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La Locura de Nayade Trilogía Locura nº 1 – Chloe Magne

La Locura de Nayade Trilogía Locura nº 1

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alquiler o préstamo públicos.
Los personajes y escenarios que
aparecen en esta novela son pura
ficción. Cualquier parecido con la
realidad es mera coincidencia.
Dedicado a mí marido Jesús, mi
cómplice, mi gran amigo, el amor de mi
vida, con el que comparto todas mis
locuras, incluida esta donde le robé
muchas horas de descanso.
A mis hijos, Jan y Chloe porque
desde que nacieron me alegraron los
días y me hicieron descubrir un amor
incondicional.
Y a mis padres que siempre me han
apoyado y me han acompañado en todos
los momentos de mi vida.
A veces cuando la provocación de
emociones es tan grande,
no hay poder humano que pueda
refrenar
la fiebre de la pasión.
Chloe Magné
Contenido
Prólogo
Capítulo 1 Bienvenida a Río de
Janeiro
Capítulo 2 El imbécil de la canoa
Capítulo 3 Sabor a Guaraná
Capítulo 4 No huyas más
Capítulo 5 Déjate llevar
Capítulo 6 Sorpresa
Capítulo 7 Fernando Noronha
Capítulo 8 Atrévete a saltar
Capítulo 9 Cristo Redentor
Capítulo 10 El diamante rojo
Capítulo 11 Cavallino Rampante
Capítulo 12 Delfines Rosa
Capítulo 13 No te abandonaré
Capítulo 14 Todo…Nada
Capítulo 15 Recuerdos
Capítulo 16 Nunca te dejaré ir
Capítulo 17 Meu coraçao
Capítulo 18 Minha vida
Capítulo 19 Meu grande amor
Capítulo 20 Tenho saudades tuas
Capítulo 21 Sempre vou te amar
Capítulo 22 Mi preciosa ninfa
Capítulo 23 Brigid la diosa celta
Capítulo 24 Se acordará de mí?
Capítulo 25 La noche más oscura
Capítulo 26 La ira del dios del
olimpo
Capítulo 27 Río negro
Epílogo
LA LOCURA DE CHLOE
Agradecimientos
“TRILOGÍA LOCURA”
Tres historias diferentes…tres
mujeres diferentes…tres ciudades
diferentes…las tres protagonistas con un
nexo en común, la amistad.
Vive con ellas sus apasionantes
historias de amor que te llevarán a
enloquecer con ellas…

LA LOCURA DE
NAYADE
Sinopsis
Nayade es bióloga marina y trabaja
para National Geographic en la
Antártida realizando un gran proyecto
sobre el descubrimiento de las tierras
vírgenes.
El trabajo lo es todo para ella, sobre
todo desde que un amor la dejó con el
corazón destrozado…”congelado”.
Cuando su gran amiga Chloe le propone
un viaje a Brasil concretamente a Río de
Janeiro para disfrutar y arrancarse los
días de soledad no se lo piensa,
sol…playa…samba y hombres guapos
con los que sólo tener una simple
aventura es lo que necesita, pero todo lo
que tenía planeado se le viene abajo al
cruzarse en su camino Isaac, un atractivo
millonario que desde que la ve por
primera vez tiene las cosas claras…
La quiere a ella.
15 días de amor, pasión, celos e
intrigas en el incomparable marco de
Río de Janeiro. Conseguirá Isaac
descongelar su corazón? Sería una
auténtica locura dejar todo por él?
Descubre la apasionante historia de
amor de una mujer que se debate entre la
razón y el deseo, entre la mente y el
corazón…vive una auténtica locura con
los protagonistas de La locura de
Nayade. Porque el corazón nunca
atiende a razones.
Prólogo
Despertar de un sueño en el que soy
feliz, y descubrir justo al abrir mis ojos
que es todo una vil mentira de mi
cerebro en esas horas nocturnas, es algo
que me sucede a menudo. Mi piel añora
alguien que no existe, y aunque mis
besos…mi cuerpo y mi corazón no son
dueños de nadie desde hace muchos
años, en esas horas en las que me sumo
en un profundo sueño, tengo la sensación
de pertenecer a alguien…un hombre que
con su sola presencia es capaz de
estremecer mi piel por completo, un
hombre que despierta en mi los más
profundos e instintos deseos que nunca
he experimentado en mi vida…cada
centímetro de mi piel, cada poro…cada
célula de mi ser tiene dueño en esos
efímeros instantes en los que el sueño
toma posesión de mi cuerpo.
Parpadeé aturdida como siempre me
pasaba cuando soñaba con esos labios
desenfrenados y pervertidos que
recorren mi piel sin reglas absurdas, esa
lengua tan real que provoca todo un
huracán de sensaciones en mi logrando
que suelte un suspiro de frustración al
darme cuenta una vez más cuando
despierto de este excitante sueño, que mi
vida es un completo y absoluto desastre
emocional, por más que lo intento, no
puedo mantener ninguna relación
sentimental, aunque claro, tampoco es
que tenga mucho donde elegir.
Cerca de la hora del desayuno, salí
de la base científica y caminé en
silencio mirando el oscuro cielo, un
espectáculo sobrecogedor se cernía
sobre mí, espectros pululantes y una
lluvia de color que daban la sensación
de ser abducida en cualquier momento.
Arrodillado al lado de su cámara,
Joseph captaba pacientemente los
detalles que el ojo no es capaz de
apreciar, era una experiencia fascinante
estar bajo ese baile de sirenas. El
silencio nos rodeaba y Joseph ni se
inmutó cuando me senté junto a él,
ensimismado, hasta diría que hechizado,
siguió detrás del objetivo
inmortalizando una de las tantas auroras
astrales que se podían ver desde la base
en las eternas noches de la Antártida.
Hoy más que nunca me empapaba de
la esencia, del espíritu de uno de los
lugares más inhóspitos de la tierra.
Trabajar aquí no es fácil, largas
jornadas de investigación sintiéndote
sola en medio de este océano helado con
temperaturas que te congelaban las
pestañas, definitivamente no es nada
fácil, pero mi trabajo era la recompensa
a tantos años persiguiendo mi gran
sueño, ser exploradora residente de
National Geographic, valía todo el
esfuerzo y los años de lucha por
conseguirlo. En momentos como este,
sentada junto a mi inseparable
compañero de expedición Joseph, me
daba cuenta del enorme privilegio que
suponía ser bióloga marina en el
continente más frío de la tierra, ver las
auras antes de una larga jornada de
trabajo, o durante cualquier hora del día,
ya que podíamos observarlas en la
eterna noche en la que nos sumía la
Antártida, era un regalo para mis ojos.
La oscuridad total hasta el mes de
septiembre era lo que me esperaba en
los próximos meses, la misma oscuridad
en la que se encerraba mi corazón desde
hacía años, el tiempo no borraba la
agonía que se desencadenó dentro de mi
ser, y vivía desde entonces sin recordar
cómo era ser feliz…o quizás nunca lo fui
y por eso no lo recordaba.
Miré al cielo sin pestañear y Joseph
captó con la cámara el incremento del
brillo del arco, formando ondas y
estructuras que parecían rayos de luz
alargados y delgados. De repente la
totalidad del cielo se llenó de bandas,
espirales, y rayos de luz que temblaron y
se movieron rápidamente de horizonte a
horizonte produciéndome un enorme
sobrecogimiento.
En el Polo Sur sólo amanece una vez
al año y sólo anochece otra vez al año, y
llevábamos semanas sin ver el sol, sin
ver nada a tan sólo unos pasos de
distancia, sólo la absoluta oscuridad.
– Que poco te queda para irte
Nayade- dijo Joseph sin dejar de tomar
fotografías.
– ¿Percibo un ligero toque de celos?-
me miró y en sus ojos se reflejaba la
diversión.
– Tu qué crees? Te vas a ir a un lugar
donde no será imprescindible que
envuelvas la zona de la batería de la
cámara con calentadores químicos para
prolongar mínimamente la duración de
las baterías – sonreía ampliamente.
– ¿Me creerías si te digo qué no me
apetece mucho ir de viaje?- confesé con
sinceridad.
– Eso lo dices ahora porque te da
pereza tener que subirte dentro de unas
horas en el rompehielos que te llevará a
la civilización – asentí mientras me
acurrucaba más dentro de la chaqueta.
– Como lo sabes…- resoplé. -sólo de
pensar en el trayecto en barco, las horas
interminables de vuelo con sus
respectivas escalas ya me tira para
atrás- me lamenté con el frío
comenzando a calar en mis huesos.
– Va no te quejes, en el fondo estás
deseando llegar a tu destino para ir
paseando del brazo de Chloe
escaneando a todo espécimen masculino
que se cruce por vuestro camino- sonreí
porque en el fondo tenía razón.
– Menos mal que me has recordado
una de las cosas positivas del viajebromeé.
– Una??- comenzó a reír.- vais al
paraíso terrenal soñado por miles de
mujeres – tuve que hacer un enorme
esfuerzo para no reír a carcajadas ya
que Chloe casi utilizó las mismas
palabras para convencerme.
– Dios sí! hombres musculosos,
bronceados, con el ritmo de la samba
corriendo por sus venas, reyes del balón
y la capoeira! Dios la capoeira no se me
olvide- expresé con énfasis causando su
risa.
– Para que habré dicho nada, anda
ves a despedirte de los demás.- me di la
vuelta y comencé a caminar de regreso a
la base científica – oyeeee- de repente
noté un tirón en la chaqueta.- oye que te
vas sin despedirte de tu costilla! no me
das mi abrazo de despedida?- la voz
falsamente lastimosa de Joseph me hizo
reír.
– Anda costillita ven aquí que te
voy a echar de menos estas semanas- me
burlé mientras le abrazaba.
– Disfruta mucho, carga pilas y
desmelénate con Chloe en Brasil, que
luego cuando vuelvas nos toca
encerrarnos en el laboratorio de la base
los próximos meses – esa era la peor
parte de pasar el invierno en la
Antártida, el aislamiento completo.
– Si lo sé, no creas que se me
olvida ese detalle- me acerqué y besé su
mejilla – Joseph por favor cualquier
duda, o problema con quienes ya sabes
me llamas por favor – dije en tono serio.
Teníamos la exclusiva del hallazgo
del siglo, el descubrimiento de 3.500
formas de vida en el lago Vostok, una
reserva de agua subterránea de la
Antártida que ha estado aislada de la
atmósfera terrestre durante 15 millones
de años, y este descubrimiento tan
relevante, nos tenía en jaque con unos
científicos americanos que no dejaban
de incordiar, auto proclamándose los
autores de tal descubrimiento. Sólo nos
faltaban algunas de las esperadas
imágenes para completar el hallazgo.
– No te preocupes vete tranquila, y si
ves a Iarah le das un enorme abrazo de
mi parte- hice una mueca de disgusto.
– No sé nada de ella desde hace
meses, no responde a mis llamadas- dije
con tristeza. – – La última vez que hablé
con ella se encontraba en Saô Paulo y
las cosas no le iban muy bien – recordé
con pena nuestra última conversación
por teléfono.
– Habrá empeorado su madre?-
preguntó Joseph con gesto de
preocupación.
– Espero que no, su madre era muy
importante para ella- Iarah era una de
los mejores apoyos que tuve durante mis
días más grises. Una guapísima
brasileña que alegró los días de todos
los compañeros con su risa, su carácter
afable y sus clases improvisadas de
samba en medio del comedor. Fue un
mazazo enorme que se marchara, Iarah
era la única persona en la base con la
que compartía mi secreto, mi llanto en
mis horas bajas, y las desilusiones de la
vida que mi memoria se encargaba de
reproducir en mi cabeza.
– Me marcho ya que si no me dejan
en tierra- miré el reloj y me sobresalté
de la hora que era.- Adiós Joseph,
cuídate vale?- Me marché
apresuradamente hacia la base.
– Hasta pronto Nayade! Y por favor
utiliza la cámara que te regalé- gritó a
unos metros de distancia.
– Joseph es enorme.- le grité desde la
oscuridad y escuché su risa.
– No me hagas gritarte que tengo
enorme!- alzó la voz para que le
escuchara – me voy a enfadar si no la
usas- resoplé con los labios pegados
dentro de la chaqueta por el frío.
– Eres un fanfarrón!!Que siii…que si
la usaré pesado! Pero ves preparando la
factura del fisioterapeuta, se me va a
desencajar el brazo sujetando tremenda
cámara- dije refunfuñada y su risa se
convirtió en sonoras carcajadas.
– Yo también te quiero Nayade- gritó
de nuevo haciéndome reír.
– Y yo pingüino- me marché
dejándole solo, y recordé mientras me
alejaba nuestro primer trabajo juntos
con los pingüinos rey en la tierra del
fuego en Chile. Desde entonces
trabajábamos codo con codo, sus
fotografías eran las más solicitadas en
las revistas científicas, y aparte de buen
profesional, Joseph era un gran hombre,
enamorado de una gran mujer como Liz,
a la que tuve el placer de conocer el año
pasado en su boda.
A bordo del rompehielos me alejaba
del continente antártico, surcaba las
aguas congeladas con las desavenencias
de un clima hostil y las imágenes eran
casi poéticas. Desde la cubierta exterior
saboreaba el silencio y la soledad, una
constante en mi vida desde hacía años.
El regreso a Barcelona aunque sólo
fuera por unos días, significaba volver a
la civilización, al ruido, al tráfico…y al
pasado. Navegando por las aguas del
mar de Drake y escoltados por los
albatros de ceja negra y los petreles
gigantes del sur, temía regresar al origen
de mi dolor. La vida me obligó a tomar
tragos amargos de inexperiencia
absoluta y de ilusiones irónicas, y el
tiempo aunque no borraba las cicatrices,
si congeló mi corazón, creyendo que
para sanar desde el interior, la soledad
de la Antártida era el lugar más
adecuado.
Observé la superficie del mar en
busca de ballenas Jorobadas y cuando
una de ellas emergió desde las
profundidades yo ya había tomado la
decisión de seguir el consejo de Chloe.
Liberarme del miedo a volver a vivir,
escribir la primera línea de un nuevo
libro, y arrancar las hojas del pasado,
tampoco significaba que tuviera que
volver a enamorarme de alguien, sólo se
trataba de pasarlo bien, aunque en el
fondo, en un pequeño rincón de mi
corazón creía en un amor de fantasía,
uno que aparecía en mis sueños, un
hombre que arrastraba todas las ramas
caídas de la desdicha y el dolor y se
apoderaba de mi alma por completo.
Capítulo 1 Bienvenida a
Río de Janeiro
Día 1
Bostecé e intenté estirarme, algo
difícil de conseguir con mi metro
ochenta de estatura sentada en un sillón
de avión de categoría turista. Estaba
agotada… terriblemente agotada. El
vuelo desde Santiago de Chile con
escala en Madrid hasta llegar a
Barcelona fue interminable, y este viaje
a Brasil terminaría con mis pocas
reservas de energía. El agradable clima
dentro del avión después de estos meses
de frío insoportable, lograban que
cayera en un dulce sopor y me durmiera
profundamente, exhausta hasta el
cansancio.
Los escasos días que pasé en
Barcelona fueron un continuo ir y venir
de amigos, recibiendo llamadas de
personas que hacía años que no veía,
seguramente llamaban movidos por la
curiosidad, el morbo de saber de
primera mano cómo era la experiencia
de vivir en una antigua base militar en la
Antártida. De quién no recibí ni una
triste llamada fue de mis padres, aún hoy
en día esperaba la disculpa por parte de
ellos pidiéndome perdón. No alcanzaba
a comprender como podían ser tan
mentirosos y egoístas, sobretodo mi
madre, la persona que me trajo al mundo
se encargó en su día de apuñalarme por
la espalda en el peor momento de mi
vida, y desde entonces no teníamos
ninguna clase de contacto.
Volví a despertar en el incómodo
asiento del avión, miré el reloj y sólo
faltaba una hora escasa para que
aterrizara el avión en el aeropuerto
internacional de Galeão. Observé a
Chloe, mi pequeña terrorista dormía
plácidamente con la boca abierta
apoyada en mi hombro, sonreí pensando
como un cuerpo tan pequeño podía
encerrar en el tanto carácter. Sus
llamadas vía satélite sermoneándome
para que eligiéramos este destino y no
otro eran de auténtica experta
extorsionadora, incluso fue capaz de
amenazarme con sabotear mis
investigaciones si no aceptaba el idílico
destino propuesto por ella, creía
firmemente que necesitaba Brasil para
arrancarme los días de soledad y
aislamiento a los que me sometía mi
trabajo, y también mi corazón.
Sufrir el abandono más cruel que el
destino te puede jugar no es algo fácil de
digerir, y ese era el motivo de mi exilio
emocional, la razón por la cual construí
un muro fuerte e indestructible alrededor
de mi corazón. Aún en ocasiones podía
sentir los pedazos, destrozados,
convertidos en añicos clavándose en mi
pecho, recordando todo lo perdido, lo
que pudo haber sido y no fue. Poco a
poco empezaba a sonreírle a la vida, a
mis amigos, a seguir adelante con mucho
coraje, recomponiendo la persona que
alguna vez fui, y mi mejor amiga había
sido testigo de ello. Pensé en
despertarla, pero rápidamente descarté
esa idea, estas últimas semanas junto a
su equipo de trabajo habían sido
agotadoras finalizando gran parte de la
colección Pret â Porter que presentaría
en la siguiente fashion week de París.
Casi sufrió una apopléjia severa por
culpa de un inoportuno retraso en la
llegada de unas telas, debido a ese
contratiempo estuvimos a punto de
cancelar el viaje para desdicha de
Chloe, que finalmente logró solventar el
problema.
Miré de nuevo a Chloe que seguía
durmiendo y sonreí, era mi mejor amiga,
mi compañera del alma, la alegría
personificada, una inagotable fuente de
vida que me aportaba mucha luz en
medio de tanta oscuridad. Vivíamos
juntas en Barcelona, aunque pensándolo
bien, juntas lo que se dice vivir juntas
tampoco, la mayor parte del año debido
a mi trabajo residía en la Antártida, sólo
convivía con Chloe los cuatro meses que
por condiciones climatológicas extremas
no podía trabajar en el continente
helado. Este sería el primer año que me
quedaría junto a Joseph en la base
científica en completo aislamiento, y
Chloe no lo llevaba nada bien.
La música en el iPod no apaciguaba
mis repentinos nervios,
inexplicablemente crecían a medida que
nos acercábamos a nuestro destino, lo
atribuí a las ganas de llegar. Deseaba
relajarme y celebrar este año plagado de
éxitos laborables en la ciudad más
ecléctica y vibrante de Brasil, explorar
Río de Janeiro junto a mi inseparable
amiga Chloe y disfrutar de la gente, la
música, las playas y el sol. Pensé un
instante en los hombres brasileños y
algo en mi interior se revolvió inquieto.
“una simple aventura, sólo eso, sin
ataduras”, era lo único que estaba
dispuesta a tener.
Entumecida estiré de

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