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Expediente 19/02 – Fran J. Marber

Expediente 19/02 – Fran J. Marber

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Resumen y Sinopsis De 

Expediente 19/02 – Fran J. Marber

Dicho y hecho. No lo pensé. Aunque la pasta cuesta mucho sacrificio ganarla hay que saber también gastársela cuando toca, y había llegado el momento de hacerlo.
Cogí el coche, me dirigí al centro de la ciudad para buscar la joyería Lenoroc donde había visto el reloj y lo compré. Me da hasta vergüenza admitirlo, pero me sentí
como un niño con una Play Station nueva. Y eso que no se trataba de un reloj caro ni nada parecido, salvo que pertenecía a una serie limitada de la marca Time Force que
llevaba inscrito en su parte posterior un código personal que te permitía acceder a una determinada página web en Internet. Estaba tan flipado con él que ni siquiera dejé
que el joyero, un anciano de aspecto anémico y manos temblorosas, lo guardara en su estuche. El hombre, extrañado por mi entusiasmo, arqueó sus pobladas cejas
canosas mientras miraba como lo colocaba en mi muñeca y me marchaba con él puesto.
Sus agujas marcaban las diez y cuarto y no podía entretenerme en saborear mi nueva adquisición si quería llegar puntual a la presentación del documental, por lo que
me dirigí apresurado al lugar donde dejé aparcado el coche.
Aparentemente, el día reunía las condiciones idóneas para que resultase una de esas fechas inolvidables: reloj nuevo, traje impecable y una fiesta por todo lo alto para
celebrar la conclusión de un trabajo bien hecho. Sabíamos que el documental podía convertirse en un auténtico bombazo a nivel mundial porque se habían interesado por
él varias productoras de otros países. Es evidente que las televisiones se comportan como los buitres del siglo XXI y, en cuanto huelen algo podrido que pueda generar
polémica, acuden volando a por la carnaza. Y nuestro documental podía levantar ampollas en el seno de la mismísima ciudad santa; estábamos seguros de que en
Vaticano se echarían las manos a la cabeza en cuanto supiesen los detalles de su contenido.
Eufórico, subí al coche sintiéndome esa mañana el arqueólogo más afortunado del mundo por haber formado parte de ese proyecto; pero, no sé por qué extraña razón,
no arrancó. Aunque probé varias veces, el motor no quiso ponerse en marcha.
«¡Mierda! ¿Qué hago ahora?», pensé en voz alta. Probablemente se había quedado sin batería. Nunca me había ocurrido, pero alguna vez tenía que ser la primera; lo
había dejado tanto tiempo encerrado en la cochera sin sacarlo… Así que, si quería llegar a tiempo a la presentación, la única opción que me quedaba era llamar a Steven,
un colega que trabajaba conmigo en la productora como ayudante de cámara, para que pasase a por mí. Con un poco de suerte, aún no habría salido de casa.
–¡Dime, Richard! –contestó rápidamente al ver mi número reflejado en la pantalla de su móvil–. ¿Qué pasa?
–Nada grave, no te preocupes. El coche me ha dejado tirado y he pensado que a lo mejor podrías pasar a por mí.
–¿Dónde estás?
–En el centro, junto al parque de la avenida Presintown –le indiqué. Era un lugar muy céntrico que todo el mundo conocía.
–¡Vale! No te muevas que en cinco minutos estoy allí.
Cinco minutos, dijo. Pero, a veces, ese breve espacio de tiempo puede suponer una eternidad para el que espera.
Como el coche estaba correctamente aparcado, lo cerré y me senté a esperar en uno de los bancos de un pequeño parque que había justo enfrente. La verdad es que
aquel lugar era precioso. Nunca antes me había parado a contemplar sus frondosos árboles o a saborear la apacible tranquilidad que se respiraba rodeado de tanta
vegetación. A menudo, el estrés cotidiano y las prisas de esta ajetreada vida de locos que llevamos no te dejan disfrutar de estos contados lugares que hay diseminados
en toda gran ciudad. Era genial porque resultaba como un gran pulmón de oxígeno en medio de un grisáceo paisaje urbano de continuos edificios, un lugar donde los
pájaros se retaban en interminables trinos mientras la gente solía pasear con niños o hacía un poco de deporte en su tiempo libre. Niños y tiempo libre. ¡Qué bien
sonaba, joder! Aunque eran palabras a las que yo, desafortunadamente, no estaba acostumbrado. Ahora, sabiendo lo que sé, puedo asegurar que me pesa más que nunca
no haber valorado lo que tenía en casa. ¡Fui un gilipollas!
Y mientras trataba de saborear aquel idílico descubrimiento, un repentino ejército de nubes negras empañó el cielo. Fue un tanto extraño porque hacía un día soleado y
estaba completamente despejado, pero, en apenas unos segundos, se nubló el firmamento; solo faltó que se hubiese puesto a llover para estropear mi flamante traje
nuevo. Menudo marrón hubiera sido presentarse completamente empapado al evento más importante de mi carrera profesional. En fin, supongo que los nervios se
estaban apoderando de mí y la impaciencia por que llegara pronto Steven me regalaba esas pequeñas dosis de ansiedad que se reflejaban en un continuo y desesperante
impulso de mirar la hora…
10:25 a. m.
Esa era la hora exacta que marcaba mi flamante reloj. No obstante, durante la espera y para hacer tiempo, decidí

Pages : 59

Tamaño de kindle ebook : 1,16  MB

Autor De La  novela : Fran J. Marber

kindle  Comprimido: no

kindle Format : True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

Expediente 19/02 – Fran J. Marber

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