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La sombra de los iridiscentes – La Península Arfis 1 – C. R. Lasauskas

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Resumen y Sinopsis De 

Estaba solo. Había recorrido todo el barco en busca de Aras, pero no lo había encontrado, ni a él ni a nadie. Subí a cubierta. El barco estaba lejos de la costa, en
mitad del mar. ¿Cómo? Nunca nos alejábamos tanto, siempre la teníamos a la vista. Caminé hacia el timón. Tenía que llevar el barco de vuelta. Volverían tarde o
temprano y no podían permanecer tanto tiempo en la arena. ¿Y si los guardias decidían pasearse por ese lado de la playa? Los atacarían. Tenía que darme prisa. Con
mucha paciencia y esfuerzo cambié el rumbo hacia el oeste. Me sorprendí a mí mismo de lo bien que lo había hecho.
Una sombra inmensa se alzó sobre la embarcación despojándome de la tenue luz de la unba. Me sentí solo, más solo aún. A mi lado, una ola gigante se acercaba y
amenazaba con romperse. Me quedé inmóvil sin saber qué hacer. La madre naturaleza había sentenciado mi existencia. Se acabó. Era el fin. El fin para mí y para el
resto. Me hundiría con su última esperanza. Y mi último pensamiento fue para ella, la unba.
Me desperté. Respiraba de forma entrecortada. Unas gotas de sudor se desprendieron de mi frente. Otra vez la misma maldita pesadilla de siempre. Miré a mi
derecha. Gracias a la luz de la unba que se filtraba por la ventana, no me hizo falta encender la lámpara de aceite para ver que Aras dormía como un bebé sobre su catre.
Había tirado la almohada y la sábana al suelo, como siempre. Sonreí. Para mí era mi hermano, aunque la sangre dijese lo contrario.
No tendría que haber cenado sopa justo antes de irme a dormir. Aun sabiendo que las ganas de levantarme para ir al baño por la noche hacían que tuviese pesadillas,
mi madre seguía cocinándola y yo seguía sin poder resistirme a ella. Bueno, tampoco teníamos mucho para elegir.
Hice las sábanas a un lado y me senté. No veía las zapatillas. Daba igual, iría descalzo. Me levanté y salí del camarote. Fui hasta el final del pasillo, al baño. Ah, qué
bien se siente uno después de vaciar la vejiga. Me lavé las manos. Luego volví sobre mis pasos.
A mitad de camino oí unas voces. La puerta de uno de los camarotes que usábamos de zona común estaba entreabierta. No recordaba que estuviese así antes. No me
hubiese quedado a escuchar escondido como un bandido si no hubiese reconocido su voz, la de mi madre.
No puedo… no puedo más dijo entre sollozos . Siento que esto está acabando conmigo…
Tranquilízate, Veronika dijo una voz masculina, a la que identifiqué como la del padre de Aras y primero al mando de La Turbia, Antanas. Te prometo que no
falta mucho para que recuperemos lo que es nuestro.
Se me rompía el corazón cada vez que oía a mi madre llorar. Siempre intentaba estar alegre ante los demás, incluso conmigo. A veces la veía triste, pero pocas veces
lloraba, y eso me hacía sentir realmente mal.
Podemos hacer lo que teníamos planeado prosiguió Antanas. Podríamos… enviar a uno de los jóvenes para que se infiltrase en la aldea. A ellos no los
conocen. Podría acercarse a Vilhelmas y hacerlo caer en una trampa, en nuestra trampa. Llevaríamos a cabo nuestra rebelión y tomaríamos el poder. Nosotros
lideraríamos Zirkaas de forma justa y honrada.
¿Y quién aceptaría asumir tal riesgo?
Durante unos segundos reinó el silencio. Y luego, mi madre, con tono alterado pero sin alzar mucho la voz, volvió a intervenir.
Ah, no. De ninguna manera. No voy a permitir que arriesgues la vida de mi hijo.
Veronika intervino Antanas, tu hijo es el que mejor preparado está. Es el que mejor maneja la espada de todo el barco con diferencia, puede defenderse.
Además, es astuto y…
¡No! lo interrumpió . No puedo aceptarlo.
El silencio los envolvió una vez más. Mi madre le había dejado muy clara su postura respecto a mí. Antes de que alguien me descubriese husmeando por ahí, me di la
vuelta y volví al camarote.
Antanas tenía razón, yo era el que mejor preparado estaba en todos los aspectos. Había tenido a los mejores espadachines del barco como maestros empezando por
él. Desde pequeño mi madre me había enseñado un montón de cosas sobre la Península. A pesar de que nunca había ido más allá de la costa, me conocía su geografía
gracias a los incontables mapas que guardaba. Y estaba seguro de que gracias a sus recuerdos y sus historias me desenvolvería mejor que nadie entre los habitantes.
Además, sabía leer y escribir perfectamente, afirmación que otros compañeros no podían hacer.
Estaba claro. Había tomado una decisión. Había llegado la hora. Por fin iría a Zirkaas y vengaría a mi madre. Ese hombre pagaría por todo lo que le había hecho a mi
gente, pero sobre todo por lo que le había hecho a ella. Antanas confiaba en mí, y estaba seguro de que si no fuese porque era su hijo, mi madre habría reconocido que
yo era el mejor candidato para esa misión. Era hora de poner en práctica todo lo que había aprendido.
Busqué un morral. No podía cargar con todo mi baúl. Me llevaría lo imprescindible.
¿Qué haces?
Aras se había despertado y se había sentado en el borde de la cama. Bostezó y se restregó los ojos con los nudillos. Luego me observó con los ojos bien abiertos,
como si se le fuesen a cerrar si no ponía todo su empeño en ello.
Me voy contesté sin más.
¿Adónde?
Dejé de recoger mis cosas y me giré para mirarle. No había muchos sitios a los que pudiese ir, pero realmente parecía no tener ni idea de lo que le estaba hablando.
Me voy a Zirkaas admití.
¿A la aldea?, ¿a qué? preguntó sobresaltado . Lo tenemos prohibido. En cuanto sepan que eres uno de los nuestros…
Tranquilo lo interrumpí . No van a descubrirme.
¿Por qué? preguntó desconcertado.
Voy a vengarme…por todos.
Eso pareció despabilarlo del todo. Su rostro reflejó su pánico.
¡¿Qué?! ¡¿Estás loco?! ¡¿Por qué?! exclamó, atropellando las palabras y subiendo el tono

Título: La sombra de los Iridiscentes (La Península Arfis nº 1) (Spanish Edition)
Autores: Lasauskas, C. R.
Formatos: PDF
Orden de autor: R., Lasauskas, C.
Orden de título: sombra de los Iridiscentes (La Península Arfis nº 1) (Spanish Edition),
Fecha: 06 ago 2016
uuid: 43c99aa5-18a1-4dfb-b3db-0671032fd7e8
id: 46
Modificado: 06 ago 2016
Tamaño: 0.79MB

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La sombra de los iridiscentes - La Península Arfis 1 – C. R. Lasauskas

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