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Interviu 29 Septiembre 1977

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Interviu 29 Septiembre 1977

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OLARRA,
EMPRESARIO
Y SENADOR:
Este Gobierno gobierna
Cómo no
hacer el amor!
VENDIMIA
EN FRANCIA
Los nuevos campos
de concenti^arión
Navajeros,
lo peor ^
del hampa ^
«EL PAPUS»
OTRO
CRIMEN
FASCISTA La justicia
y bien atada
Economía
Fuentes Quintana y sus muchachos no parecen
conocer, o recordar, una lúcida y oportuna
definición que de la economía formuló un cordobés.
Séneca, hace casi dos mil años: es la
ciencia de cercenar los gastos superfluos. Lejos
de tan sabio y elemental principio, nuestros
gastos, públicos y privados, crecen alarmantemente.
Pronostican algunos expertos, no demasiado
distantes de la Administración, que antes
de que el año termine habremos alcanzado una
tasa de inflación cercana al 50 por 100 y,
añaden, si Dios no lo remedia, la tasa para el
año próximo puede superar crecidamente el 100
por 100.
En el fondo se trata de una situación afortunada.
De haberse producido este tiempo de
tránsito democrático en circunstancias económicas
brillantes y satisfactorias, ¿quién se hubiera
atrevido a plantear una remodelación de las
estructuras industriales, comerciales y financieras
sobre las que gravitamos? No hay políticos

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tan osados como para intentar modificar la trayectoria
del éxito. Sí parece haberlos, por el
contrario, como para no intentar en profundidad
el retorno por los senderos que conducen a la
catástrofe.
Todos los expertos, en voz baja, reconocen la
inaplazable necesidad de abordar un enérgico y
rotundo plan de estabilización —todos menos
Funes Robert—, pero ninguno se atreve a tirar
una piedra tan impopular. ¿Necesariamente impopular?
La imaginación suele operar milagros. Si al
país se le explica seria y solventemente la situación
y sus consecuencias, si se crea la ejemplaridad
en la acción enérgica contra la actitud
insolidaria de la oligarquía más recalcitrante, si
se potencian estímulos sociales de dimensión
cultural y de entretenimiento, si se siembra la
semilla de ilusión colectiva y se la riega con las
aguas de la inteligencia… España puede vivir
su gran milagro.
Un notable hombre de empresa sueco me
decía hace unas horas: “Tienen ustedes, sin
venir a cuento, complejo de país pobre. Hace
falta ser muy rico para vivir como viven ustedes,
sin una infraestructura económica adecuada a
los usos contemporáneos”. Es cierto.
El gran riesgo radica en que para alcanzar
esa estabilización y entrar, de lleno, en los cauces
al uso en la economía occidental es necesario
dinamitar buena parte de los privilegios que,
de hecho o de derecho, viene disfrutando un
amplio sector del capital español acostumbrado
a prescindir del riesgo. ¿Tiene el Gobierno capacidad
y poder, sobre todo poder, para llegar
tan lejos?
Política
Suele olvidar la oposición el que lo es a un
Gobiernd y no a un régimen. Se justifica sobradamente
el olvido después de tantos años de
tenerlo que ser a un régimen ante la imposibilidad
de serlo a un Gobierno, pero la justificación,
aunque suficiente, no disminuye la gravedad de
los efectos que ello origina.
A nadie se le escapa la dificultad del momento
presente. La carencia de organizaciones políticas
y sociales fuertes y representativas, la falta
de costumbres y hábitos democráticos, la necesidad
de vivir un tiempo constitucional colgados
de las ramas, más o menos orgánicas, de los
árboles legales del franquismo, podados a golpes
de tolerancia y consenso sobrentendido; son
suficiente argumento como para que se bajen
algunas guardias.
Espectáculos parlamentarios —parlamentarismo
por escrito, naturalmente— como los que
hemos vivido al calor del “caso Blanco” o de la
política exterior desgastan y no construyen. Los
paisanos perdemos la fe.
La oposición ha de encontrar su responsabilidad
y forzar con ello al Gobierno a buscar la
suya. Es, insisto, oposición a un Gobierno. Nada
más.
Sociedad
Cuando Castelar, escapando de una condena
de muerte que pesaba sobre él después de la
intentona revolucionaria de 1866, se largó al
extranjero, aprovechó el viaje para escribir unos
Recuerdos de Italia que constituyen un alarde
de la mejor prosa descriptiva de la historia de la
literatura castellana. La política, dice en sus
Recuerdos, es sólo la cristalización de todas las
ideas y su resultado social.
Ya hemos comprobado que Castelar no ha
encontrado cuerpo para su reencarnación en
ninguno de los parlamentarios—lectores del nuevo
tiempo, pero quizá ese sentido castelariano
de la política, desprovisto de su carga mesiánica,
sí está latente en la realidad que emanan
treinta y tantos millones de ciudadanos de este
país: todos aquellos que, de izquierda o derecha,
se lamentan por la intolerable bomba de “El
Papus’, que se inquietan ante los rumores catastrofistas
que le ponen espadón al porvenir,
que se asustan por los precios del mercado o
que lloran su impotencia para ejercer un derecho
de retracto con respecto al voto del 1 5 de
junio.
Sólo la sociedad española, a base de autoexigencia,
a golpes de responsabilidad y en clamores
de ordenada y permanente demanda puede
hacer que los epígrafes anteriores de este Prisma
alcancen algún sentido.
Sumario
AÑO 2 • N* 72 • Dal 29 da saptiwnbra
al 5 da octubra de 1977
• El prisma, de Manuel Martín Ferrand, 3.
• Erase una vez un pais…, por Antonio
Alvarez-Solís, 5.
• En este mundo traidor, por Luis Molla,
8.
• La Ex-pafta, de Martinmorales, 9.
• Luis Olarra: “Este Gobierno no gobierna”.
Entrevista de Julián Lago, 10.
9 Desde Europa, por José Luis de Vilallonga,
13.
• Justicia franquista: atado y bien atado,
por Ricardo Cid Cañaveral, 15.
• Fin de siglo, por Francisco Umbral, 18.
• Forges. 2 1 .
• Janine, jugar sin parar, 22.
• Las cartas locas, de Adolfo Marsillach,
27.
VENDIMIA
Los nuevos campos de concentración,
28.
• Los ecos sociales, por Julio Cebrián,
33.
• El discreto impertinente, por Emilio Romero,
34.
• Idi Amín: asesinar a martillazos, 36.
• Navajeros, lo peor del hampa, por Joan
Gruart y J. Antonio Fernández, 38.
• Valerias, 42.
• Stefania Cassini, hay seres incomparables,
45.
• Kama-Sutra, un clásico al cine, 5 1 .
• China: Con Mao acabó la revolución,
por Robinson Rojas, 56.
• ¿Con quién nos jugamos los cuartos?,
por Equipo Libélula, 60.
• Losúltímoscuranderos, por José M. Siles,
62.
• Xirínachs: el senador no escribe en la
arena, por Vicente Gracia, 66.
• Minusválidos: ¡cómo nos cuesta hacer
el amor!, por J. Garrido, 68.
• Trompas que matan, por Santiago Miró,
72.
• ¿Qué pasaré?, por Rafael Lafuente, 74.
9 Ruphert peluquero de partes intimas,
76.
“EL PAPUS”
Otro crimen fascista, 80.
Rosa Lores: “No tomábamos en
serio las amenazas”, entrevista
de Luis Cantero, 84.
• Alemania: La extrema izquierda, cazadora
da nazis, por Manuel Revuelta, 86.
^ Susan Atkins: Asi matamos a Sharon
• Tete. Orgia de sangre, por Bob Slosser,
90.
• Héctor Aristy, un dudoso revolucionarío,
por Evelyn Mesquida, 94.
• Cuestión de pelotas, por Alex J. Botines,
98.
Editorial
El Gobierno ha efe ser responsable
‘ Publicamos a continuación el texto de un editorial común a todos los semanarios españoles, solidarios
en la indignada repulsa por el atentado sufrido por nuestro colega “El Papus”, cuya responsabilidad,
en último término, hay que exigir al Gobierno:
Nuevamente, la libertad de eiqpresión
ha sido atacada. Nuevamente nuestras
calles se han llenado de sangre. Como
en un plan perfectamente previsto, grupos
extremistas de derechas empeñados
en una acción desestabilizadora contra
la democracia han intentado sabotear
el camino que nos puede llevar a la consolidación
de un régimen de plena participación
política y han actuado impunemente,
en pleno día, contra un semanario
convertido hoy en símbolo del papel
de la prensa en defensa de una sociedad
más libre, más justa y más representativa.
Nuevamente, hoy como ayer, y después
de periódicas amenazas que se
han convertido en elemento vivo de una
tensión diaria, en periódicos y revistas,
un terrorismo que pretende la vuelta a
la dictadura ha actuado contra un medio
de comunicación social, quizá como
representación de toda la prensa, y ha
dejado un triste balance: un trabajador
muerto, numerosas personas heridas y
un edificio, el del semanario “El Papus
“, al cual se ha elegido como símbolo,
totalmente destruido.
Estos alentados, hoy en día, como ha
señalado el editorial conjunto de la
prensa catalana condenando el triste
hecho, “tienen el objetivo común de cerrar
el paso al proceso democrático que
se ha iniciado en nuestro país”.
Los atentados —sostenemos los semanarios
que nos queremos comprometer
con una condena que tiene que ir
más allá de un compromiso coyuntural—
pueden llevar al país a una nueva
dictadura, que nos traerá nuevos sufrimientos
y más sangre en un país que
debe olvidarse ya de enfrentamientos y
que debe, ante todo, reconciliarse definitivamente.
La actuación impune de
los grupos incontrolados, la existencia
de-organizaciones paralelas, el funcionamiento
descarado de grupos de ultraderecha
con conexiones internacionales,
exigen del poder no sólo una actuación
inmediata sino una explicación
pública.
La masacre de la calle Atocha, los
atentados periódicos aún no esclarecidos,
las amenazas contra dirigentes políticos
y sindicales, las oscuras y aún
no aclaradas muertes por grupos ultras
en manifestaciones en diversos puntos
del país, el constante estado de tensión
en que el se está viviendo con rumores,
maniobras económicas y campañas
constantes dirigidas a paralizar a una
sociedad por el miedo, indican claramente,
como han señalado nuestros
compañeros de Cataluña, que “la democracia
está amenazada”.
Y para terminar con esta amenaza
hay que pedir primero responsabilidades
al Gobierno, que tiene el deber de
garantizar no sólo una libertad de expresión,
con la detención de unos culpables
que no serán difíciles de localizar,
sino una tranquilidad y garantía
de que hechos de esta naturaleza no
-pueden repetirse. Porque en hechos de
este tipo, por lo significativo, por lo arbitrarlo,
por lo que significa de atentado
contra los principios en que, debe
basarse toda sociedad civilizada, son
los que pueden provocar el derrumbamiento
de un edificio que queremos
construir en el que tengan cabida absolutamente
todos los españoles. Todos
los españoles que aspiran a un país
más humano, más libre, más pacifico,
más Justo y, sobre todo, más reconciliado.
Las cartas sobre la mesa
FRAGA ACLARA
Manuel Fraga Iríbame, secretario general
de Alianza Popular, nos escribe:
“En el número correspondiente a esta
semana de la revista INTERVIÚ se publica,
en la página 7, una información errónea.
Se informa en la misma que don
Gregorio López Bravo, propuesto por el
grupo Alianza Popular para formar parte
de la delegación española en la Conferencia
Interpariamentaría de Sofía, fue
vetado. El hecho es inexacto, por lo que
le ruego, acogiéndome al derecho de rectificación
previsto en la Ley de Prensa,
que asi lo haga constar.
Lo ocurrido fue lo siguiente. En la reunión
de portavoces de los gmpos parlamentarios,
que en ese momento se celebraba
sin orden del dia, surgió inopinadamente
esta cuestión, por lo que algunos
grupos dimos nombres tentativos, sin saber
si los interesados (lodrian asistir. Este
fue el caso del señor López Bravo, que
luego declaró tener otro compromiso, por
lo cual fue sustituido; asistirá, en nombre
de este grupo, don Gonzalo Femándaz de
la Mora. En ninguno de los casos hubo
discusión de ninguna clase, pero sí ocurrió
otra cosa muy interesante. Otro diputado
perteneciente a un grupo que no era
Alianza Popular dio lugar a comentarios
con los representantes de otro grupo que
tampoco era Alianza Popular. Y fue el represemante
de Alianza Popular que escribe
esta carta el que medió para rogar
que unos y otros retiraran sus palabras y
no constara en acta. Esta es la verdadera
historia, que le ruego se publique para
restablecer la verdad de los hechos”.
Restablecida está.
CURIOSIDADES INDIGNAS
Una lectora de INTERVIÚ, María Pérez,
se dirige a esta sección para replicar
a la carta enviada anteriormente por don
Juan Félez, el cual nos hacía una serie de
preguntas muy detalladas relacionadas
con el uso de las bragas en las mujeres y
su forma de orinar:
“Con toda la rapidez que me es posible
me tomo la libertad de contestar al
escrito del señor Juan Félez. Y como al
parecer tiene mucha prisa en satisfacer
una curiosidad que yo considero muy indigna,
pienso que lo mejor que puede hacer
as preguntárselo a su madre, ya que
nadie mejor que ella sabrá informarle e
incluso podrá facilítarie las ‘fotos’ que a
usted le interesen”.
Encajando, señor Félez.
NO ENTIENDO. PERO CONTESTA
“Soy una joven de veintiocho altos
—nos dice Fátima Carrillo (Tenerife)—, casada
y con dos hijos, y asidua lectora de
su magnífica revista, que en el número
68 publicó un reportaje sobre las cárceles
españolas y los tratos que reciben los
presos. Y yo me pregunto: ¿cómo es posible
que esto suceda en la España de
19777 ¿Qué hace el Gobiemo para controlar
eso? ¿Y el Rey? ¿Y el ministro de
Justicia? De verdad que no lo entiendo.
Jamás un reportaje me ha llamado tanto
la atención. ¿Pero es que no tienen conciencia?
¿Dónde está la democracia de
que tanto hablan? ¿O es que no se trata
más que de una palabra? Por favor, aclárenme
esto”.
I Qué más quisiéramos nosotros I
PARCIALES
Alberto Régulo (Madrid) nos dice:
“Soy un admirador de su semaiMrio, pero
creo que es notoría su falta de objetividad
y su parcialismo, puesto que no publican
más que artículos denunciando
crímenes franquistas. ¿Por qué no publican,
puestos a sacar trapos sucios, algún
articulo sobre las fosas de Madrid, las
cheleas en Barcelona, y los campos de
concentración rusos?^.
Acabamos de hacerlo. Los otros se
han publicado en los últimos cuarenta
años hasta el agotamiento.
LA SALUD
DE LOS MUCHACHOS
J. Régulez (Barcelona) nos felicita por
nuestra revista, pero añade que “en adelante
no podré comprarla más por las
fotografías eróticas que contiene, pues
perjudican mucho a los muchachos de
catorce y dieciséis años, y primero es la
salud de ellos”.
I Pero si la gayola no perjudica, hombre!
TARRADELLAS,
LA SEMANA QUE VIENE
Han sido numerosos los lectores que
se han dirigido a esta sección para expresar
su punto de vista en relación al
artículo de Elíseo Bayo acerca del honorable
Tarradellas, y que publicaremos la
próxima semana en sección aparte. El
tema lo merece.
intervki
^
una vez
un paiSmmm
Por Anfoiifo Afvorez-Sofis
Crisis
de GoblernOf
no de país
Con serenidad. Habrá que hablar
con mucha serenidad de lo que acontece
al país. Porque lo sorprendente,
si bien se mira, si se cala la realidad
hasta el fondo, es que al país no le sucede
nada. Mejor dicho: nada que no
tenga arreglo si se deja al país que
busque su propio equilibrio y ensaye
sus propias soluciones.
—Retoriza usted. Juega a sorprendernos.
A sorprendernos pobremente,
además.
Pues, no. Al país no le sucede nada.
A quienes suceden muchas cosas
es a ciertas gentes del país, a unos
concretos ciudadanos a quienes angustia
el peligro de quedarse sin fmca
en lo material y en lo moral. Son esos
ciudadanos que gritan: “Esto se ha
desestabilizado profundamente; esto
es la pura ruina”. Y concluyen: “Necesitamos
un hombre fuerte, un salvador
que devuelva a la comunidad
su pulso”.
Y entonces esos ciudadanos, o los
espoliques de esos ciudadanos, se inclinan
sobre nuestro oido y nos sugieren:
**¿Y el general Vega? ¿Qué le
parece a usted el general Vega? Con
el general De Santiago, por ejemplo.
Y con Fraga, que no todo van a ser
militares”.
Y nosotros contestamos que dejen
a los generales en paz, con sus quehaceres
profesionales, con sus concretos
encargos constitucionales en
tomo a la soberanía nacional, concretada
y definida por la defensa de
las fronteras y el mantenimiento de
los acuerdos mayoritarios adoptados
por el pueblo.
Vamos a ser claros: no hay crisis
de pais; hay crisis de Gobierno. Porque
este Gobierno es tan débil que ya
no controla siquiera ni esos instrumentos
o timbres de alarma que él
mismo puso en marcha para que le
sirvieran de pared en su juego de
frontón politico. Como Frankestein,
puso en movimiento una serie de
monstruos que ahora empiezan a devorar
a su propio creador.
Y cuando a un Gobierno le sucede
eso, el Gobierno debe irse. Ese Gobierno
exactamente. Entonces, ¿por
qué ha de irse el país? ¿Por qué ha de
irse de la democracia, de la libertad,
del aire fresco tan duramente trabajados
para recluirse otra vez en el laboratorio
de donde salieron los monstruos?
El caso es que nuestra afirmación
de que hay crisis de Gobierno es ya
afirmación que colea por Madrid.
-¿Por Medrid?
—Por Madrid, capital del Imperio,
del bajo Imperio.
¡Nerón!: ¿Por qué sigues tocando
el arpa en pleno incendio? ¿Por qué
sigues tocándonos tantas cosas?
(Aclaremos, sin embargo: esto que
aquí queda escrito no es ninguna clase
de critica velada contra don Rodolfo
Martin Villa, ese ministro que
de vez en cuando dice sutilmente.
como si fuese una señal para iniciar
lo que se inicia de vez en cuando:
“Que se vayan los españoles a la porra”.
Y aparece la porra.)
Pues se dice por Madrid que dentro
de quince días, quizá un mes, o tal
vez de mes y medio, se irán de sus
puestos el general Gutiérrez Mellado,
con dificultades graves en su cargo, si
nuestra información es exacta; Fuentes
Quintana, que ya prepara otra vez
su despacho en el Gabinete de Estu
dios de las Cajas de Ahorros; Abril
Martorell, que habrá de seguir sus oscuras
pláticas desde cualquier confortable
despacho de la llamada empresa
privada, <}ue seguramente se
denomina asi porque es para unos
pocos; Jiménez de Parga, que volverá
a Barcelona, para decir con su característica
inflexión de voz: “Ezto e horroroso,
queridos”; Fernández Ordóñcz,
que anda como la Magdalena, de
llanto en llanto ante sus banqueros
para asegurarles en privado que no es
verdad lo que dice en público acerca
del control de las riquezas…
¡Tantos se van a ir!
Y justamente a la vera de esos que
se van, o que se van a ir, surge la voz
potente del senador real y vascón poderoso,
del empresario Otarra, para
decirle a Julián Lago, nuestro jefe de
información política: “Mire usted.
Lago: un Gobierno que pueda enfrentarse
a todo esto ha de tener el 1S
o 20 por 100 de sus carteras en poder
de los comunistas. Sobre todo, el Ministerio
de Trabajo, porque es el PC
el único partido conservador capaz
de inspirar aún cierta confianza a la
clase obrera”. Esto, o algo por el estilo,
ha dicho el señor Olarra, que contempla
cómo el Pais Vasco se va descosiendo
de costuras, como tantas
otras cosas del Estado español, que
ahora estamos redimiendo a metálico,
cuando no con sangre, tras el profundo
desconcierto o desgobierno
que institucionalizó el almirante Carrero
Bbnco, el hombre que trató de
construir nada menos que un pais
dentro de una probeta desde la alta
cátedra de su ignorancia enciclopédica.
Es decir, surge una voz exigiendo
lo que ha venido en llamarse un Gobierno
de concentración nacional
para dar paso a que la calle española
ensaye aquellas soluciones a la crisis
que ha expuesto tantas veces desde
sus asambleas de trabajadores, desde
sus colegios profesionales, desde sus
organizaciones sindicales, desde sus
centros de trabajo y reunión.
Porque, insistamos, no es España,
el país España, lo que está en crisis,
sino d Gobierno dd señor Suárez,
que, como el ficenciado Vidriera, se
va quebrando a medida que toca
cualquier cosa.
Una reunión
en Játiva
Tanto y tanto se habla de crisis
que un grupo de preocupados generales
—a ver si acertamos con la lista:
De Santiago, Pita da Veiga, Coloma
GaUegos, Prada Canillas, MBans del
Bosch, Alvarez-Arenas y Campano—
se han reunido en Játiva para analizar,
desde su alto empleo castrense,
la situación del pais y acordar una
voz común al respecto. Y parece que
6
esos generales han acordado que
todo anda un poco manga por hombro,
pero que ahí está la Corona, que
ostenta quien es, entre otras cosas
—creemos nosotros—, capitán general
de los tres Ejércitos y Generalísimo
de nuestras Fuerzas Armadas.
Uno entiende tanta preocupación.
La preocupación de los generales y la
preocupación de quienes se preocupan
por la preocupación de los generales.
Y por otras preocupaciones.
Porque ¡hay que ver cómo está,
por ejemplo, la Banca! De repente, la
Banca dice que está con d Gobierno,
que piensa arrimar el hombro, que
los hombres y las tierras de España
constituyen una unidad indestructible
—somos luz de amanecer—, pero esa
misma Banca —sobre todo la grande—
cierra la c^ja, restringe el crédito,
aunque posea Equidez, o sea,
cuartos, y pone a las empresas a parir,
si ustedes nos permiten esta forma
de resumir urgentemente la cuestión.
Con lo que, en definitiva, crece
el clima de intranquilidad, aumenta el
no cayó en la cuenta —¿o sí cayó?—
de que el índice de inflación suele crecer
al menos en un 50 por 100 del índice
devahiatorio que se aplique. Con
lo que ya tenemos una inflación de
cerca del 40 para el año de gracia actual,
si esto es un año de gracia,
como resulta evidente.
Pero si esa redacción monetaria
que aplican los grandes Bancos —los
pequeños han de acudir diariamente
a la subasta de dinero en el Banco de
España— no es obra indirecta del Gabinete
del señor Suárez es que los siniestros
fantasmas de la desestabilización
han sido soltados sobre nuestro
pueblo por ese puñado de banqueros,
que tras ello acabarán solicitando
también la santa aparición de un
hombre fuerte por ver “si arregla
todo esto”.
Sin alternativa
por la Izquierda
Lo grave de este juego de manos
en que la baraja va desde un pueblo
desempleo y todo entra en el duro y
negro túnel de las privaciones.
Dicen los entendidos: “Es que quizá
el Crobiemo se vea incapaz de cortar
la inflación y haga uso de la reducción
monetaria, que es un instrumento
cruel que incrementa el desempleo
y reduce el consumo, pero que
sujeta algo la carrera inflacionaria”.
Y como aquí se trata de salvar la
cara, pues el Gobierno decide que los
Bancos entornen sus ventanillas tras
la fenomenal equivocación c|ue supuso
la devaluación inventada por
Fuentes Quintana, que, por lo visto.
levantino a Madrid, pasando por París
o Bilbao —¡ah, las autonomías pasadas
por agua, como los huevos destinados
a los enfermos!—, es que la
izquierda sigue sin oferta verdadera
que formular al país, tanto porque no
tiene ideas como porque tiene miedo
a las ideas que pueda tener. Y esto resulta
evidente, aunque algunos partidos
empiecen a engallarse ante la
presión de la base y el PSOE, por
ejemplo, emprenda el camino de la izquierdización
y vaya arrinconando a
hombres como Enrique Múgica
—que, como el senador McCarty, ve
comunistas por todas partes— y militantes
del estilo de Pablo CasteDano
contemplen cómo su estrella de oriente
se alza en el camino hacia el Belén
liberador. Pablo Castellano ha llegado
a presidir el comité federal de Madrid,
con un FeBpe González de espectador,
eso sí, calificado. Y Castellano
significa dentro del socialsmo
español la seguridad de que Largo
Caballero —dqemos ahora aparte algunas
cosas del estilo personal de
don Francisco— no ha muerto y que
el Parlamento va a empezar a moverse
no como un puro delator de los fallos
del Gobierno —ddación hedía
con harta tinddez—, riño como instrumento
legislador, primero en la jerarquía
de instrumentos que expresan
la soberanía nacional. ¡Así sc^I
La izquierda institucional aún no
tiene alternativas que ofrecer, aunque
otra cosa parezca deducirse de las
grandes asambleas populares a las
que aún se ¡pone sordina en nombre
de una estabilidad que ya no frena
nada ni evita la sangre producida por
los ultras.
Lo que ya no resulta admisible es
que esta falta de oferta política válida,
por parte de la izquierda institucional
—que no es la izquierda, repitamos,
que vive en las asambleas de
base—, sea sustituida por un comportamiento
temeroso con el que ya no
es posible pactar nada que no sea la
propia muerte de la democracia.
Frente a un Gobierno que utiliza el
más variado instrumental de represión
y de desvirtuamiento de las realidades
políticas, económicas y sociales
del país esos partidos de izquierda
han de sostener algunas denuncias
básicas, con la energía debida. Empezando
por la denuncia de esas autonomías,
como la catalana, que nació
en el curso de un oscuro viaje del señor
Osorio y del señor Casinello —de
los servicios informativos de la Presidencia
del Gobierno, que había desempeñado
con Carrero el coronel
San Martín— a Paris, y que ha finalizado
por poner a los pariamcntarios
de Cataluña frente a una desairada
situación en que su papel representativo
parece limitado a dar fe de una
restauración en que el Gobierno y el
Parlamento parecen destinados a pasar
aún una larga noche oscura del
alma. Sin poder legislativo y sin poder
judicial, la Generalitat puede verse
limitada a un poder coordinador
de servicios que no llegue incluso ni
al rango de Mancomunidad de Diputaciones.
Más aún. Y permítannos unas breves
notas añadidas sobre este infausto
y delicado asunto. No es aventurado
que el Gabinete Suárez pretenda,
interviú,
El Intolerable insulto al país
I Qué debilidad la de este Gobierno,
a| que la calle se le cubre fatalmente
de sangre cada cuatro días I
Debilidad porque un Gobierno ha
de poseer la información suficiente
para yugular actos de violencia cuyos
protagonistas andan sueltos a la luz
del sol. Ha de poseer esa información,
y si no es así, ha de dimitir.
Debilidad porque si para el Gobierno
ha constituido una sorpresa la
tragedia vivida pKsr “El Papua”, ha de
reconocer su incapacidad para entender
la dialéctica de unas organizaciones
que debieran estar bajo r i guroso
control. Y si no entiende
esa dialéctica, ha de dimitir.
Debilidad porque toda su fuerza
solamente ha sido desplegada tajantemente
en una sola y única dirección,
al amparo de unas doctrinas y
de unas organizaciones o instituciones
recusadas abiertamente F)or el
pueblo español. Y cuando se es víctima
de esa debilidad, se ha de dimitir.
La bomba de “El Papus” ha colmado
la capacidad de indignación
del pueblo español, que acaba de decirle
al Gobierno que se vaya, que es
gravemente responsable de esta situación
de peligrosidad y tensión.
Gravemente responsable, al menos,
por negligencia.
Un Gobierno que no puede proteger
a su país ha de irse. Y no es lícito
decir que el Gobierno navega con
difíciles vientos en contra y en evitación
de intentos golpistas. Tras un
año de actividad, ese Gobierno —dos
Gobiernos, pero el mismo Suárez—
debería ya haber desmontado muchas
estructuras, para lo que siempre
tendría apoyo internacional y adhesión
interior. Pero no lo ha hecho. El
Gobierno, como ciertos niños traumatizados,
grita de vez en cuando en
la oscuridad para fabricar su propio
miedo. Y esta vez, entre la oscuridad
torpemente aprovechada para seguir
gobernando, ha surgido la inmensa
llamarada de una bomba que consjtituye
un grave, intolerable e incalificable
insulto a la convivencia nacional.
En política también se gobierna
abandonando honesta y noblemente
el poder y llamando a él a quienes
pueden aportar otros horizontes.
A. A.-S.
(Ilustraciones de CARLOS
ALVAREZ-SOLIS)
en su anña por sobrevivir, amparar
en la figura histórica del lionorabie
Tarraddlas un nuevo Centro catalán
que diese la batalla en las elecciones
municipales a fin de restaurar, con
una victoria a este nivel, la derrota
que sufHó en las legislativas el suarccismo
en Cataluña. Hacia la construcción
de ese Centro parece encaminarse
la escisión sufrida por la
Unió Democrática de Catalunya
—los demócratas cristianos de Cañellas—,
parte de cuyos efectivos tratarían
de integrarse con los actuales
ucedeístas, los hombres de Trías Fargas
y con los militantes de Centre
Cátala, entre otros, en una formación
oicaminada a reconstruir algo parecido
a un nuevo Uiguismo, esta vez
entregado en brazos del centralismo
suarecista.
Sería lastimoso que el simbolo que
aún representa TarradeOas acabase
encallado en el bajío de esta nueva
operación, que seria el triste epilogo
de la que inició Osorio con el teniente
coronel Casinello y Ontínez, para
culminar con el célebre vuelo a Madrid
bajo la escolta de Carlos Sentís.
Un vuelo del que Felipe González se
enteró dos o tres horas antes y Santiago
Carrillo —y hablamos de los
dos grandes partidos de la oposición—
fue tan sólo consultado acerca
de puras posibilidades acerca de la
cuestión.
interviú
En este murnlo
traidor.m.
por Luis Molla
Cierto olor a podrido en París
La historia de las uniones de la izquierda ha sido
siempre difícil (la terminología de Frentes Populares
se ha convertido en apestosa por la constante antlpropaganda
de la derecha). Difícil, efímera y marcada
al fuego de las querellas. Siempre ha sido así y
los españoles tenemos un ejemplo bien próximo
con el Frente Popular de 1936, incapaz de remontar
sus divergencias, incluso en medio de los cañonazos
de la guerra, ante la agresión de los sublevados
contra la Segunda República.
Suele decirse, y tiene apariencias de realidad,
que hay tantas ideas de la izquierda como hombres
izquierdistas. Esto es hermoso —por la grandeza de
la libertad dialéctica—, pero suele representar un
drama. Los ejemplos son numerosos: en Chile, que
acaba de cumplir el cuarto aniversario de un brutal
golpe de Estado, las pugnas entre los partidos izquierdistas
no dejaron de existir ni siquiera en los
días más gratificantes del gobierno de Unidad Popular.
La revolución, entendida simplemente como
cambio y con la utilización de métodos pacíficos,
comporta casi automáticamente estas dificultades.
Para nadie puede ser un secreto que resulta más fácil
llegar a un entendimiento en el inmovilismo, en
la defensa de unos intereses ya establecido^. Lo podemos
comprobar, ahora y una vez más, en Francia;
en las divergencias hechas clamor, en los debates
de la Unión de la Izquierda alrededor de su programa
común.
LA PATALETA DE LOS ENANOS
Nació la Unión de la Izquierda en el compromiso
alcanzado entre socialistas y comunistas el 27 de
junio de 1972. Poco después, el 12 de julio, se les
unían el Movimiento de Radicales de Izquierda
—MRG—. los disidentes del partido que entonces
controlaba Jean-Jacques Servan-Schreiber y que
estaban encabezados por Robert Fabre, un hombre
de sesenta y un años, diputado y farmacéutico, y
con imagen de político liberal y conciliador. Su fuerza
electoral es escasa y se dice que en las próximas
elecciones legislativas —las de marzo del 78— el
MRG conseguirá únicamente alrededor del 5 por
ciento de los sufragios. En cambio, ha sido él, Robert
Fabre, quien ha hecho detonar la bomba del
desacuerdo y el primero en referirse, desde el interior
de la Unión de la Izquierda, al programa común
con definiciones de colectivismo y estatismo, l-iasta
ahora el empleo de estos términos había quedado
reservado a la derecha, a la coalición de partidos
que sostienen al Presidente Giscard y al Gobierno
dirigido por Raymond Barre.
Fue en las elecciones presidenciales del 19 de
mayo de 1974 cuando la Unión de la Izquierda se
alzó como una sólida fuerza electoral. Recordémoslo
brevemente: con el apoyo de republicanos independientes,
neogaullistas, demócratas reformistas y
liberales Valery Giscard d’Estaing fue elegido Presidente
de la República con sólo el 50,81 por 100 de
los votos emitidos. Franpoís Mitterrand, y detrás de
él sus socialistas, los comunistas y los radicales de
izquierda, quedaba a unas pocas centésimas del palacio
del Elíseo al obtener el 49,19 por 100 de los
votos. Desde aquel momento comenzarla a hablarse
de la izquierda como una alternativa real del poder
y los pronósticos señalarían su victoria como
probable en las legislativas del 78. Esta impresión
iría confirmándose a lo largo de los meses y su remate
llegaría en las pasadas municipales —marzo
del 77—, donde los candidatos de la Unión de la
Izquierda conseguían el 52 por 100 de los sufragios
y el control sobre dos tercios de los grandes municipios
franceses. La mayoría pro-gubernamental salvaría
a París, la capital, sólo por los pelos.
Sin embargo, algo comenzó a oler políticamente
a podrido en el seno de la izquierda. En el pasado
mayo, socialistas y comunistas abren fuego con sus
más pesadas baterías dialécticas. Se hacen públicas
graves divergencias —los llamados irónicamente
problemas de bolsillo por José Luis de Vilallonga—
y muy notorias las recíprocas acusaciones. Se
tiene la impresión de que Franpois Mitterrand, primer
secretario del PSF, y Georges Marcháis, secretario
general del PCF, comienzan a comportarse
como torpes cazadores de chascarrillo fácil. Pretenden
vender al electorado la piel del oso antes de cazarlo.
Marcháis pone en duda la identidad del socialismo
propugnado por Mitterrand. Le llama socialdemócrata
y, veladamente, le acusa de pretender
construir en Francia un edificio político en línea del
levantado por Mario Soares en Portugal, Helmut
Schmidt en la Alemania Federal y los laboristas en
Gran Bretaña. Mitterrand pretende —según los dardos
envenenados lanzados por el PC— modificar el
sistema, pero no está dispuesto a romper democráticamente
con las actuales relaciones sociales.
También es extremadamente duro Mitterrand.
Cuestiona, y en esto se acerca a la derecha más dura,
la honestidad del eurocomunismo y llega a calificarlo
como una maniobra de dispersión propiciada
por… la Unión Soviética. Reprocha a Marcháis la
supuesta falta de democracia interna en el PC y le
advierte que un partido de estructuras monolíticas
jamás puede ser sinceramente democrático.
CABEZA DE UN ICEBERG
Pese a la acritud de este debate es verosímil
creer que esconde otras pugnas, otros temores. Es,
tal vez y simplemente, la cabeza de un iceberg. Trataremos
de explicarlo. La izquierda teme —y después
del pinochetazo mucho más— llegar al poder.
Al menos, llegar en ciertas condiciones y todos los
ojos miran hacia las posibles respuestas no democráticas
de la derecha. De otro modo: se teme a la
masiva fuga de capitales, a la nada retórica huelga
de los inversores, al nada hipotético bloqueo económico
de Estados Unidos. Incluso a un lejano, pero
posible, golpe de fuerza de los militares menos democráticos.
Este es el escenario real. Recitar un
buen papel con tan pésimo guión resulta delicadamente
difícil incluso para políticos tan expertos
como Mitterrand, como Marcháis; también como
Fabre.
Con razonable malicia se dice que los comunistas
no desean llegar al poder y que los socialistas sí
están dispuestos a ello, pero regateando incómodas
compañías. Corto y recto: Marcháis temería una
responsabilidad gubernamental que le alejara de
sus bases, obligado, como estaría, a realizar una
política medrosa, timorata y prudente hasta extremos
de posibles desencantos. Mitterrand, por su
parte, preferiría ser un primer ministro tratado sin
animadversión por la derecha antes que contar con
el visto bueno comunista. En definitiva, todos
tendrían presente en sus estrategias partidarias el
pésimo ejemplo del tantas veces mencionado pinochetazo.
Evidentemente, son sólo especulaciones, sospechas,
hipótesis. Las negociaciones alrededor del
programa común han sido reemprendidas tras el
primer portazo de Fabre. De modo formal y público,
existe voluntad de entendimiento. Los dirigentes de
la izquierda han abandonado, a cuerpo limpio, las
trinclieras del dogmatismo y la intransigencia. Pero,
con o sin nuevo acuerdo, su imagen electoral ha
quedado dañada. Nadie puede saber aún si de un
modo irreparable.
8
interviú
. 1 ‘ I
EL GUAPO
Se anuncia otra próxima visita de
Adolfo Suárez a la sala de maquillaje
de Prado del Rey y, de paso, a
hablarles a los españoles de la situación
política del país.
LA HUELGA
A Martín Villa le agrada que permanezca
la prensa sin salir a la calle
en señal de protesta por los atentados
ultras, porque asi lee menos
veces las peticiones de su dimisión.
HONORABLE
El drama de Tarradellas es que
ha tenido que aceptar caer mal en
Cataluña de forma provisional,
cuando lo que él hubiese querido es
caer mal de forma definitiva.
:z
EL CLERO,
EN LA
SEGURIDAD
SOCIAL
Víiav*!*’™”‘””*
Luis
Gobierna
/
Por JULIÁN LAGO Fotos: GALLEGO
—No lo olvide usted: a Suárez le quedan quince días contados,
—¿Quince días confados? ¿Para qué?
—Para que ponga en marcha un programa económico de
emergencia. Si no, este Gobierno se vendrá abc{jo. Y con él se
tambaleará su presidente.
La frase suena a sentencia. Se trata, en realidad, de una
sentencia. La sentencia de Luis Otarra. El senador real, el
que trajo en su avioneta particular al honorable Tarradellas
en su viaje a Madrid, el de la Confederación Española de Organizaciones
Empresariales. Más todavía: el del industrial
vasco que ha decidido plantar cara al presidente Suárez, con
todo lo que ello significa. Porque lo de menos es lo que Luis
Olarra diga y piense de Adolfo Suárez. Lo de más es lo que
la veintena escasa de Luis Olarras digan y piensen de Adolfo
Suárez y de su inoperante política económica.
—¿No estaremos en las vacas flacas
del posfranquismo?
—Ya no vale afirmar, como se afirmaba
antes, que todo lo ocurrido en
el sistema franquista era perfecto e
inmejorable. Ni vale afirmar, como se
afirma ahora, que todo lo ocurrido en
el sistema franquista era deleznable y
rechazable. Seamos sinceros: aquello
no era todo bueno ni todo malo; esto
no es todo bueno ni todo malo.
—¿”Esto” es la democracia?
—”Esto” es la democracia. Entonces,
¿qué sucede? Pues que sencillamente,
en la época franquista primera
el país prosperó y avanzó económicamente.
—¿Usted es de los que repiten lo de
que “con Franco vivíamos mejor”?
—Si comparamos cómo estábamos
hace siete años y cómo vamos a estar
dentro de seis meses, es evidente que
el nivel dd pueblo en aquel período
era superior. Pero no simpBfiquemos
las cosas. Porque en lospltimos ciiíco
años teníamos todos los inconvenientes
de la (üctadura y ninguna de sus
venteas primitivas. La corrupción
había llegado a todos los estamentos
sociales y na^e puede asegurar que
hoy estaríamos con el viejo régimen
mejor de lo que estamos.
—O sea, que la crisis se hubiera
producido aunque Franco hubiera vivido.
¿O no?
—Efectivamente. Quizá hubiera tenido
otros reflejos distintos

Interviu 29 Septiembre 1977

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Interviu   29 Septiembre 1977

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