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La comunidad del anillo de J. R. R. Tolkien

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El hábito de edificar casas de campo y graneros dicen que comenzó entre los
habitantes de Marjala, a orillas del Brandivino. Los Hobbits de esa región, llamada
Cuaderna del Este, eran más bien grandes y de piernas fuertes y usaban botas de
enano en los días de barro. Pero no se ignoraba que tenían gran proporción de sangre
Fuerte, lo que se notaba en el vello que les crecía en las barbillas. Ni los Pelosos ni los
Albos tenían rastro alguno de barba. Los habitantes de Marjala y Los Gamos, al este
del río, donde ellos se instalaron más tarde, habían llegado a la Comarca en época
reciente, en su mayoría desde el lejano sur. Conservaban todavía nombres peculiares y
palabras extrañas que no se encontraban en ningún otro lugar de la Comarca.
Es posible que el arte de la edificación, como otros muchos oficios, proviniera de
los Dúnedain. Pero los Hobbits pudieron haberlo aprendido de los Elfos, los maestros
de los Hombres en su juventud. Los Elfos de Alto Linaje aún no habían abandonado
la Tierra Media, y moraban entonces en los Puertos Grises del Oeste, y en otros
lugares al alcance de la Comarca. Tres torres de los Elfos, de edad inmemorial, podían
verse aún más allá de las fronteras occidentales. Brillaban en la lejanía a la luz sobre
una colina verde. Los Hobbits de la Cuaderna del Oeste decían que podía verse el mar
desde allá arriba, pero no se tiene noticia de que alguno de ellos escalara la torre. En
realidad, muy pocos Hobbits habían navegado, o siquiera visto el mar, y menos aún
habían regresado para contarlo. La mayoría de los Hobbits miraban con profundo
recelo aún los ríos y los pequeños botes, y muy pocos podían nadar. A medida que el
tiempo corría, hablaban menos y menos con los Elfos y llegaron a tenerles miedo y a
desconfiar de quienes los trataban. El mar se transformó en una palabra pavorosa, y
un signo de muerte, y los Hobbits volvieron la espalda a las colinas del oeste.
El arte de la edificación bien pudo provenir de los Elfos o de los Hombres, pero
los Hobbits lo practicaban a su manera. No construían torres. Las casas eran
generalmente imitaciones de smials, techadas con pasto seco, paja o turba y de
paredes algo combadas. Este tipo de construcción venía sin embargo de los primeros
días de la Comarca, y cambió y mejoró mucho desde entonces, incorporando
procedimientos aprendidos de los Enanos o descubiertos por ellos mismos. La
principal peculiaridad que subsistió de la arquitectura hobbit fue la afición a las
ventanas redondas, o aun a las puertas redondas.
Las casas y las cavernas de los Hobbits de la Comarca eran a menudo grandes y
habitadas por familias numerosas. (Bilbo y Frodo eran solteros y por ello
excepcionales, como en muchas otras cosas, entre ellas su amistad con los Elfos.) En
ciertas oportunidades —como el caso de los Tuk de los Grandes Smials o de los
Brandigamo de Casa Brandi—, muchas generaciones de parientes vivían en paz
(relativa) en una mansión ancestral de numerosos túneles. Todos los Hobbits eran, de
cualquier modo, gente aficionada a los clanes y llevaban cuidadosa cuenta de sus
parientes. Dibujaban grandes y esmerados árboles genealógicos con innumerables
ramas. Cuando se trata con los Hobbits es importante recordar quién está
emparentado con quién y en qué grado. Sería imposible en este libro establecer un
árbol de familia, aunque sólo incluyera a los miembros más importantes de las
familias más destacadas en la época a que se refieren estos relatos. La colección de
árboles genealógicos que se encuentra al final del Libro Rojo de la Frontera del Oeste
es casi un pequeño libro y cualquiera, exceptuando a los Hobbits, la encontraría
excesivamente pesada. Los Hobbits se deleitan con esas cosas, si son exactas; les
encanta tener libros colmados de cosas que ya saben, expuestas sin contradicciones y
honradamente.
H
2
De la hierba para pipa
ay otra cosa entre los antiguos Hobbits que merece mencionarse; un hábito
sorprendente: absorbían o inhalaban, a través de pipas de arcilla o madera, el
humo de la combustión de una hierba llamada hoja o hierba para pipa, quizás
una variedad de la Nicotiana. Hay mucho misterio en el origen de esta
costumbre peculiar, o de este «arte», como los Hobbits preferían llamarlo. Todo
lo que se descubrió en la antigüedad sobre el tema fue recopilado por Meriadoc
Brandigamo (más tarde señor de Los Gamos) y puesto que él y el tabaco de la
Cuaderna del Sur son parte de la historia que sigue, sus comentarios en la
introducción al Herbario de la Comarca merecen ser citados aquí.

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