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Libro PDF Historia National Geographic Abril 2016

Historia National Geographic – Abril 2016

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Tres Boscos menos para
el Museo del Prado
Especialistas holandeses han retirado la autoría de tres de las
obras del genial pintor flamenco que se conservan en Madrid
PINTURA FLAMENCA
ALBUM
HIERONYMUS BOSCH,
más conocido como
El Bosco (arriba, en un
retrato que lo muestra a
edad avanzada), nació
en ‘s-Hertogenbosch
(Bolduque) hacia 1450.
Su particular estilo
desarrolla lo grotesco
y lo onírico. El artista
no fechó ninguno de
sus cuadros y sólo
firmó algunos, lo que
contribuye a aumentar
la polémica sobre la
autoría de sus obras.
ORONOZ / ALBUM
LA EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA
DE LA LOCURA. MUSEO DEL
PRADO, MADRID.
LAS TENTACIONES DE SAN
ANTONIO ABAD. MUSEO DEL
PRADO, MADRID.
ERICH LESSING / ALBUM
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Otra visión
del cuerpo
humano
1661
Malpighi muestra
la conexión entre
venas y arterias
gracias a Harvey y al
uso del microscopio.
1657
Muere William Harvey;
15 años después la
circulación sanguínea
se enseña en la
academia de Luis XIV.
1628
Se publica la obra de
Harvey en la que aporta
nuevas teorías acerca
del funcionamiento de la
circulación de la sangre.
1578
William Harvey nace
en Folkestone. Su gran
capacidad le permite
formarse en los mejores
colegios y universidades.
1543
Andrés Vesalio ofrece una
nueva visión de la anatomía
en De humani corporis
fabrica, que rompe con las
antiguas ideas de Galeno.
P E R S O N A J E S I N G U L A R
Harvey, el descubridor de
la circulación de la sangre
En el siglo XVII, el médico inglés comprobó el funcionamiento de la circulación de la sangre en
el cuerpo humano, rompiendo con las teorías establecidas en Occidente desde el siglo II d.C.
PORTADA DE MOTU CORDIS ET SANGUINIS, QUE HARVEY PUBLICÓ EN 1628.
Harvey probó la doble circulación
sanguínea a través de venas y
arterias, cuyo motor era el corazón
En 1628, el médico y anatomista
inglés William Harvey
publicó en Fráncfort Un
ejercicio anatómico sobre el
movimiento del corazón y de
la sangre en los animales. Este libro de
poco más de 70 páginas con cuatro
ilustraciones, en el que exponía su
demostración de la circulación de la
sangre en el cuerpo humano, ponía fin
a doctrinas erróneas seguidas en las
escuelas médicas desde la Antigüedad.
Como en tantos otros campos del
conocimiento, la ciencia oriental se
había adelantado a la europea sobre
esta cuestión siglos atrás. En uno de
los principales manuales de medicina
china, escrito 2.600 años antes de
nuestra era, se afirmaba que «toda la
sangre del organismo está dirigida por
el corazón, recorre un círculo y no se
para jamás». Del mismo modo, en el
siglo XIII, el médico árabe Ibn an-Nafis
también describió la denominada
«pequeña circulación». En Occidente,
los dogmas clásicos de Galeno, médico
griego del siglo II d.C., sólo fueron
cuestionados por Miguel Servet (1511-
1553), quien afirmó
que la sangre
venosa llegaba a
los pulmones,
donde era depurada y devuelta al corazón.
Pese a todo, este filósofo y médico
de origen español no precisó las
vías de esta circulación por un excesivo
temor ante la tradición galénica que
imperaba en Europa.
Las ideas de Galeno
Las tesis de Galeno se habían seguido
durante siglos. Éstas consideraban que
los alimentos absorbidos en el estómago
y los intestinos eran procesados
por el hígado, que fabricaba la sangre,
la «sustancia oscura» que engendraba
todos los tejidos y los nutría, asegurando
su crecimiento.
El principio de retorno sanguíneo no
existía. Se consideraba que las venas
llevaban sangre, pero las arterias estaban
vacías (de ahí su nombre, procedente
del griego artería, «que conduce
el aire»). Para hacer frente al consumo
permanente de sangre, su producción
debía ser constante. Sin embargo, un
exceso de sangre alteraba todo el equilibrio
del metabolismo y obligaba a
realizar sangrías para restablecerlo.
Frente a esa tradición milenaria, que
no guardaba ninguna relación con la
experiencia, anatomistas como Andrés
Vesalio (1514-1564) comenzaron
a demostrar un funcionamiento más
AGE FOTOSTOCK
complejo de los diferentes órganos
que hacían del cuerpo humano una
auténtica «fábrica».
El escepticismo y las técnicas del
médico belga influyeron mucho en
William Harvey, nacido en Folkstone,
Inglaterra. Sus extraordinarias aptitudes
le permitieron estudiar en los
prestigiosos colegios de Cambridge
y luego completar su formación en la
universidad de Padua, donde se doctoró
en 1602. A su regreso a Inglaterra,
se dedicó a la enseñanza universitaria,
impartiendo sesiones teóricas semanales
y practicando seis anatomías
cada año sobre cuerpos de criminales
ejecutados. Afectado de varias dolencias,
intentó suicidarse con láudano
(jarabe de opio) en 1651, pero murió seis
años después, víctima de una apoplejía.
Del corazón a los órganos
Las contribuciones de Harvey fueron
esenciales en el avance del conocimiento
médico. Sólo aceptó como
indudables aquellas conclusiones basadas
en experimentos repetidos, de
acuerdo con unas directrices críticas
y objetivas que hizo constar en el prólogo
de su obra. Por ello, el anatomista
inglés realizó numerosas disecciones
de seres humanos y de hasta cuarenta
especies de animales. Harvey probó
que existía una doble circulación sanguínea
en el cuerpo humano a través de
venas y arterias: por las venas circula
la sangre que llega al corazón desde los
órganos, y por las arterias, la que se
distribuye al cuerpo. Situó el motor de
esta circulación en el corazón y no en
el hígado. Y demostró que la sangre no
se renovaba sin cesar, sino que era un
elemento constante, en movimiento
permanente. Ante las tesis de base
galénica, que planteaban la continua
LA FAMA DE HARVEY lo convirtió
en médico real entre 1618 y
1649. Veló por la salud de Jacobo
I durante la grave enfermedad
del monarca en 1625, y fue
en el entorno cortesano donde
tomó contacto con la cuestión
de la brujería. El rey lo nombró
experto en varios juicios, y Harvey
salvó la vida de muchas mujeres
acusadas injustamente de
hechicería que, sin su intervención,
no hubieran escapado de
la muerte. En una ocasión, reveló
el fraude sobre un presunto
demonio encarnado en un sapo:
lo abrió con un escalpelo que
siempre llevaba en su bolsillo y
comprobó que era un batracio
de lo más ordinario.
MÉDICO REAL
Y CAZADOR
DE BRUJAS
WILLIAM HARVEY REALIZA UN EXPERIMENTO ANTE
EL REY CARLOS I DE INGLATERRA PARA DEMOSTRAR
SU TEORÍA SOBRE LA CIRCULACIÓN DE LA SANGRE.
RUE DES ARCHIVES / ALBUM
P E R S O N A J E S I N G U L A R
BANQUETING HOUSE. Este edifcio
es todo lo que resta del palacio de
Whitehall, donde residieron Jacobo I y
Carlos I, a los que sirvió William Harvey.
fabricación de sangre por el organismo,
Harvey se apoyó en sus observaciones.
Calculó que el volumen bombeado por
hora por el corazón (en torno a unos
270 litros) suponía tres veces el peso
de un hombre normal. Fabricar tanta
sangre en tan poco tiempo era a todas
luces imposible. A partir de esta constatación,
planteó que lo razonable era
pensar en la circulación continua de
un volumen menor de sangre. El latido
del corazón permitía ese paso de sangre
primero a las arterias y luego su retorno
a través de las venas al corazón.
Hizo observaciones mediante flebotomías
o sangrado de venas, palpitaciones
de aneurismas arteriales
(dilataciones anormales de estos conductos)
y el pulso de sienes, cuello y
muñecas. La circulación le permitió
explicar por qué los venenos o las infecciones
en un lugar determinado del
cuerpo afectaban a todo el organismo,
del mismo modo que las picaduras de
serpientes o las mordeduras de animales
rabiosos. Aun así, dejó abiertas
otras cuestiones como la función del
hígado, cuál era el papel de la respiración
en el organismo o cómo se nutrían
los órganos del cuerpo humano, puesto
que la sangre no era consumida.
Además, los descubrimientos de
Harvey quedaron incompletos porque
nunca pudo demostrar la conexión
entre venas y arterias. Por las primeras
corría la sangre «galénica» de color
muy oscuro, sin oxígeno. Por las segundas,
la sangre oxigenada, de color
escarlata tras su paso por los pulmones.
Hubo que esperar que pasaran cuatro
años tras la muerte del médico inglés
para que Marcello Malpighi (1628- AKG /
ALBUM
ESTUDIOS EN ANIMALES
HARVEY DESANGRA UN ANIMAL ANTE CARLOS I. GRABADO. SIGLO XIX.
EN 1628, Harvey publicó su obra Un ejercicio
anatómico sobre el movimiento del corazón
y la sangre en los animales. En ella relata sus
experimentos viviseccionando animales de
diversas especies y describe con detalle el
mecanismo del aparato circulatorio animal,
que extrapoló al humano.
GRANGER COLLECTION / AGE FOTOSTOCK
1694) revelara la conexión entre los
sistemas venoso y arterial. Lo logró
gracias al microscopio, con el que descubrió
los capilares sanguíneos, unos
conductos minúsculos.
Afectos y desafectos
Los avances de Harvey tropezaron con
el ambiente tradicional de la época.
Tras publicarse su obra se sucedieron
acusaciones en su contra por parte de
pastores anglicanos y de médicos. Su
consulta privada se resintió y se le acusó
de curanderismo. Las resistencias a
sus descubrimientos tuvieron eco en el
continente e implicaron a destacados
escritores de la época. Aunque Molière
y Boileau fueron partidarios de
las tesis de Harvey, Descartes, que en
un principio aceptó las ideas sobre la
circulación de la sangre, terminó por
rechazar la función motora del corazón.
Carlos I en Inglaterra y Luis XIV
en Francia sí dieron valor académico a
las ideas de Harvey; en 1672, el rey Sol
dispuso que en su museo-academia,
conocido como el Jardín del Rey, el
médico Pierre Dionis enseñara la circulación
de la sangre.
Paradójicamente, Harvey fue poco
innovador en cuanto a la medicina aplicada
y apoyó la práctica de las sangrías,
que la tradición recomendaba para el
tratamiento de inflamaciones, fiebres y
muchas otras afecciones, incluso para
frenar hemorragias. Tras la publicación
de su obra se discutieron los lugares
más adecuados para realizar las incisiones;
lejos de las lesiones o en el lado
opuesto del cuerpo. Harvey también se
mostró poco renovador en las terapias
y ni siquiera se planteó la posibilidad
de realizar transfusiones sanguíneas.
El cirujano británico Richard Lowe
(1631-1691) efectuó las primeras tentativas
en este campo con un éxito
sólo atribuible al azar, pues las realizó
a partir de sangre de perros y corderos.
El conservadurismo que dominaba
el ejercicio de la medicina explica que,
medio siglo después de la muerte de
Harvey, Luis XIV –su gran valedor
académico– aún fuera paciente de
remedios inveterados y acabara sometido
a lo largo de su vida a dos mil
purgas, centenares de enemas y 38
sangrías. Sangrías, purgas y enemas
continuarían agotando biológicamente
a la realeza y aristocracia europeas,
generación tras generación:
los avances de la anatomía y la fisiología
tardarían siglos en traducirse
en resultados más prácticos.
BERNAT HERNÁNDEZ
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE BARCELONA
ENSAYO
El movimiento del corazón
y la sangre: Harvey
Agustín Albarracín. Nivola, 2001.
NOVELA
El diario de Wiliam Harvey.
Una biografía novelada
Jean Hamburguer. F.C.E., 1985.
Para
saber
más
Cómo circula
la sangre
por las venas
HARVEY QUERÍA demostrar que
las venas son vías de retorno de la
sangre al corazón, y que las válvulas
venosas obligan a la sangre
a hacer un recorrido único
hacia ese órgano: «Las válvulas
están hechas para que la sangre
no se mueva sino en una
dirección, hacia el centro del
cuerpo, cuando proviene de
los extremos, ya que tal movimiento
abre fácilmente
las válvulas y el movimiento
contrario las
cierra». Para ello realizó
este experimento.
VISIÓN TRADICIONAL DEL SISTEMA
CIRCULATORIO EN DE ARTE PHISICALI ET
DE CIRURGIA (1412), DE JOHN ARDERNE.
Harvey aplicó un torniquete en el
brazo de un voluntario, que a la vez
apretaba en su mano un objeto,
y esperó a que los vasos sanguíneos
se hincharan debido a la acumulación
del líquido que circula por ellos. Las
pequeñas protuberancias en forma de
glóbulos (B, C, D, E) deberían indicar
la presencia de las válvulas venosas.
Después presionó en un punto
con un dedo para detener el fujo
sanguíneo, impidiendo que la sangre
siguiera su camino al corazón.
Entonces se vació de sangre el tramo
comprendido entre los puntos O y H,
lo que demostraba la existencia
de una válvula en O que impedía el
refujo o retroceso de la sangre.
IZQUIERDA: BRIDGEMAN / ACI; DERECHA: AGE FOTOSTOCK
DIBUJO DEL LIBRO OPERA OMNIA, DE
1766, PRIMERA EDICIÓN DE W. HARVEY.
ubicaba el origen del gran río africano.
Se situó en la zona que griegos y
romanos conocían como Etiopía –al
sur de Egipto–, se especuló sobre la
posibilidad de que estuviera en la zona
de las montañas del Atlas (en el actual
Marruecos) e incluso se planteó un
origen subterráneo del río.
Sin embargo, no fue hasta el reinado
del emperador Nerón (54-68 d.C.)
cuando se organizó la expedición que
más cerca estuvo de descubrir el nacimiento
del Nilo en la Antigüedad.
Esta misión (cuyos datos conocemos a
El lugar donde se hallaban las
fuentes del Nilo y las causas
de sus extrañas crecidas
estacionales fue uno de los
mayores misterios sin resolver
de la Antigüedad. A pesar de que
faraones, emperadores, estudiosos y
aventureros intentaron desentrañar
el enigma de la Caput Nili (la cabecera
del Nilo), que brindaba a Egipto su
exuberante riqueza, su secreto permaneció
indescifrable hasta mediados del
siglo XIX. En el mundo antiguo existieron
diversas teorías sobre dónde se
través de las obras de Séneca, Plinio el
Viejo y Dión Casio) no sólo pretendía
resolver el enigma sobre el nacimiento
del río, sino que también fue muy
útil para realizar un reconocimiento
militar previo del terreno, en vistas
a una posible expansión militar del
Imperio romano hacia el sur de Egipto.
La expedición se llevó a cabo entre
los años 61 y 63 d.C. e inició su recorrido
en la ciudad de Syene, la actual
Asuán, donde embarcó. La misión estaba
compuesta por un destacamento
de soldados pretorianos a las órdenes
Roma en África: en busca
de las fuentes del Nilo
En el siglo I d.C., el emperador Nerón organizó una expedición para encontrar el origen del
río Nilo, pero sus miembros, tras un difícil viaje, se detuvieron a mil kilómetros de su objetivo
de un tribuno militar y de dos centuriones;
estos últimos procedían de la
guarnición romana de Egipto. Partieron
río arriba hacia Hiera Sykaminos
(hoy Maharraqa), el enclave más al sur
dominado por los romanos, emplazado
a unos 120 kilómetros de Syene.
De esta forma se adentraron en
Etiopía, que en aquel entonces estaba
dominada por el reino kushita
de Meroe. El recorrido que siguieron
los expedicionarios, y de cuyas distancias
tomaron nota detallada, les
hizo pasar por Tama,
la región donde,
según Plinio el
Viejo, vivían
los etíopes evonomitas, por Primis
(la actual Qasr Ibrim, a un centenar
de kilómetros al sur de Maharraqa) y
por Acina, Pitara y Terjedo.
Rumbo a lo desconocido
Plinio, que seguramente tuvo acceso
al informe oficial de la expedición,
explica que la zona por la que progresó
la misión remontando el curso
del Nilo estaba deshabitada. Los
exploradores marcharon a través de
un paraje desolado y abandonado, lo
que quizá se debía a la inseguridad que
caracterizaba la frontera entre Egipto
y Etiopía, o bien a la degradación del
propio medio natural.
En su avance, los expedicionarios
observaron especies animales desconocidas
en el mundo mediterráneo,
entre ellas loros y esfingios, estos
últimos seguramente algún tipo de
mono. Plinio también indica que a
partir de Terjedo los exploradores
vieron cinocéfalos, seres que la mitología
tradicional representaba con
cuerpo humano y cabeza de perro,
aunque posiblemente fueran algún
tipo de babuino.
Además de los impedimentos propios
del terreno y las altas temperaturas
de la zona, la misión tuvo que
enfrentarse a los obstáculos naturales
que presentaba el propio río: en el
tramo entre Syene y Meroe existen
seis cataratas, lo que obligó a los expedicionarios
a rodear estos obstáculos
naturales echando pie a tierra
en diversas ocasiones. Tras un duro
y largo trayecto, la expedición alcanzó
Napata. Según Plinio, éste fue el
EL EMPERADOR NERÓN. BUSTO DE MÁRMOL. MUSEOS CAPITOLINOS, ROMA. primer emplazamiento habitado al
Los exploradores vieron
cinocéfalos, seres con cuerpo
humano y cabeza de perro
H E C H O H I S T Ó R I C O
EL VERDADERO ORIGEN DEL RÍO
ESTE MAPA DEL SIGLO XIV, inspirado en las indicaciones de Ptolomeo
–el gran geógrafo griego del siglo II d.C.–, sitúa las fuentes del Nilo Blanco
en los enigmáticos Montes de la Luna, «de los que los lagos del Nilo
reciben las nieves». Pero su origen no se estableció hasta 1862, cuando
el explorador británico John H. Speke situó el nacimiento del Nilo Blanco
en el lago Victoria, tras largos viajes por el interior de la selva africana.
MOSAICO DEL NILO. En el palacio
Barberini, en Palestrina, se conserva
este magnífco mosaico romano
del siglo I a.C. que recrea diversas
escenas de la vida a orillas del río.
CULTURE IMAGES / ALBUM
DEA / ALBUM
DEA / AGE FOTOSTOCK
H E C H O H I S T Ó R I C O
MEROE, TIERRA DE REINAS
LA DIOSA ALADA MUT. SIGLO I A.C. MUSEO EGIPCIO, BERLÍN.
que llegaron los expedicionarios
desde que abandonaron Egipto. Esta
ciudad, que entonces era una pequeña
población, había sido en el pasado la
capital del reino kushita, pero perdió su
poder y riqueza tras la destrucción que
sufrió en el año 591 a.C. a manos del faraón
egipcio Psamético II y el posterior
traslado de la capital más al sur, a Meroe.
Aun así, los exploradores pudieron
observar los palacios, los templos y las
pirámides dispersos por el territorio
cercano a Napata, construcciones que
ofrecían un testimonio palpable de la
pasada pujanza de la región.
Hasta llegar aquí, la misión había
recorrido alrededor de mil kilómetros
desde su punto de partida en Syene.
Los expedicionarios siguieron su
avance río arriba hasta alcanzar Meroe,
la capital del reino kushita. Cerca
de la capital nubia advirtieron que la
vegetación se hacía más abundante,
y pudieron observar algunas zonas
boscosas e incluso huellas de rinocerontes
y elefantes.
¿Hasta dónde llegaron?
Parece que en aquella época los edificios
de la ciudad de Meroe eran escasos.
En aquel momento gobernaba
el reino kushita la kandace o reina
Amanikhatashan (62-85 d.C.), que
recibió a los expedicionarios y les
ofreció salvoconductos para que la
misión pudiera proseguir sin peligro
con la ayuda de las tribus
vecinas del sur. Asimismo, la
kandace meroíta les proporcionó
guías y algún tipo de escolta
militar. Una vez descansados y
reabastecidos, los exploradores
prosiguieron su camino hacia las
fuentes del Nilo. Tras superar la
ESTE BRAZALETE pertenece al ajuar de la
reina Amanishakheto, aguerrida soberana
del reino kushita que se enfrentó a las
tropas de Augusto. Sus representaciones,
con fuerte influencia egipcia, muestran actitudes
que sólo se atribuían a los faraones.
LA NECRÓPOLIS REAL DE MEROE
contiene más de doscientas
tumbas de la civilización kushita,
que se desarrolló a orillas del Nilo.
ALDO PAVAN / AGE FOTOSTOK
BPK / SCALA, FIRENZE
Una mirada
romana
sobre el Nilo
EL MOSAICO BARBERINI se realizó
en el siglo I a.C. en la Palestrina
romana y está compuesto
de escenas independientes
que muestran una representación
idealizada del país del
Nilo, de sus habitantes y de
algunas especies animales; es
una muestra excepcional de la
fascinación que despertaba el
antiguo Egipto en la sociedad
romana. Este detalle muestra
el curso alto del río y algunos
de los animales que vivían en
él: primates y grandes felinos.
MOSAICO BARBERINI O MOSAICO DEL NILO
(DETALLE). SIGLO I A.C. GALERÍA NACIONAL DE
ARTE ANTIGUO, PALACIO BARBERINI, PALESTRINA.
JORGE PISA SÁNCHEZ
HISTORIADOR
En busca de las fuentes del Nilo
Tim Jeal.
Crítica, Barcelona, 2012.
La boca del Nilo
León Arsenal.
Edhasa, Barcelona, 2005.
Para
saber
más
sexta catarata, cerca de la actual ciudad
de Jartum (la capital de Sudán),
los exploradores vieron cómo el río
se bifurcaba en dos grandes cursos
de agua. Por recomendación de los
guías kushitas optaron por seguir el
brazo más occidental del río, que hoy
conocemos como Nilo Blanco, en lugar
de continuar por el Nilo Azul, el ramal
más oriental. Este último, llamado
al-nahr-al-Azraq en árabe, procede
del lago Tana, en la meseta etiópica,
donde caían las lluvias primaverales
que causaban la crecida del río.
Tras numerosas jornadas avanzando
aguas arriba, los exploradores observaron
que el paisaje comenzaba a transformarse
y que los márgenes definidos
del río iban desapareciendo para dar
paso a una enorme zona pantanosa. En
ella crecían grandes masas de vegetación
muy compacta, que se entremezclaban
con el fango formando lagunas
y charcas que impedían el avance de
las embarcaciones. Según Séneca, los
expedicionarios informaron de que, a
esa altura, habían contemplado «dos
peñascos, de los que caía un río inmenso
». Para el filósofo hispano, aquello
era una prueba suficiente para pensar
que habían llegado hasta las fuentes
del Nilo, originadas de una surgente
subterránea. Los expedicionarios también
creyeron que habían alcanzado
su objetivo, por lo que poco después
iniciaron el camino de regreso.
La descripción que ofrecieron los
centuriones del lugar al que llegó la
expedición ha llevado a los historiadores
a situarlo en la zona del Sudd,
en tierras del actual Sudán del Sur, un
área pantanosa de difícil acceso debido
a la abundancia de plantas

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