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Revista PDF Investigación y Ciencia – Abril 2016

Investigación y Ciencia – Abril 2016

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SOBREDIAGNÓSTICO
Creo que el artículo «Los riesgos de las
mamografías», de Alexandra Barratt [Investgación
y Ciencia, febrero de 2016], olvida
el paso intermedio entre la mamografía
y el tratamiento: la biopsia. Esta
prueba es la que realmente determinará
de qué tipo de tumor se trata (agresivo o
no, grado de agresividad y extensión), si
necesitará tratamiento y, en caso afirmativo,
si precisará tumorectomía o mastectomía,
entre otras posibilidades, así como
el tipo de quimioterapia.
Cada una de nosotras es muy libre de
someterse a las pruebas o tratamientos
aconsejados por sus médicos o por las
autoridades sanitarias. Pero, dado que
todo lo impreso magnifica las opiniones,
me parece imprescindible esta aclaración.
Concepción Alonso
Tenerife
Responde Barratt: La excelente observación
de la lectora se encuentra en el núcleo
del problema del sobrediagnóstico en los
cribados de cáncer de mama. Cuando un
patólogo examina la biopsia de un cáncer
sobrediagnosticado, lo clasifica como
un cáncer; es decir, como un tumor maligno.
Y dichos análisis son correctos: se trata
de diagnósticos acertados desde el punto
de vista patológico, no de falsos positivos.
Estos últimos corresponden a anormalidades
detectadas en las mamografías que,
sin embargo, acaban revelándose como no
cancerosas una vez que se llevan a cabo
otras pruebas.
Vistos al microscopio, los cánceres sobrediagnosticados
presentan el mismo aspecto
que los demás cánceres. La diferencia
entre unos y otros radica en cómo se
comportan cuando no se tratan. Un cáncer
sobrediagnosticado puede no crecer y
no propagarse. Y, si crece, lo hace lentamente,
pudiendo llegar incluso a desaparecer
con el tiempo.
Los informes patológicos pueden aportar
algunas pistas sobre el comportamiento
probable de un tumor (qué posibilidades
tiene de extenderse o de reaparecer), pero
no pueden predecir con seguridad qué
cánceres crecerán hasta poner en riesgo
la vida de la paciente. Por ello, en el momento
de conocer los resultados de la patología,
es imposible decir si una mujer en
concreto ha sido sobrediagnosticada o no.
Esto supone una gran incertidumbre para
los médicos y para las pacientes, por lo
que, por seguridad, a todas ellas se las somete
a cirugía y a tratamientos adyuvantes
(radioterapia y terapia endocrina), si
bien algunas no los necesitarán nunca. De
este modo, el sobrediagnóstico de cáncer de
mama convierte involuntariamente a algunas
mujeres en pacientes de cáncer de
manera innecesaria.
Hoy en día, la búsqueda de métodos
para prevenir el sobrediagnóstico constituye
una investigación de vanguardia en
medicina. Su objetivo consiste en reducir
el riesgo de daño iatrogénico en la asistencia
médica moderna. España está desempeñando
un papel pionero en este campo:
en septiembre de 2016, Barcelona acogerá
la 4.a Conferencia Internacional para
la Prevención del Sobrediagnóstico (www.
preventingoverdiagnosis.net).
Noviembre 2015
Febrero 2016
CARTAS DE LOS LECTORES
Investigación y Ciencia agradece la opinión de los
lectores. Le animamos a enviar sus comentarios a:
PRENSA CIENTÍFICA, S.A.
Muntaner 339, pral. 1.a, 08021 BARCELONA
o a la dirección de correo electrónico:
redaccion@investigacionyciencia.es
La longitud de las cartas no deberá exceder los 2000
caracteres, espacios incluidos. Investigación y Ciencia
se reserva el derecho a resumirlas por cuestiones
de espacio o claridad. No se garantiza la respuesta
a todas las cartas publicadas.
Erratum corrige
En Ecuaciones elegantes, de Clara Moskowitz [Investigación y Ciencia, marzo de 2016], hay un error en
la lámina que reproduce la ley de Ampère (creada por el matemático de Stony Brook Simon Donaldson).
El error aparece en el segundo término de la expresión para Jy. La forma correcta de dicha ecuación es:
∂Bx
∂z
∂Bz
∂x
Jy = –
4 INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, abril 2016
Apuntes
Leones en el Parque Nacional Serengueti.
Se sostiene que forman la única gran población
del este de África que no se halla en declive.
Abril 2016, InvestigacionyCiencia.es 5
CONSE RVACIÓN
Leones en brete
Este gran felino está
protagonizando un resurgimiento
sorprendente, pero solo
si permanece entre rejas.
¿Qué se necesita para obtener
mayores réditos?
En verano de 2015, la muerte del león
Cecil acaparó los noticiarios. La caza
deportiva no es un asunto baladí, pero
Panthera leo afronta problemas más
graves que los cazadores pudientes armados
con rifles de gran calibre. Catalogado
como especie en peligro, el león
está acosado por varias causas, entre
ellas la regresión del hábitat, la disminución
de presas, la represalia por haber
matado (real o supuestamente) reses
y personas, y la caza furtiva para
elaborar remedios tradicionales. En
África ha quedado relegado a solo el
17 por ciento de su antigua área de distribución,
con una sola población vestigial
fuera del continente, en India. Nuevas
investigaciones revelan que, a pesar
de este panorama funesto, está logrando
prosperar en algunos lugares. Pero esos
éxitos esperanzadores no son tan sencillos
como pueda parecer a primera vista,
y el porvenir venturoso del león africano
no tendrá un coste módico.
Pese a lo bien estudiado que ha
sido el rey de la selva, la mayoría de
los estudios han versado en torno a
poblaciones aisladas y no a la especie
entera, que hoy se reduce a unos escasos
20.000 individuos. Tras reunir los
datos, los expertos disponen ahora de
una visión de conjunto de la situación
del carnívoro emblemático de África.
En el último estudio de este tipo, un
grupo dirigido por Hans Bauer, zoólogo
de la Universidad de Oxford, ha compilado
los datos de estudios realizados
en los últimos veinte años en 47 poblaciones
de leones. Se ha comprobado así
que, de las nueve poblaciones de África
occidental, todas salvo una están en declive
(y dos de ellas podrían haber desaparecido
ya). En África oriental tampo-
MICHAEL NICHOLS, Getty Images
Apuntes
6 INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, abril 2016
co gozan de una situación mucho mejor;
la población del Serengueti es el único
gran grupo que muestra una tendencia
positiva. Según el análisis más prudente,
la población del oeste del continente
tiene una probabilidad del 67 por ciento
de quedar reducida a la mitad en veinte
años, mientras que en el este esa probabilidad
ronda el 37 por ciento.
Pero el estudio arrojó también una
brizna de esperanza: la mayoría de los
leones del sur de África están en auge y
«tienen muchas posibilidades de perdurar
», según el experto de la Universidad
de Minnesota Craig Packer, que supervisó
el estudio, recientemente publicado
en Proceedings of the National Academy
of Sciences USA. ¿Por qué? Porque
habitan en desiertos tan remotos e inhóspitos
que el ser humano no supone
una amenaza, o bien viven en parques y
reservas cercados.
Hasta las pequeñas reservas valladas
tienen valor para la conservación, opina
Peter A. Lindsey, investigador de la organización
conservacionista Panthera y
ajeno al estudio: «Todo terreno protegido
cuenta para la conservación. Cuantos
más, mejor». Las cercas aseguran la
supervivencia de los leones y de otra
fauna en zonas donde sería imposible
mantener grandes mamíferos en plena
libertad, pues evitan el conflicto con
los humanos, con su ganado y con sus
cultivos. En muchos lugares, las organizaciones
conservacionistas pueden
trabajar en la recuperación de la fauna
únicamente porque han convencido a
los lugareños de que las barreras garantizarán
su seguridad.
Sin embargo, no todos los biólogos
ven en las cercas la salvación de
los leones. Bauer y sus colaboradores
advirtieron en su estudio de que «la
contribución de los leones confinados
a la funcionalidad del ecosistema es
limitada». ¿El vallado no convertirá un
paraje en poco más que en un zoológico
con pretensiones, y a los leones en una
costosa atracción turística?
Si el área cercada es vasta —el
Parque Nacional Kruger de Sudáfrica,
vallado en su mayor parte, tiene una
extensión similar a la provincia de Badajoz—,
los leones siguen cumpliendo
su papel de superdepredador y regulan
el ecosistema controlando las manadas
de antílopes, búfalos y otros ungulados,
lo que a su vez ayuda a conservar las
comunidades vegetales. A pesar de los
límites artificiales, Packer asegura que
nadie duda de que Kruger es un auténtico
ecosistema, donde se producen procesos
ecológicos genuinos.
Pero la mayoría de las zonas cercadas
son bastante más reducidas. «Si se
encierra fauna en un terreno pequeño,
hay que gestionarla intensamente,
porque la dinámica de la población
parece desmadrarse. Y no acabamos de
entender por qué», advierte Lindsey. La
«gestión intensa» puede consistir en la
implantación de anticonceptivos hormonales
en algunas hembras para evitar
la superpoblación, o la captura y el traslado
de individuos a otras reservas para
enriquecer la diversidad genética. Si no
afluye con periodicidad sangre nueva a
las manadas pequeñas, estas corren el
peligro de sufrir los efectos de la consanguineidad
y quedar condenadas a la
desaparición.
Ese tipo de intervenciones ayudan,
pero no son la panacea. «Es preciso conciliar
las necesidades de la especie con
nuestras prioridades y las de las comunidades
locales», afirma el investigador
del Instituto de Zoología Andrew Jacobson.
La valla no resultaría práctica, por
ejemplo, en lugares donde impidiera las
migraciones de la fauna, como la del ñu,
que cada año atraviesa el Serengueti en
busca de las lluvias.
Los especialistas disienten en la
utilidad de las rejas, pero en lo que sí
coinciden casi todos es que el porvenir
del león en África depende más de los
dólares que de los cercados. Numerosos
parques y reservas del continente
languidecen por la escasez crónica de
fondos. Según un análisis realizado por
Packer en 2013, es más barato mantener
leones en reservas cercadas a razón de
unos 500 dólares por kilómetro cuadrado
(sin contabilizar el alto coste de la
instalación) que en las zonas sin vallar,
donde 2000 dólares solo llegan para
mantener la población a la mitad de su
densidad potencial. Pero un análisis de
Scott Creel, de la Universidad de Montana,
concluyó que, teniendo en cuenta el
gasto que supone, invertir en las zonas
sin vallar ayuda a un mayor número de
leones.
Si los administradores de África
contaran con tanta financiación como
el Parque Nacional de Yellowstone, unos
4100 dólares por kilómetro cuadrado,
podrían permitirse el lujo de acoger una
población media de leones no cautivos
de unos dos tercios de su dimensión
potencial, mejor que la situación actual.
A pesar de la utilidad del ecoturismo y
de la caza deportiva para la conservación
del león en general, el porcentaje
de los ingresos que llega a manos de los
gestores de fauna es escaso.
En aquellos lugares donde la ecología
hace desaconsejable el vallado, la financiación
resulta esencial para ofrecer
incentivos que compensen a los pobladores
por el coste de la coexistencia con
los grandes carnívoros, como la pérdida
de ganado a manos de los felinos hambrientos
o dejar de pastar en terrenos
protegidos. No hay que olvidar que, si
el ganado de la población humana en
auge sigue creciendo a expensas de las
presas naturales, los leones no tendrán
más remedio que atacar a los rebaños.
Ello, a su vez, puede dar pie a más
represalias, y el felino quedará entre
la espada y la pared: será víctima del
enfrentamiento directo con el hombre
y de la escasez de alimento. Las vallas
serán beneficiosas para algunos ecosistemas,
mientras que en otros casos se
deberá recurrir a proyectos de compensación
que mitiguen el conflicto, pero,
sea cual sea la solución, conllevará un
elevado coste.
Así las cosas, los últimos avances
ofrecen un camino a seguir: los leones
aún tienen cabida en África por mucho
tiempo en tanto la comunidad internacional
esté dispuesta a sufragarlo. «Si
se puede aumentar la financiación de
las zonas protegidas, no hay ningún
motivo para que las zonas protegidas
no puedan acoger muchos más leones»,
concluye Lindsey.
—Jason G. Goldman
Las cercas aseguran la supervivencia
de los leones y de otra fauna en zonas
donde sería imposible mantener grandes
mamíferos en plena libertad, pues evitan
el conflicto con los humanos, con su ganado
y con sus cultivos
Abril 2016, InvestigacionyCiencia.es 7
CIENCIA COTIDIANA
Micrometeoritos
en la puerta de casa
Los fragmentos de material
extraterrestre abundan más
de lo que parece y no resultan
difíciles de identificar
Aunque los grandes meteoritos son —por
fortuna— muy escasos, los más pequeños
bombardean la Tierra sin cesar. La NASA calcula
que, cada día, caen sobre nuestro planeta
más de cien toneladas de polvo, grava y
piedras procedentes del espacio. «Si bajamos
hasta el tamaño de una canica, podremos encontrar
uno por kilómetro cuadrado de superficie
terrestre», explica el astronauta civil
y cazador de meteoritos Richard Garriott.
«Y si bajamos al tamaño de un grano de
arroz, es increíble lo corrientes que son.»
De hecho, puede que en el tejado de su
casa haya unos cuantos micrometeoritos. La
mayor parte de ellos cae al mar, pero algunos
lo hacen sobre las ciudades, donde suelen
acumularse en los rincones y los resquicios
de los tejados. Cuando llueve, la lluvia
los arrastra hacia los canalones.
Muchos meteoritos son ricos en níquel
y hierro. Para encontrarlos, Garriott emplea
un potente imán, el cual hace pasar sobre
las hendiduras de las losetas situadas junto
a la boca de un canalón. Por supuesto, no
todo lo que acaba en el imán viene del espacio;
también pueden aparecer restos de materiales
de construcción o fragmentos de rocas
terrestres. Sin embargo, no es muy difícil
separar el trigo de la paja: los micrometeoritos
son esféricos y tienen «costra», el característico
recubrimiento de vidrio que se crea
cuando un material se funde. La mejor forma
de confirmar su presencia es a través del
microscopio.
Garriott no es el único entusiasta que rastrea
su porche en busca de tesoros celestes.
Numerosos aficionados han remitido ya más
de 3000 fotografías de posibles piedras espaciales
a la iniciativa Project Stardust (www.facebook.
com/micrometeorites), que anima a
todos los científicos aficionados a compartir
sus hallazgos. —Jennifer Hackett
COMPORTAMIENTO ANIMAL
De ninfa huérfana a madre descuidada
Las tijeretas transmiten sus traumas a la descendencia
Una de las conmociones más profundas que puede sufrir un individuo es la
pérdida de un progenitor a una edad temprana. Se sabe que muchas especies
de mamíferos, entre ellas la humana, transmiten este trauma a las generaciones
siguientes. Ahora, un grupo de biólogos ha demostrado que lo mismo
ocurre con algunos insectos. Según un artículo publicado a finales del año
pasado en Proceedings of the Royal Society B, las ninfas de tijereta común que
han de apañárselas solas durante las primeras etapas de su vida se convierten
luego en progenitoras más desapegadas.
Al contrario de lo que ocurre con la mayoría de los vertebrados, los juveniles
de tijereta pueden sobrevivir sin asistencia materna. A la vista de ello,
el biólogo evolutivo Joël Meunier, por entonces en la Universidad Johannes
Gutenberg de Maguncia, y sus colaboradores se preguntaron cómo afectaría
la falta de la madre a estos artrópodos. En su experimento, 40 madres de tijereta
criaron a un total de 1600 ninfas; otras 1600, en cambio, tuvieron que
arreglárselas solas. Un tiempo después, los investigadores observaron que las
ninfas hembra del primer grupo se habían convertido en devotas madres: limpiaban
los huevos con frecuencia, alimentaban a sus crías y las defendían. En
cambio, las hembras de tijereta que habían crecido sin compañía materna no
destacaron como cuidadoras. No alimentaban a sus descendientes tan a menudo
ni los protegían tan eficazmente de los depredadores.
El trauma parece tener un componente genético. Los investigadores observaron
que los juveniles de madres huérfanas, incluso cuando eran criados
por progenitores adoptivos, recibían menos atenciones que los especímenes de
control. Estos resultados sugieren que alguno de los aspectos que intervienen
en una crianza deficiente podría ser hereditario.
Meunier, ahora en la Universidad de Tours, explica que estudiar la crianza
en insectos tal vez arroje luz sobre los orígenes de la dinámica familiar y del
comportamiento social. «No hay muchas especies de artrópodos en las que
los progenitores cuiden a su descendencia, pero las que lo hacen podrían
ayudarnos a saber cómo y por qué evolucionó la vida en familia», concluye el
investigador.
—Rachel Nuwer
thomas fuchs (micrometeoritos); TIM SHEPHERD, Getty Images (tijeretas)
Apuntes
8 INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, abril 2016
Cor tes ía de Breanna Moore , Che ung Labora tor y, Fred Hutchinson Cancer Research Cen ter
BIOLOGÍA
Cómplices tumorales
Las células cancerosas que viajan en grupo son las
responsables de la diseminación de la enfermedad
La metástasis es la culpable de la inmensa mayoría de las muertes
por cáncer: cuando las células se desprenden del tumor y se hacen
fuertes en otros lugares, el tratamiento se complica. Un nuevo estudio
muestra que, en contra de lo esperado, la mayoría de los tumores
metastásicos no tiene su origen en células solitarias procedentes
del tumor primario, sino en conglomerados de células que se desprenden
de él y viajan juntas por el torrente sanguíneo. Las células
que integran esos conglomerados itinerantes se comunican entre sí
y fabrican proteínas específicas que podrían
servir como dianas farmacológicas
o bioindicadores del riesgo de metástasis.
Para averiguar cómo se forman
las metástasis, Andrew Ewald, biólogo
celular especializado en cáncer, y su
equipo de la Universidad Johns Hopkins
crearon tumores en ratones inyectando
una mezcla de células cancerosas
multicolores en su torrente sanguíneo.
Si los tumores surgieran de una
sola célula, al microscopio lucirían un
color uniforme. Si, en cambio, nacieran
de agrupaciones de células, crecerían
en esferas multicolores. El equipo
comprobó que cerca del 95 por ciento
de los tumores malignos formados eran
multicolores y, por tanto, engendrados
por varias células (metástasis pulmonar,
ilustración).
En un segundo experimento, examinaron cientos de células tumorales
cultivadas juntas en una placa de Petri pero sin contacto físico
entre ellas. Casi todas murieron. Por el contrario, las células de
otra placa que pudieron agregarse se multiplicaron en más colonias,
aunque el número inicial de «semillas» era menor. «Si se controla el
número de células, la eficiencia de la formación de metástasis a partir
de células agregadas se multiplica por más de cien», explica Ewald.
Los resultados se publicaron el pasado febrero en Proceedings of the
National Academy of Sciences USA.
No está claro por qué las células agregadas sobreviven y metastatizan
más, pero es probable que la cooperación entre las integrantes
de los conglomerados (mediante el intercambio de moléculas
mensajeras, por ejemplo) las proteja contra la muerte celular en
el torrente sanguíneo o en los puntos distantes donde van a parar,
apunta Joan Brugge, bióloga celular especializada
en cáncer de la Escuela de
Medicina de Harvard que no ha participado
en el estudio.
En cuanto a las posibles ventajas
para los pacientes, el equipo de Ewald
también descubrió que los conglomerados
viajeros comparten rasgos moleculares
y casi todos sintetizan la proteína
queratina 14. «El descubrimiento tal vez
resulte útil para elaborar estrategias dirigidas
contra todas las células

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