Isabel le dijo cómo llegó a perderse?” El hombre de mediana edad y canoso del cabello y con la frente vendada preguntó, el cual hasta este momento, evitó
cuidadosamente tener un contacto visual. En su lugar, él se había sentado en silencio, sosteniendo una hoja de papel desgastado en su mano izquierda. Ella leyó su
nombre desde la placa que tenía, pero ella no tenía por qué hacerlo. Ella ya sabía quién era; él era el único al que tenía que temerle más. Para él la conocía también.
“Sí, Alfredo. Su hija me dijo todo lo que necesitaba saber.”
Ella apretó tensamente el papel que sostenía, y él la miró intensamente. No parecía contento.
1
Isabel Jaramillo odiaba a su marido. Odiaba todo lo que se relacionaba con él. Este hecho innegable se resentía en su intestino mientras ella se recostaba en el marco
de la puerta de su armario. Ella había venido aquí simplemente para escoger un par de zapatos para el viaje de la próxima semana pero de 1921, sólo para encontrar uno
de los uniformes sucios de Etienne que estaba sobre el más alto de sus bastidores de zapatos. Tuvo que haberlo tirado, tomando en cuenta lo alto que era. Él había
venido aquí, a su armario, y estaba echada en su sudoroso uniforme gris entre su ropa que estaba perfectamente organizado y además de sus zapatos meticulosamente
organizados. Ese acto de agresión había sido lo bastante irritante. Pero cuando ella tomo el uniforme para tirarlo al cesto de ropa sucia, ella vio un marco de foto del día
de su boda que había sido colocado por debajo. Empezó a sentir un calor en la parte posterior de su cuello cuando leyó la note pegada a un lado: “21 de octubre de 2108.
Seis años es demasiado tiempo para darse por vencido.”
Fue este tipo de tonterías pasivas-agresivas que habían arruinado su matrimonio en primer lugar. Nadie podía decir que ella no se había dedicado o invertido, para
que este matrimonio funcionara. Tomando la imagen, ella se quedó mirando la versión más joven de ella misma, con su pelo negro y su piel marrón mirándose tan
hermosa al lado de su vestido blanco. Todo un contraste para la combinación rubio/azul de Etienne. Ella había sido feliz ese día. Pero los tiempos cambian. La gente
cambia.
“Supongo que cosas malas suceden cuando se toman decisiones que cambian la vida, mientras que se está en la universidad”, murmuró para sí misma. Su padre le
había advertido de esto, diciéndole que era demasiado joven para saber que hombre necesitaba. Usted es una Jaramillo hija mía. Nuestras vidas no son como la de los
demás”.
El padre tenía razón por supuesto, pero Isabel había estado tan envuelta en ese romance desde que ella y Etienne habían estado saliendo. Las gafas de color rosaestaban
firmemente en su lugar y ella creía que su amor era un amor diseñado por el mismo dios. Él era como su respiro de la torpeza de la universidad, los susurros y el
ser criticado por otros alumnos, sin mencionar los rumores desagradables. Tantos mentirosos con la esperanza de llegar a la reputación de aquel que había desflorado la
hija de Alfredo Jaramillo. Muchos amigos falsos que solo buscaban asegurar sus propias carreras y reputaciones simplemente para ganar a favor de Isabel. Etienne había
sido diferente, lo suficientemente valiente para hablar con ella, pero parecía querer solo su amistad. Qué idiota fue.
Ella grito con disgusto y arrojó su uniforme sucio de su armario, escuchándose el impacto suave en el piso de su baño. Sin nada más que eso, ella debió saber que
tan falso era con tal solo saber su nombre. Que tan pretencioso. Y que tan irritante. La población de habla Inglés de vez en cuando intento meter su nariz por el camino
de la sociedad decente. Como si ponerle a tu hijo un nombre francés no lo convirtiera en anglo-basura. Por lo menos sus padres no hubieran sido tan arrogantes como
para intentar darle un nombre español. Etienne provenía de una familia de clase media, así que a regañadientes admitió que podría fingir ser francés. Pero en la República
Americana, particularmente en Florida, o uno era español o por lo menos deseabas serlo.
Ella misma se había engañado con el pensamiento de que Etienne era diferente que el resto del pueblo sin cultura, los cuales emigraron a las ciudades superiores de
la costa este y nunca se molestaron en aprender español. Por cierto, el inglés fue uno de los tres idiomas oficiales de la República, pero en realidad nadie lo usó fuera de
Mássachusetts y Nueva York. Incluso Maine se había convertido hace décadas en francés.
Etienne era igual que el resto de ellos, arrogante, inculto, rencoroso. Si tan sólo hubiera sido obediente y no haberse casado con él. Incluso pidió un permiso
especial al Papa para casarse con un protestante. ¿Qué es lo que estaba pensando?
Sus buenas cualidades le habían cegado originalmente de sus defectos, lo cual era natural, ella supuso. Sin embargo el tiempo pasaba, y los gestos de Etienne
comenzaron a agotarse. Su falta de voluntad para discutir directamente y siempre tenía la negativa a hablar del fallecimiento de sus padres, ella inicialmente empezó a
perder autocontrol. Pero Isabel pronto vio que no era nada más que la pasividad cobarde y el estreñimiento emocional. Cuando ella hizo algo que le desagradara, él
tranquilamente la castigaba fingiendo que todo estaba “bien”. Si se presionaba para dar explicaciones, seguramente explotaría en un ataque gritando con histeria seguido
rápidamente por una humilde disculpa. Para empeorar las cosas, constantemente la criticaba a ella y a sus amigos, como si él tuviera el derecho a juzgar. Su torpeza
social también llego al límite de sus nervios, hasta que por fin pudo verlo de frente y poder ver que él era en realidad débil y repugnante.
Desafortunadamente, El Vaticano no reconoció esto como algo repulsivo y como una razón adecuada para su anulación y entonces el divorcio había sido ilegal
desde la fundación de la República en 1812. El Senado considero retirar una vez el catolicismo como religión oficial. Pero a medida que los padres fundadores miraron a
Inglaterra, Holanda, y el caos absoluto y la anarquía que había caído sobre los (sin Dios) países seculares, decidieron permanecer fieles al Santo Padre. Sólo en raras
ocasiones Isabel lamento esa elección. Este era una de ellas.
Ella ya había llegado al borde de la desesperación. Le coloco una nota en la mano de Etienne, Isabel sustituyó la foto de la boda donde sonríe en el estante de
zapatos y entonces salió de su armario, devanando su camino a través del baño, y entrando en su dormitorio. La consola de comunicación se encontraba en modo
inactivo, otra de sus fotos de boda donde sonríe de manera burlesca. Ella le dio unos golpecitos y sacó su lista de contactos del menú. Ella ya había tomado su decisión.
Para que pudiera funcionar, necesitaría la ayuda de su padre. Él obviamente le ayudaría, y con mucho entusiasmo, con un trasfondo leve de petulante satisfacción por
supuesto. Pero valdría la pena. Su vida finalmente sería perfecta.
2
“Per Dominum Nostrum Jesum Christum Filium Tuum, Qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, Per omnia saecula saeculorum.”
“Amén”. El resto de la congregación respondía a la Réquiem como debían haberlo hecho, sus voces debidamente sonaban a través de los alcances del bostezo de la
catedral de Santo Domingo. Etienne, sin embargo, se había quedado. Sus intentos de prestar atención, o por lo menos parecía que prestaba atención, lo cual era un
fracaso rotundo. Entendía muy poco latín y, aunque le era difícil admitirlo por sí mismo, el oírlo lo hacía sentir estúpido. Con un movimiento sutil de la cabeza, con la
esperanza de despejar su malestar, redobló sus esfuerzos.
Macías había sido un buen hombre, un hombre decente; Etienne se lo debía a él para escuchar mientras el sacerdote quería que su alma fuese al Cielo. El resto de
los dolientes vestidos de negro estaban prestando atención arrebatada. ¿Cómo se vería si el protestante fuese capturado fantaseando mientras que su colega entrara por
las puertas de la eternidad? No, se debe prestar atención, a pesar de que éste era su segundo funeral después de tantos días.
Siempre fue una tragedia cuando los agentes perdían la vida por dicha causa. En este caso, Macías, Santiago, y el profesor que lo escoltaban no habían muerto en su
asignación, pero sin embargo se habían perdido – era el destino más temido por todo aquel que viajaba en compañía de Viajes y Cumplimiento Jaramillo-Diaz. De vez
en cuando, la Agencia recibió informes confirmando una víctima mortal. Un agente o viajante tiene el derecho de estar de pie afuera en un punto acordado y sólo una
parte de ellos se regresaría a base, un evento terrible y traumático para todos aquellos que estaban involucrados. A veces habría una interrupción, un cortocircuito en el
equipo, una estela temporal de otro viajante, incluso una tormenta solar dentro de los veinte años de la época del destino. Tanto que podría salir mal cuando se lleva a
alguien a casa.
Los técnicos de transmisión, como él, solían obtener la parte fácil. Sólo tenían que mover a la gente, ellos regularmente toman al grupo de personas en cuestión, e
inyectan su masa en el marco de tiempo del destino. La tecnología podría caer en cualquier parte del mundo dentro de los años 1500 de su origen; ninguna más atrás, y
las posibilidades de perderse se cuadruplicaron. Siguiendo estas pautas, un equipo defectuoso era la única manera de perder a un viajante durante la transmisión. Las
normas de inspección eran rigurosas, por lo que sólo habían pasado un par de veces en toda la historia de viajes en el tiempo.
Pero los técnicos de recuperación tenían que moverse en el espacio. Les tomo a los científicos sólo seis meses para dominar el arte de enviar a alguien a través del
tiempo. Les tomó cerca de diez años para aprender para devolverlos a casa de nuevo. Con el fin de recuperar un viajante, una burbuja temporal en las coordenadas muy
concretas, tanto en el tiempo y en el espacio tenía que ser creado. Todo aquello que estuviese encerrado en esa burbuja se sacudía a través del tiempo de vuelta a donde
pertenecía. Preferiblemente, un técnico de la agencia haría esto. Pero en caso de circunstancias atenuantes, cada viajante se le dio una baliza de emergencia que lo guiara a
casa nuevamente. Los errores ocurrieron con mayor frecuencia en las recuperaciones de emergencia, pero era mejor que ser abandonado. La gran mayoría de las consultas
tuvieron éxito, independientemente del método; pero siempre había un riesgo. A veces tienes un cuerpo de nuevo, pero sobre todo, la gente simplemente se perdió. La
Agencia no podía estar seguro de si esas alma vivieron sus vidas felizmente en un tiempo que no les pertenecía, o si se había desintegrado con la fuerza de la
recuperación. En cualquier caso, el Vaticano ordenó que todos ellos recibirán un Requiem. Dado que ninguna persona perdida que hubiera resurgido, esto parecía una
precaución razonable para la preservación de sus alma eternas.
Etienne miró a su mujer, Isabel, sentada del otro lado del pasillo junto a Esperanza Macías. Los dos sólo habían sido amigos durante un año o algo así, ya que
Isabel pasaba a sus “mejores amigos” muy rápidamente. Esperanza era más agradable que algunos de sus predecesores, y él sintió pena por ella ya que había perdido a
su marido.
El miró a su bella esposa. Su velo ocultaba la gloria de su pelo, pero no la belleza de su refinado rostro, su largo cuello grácil, o ese delicioso cuerpo suave que llegó
a tocar raramente. Se sentó con los tobillos cruzados, acariciando la mano de Esperanza y mirando hacia abajo con tristeza.
Ella parecía sentir su mirada, y volteo para mirar hacia atrás donde se encontraba el. Se estudiaron mutuamente por un momento; le dolía de deseo, aunque pudo
notar que su expresión de desprecio apenas era disimulado, como si su sola presencia echara perder su experiencia de duelo. Él ya había estado recibiendo esa mirada
con más frecuencia últimamente. Ella solía reservarse esas miradas cuando se encontraban solos pero ahora ya lo hace públicamente.
Etienne observó cómo la mirada de su esposa pasaba a un lado de él, con ese rostro suave por un momento antes de que ella apresuradamente volviera la mirada
hacia Esperanza. Él se asomó suavemente a sus espaldas, con la esperanza de estar equivocado de que había sido lo que la había asombrado a ella. No, él tenía razón,
Guillermo Ramírez, viéndose tan digno en su uniforme de agente. Los agentes solían llevar individualmente uniformes negros muy nítidos. Etienne y sus compañeros los
técnicos fueron relegados una vestimenta que ya se desvanecía su color, el cual sobresalía como un gesto obsceno como en una foto de familia. Ramírez siguió mirando a
Isabel con una mirada triste y con respecto, no como el cretino que en verdad era.
Había llegado el momento para el Sacramento. Todo el mundo en la primera fila de ambos lados del pasillo se levantó y se dirigieron a la parte delantera. Todo el
mundo excepto Etienne. Esto era un ritual al que ya estaban acostumbrados. Todos los domingos, todas las bancas que le rodeaban a él se vaciarían mientras que los
feligreses hacían fila para recibir la Eucaristía. Pero sin embargo él se mantuvo en su lugar, en silencio y tan solo por esos diez minutos que tardo en llenarse nuevamente
los bancos desde el comulgatorio. Entonces él asumió su posición, el cual fue a arrodillarse y cerrar sus ojos, pretendiendo que oraba hasta que cada una de las personas
había regresado a su banca. Él abrió los ojos justo a tiempo para ver a Ramírez caminando hasta la barandilla, haciendo contacto visual con Isabel al pasar.
Era evidente que ella se acostaba con él. Todo el mundo lo sabía. Tan típico de estas personas; se rompen sus propias leyes constantemente y miran para otro
lado, y sin embargo, si algún anglo es sorprendida utilizando algún control para la natalidad, estas iban a la cárcel por un año. Él fantaseaba brevemente sobre el castigo
que Isabel sería sometida si las autoridades recibieran una denuncia anónima en relación con su pequeño procedimiento de hace unos años. Probablemente una multa, en
el mejor de los casos. Claro como era una Jaramillo. Ellos están por encima de los castigos. Son increíbles estas personas.
“In Nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti.” La misa había terminado. Como no había ataúd, sólo el sacerdote y los monaguillos descendieron desde el altar,
hacia el altar del santuario. El celebrante de Macías era el Padre López-Castañeda. Él era el imbécil santurrón que se había casado con Isabel Etienne. El buen padre había
pasado los ocho meses de la consejería pre-matrimonial amenazándolo con irse al infierno si no se convertía a la única Iglesia verdadera. Esa negativa le provocaba ganar
un más el desprecio de los españoles, aun así de haber firmado una declaración legal que garantice que sus niños serían educados en una iglesia católica. Pero ese tema en
particular nunca se abordó; Isabel se había asegurado de eso.
Mientras el sacerdote salió hacia la sacristía, ya que era el momento de la procesión de los dolientes para expresar sus condolencias a Esperanza y al anciano
Macías, el cual había volado en avión desde Agua Dulce ayer por la mañana.
A pesar de que apenas era tolerado, Etienne era todavía un Jaramillo. Mientras que Isabel estaba de pie detrás de Esperanza, era su deber dirigir la procesión. El
caminó lentamente hacia la pobre mujer y tomo suavemente sus manos.
“Por favor acepte mis más sentidas condolencias de parte de la familia Jaramillo.” Él la besó en ambas mejillas y se detuvo a un lado de Isabel. Él había dado su
declaración en francés. Su español tenía un acento muy fuerte, y supuso que su vida en la tierra simplemente se detendría si tenía el descaro de decirlo en inglés. Él ya
había cumplido su papel. Ahora, no había nada más que hacer que hacerse a un lado y dejar que pasaran los españoles de cabello oscuro y que los testigos franceses le
ignoraran. Vio a Ramírez que iba hacia la fila.
Era de esperarse que los dolientes besaran a Doña y a la Señora Macías, sin embargo algunos de ellos besó a Isabel también. Cuando de pronto la mujer enorme que
estaba enfrente de Ramírez se postro enfrente de Esperanza, y en ese momento Etienne se acercó discretamente y tomó la mano de su esposa. Su ceja se crispó, pero a
pesar de esto ella no se apartó. Sus dedos se envolvieron alrededor del enorme anillo de bodas el cual había comprado para ella misma. El que el compró no era lo
suficientemente grande para ella, pero ella les dijo a todos que él lo había comprado para ella. Esta había sido una de las pocas ocasiones en que ella llevaba ese anillo en
lo que iba el año. Ramírez otorgo su consuelo sin mirar a Isabel o a Etienne. Pero ambas lo miraban fijamente.
Pareciera como si la fila fuera interminable. Todos ellos querían darle una muy larga condolencia por la tristeza de Macías, incluso los que no lo conocían. La
familia Macías estaba atada a los Jaramillos, y eso los hizo importantes. El murmullo del consuelo y la confusión de las pisadas continuaron hasta el último duelo lo
cuales salieron hacia la arcada, y finalmente todos ellos ya se habían ido.
Esperanza y su suegra tuvieron un momento para tomar un respiro antes de que se les llevara a la casa de Don Jaramillo, donde se encontraba alojado el velorio.
Morbid pensó que así debió haber sido, el velorio tuvo que ser anticipado como un evento social de la temporada.
“Etienne, ¿ya conoces a Doña Macías?” Isabel precipito elegantemente su mano en dirección hacia su madre en luto y encorvada. Ella tendía a sobresaltar sus
gestos cuando no fingía estar avergonzada por él. Él le seguía el juego por supuesto.
“No, no he tenido el placer.” Se acercó a Doña Macías lentamente, como si llegara a tenerle miedo por dichos movimientos. Ella aún estaba de pie para la
procesión, por lo que la condujo a una de las bancas, sosteniendo una luz sobre su codo mientras cautelosamente se sentaba en el respaldo del banco.
“Su hijo habló muy bien de usted y su difunto esposo,” dijo en voz baja.
A pesar de su estado tan frágil, logro sonreírle al desconocido rubio. “¿Trabaja usted para la Agencia Sr. Danforth?”
“Si Madame. Me encargo de programar el equipo de destinos”.
Se desmoronó un poco la matriarca y pregunto. “¿Estuvo allí cuando perdieron a mi hijo?”
“¡Oh no!, Doña Macías,” Isabel intervino. “Etienne es un técnico de transmisión. Los técnicos de recuperación requieren de mucha más formación. Dicho trabajo es
sumamente difícil”.
Etienne sonrió y asentó con la cabeza y le agradeció silenciosamente a su esposa por recordarle a todas las personas como fuese posible de su solicitud rechazada
al programa de postgrado de Coronado. El ambiente de la Catedral he en piedra se quedó en silencio por un momento.
Observó a Esperanza con la mirada hacia bajo mirando su guante, evitando escrupulosamente el contacto visual. Ella debe saber, tal vez mejor que nadie, en qué
estado estaba su matrimonio, a pesar de todo esto ella normalmente no se involucraba en la amargura. Ella nunca fue cruel o sarcástica con Etienne (uno de los pocos que
no lo era), pero ella era amiga de Isabel, no de él. El no esperaba que Esperanza se inclinara hacia él y le tomara de las manos mirándolo con ojos llorosos.
“El matrimonio es una bendición. Estoy tan feliz de que ustedes dos todavía se tienen el uno al otro. “Ella miró a su mejor amiga, con la esperanza de que Isabel le
escucharía. “Nunca subestime a su amigo y compañero. Nunca se sabe lo que puede llegar a pasar en el futuro. “Los sollozos ahogaron su voz y ella dejo que las manos
de Etienne cubrieran su rostro.
Isabel tomo a Esperanza y le acarició los cabellos que salían de su velo. Mientras ella le miraba desde el hombro de Esperanza, Etienne pudo ver claramente que
Isabel envidiaba a su amiga.
***
Sin duda alguna no era un largo viaje a la casa de su padre, pero la posición resentida de Etienne hizo que Isabel deseara haberse ido con Esperanza en su lugar. Su
marido se encontraba conduciendo más lento de lo normal y otros conductores simplemente lo pasaban, algunos de ellos revolucionando ferozmente sus motores en lo
que lo hacían. El océano resplandeciente a un costado de la autopista y los condominios de estilo morisco, y por el otro lado se proporciónaba una de los más bellos
paisajes en el norte de Miami, y el paso lento que llevaba habría sido apropiado para una pareja feliz que estuviese en un día de turismo. Ambos mirando de frente en
un silencio sepulcral, los nudillos de Etienne se hacían blancos al sostener el volante, nadie podría confundirlos por una pareja feliz.
Por suerte, las ventanas estaban oscuras, evitando cualquier mirada inquisitiva de otros conductores o, Dios no lo quiera, de los miembros de la prensa. No sería
bueno para la pareja una foto de Isabel y su marido en las páginas de chismes con alguna leyenda invasiva: ¿Problemas en el Paraíso? ¿Una pareja extraña o un hombre
fuera de lugar? No importa el esfuerzo que hiciese Isabel para demostrar una buena impresión de una esposa obediente y amorosa, de alguna manera los paparazzi
estaban siempre a la vanguardia para tomar la foto perfecta y que la verdad brille a través de sus ojos. Las peores de las fotos con la verdad ya se habían publicado hace
tres días. Bueno, la imagen en sí no era algo tan terrible; Isabel y Etienne habían estado esperando la ceremonia del corte de listón de inauguración para el nuevo centro
de cuidado de los niños. Aburrida y con los pies adoloridos por el uso de tacones, el rostro de Isabel tenía un aspecto de disgusto, y el ángulo de la cámara hacía que se
viese como si estuviera mirando directamente a Etienne. Lo que hizo la foto tan horrible era que algún emprendedor y cómico dibujante colocara una burbuja con un
pensamiento sobre la cabeza de Isabel que dijera, “Te Odio”.
A Etienne no le había importado cuando Isabel llamo al editor de la revista, para recibir garantías de que ni el paparazzi ni el “dibujante” estarían trabajando para la
revista nunca más. Tampoco le creyó a su explicación que sus pies estaban adoloridas y que tenía un descontento con el calor del día. Él había permanecido en silencio
durante días, la presión de su ira fue llenando la casa como el helio. Esa fue su manera silenciosa, la opresión y enojado. Así que fue una sorpresa para Isabel cuando él
rompió el silencio en el coche para hablar.
Sin voltear su cabeza él le grito: “Quiero que dejes de voltear a verlo”
Allí estaba, afuera en la puerta. Lo dijo tan de repente, no estaba del todo seguro de que había querido decirlo en voz alta. El tema de Guillermo nunca se había
hablado tan directamente. Había pasado casi un año desde que empezó a salir con él, cerca de tres meses de que Etienne estaba consciente de ello, pero hasta ese
momento, siempre decía las mis frases durante el desayuno. ¿Llegaste tarde por la noche ayer verdad? O su frase favorita: ¿Qué tal la noche de niñas? Pero ahora parecía
que la presencia de Guillermo en el funeral había provocado algo.
Ella había planeado discutir lo que deparaba su futuro después del viaje de mañana. Pero como siempre el arruinaba sus planes.
“¿Me estás escuchando Izzy? Esto tiene que parar. La gente está hablando y tu padre no puede protegerte de las autoridades por siempre. Si ellos consiguen
obtener evidencias, no tengo nada que decir”
Ella lo interrumpió antes de que pensara en amenazarla de alguna manera. “Mi padre es dueño de las autoridades, pequeño imbécil. Hare lo que me plazca. “El tono
de su voz fue tan frio como el hielo y tan frígida que una de sus manos dejo caer desde el volante.
Ella hizo un gesto de disgusto en la señal de salida. “Deténgase.” Él obedeció.
Él tomó la salida más cercana de la autopista de peaje de Miami y se estacionó cerca de un mirador sobre el océano. Una pareja de ancianos se tomaron desde el
mirador, le daban la espalda a Isabel mientras admiraban las olas y disfrutaban de la cálida brisa. Lo bueno que estaban allí en caso de que Etienne reaccionaron con más
fuerza de lo esperado en lo que tenía que decirle. Isabel esperó un momento para que el motor se apagara antes de hablar de nuevo. Ella quería asegurarse de escuchar
cada palabra.
“Anulare nuestro matrimonio. Un año después de que se finalice, Guillermo y yo estaremos casados. Se le otorgara dos años por despido de la Agencia y una
selección de puestos de trabajo en cualquier empresa de propiedad de Jaramillo-Díaz. Usted podría ir a Boston, si es que gusta volver a su tierra natal. Si usted disputa
la anulación, me aseguraré de que usted no consigue nada. “Ella movió sus ojos en dirección hacia él sin siquiera voltear la cabeza.
Él la miró como su pelo estuviera en llamas. Debía saber que esto sucedería. Y ¿por qué debería protestar? El odia estar aquí. No tenía buenos amigos y se quejaba
constantemente de las quemaduras por el sol. ¿Por qué habría de verse enojado? ¿Por qué los anglos se tornan rojos cuando están frustrados?
“Si es que piensas,” escupió entre dientes, “que voy a dejar que ese inútil te aleje de mi”
“Tú no eres mi dueño, Etienne! ¡Te tengo a ti, aferrándote a mí como una mala racha! Ya hable con el padre López-Castañeda”.
“¿Y qué es lo que le has dicho? ¿Alguna ridícula historia? ¿Qué te vencí? ¡Usted nunca será capaz de demostrar que he sido infiel! ¿Qué argumento razonable
podrías darle al Vaticano?”
Ahora ella volteo a mirarlo. Esto no le iba a agradar a él y ella quería asegurarse de ver el efecto de su berrinche. “Les dije que te negaste a tener hijos. Rechazaste el
contacto sexual sin inyectarte una profiláctica obtenida de parte de los amigos convictos de tu padre en Virginia.” Ni siquiera había terminado de decir su última palabra
antes de que empezara a golpear el tablero. Era tan predecible.
“¡Maldita mentirosa! Le diré al arzobispo que tienes implantes de trompas. ¡Los registros no mienten! ¡Podrían realizarte un escaneo en tu cuerpo! ¡Yo pedí tener
hijos, se lo rogué! ¡Y luego te hiciste esa cirugía a mis espaldas mientras les contabas a tus amigas las prostitutas que era impotente! ¿Cómo crees que…”
“¿Cuales registros, imbécil? Podrías buscar todos los archivos en todos los hospitales de la Florida y no encontraras ninguna evidencia de que yo me haya hecho
alguna cirugía. ¡Es ilegal! ¿Por qué el médico habría de guardar los registros? Y nadie se atrevería a someterme a un escaneo de mi cuerpo.”
Se quitó el cinturón de seguridad y se fue sobre ella. La combinación claustrofóbicos de su aliento apartándole el pelo de la cara y los rayos del sol pegándole través
de la ventana y el cual aceleró los latidos de su corazón.
“Le diré a tu padre.”
Ella relució los dientes con una salvaje casi-sonrisa y se sentó así quedaba más cerca de él. “¿Quién crees que encontró a un médico para hacerme los implantes en
primer lugar? ¿Quién tiene mi aplicación para anulación ante el arzobispo en un día? ¿Acaso crees que él quería yo llevara tu pobre descendencia? “Ella retrocedió y
cruzó sus brazos. “Mi padre es la agencia, y la mitad del Senado le debe su carrera debido a su aprobación. Él es el dueño de este país, y yo soy su hija. ¿A quién le iba
a creer a mí, Blancito?”
Todo el cuerpo de Etienne vibró con tanta furia. Incluso a través de su ira, tenía que ver que no había una buena manera de salir de esto. Ya sea que el dejase el
matrimonio con dinero, un trabajo, y con libertad para volver a casarse, o podría irse sin nada. Ella simplemente se limitó a mirarlo, con sus cejas levantadas a lo más
alto, desconcertados por qué estaba haciendo esto tan difícil.
Retrocedió en su propio asiento. “¡Fuera de mi coche!”
Normalmente, principalmente se habría negado. Pero, razonó, que necesitaba tiempo para procesar esto. Ella agarró su bolso y su velo y salió del coche y salió a
un arcén de arena. El instantáneamente encendió su motor, y antes de que tomara su teléfono de su bolso, el coche ya había acelerado en dirección a su casa. Ella todavía
era esperada en casa de su padre, y dudaba que alguien cuestionara la ausencia de Etienne. Sería bueno llamar a Guillermo para que viniera a recogerla, pero el llegar con
él sería imperdonable, y en ese momento los necesitaba de su lado. El pedirle a su papa para que fuera por

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