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Libro PDF Encuentro Inesperado – Susett F. Onarres

Encuentro Inesperado - Susett F. Onarres

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de
las flores que adornan los contornos del
terreno, y todo tiene un aspecto
fantástico. En el centro está el parque
privado en el que pasábamos nuestros
veranos jugando, y un poco a la derecha
está la casita del árbol donde hacíamos
nuestras pijamadas.
Inhalo, y me preparo para enfrentarme a
ella.
Diane es un poco parecida a mí
físicamente, casi de la misma estatura,
los mismos ojos cafés oscuros, la piel
de un moreno claro, e incluso teníamos
el cabello negro, pero a mí me ha dado
por teñírmelo en los últimos años, así
que ahora es un poco más claro que el
suyo.
Miro a mi alrededor para tomar el valor
necesario, antes de centrarme en mi
mejor amiga, que aún no se ha dado
cuenta de mi presencia.
Diane Landcaster tiene una gran vida
por delante, puedo notarlo a kilómetros,
aun no sé cómo nos hicimos amigas. Al
contrario que ella, yo vivo en una zona
de clase trabajadora, y mi casa no es ni
la mitad de grande que su jardín; aún
recuerdo cuando la miré por primera vez
en la escuela elemental.
Desde el primer momento supimos que
íbamos a llevarnos bien, nos gustaban
las mismas cosas… bueno, la gran
mayoría, y discutíamos un montón por
cosas sin sentido, aun lo hacemos, pero
no puedo imaginarme una vida sin ella,
es parte de mi familia.
Se gira al escuchar mis pasos, y le
sonrío mientras me encojo de hombros.
– ¿Qué pasa?- pregunta, enarca una ceja,
y hace que la cadena del columpio se
enrede para poder quedar frente a mí,
escucho como el metal se golpea entre
sí.
–Nada- digo sin dejar de sonreír.
–Suéltalo ya- dice entrecerrando los
ojos –Te conozco desde los seis años,
se cuándo estas tramando algo.
Eso es otro detalle, Diane y yo nos
conocemos desde hace dieciséis años,
ahora estamos a punto de graduarnos de
la universidad, y esto hace que me sienta
un poco vieja.
Le muestro lo que escondo en mi
bolsillo. Ella lo inspecciona, y se tapa
la boca; está absolutamente sorprendida.
–Al fin lo he conseguido- digo al
entregárselo, ella se pone de pie y
comienza a saltar.
– ¡Esto es increíble!- dice, sin poder
controlar su emoción.
–Lo sé, y lo mejor es que…- hago ruido
de redoble de tambores, ella me mira
con desesperación, quiero hacerla sufrir
un poco –Los vuelos salen justo el día
después del baile de graduados.
– ¡¿No?!- dice, muy bien, acabo de
lograr que a Diane le dé un ataque de
histeria, una histeria de felicidad.
–Sí.
Ella no puede dejar de sonreír, se
acerca a mí dando saltitos, la señora
Landcaster aparece en la puerta, es muy
parecida a Diane, excepto por que los
rasgos de su hija son más delicados.
–Chicas, ya está la cena, ¿te quedaras a
cenar cierto?- pregunta la madre de
Diane, desde el umbral de la entrada.
–Claro, Sophie- respondo, sonriendo,
agradeciendo su infinita amabilidad.
Diane me toma de la mano, y tira de mí
dentro de la mansión.
Su casa es preciosa, pero ya he pasado
tanto tiempo aquí que ya no me
impresiona; recuerdo que el primer día
que entré estaba tan nerviosa por
conocer a sus padres que casi rompí un
jarrón exageradamente costoso, por
fortuna pude controlarme y todo salió
bien.
–Estoy tan orgullosa de ti- dice Sophie
acariciando mi cabello, ahora teñido de
un castaño casi tan oscuro como el de su
hija –Se que has trabajado mucho.
–Mamá, yo también he trabajado
bastante- dice Diane, poniendo los ojos
en blanco, aunque esto es mentira, Diane
no ha tenido trabajo en toda su vida.
–Didi- dice Sophia cruzándose de
brazos, por un momento pienso que le
hará reconocer su mentira, pero solo le
quita importancia –Quita los codos de la
mesa.
Sophia desparece en la cocina.
–No puedo creer que al fin lo tengasdice
apenas en un murmullo –Esto
significa mucho Sarah, al fin podremos
compartirlo.
La abrazo, y ambas nos ponemos
sentimentales por unos momentos.
Ambas miramos fijamente el boleto, es
cierto que es algo enorme para nosotras.
– ¿Recuerdas cuando éramos niñas y nos
sentábamos con esa libreta a hacer
planes?- pregunta Diane, y yo asiento –
¿Y cómo fuimos cumpliendo cada uno
de ellos excepto este?
Señala el boleto que tengo en la mano, y
digo en medio de un suspiro:
–Paris.
Capítulo 2
Permito que los rayos cálidos del sol y
el viento acaricien mi rostro; es una
sensación suave, logra llenarme de paz,
cierro los ojos, me concentro en los
latidos de mi corazón, e imagino que ya
estamos en Paris.
Solo faltan algunas horas, y ya casi
siento el suelo parisino bajo mis pies.
–Sarah, Sarah- me llama Diane, y toda
la magia a mi alrededor se desvanece
lentamente, la miro, y ella sonríe –Es el
turno de nuestro grupo.
Me ajusto el birrete, el nerviosismo
entra en mi cuerpo de golpe haciéndome
perder el aliento. Siento que mis
rodillas tiemblan, y sé que mi sonrisa es
forzada.
–Respira, respira- me dice Diane, tan
tranquila como siempre –Todo va a salir
bien, solo sonríe cuando digan tu
nombre, le das la mano al director, y al
resto de los maestros, tomas tu diploma
y vuelves a la formación.
Asiento, no puedo hablar. Estamos
detrás del escenario esperando a que
nos indiquen que subamos al estrado,
que está decorado con los colores de la
universidad, azul y guinda.
Observo por detrás de la pared el
tumulto reunido en la plaza central del
campus, y siento que el ritmo de mi
corazón se acelera aún más.
Diane tira de mi antebrazo y hace que la
mire.
–Sarah, tranquila- dice, mirándome
fijamente a los ojos –Solo piensa que
después de esto estaremos en Paris.
Es increíble el poder que Diane tiene
sobre mí; su voz es tan dulce, pero tiene
tanta determinación que provoca que me
tranquilice un poco. Además, pensar en
Paris me transporta a mi propio mundo
de fantasía.
Diane logra arrastrarme al escenario,
nos acomodamos por orden alfabético
de acuerdo a nuestros apellidos, así que
soy la primera en la fila, puedo sentir a
Diane mirándome desde atrás.
El que sea la primera en ser llamada al
frente no me hace sentir cómoda, y solo
hace que mis labios comiencen a
temblar, de tal modo que cuando llego
junto al director de la universidad tengo
mi mejor sonrisa de payaso asesino.
Me aprieta la mano, y dice en voz baja
que lo estoy haciendo bien. Si a hacerlo
bien se le llama a tropezarte con tus
propios pies mientras caminas frente a
las cámaras de los presentes, y la vista
critica de la mesa de invitados de honor
entonces sí que lo estoy haciendo
perfecto.
Bien, ahora estoy oficialmente graduada,
soy una licenciada en relaciones
públicas… increíble, me siento bastante
feliz. No me gradué con honores, pero lo
hice, y estoy bastante orgullosa por ello.
Regreso a mi lugar, y espero en silencio
a que todos tomen su diploma. Y
entonces llaman a Diane, ella siempre ha
sido lo contrario a mí, parece segura y
enérgica cuando es su turno; literalmente
ilumina y se roba los corazones de la
multitud, no por nada es la mejor del
grupo, graduada con honores, y elegida
para el discurso de graduados, el cual ha
escrito ella sola.
Diane se acerca al micrófono al finalizar
el último pase de lista. En estos
momentos no sé si llorar, o reír
histéricamente, así que me muerdo los
labios.
–Queridos maestros, padres, y amigos
presentes- dice Diane, sonriendo –De
verdad que escribí un discurso- sacude
los papeles que tiene en sus manos –
Pero creo que no hay nada mejor que
hablar de corazón, y es por eso que
quiero felicitar a mis compañeros por
llegar hasta aquí, a nuestros padres por
ser nuestra roca y empujarnos hacia el
éxito, y a nuestros profesores por…
todo, por compartir sus experiencias,
conocimientos, por brindarnos su
sabiduría, su amistad, y ser esas
personas que nos hicieron ver que había
mucho más potencial dentro de nosotros
del que creíamos.
Se separa del micrófono, no deja de ver
al frente ni un segundo. Parece la misma
Diane fuerte de siempre, pero la
conozco, y sé que está a punto de llorar.
–Gracias, gracias a todos, deben de
estar orgullosos de sus logros, y
extrañaré todo lo que viví con ustedes,
eso no lo duden, gracias por todo.
Se une a nosotros y todos saltamos sobre
ella. Nuestros gritos llenan el ambiente,
y no escucho nada más; en ese momento
solo existimos nosotros, nuestros brazos,
nuestra alegría, y la nostalgia de las
cosas que vivimos en los últimos cuatro
años.
Diane está llorando, la abrazo, y cuando
nos separamos ella limpia las lágrimas
de mi rostro, ni siquiera noté el
momento en que empecé a llorar.
El director rinde otras palabras, pero
soy incapaz de concentrarme en ellas,
siento como si mi mente se separara de
mi cuerpo, y vuelvo a vivir todo lo que
he pasado en la universidad.
La primera vez que entramos en el
edificio de la facultad, la primera
clase… y la última; grandioso ahora no
puedo parar de llorar, pero estoy feliz, y
como dijo Diane, estoy orgullosa de
haber llegado hasta aquí.
–Apenas comienza lo interesante- dice
Diane apretando mi mano.
Todos se quitan los birretes, y en un
animado grito los lanzan al aire. Miro
como flotan durante unos segundos en el
cielo, son como una lluvia con muchos
significados, pero el más importante es
el que digo mirando a
Diane:
–El final y el comienzo

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