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Libro PDF La suerte de los irlandeses J. L. Rod

La suerte de los irlandeses J. L. Rod

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Pat MacMillan, agente de la División
de Contrainteligencia de los
servicios secretos españoles,
trabaja en un departamento que no
tiene nombre ni figura en el
organigrama. Se ocupa de
operaciones de las que ningún otro
de los tres mil quinientos agentes
de La Casa pueden ocuparse, salvo
que estén dispuestos a ir a la cárcel
por violar en una misma mañana
cuatro o cinco artículos del Código
Penal. Cuando en pleno día de
Nochebuena se dispone a comenzar
unas largas vacaciones, recibe dos
malas noticias. La primera de ellas,
que el Centro Nacional de
Inteligencia tiene infiltrado entre
sus agentes un topo de la
organización terrorista ETA. La
segunda, que el agente elegido por
el Gobierno para identificar al topo
y detenerlo es él. A través de la
investigación del caso, el
esclarecimiento de una serie de
misteriosos asesinatos en cadena y
la lucha por desactivar un
inminente atentado terrorista de
terribles consecuencias, el lector de
este trepidante thriller conseguirá
desvelar toda la verdad sobre el
caso, que solo llegará al final de un
largo, intrincado y apasionante
recorrido que demostrará que las
cosas no son siempre como
parecen. O tal vez si…
J.L. Rod
La Suerte de los
Irlandeses
Pat MacMillan 01
ePub r1.1
Titivillus 25.02.16
Título original: La Suerte de los
Irlandeses
J.L. Rod, 2013
Editor digital: Titivillus
ePub base r1.2
A Maitetxu, porque donde
estás tú, está mi alegre hogar.
# 1 – IRA
Pasión del alma que causa
indignación y enojo.
Apetito o deseo de venganza.
Furia o violencia de los elementos.
Repetición de actos de saña, encono
o venganza.
Fuente: Real Academia de la
Lengua Española
«Se buscan hombres para
viaje peligroso. Sueldo escaso.
Frío extremo. Largos meses de
completa oscuridad. Peligro
constante. No se asegura el
regreso. Honor y reconocimiento
en caso de éxito».
Anuncio insertado el año
1907 en el diario londinense The
Times por el explorador de la
Antártida Ernest Shackleton.
Respondieron más de cinco mil
aspirantes.
Prólogo
Un día de mierda.
Un puto día de mierda.
Uno de esos días en los que todo
empieza mal. No había pegado ojo en
toda la noche, la báscula del baño le
había amenazado con ciento doce kilos,
no quedaba en casa ni una gota de café,
el coche seguía en el taller y La Negra
ya llevaba dos semanas sin llamar. Salió
de la ducha muy enfadado, se puso con
desgana su uniforme de comandante y
salió a la calle camino de su aburrido
trabajo de todos sus aburridos días. Un
puto día de mierda.
Caracas en diciembre era el
mismísimo infierno. Un setenta y cinco
por ciento de humedad y las famosas
nieblas frías del invierno no ayudaban
precisamente a levantar el ánimo. La
mañana transcurrió como siempre, sin la
más mínima incidencia. Cuando salió a
comer a eso de la una, dando su paseo
habitual hacia el barrio de Chacao para
comer en «El Mesón de Andrés»,
observó al detenerse en un semáforo
para cruzar la calle que una mujer
desconocida le llamaba desde la acera
de enfrente. No tenía ganas de nada y
decidió ignorarla, pero la insistencia de
aquella chica con pinta de turista
finalmente le hizo decidirse y se acercó
a preguntarla.
—¿Te conozco de algo?
—Deberías de conocerme, le
contestó con una sonrisa. —Llevo
siguiéndote dos semanas. ¿Te invito a
comer y hablamos?
El porcentaje de hombres mayores
de cincuenta años que habría rechazado
la propuesta ascendía, según todos los
estudios realizados, al cero por ciento.
La chica era todo un bellezón. Le
propuso que fueran a «Edith», en la
popular zona de La Trinidad. Paró
decididamente un taxi sin esperar su
respuesta y cuando quiso darse cuenta
estaba sentado a la mesa con aquella
mujer delante de dos botellas heladas de
Cerveza Polar.
Ya había estado allí en otras
ocasiones y de hecho era uno de sus
sitios preferidos para comer en la
ciudad. «Edith» es una casa de comidas
típica de las zonas industriales de
Caracas en la que la mayoría del
publico se compone de obreros con
ropas curtidas por la faena y algún que
otro oficinista infiltrado, conocedor de
este local donde se prepara sin ningún
género de dudas el mejor mondongo de
todo Venezuela. La vajilla y el
mobiliario son de plástico barato con
colores chillones y el olor del local se
encuentra permanentemente inundado
por el cilantro que forma parte
inseparable de la mayoría de los platos,
pero la calidad de la comida compensa
sobradamente la ausencia de lujos y
comodidades.
La chica inspiraba confianza y
parecía una mujer preparada con mucho
mundo a sus espaldas. No se anduvo por
las ramas y fue directa al grano. El
motivo de su invitación no era otro que
el de proponerle una sustanciosa
comisión si estaba dispuesto a realizar
las gestiones oportunas ante las personas
oportunas. Se trataba de colocar una
partida de dos mil pistolas de la
compañía española a la que
representaba en el Servicio Bolivariano
de Inteligencia, la policía política del
gobierno chavista en la que él venía
prestando sus servicios desde hacía
cinco años.
Le interesó la propuesta. Los
políticos venezolanos siempre eran
propicios a operaciones que incluyeran
una buena mordida, y a él no le iría nada
mal la cantidad que le ofrecían para
completar su escaso sueldo de
funcionario. Después de tratar los
aspectos generales de la operación, la
mujer pagó la cuenta y quedaron en
verse de nuevo esa noche para concretar
detalles. Decidió tomarse la tarde libre
para celebrarlo y dormir una buena
siesta. Nadie le iba a echar de menos en
el Ministerio, nunca había nada que
hacer salvo leer el Ultimas Noticias y
dejar pasar el tiempo hasta las cinco de
la tarde.
Según entró en el apartamento puso
el aire acondicionado y se tumbó encima
de la cama. Se encontraba a parir. La
comida le había dejado fuera de
combate. Knock Out. Definitivamente el
mondongo le volvía loco pero no estaba
hecho para él. Pierna y panza de res,
papas, ñame, ocumo, yuca, zanahoria,
albóndigas de harina de maíz y plátano
frito. Una puta bomba. Los

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