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Las piezas del cielo – Delmi Anyo

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Resumen y Sinopsis 

Capítulo 1
N
unca sabes cómo vas a despertar. Te acuestas un día, te duermes y a la mañana siguiente todo ha cambiado. Aquello a lo que te aferrabas,
lo que considerabas seguro, se ha esfumado.
Aquel día me despertó el móvil. No sé durante cuánto tiempo sonó. Dicen que nuestro cuerpo tiene unos biorritmos definidos, y tal vez
mi cerebro se negaba a escapar del plácido sopor del sueño, por lo que integré aquel molesto silbido en la borrosa escena de mi ensoñación;
sin embargo, aquel ruido fue haciéndose progresivamente más agudo hasta que la vigilia se impuso abrumadora. Reaccioné y descubrí que al
otro lado del teléfono sonaba la grave voz de Peter.
Julia, ¿te he despertado?
Sí respondí gruñendo, mientras con la mano me sujetaba la cabeza llena de nieblas.
Lo siento, pero es importante.
De ningún modo le disculpé. Me parecía imperdonable que alguien se atreviese a llamar tan temprano. Hizo un pequeño silencio,
parecía muy nervioso.
Ha ocurrido algo horrible.
¿Cómo? ¿Qué ocurre? pregunté asustada.
Sí, Julia. Algo horrible. Se trata de James. James…
¿James? ¿Qué le ha ocurrido a James? respondí con una voz ahogada, sintiendo cómo mis piernas temblaban.
Ha tenido un accidente me pareció escuchar.
¿Un accidente? pregunté confusa. No entendía nada.
Sí, Julia. Un accidente muy grave.
¿Pero no estará…? me atreví a preguntar, aterrada.
Lo siento, Julia. Lo siento mucho.
S iguió hablando, dijo algo sobre un avión que lo traería de Madrid. Habló del funeral y me dijo que me tranquilizase. Q ue vendría a
casa por la tarde. Creí escuchar una y otra vez que lo sentía mucho y no pude más. El teléfono cayó de mis manos.
S entí un mazazo punzante que me golpeó el pecho. Estaba aturdida, sudada, temblando como un pájaro y tenía dificultades para
respirar. Todo a mi alrededor se volvió borroso y experimenté una sensación tan hiriente y angustiosa como solo puede provocar el dolor.
Sin quererlo apareció ante mí la imagen de James, con sus ojos castaños y su pelo revuelto sobre la frente. Era imposible. No podía ser.
No podía haberse ido así sin más. Esto no podía estar sucediendo. Fui corriendo al baño y vomité.
Llorando y aterrorizada me derrumbé en la cama. No me lo podía creer. Era demasiado horrible para ser verdad. J ames, mi J ames.
¿C ómo era posible? No podía haberse marchado así. Lo necesitaba demasiado. Necesitaba su sonrisa y sus caricias. Ahora él me estaba
sonriendo. Ahora mismo me acariciaba y me decía que me calmase. ¿Pero cómo podía calmarme? ¡Ya nunca más sentiría su tacto! ¡Nunca más
oiría su risa!
C on mi cuerpo hecho un ovillo, le añoré entre sollozos y espasmos de terror mientras me repetía que lo que estaba sucediendo no era
real. Deseé que fuese solo un mal sueño, pero la realidad se impuso y evidenció que estaba despierta.
J ames y yo llegamos el mismo año a la Universidad de C olumbia de Nueva York. Ambos pertenecíamos al departamento de Historia
Moderna Europea. C ompartíamos despacho, y Peter, nuestro jefe de departamento, contribuyó a que encontrásemos un punto en común. Nos
ofreció trabajar en un proyecto que versaba sobre el desarrollo del arte y la ciencia en el I mperio Español en el siglo XVI . En la universidad, la
viabilidad de un departamento se medía por su acción investigadora; cualquier hallazgo era motivo de engrandecimiento de la institución, que
sin dudarlo se apropiaba de él y lo publicaba en las revistas científicas más relevantes con el fin de legitimar su prestigio. El mundo
universitario se movía en una carrera vertiginosa por la notoriedad de los descubrimientos que realizaba, por eso gastaba una gran cantidad
de su presupuesto financiando proyectos que en su mayoría no llegaban a obtener sus frutos; pero, cuando llegaban, significaba más
reputación, más alumnos, más dinero al fin y al cabo, que era, en realidad, lo que importaba. Las universidades americanas eran
tradicionalmente punteras en ciencias; sin embargo, en el campo de la historia moderna europea, cualquier universidad del viejo continente,
por motivos obvios, nos daba cien vueltas. De ahí el interés desmesurado que mostró Peter para que iniciásemos esa investigación, ya que
decía que, según el decano, no era admisible que el país con las mejores universidades del mundo fuese mediocre en esa parte del
conocimiento. No repararía en gastos para que Nueva York fuese el nuevo centro de estudios avanzados sobre el tema.
El proyecto que nos ofreció Peter nos apasionó a ambos, tanto James como yo estábamos como dos niños con zapatos nuevos. Era una
oportunidad fantástica para investigar uno de los períodos más fructíferos y enigmáticos de la historia moderna europea.
Estas circunstancias nos obligaron a pasar mucho tiempo juntos y pronto hicimos buenas migas. Al principio nos unía una relación de
camaradería. Nuestra sintonía era evidente; pero un día, sin más, comenzamos a sentir una atracción que nos sorprendió e hizo que
traspasásemos la línea de la amistad.
J ames era todo un embaucador. De ese tipo de personas que pasan por tu vida como un ciclón y remueven los cimientos de tu
existencia. J unto a él cualquier pequeño hallazgo era una fiesta. S u pasión por la historia era tan desmesurada como su pasión por la vida y
pronto me di cuenta de que su actitud tenía un efecto contagioso sobre mí. Pasé de estar hastiada por mi trabajo a entusiasmarme por lo que
hacía. I r cada mañana a la universidad y saber que estaba esperándome J ames era tan excitante para mí como para una niña ir a la feria.
S abía que un día tocaría subirnos a un plácido carrusel, otro al tren de la bruja o, tal vez a la montaña rusa. Era un loco imprevisible. S in
embargo, tenía una asombrosa capacidad para la observación, un olfato especial para detectar conexiones que a los humanos corrientes nos
pasarían desapercibidas y, aunque sus métodos no eran muy ortodoxos, llevaba a cabo todas sus investigaciones con una asombrosa
rigurosidad. C reo que fue eso lo que me fascinó de su personalidad. Pero la fiesta se atascó. Aunque nuestra relación iba viento en popa, el
proyecto llegó a un punto muerto y necesitábamos investigar in situ. Debíamos corroborar nuestras hipótesis con documentación de primera
mano. Lo que precisábamos para avanzar estaba en

Título: Las piezas del cielo
Autores: Delmi Anyo
Formatos: PDF
Orden de autor: Anyo, Delmi
Orden de título: piezas del cielo, Las
Fecha: 17 sep 2016
uuid: e6865463-7f59-4a90-b541-f0c48e0fa7c9
id: 421
Modificado: 17 sep 2016
Tamaño: 1.31MB

Novela kindle  Comprimido: no

kindle Formato – Contenido – tipo : True 

Temáticas: Novela romántica, Comedia romántica , romance

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