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Libro PDF Las aventuras de Tom Sawyer Mark Twain

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aunque Howells lo convenció de lo poco sensato
que resultaba promocionar el libro como literatura
de adultos, Mark Twain no pudo resistir la
tentación de utilizar el prefacio para atraerlos:
Aunque el objeto principal del libro es divertir a
la gente joven, espero que no por ello será
rechazado por hombres y mujeres, ya que entró en
mis propósitos recordar a los adultos, de una
manera agradable, cómo eran en su juventud, cómo
se sentían, pensaban y hablaban, y qué empresas tan
raras acometieron a veces.
Aquí Mark Twain esgrime un buen argumento.
En la novela abundan pasajes destinados a los
lectores adultos, y es probable que algunos de
ellos dejen indiferentes e incluso desconcertados a
los lectores más jóvenes. Por ejemplo, el
capítulo V describe cómo el solemne inicio de un
servicio religioso es interrumpido por «las risitas
y los murmullos del coro en la galería. El coro
siempre reía y murmuraba durante todo el
servicio». Esas líneas podrían divertir a algunos
niños, pero probablemente se les escaparía la
llamativa ironía de las dos siguientes: «Una vez
hubo un coro de iglesia que tenía educación, pero
no recuerdo dónde […] creo que era en algún país
extranjero». Esas frases sugieren en gran medida
el cinismo de Mark Twain acerca de los servicios
religiosos. Casi todo el capítulo XXI contiene
comentarios igual de cínicos sobre la «tarde de los
exámenes» en la escuela del pueblo que van
dirigidos a los adultos.
Un pasaje aún más claramente destinado a los
adultos pone fin al famoso episodio del capítulo II,
en el que Tom consigue que otros chicos le paguen
por blanquear una valla, un episodio que, por
casualidad, podría ser también el más apreciado
por el público infantil. Es evidente que los
lectores adultos pueden captar la ironía presente
en el triunfo de Tom. No obstante, para asegurarse
de que sacaban las conclusiones adecuadas, Mark
Twain manifestó de forma explícita la lección
moral de Tom:
Tom […] había descubierto, sin saberlo, una
gran ley de la actividad humana, a saber: que para
que un hombre o un muchacho codicie una cosa
solo hace falta que la cosa sea difícil de alcanzar. Si
Tom hubiera sido un gran filósofo lleno de
sabiduría, como el autor de este libro, hubiese
comprendido que el trabajo consiste en lo que el
hombre se ve obligado a hacer, y que el juego
consiste en lo que el hombre no se ve obligado a
hacer.
Resulta dudoso que los lectores jóvenes
extraigan enseñanza alguna de un pasaje como
este. Lo cierto es que muchos deben de sentirse
molestos por la irrupción de comentarios
irrelevantes y tal vez incomprensibles acerca de
flores artificiales, molinos de rueda, escaladas y
carruajes de pasajeros.
En su prólogo a la reimpresión de Tom Sawyer
por parte de Oxford University Press en 1996, el
novelista E. L. Doctorow formuló algunas
observaciones sobre la dualidad del público del
libro: «Podemos leer con la mirada de un niño o
con la de un adulto, y con una resolución focal
diferente para cada una». Por otra parte, Doctorow
sugirió que el mundo en el que vive Tom Sawyer
se compone de «dos formas de vida distintas y, en
su mayor parte, irreconciliables, el Niño y el
Adulto». Doctorow acierta al afirmar que los
niños y los adultos de ese mundo tienen culturas
diferentes que chocan continuamente y generan
fricciones. Esas diferencias se reflejan en las
perspectivas cambiantes de los lectores del libro.
Aunque Mark Twain tenía razón al pensar que
el público adecuado para Tom Sawyer eran los
lectores adultos, no es difícil entender por qué el
libro siempre ha sido popular entre los lectores
jóvenes. Aunque a los niños estadounidenses
modernos pueda resultarles muy extraño el
escenario en el que está ambientado, es decir, el
Medio Oeste de mediados del siglo XIX, no deja
de reconfortarles la sensación de gran libertad que
transmite el libro. En contraste con las rutinas
rígidamente estructuradas por las que se rige la
vida cotidiana de los niños modernos —desde las
aulas y los programas extraescolares hasta las
clases de música, los deportes reglados y otras
actividades supervisadas por adultos—, la vida de
los niños en el mundo de Tom Sawyer aparece casi
desestructurada. Aparte de la obligación de asistir
a la escuela y a los servicios religiosos, Tom y sus
amigos están tan poco vigilados que pueden
escaparse sin más a un bosque para jugar a Robin
Hood, irse al río para nadar o pescar, y en general
hacer lo que les apetezca lejos de la supervisión
de adultos entrometidos.
La tía Polly trata de controlar a Tom, pero
desde la primera página del libro, cuando este se
le escurre de las manos y desaparece saltando una
valla, queda claro que su control es precario en el
mejor de los casos. La mujer se limita a suspirar y
piensa: «Esta tarde hará novillos y no me quedará
otro remedio que hacerle trabajar mañana para
castigarlo». En efecto, Tom hace novillos (no se
toma muy en serio la obligación de ir a la escuela),
y lo que sucede cuando Polly le hace trabajar al
día siguiente proporciona otro ejemplo de su
independencia: convierte una tarea aburrida en un
gran éxito empresarial y obtiene un dinero que lo
llevará a otro gratificante éxito en la iglesia al día
siguiente. Pocos lectores jóvenes pueden resistirse
a compartir sus triunfos, sobre todo porque se
producen a costa de sus rivales.
Los primeros triunfos de Tom son también
demostraciones de su inventiva. En una época en
la que los avances que harían posible el cine, la
radio, la televisión, los ordenadores, los
videojuegos y los teléfonos móviles aún quedaban
en un futuro muy lejano, los niños del mundo
tecnológicamente primitivo de Tom necesitaban
pocas cosas para encontrar formas de entretenerse
y divertirse. Tom solo precisa un cubo de pintura y
una brocha para alzarse desde la pobreza hasta la
riqueza. (En un capítulo posterior, otro muchacho
utiliza un pincel para obtener una clase de triunfo
muy diferente). Los utensilios de los niños pueden
ser simples, pero muchos de sus juegos —como
Robin Hood, la guerra, los piratas y las bandas de
ladrones— son complejos. Buena parte del placer
que les procura su vida sencilla se despliega en su
propia imaginación.
En la época de Mark Twain, las opciones
literarias a disposición del público infantil eran
mucho menores que ahora. El propio Mark Twain,
ávido lector desde una edad temprana, se sintió
frustrado de niño por lo limitado de sus opciones
en materia de lectura. En la autobiografía que
compuso posteriormente recordaba los libros que
le permitían tomar prestados de su escuela
dominical como «aburridos […] pues no había ni
un solo chico malo en toda la estantería. Todos
eran chicos buenos y chicas buenas y por
desgracia poco interesantes, pero eran mejor
acompañamiento que ninguno, y me alegraba
contar con su compañía y desaprobarla». En esta
declaración se encuentra una de las semillas que
daría origen a Tom Sawyer.
Uno de los escritores de libros infantiles más
leídos antes de 1876, el año en que se publicó por
primera vez Tom Sawyer, era Jacob Abbott, un
pastor congregacionalista entre cuyas numerosas
obras se hallaban muchos relatos didácticos para
niños. Los libros más populares de Abbott fueron
los protagonizados por Rollo, publicados entre la
década de 1830 y la de 1850. Con títulos como
Rollo trabajando, Rollo jugando y Rollo en el
Atlántico, cada cuento pretendía enseñar a los
jóvenes lectores una lección moral. Otro autor,
William Taylor Adams, más conocido por su
seudónimo, Oliver Optic, escribió más de cien
libros infantiles muy populares, sobre todo para
chicos, durante la segunda mitad del siglo XIX. La
mayoría de sus relatos estaban protagonizados por
muchachos intrépidos y sanos que llevaban a cabo
improbables hazañas heroicas en emocionantes
aventuras. Otro autor prolífico y muy leído de
aquellos tiempos era Horatio Alger, Jr. Su libro
más famoso, Ragged Dick; Or, Street Life in New
York with the Bootblacks (1868), trata de un chico
pobre que alcanza la respetabilidad de la clase
media gracias al trabajo duro, la determinación y
una sinceridad incondicional. Tras este libro, que
tuvo una enorme influencia, Alger escribió
docenas de libros sobre el mismo tema. Las obras
de estos y otros autores de la época trataban sobre
todo de chicos y chicas buenos que superaban las
penalidades y la adversidad hasta conseguir el
éxito y la respetabilidad. Los orígenes de los
jóvenes héroes podían ser difíciles, pero su
carácter era siempre honesto.
Cuando se publicó Tom Sawyer, su pequeño
protagonista debió de parecer a los lectores
jóvenes una agradable alternativa a los personajes
bien educados que poblaban la mayoría de los
libros que leían. En comparación, sin duda lo
consideraron un «chico malo». Aunque es
huérfano, Tom procede de un hogar respetable. Sin
embargo, incumple las normas sin cesar, hace
novillos, detesta ir a la iglesia, ignora las
instrucciones de los adultos y se embarca en
aventuras prohibidas e incluso peligrosas, todo
ello bastante soso desde la óptica actual, tal vez,
pero sin duda exquisitamente subversivo para los
niños del siglo XIX. No obstante, aunque a muchos
lectores jóvenes de esa época pudiera gustarles la
idea de escapar del control de los adultos, su
conciencia debía de imponerles un mensaje
diferente: en realidad es mejor ser bueno que
malo. Así, debían de sentirse satisfechos al intuir
que, a pesar de tener un mal comportamiento tan
interesante, en el fondo Tom pertenece a una
categoría «segura» de chico malo. Es cierto que
incumple las normas, pero nunca lo hace para
perjudicar a alguien. De hecho, jamás se muestra
malvado de forma deliberada. Además, no solo se
preocupa mucho por sus amigos y su familia, sino
que también corre riesgos peligrosos y hace
sacrificios generosos para beneficiarlos. Con todo,
la cuestión de si es bueno o malo queda sin
resolver a lo largo de la mayor parte del libro.
Únicamente en el capítulo XXIII, cuando lleva a
cabo un acto de auténtico heroísmo, algunos de sus
conciudadanos piensan que podría llegar a ser
presidente de Estados Unidos… «si escapaba a la
horca». Hasta que la novela alcanza su clímax, sus
perspectivas de futuro no parecen nada seguras.
Como chico en esencia bueno que experimenta
mucha diversión y emoción mientras aparenta ser
malo, Tom Sawyer es similar a su moderno
descendiente literario, Harry Potter, la figura
central de la que constituye quizá la serie de
novelas más exitosa jamás publicada. Al parecer,
la creadora de Harry, la autora británica
J. K. Rowling, nunca ha reconocido en público su
deuda con Mark Twain, pero es difícil imaginar
que no se inspirase al menos parcialmente en Tom
Sawyer. Las semejanzas entre los chicos y sus
aventuras son demasiado llamativas para que todas
sean mera coincidencia.
Aunque nunca se especifica la edad de Tom
Sawyer, podría tener once años, como Harry
Potter al principio de la saga de siete volúmenes.
Ambos son huérfanos y han sido criados por la
hermana de su madre muerta. Tom vive con un
hermanastro, Sid, que es su enemigo número uno, a
quien detesta. El principal enemigo de Harry es
Dudley, su primo, con quien vive y al que
desprecia. El mejor amigo de Tom es Huckleberry
Finn, «el joven paria del pueblo», el chico más
pobre y de peor reputación con que podría trabar
amistad. El mejor amigo de Harry es Ron Weasley,
no exactamente un chico de mala reputación,
aunque como miembro de una familia empobrecida
suele ser objeto de insultos y de bromas
irrespetuosas. Harry comparte la mayoría de
aventuras con Ron y su amiga común Hermione
Granger. Por su parte, Tom vive sus aventuras más
angustiosas con Huck y con su novia Becky
Thatcher. Pero las semejanzas entre Tom y Harry
no acaban aquí.
Aunque tanto a Harry Potter como a Tom
Sawyer se les conoce por incumplir las normas y
desobedecer a la autoridad, ambos tienen un gran
corazón, corren riesgos una y otra vez para
proteger a los demás y al final salen triunfantes
como héroes. Se podría argumentar que el hecho
de que Harry sea un brujo con poderes mágicos lo
hace completamente distinto a Tom, pero lo cierto
es que casi ocurre lo contrario. Tom, que cree a
ciegas en el poder de la magia, está del todo
convencido de que la mujer a quien llaman «la
vieja Hopkins» es una auténtica bruja. Además,
cree que los gatos muertos pueden curar las
verrugas, que los rituales y los hechizos bien
ejecutados pueden ayudar a encontrar canicas
perdidas y que cualquiera que incumpla un
juramento firmado con sangre y con «lúgubres
ceremonias y hechizos» morirá enseguida. En
realidad, su creencia en la magia, y sobre todo su
miedo a las consecuencias de romper un juramento
de sangre, tiene la suficiente fuerza para contribuir
a impulsar el argumento de Tom Sawyer. Lo más
probable es que, si a Tom le dieran la

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