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Libro PDF Leer Una Virgen Para El Millonario – Leona Le

Leer Una Virgen Para El Millonario – Leona Le

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Cuando Sarah regresó a casa, se encontró con Lisa.
–Chica, tienes tan mal aspecto como yo me siento. ¿Cómo ha ido la entrevista?
–He conseguido las prácticas, pero no es en marketing. Voy a ser su asistente personal durante el verano.
Lisa empezó a chillar, pero Sarah la interrumpió. –Me da la impresión de que voy a tener que trabajar muchas horas. Hasta me ha preguntado si tengo pasaporte.
Lisa continuó dando saltitos de entusiasmo. –¡¿Cómo?!
–¿Y es tan guapo como en las fotos?
Sarah sonrió. –Es aún mejor. Vamos, necesito ayuda para preparar algunos conjuntos antes de que pueda ir de compras.
***
Aquella noche Sarah estaba revisando sus mensajes. Tenía tres de Daniel que eliminó sin siquiera leer. Al hacer clic en el de VIC Enterprises, leyó una carta de Susan, la
secretaria de Vitaly, dándole la bienvenida al equipo y ofreciéndole más información sobre lo que iba a hacer durante los tres próximos días con RRHH. Junto a la
documentación y a las explicaciones sobre los diversos beneficios y programas disponibles para los empleados, Sarah también aprendería el sistema de gestión de
proyectos que VIC Enterprises utilizaba, además de otras aplicaciones de rendimiento.
Cuando se trasladase al piso de arriba, Chekov esperaba que únicamente necesitara una mínima curva de aprendizaje. Y puesto que iba a pasar tanto tiempo en RRHH,
se le permitía vestir de manera informal, pero una vez en la planta alta, tendría que vestir de forma más apropiada. A lo largo del mensaje, Sarah leyó la recomendación
de tener una bolsa de viaje lista en el maletero, con ropa para un par de días, y de llevar siempre consigo el pasaporte. Susan también le envió el calendario provisional
de Vitaly, y se aseguró de comunicarle que solía cambiar de forma constante. Parte de su trabajo era conocer su agenda en todo momento, por lo que era importante que
tuviese acceso a todos los aspectos del software de comunicaciones.
A la mañana siguiente, Sarah se presentó en recursos humanos. Como sabía que iba a pasar la mayor parte del día sentada, escogió unos cómodos pantalones de algodón
y una blusa holgada. Gary dirigía la formación, y dedicó un rato a pasearse por la sala asegurándose de que todos se presentaran entre ellos e indicara sus funciones.
Sarah se sorprendió al ver a un sexto becario entre ellos, hasta que les comunicó que estaría en el departamento de marketing. Sacudió la cabeza, sorprendida de lo rápido
que se tomaban las decisiones en esa empresa respecto a los trabajadores. El resto de la semana transcurrió sin incidentes, y Sarah pasó la mayor parte de ella
aprendiendo los diversos sistemas de software. Vitaly insistía en que todos los que trabajasen para él tuviesen un conocimiento general de las expectativas y funciones
de cada departamento y, como su asistente personal, Sarah quería entender todo lo que pudiera sobre el negocio. Era su oportunidad para causar buena impresión y
quería hacerlo bien.
Ese viernes terminaron a media tarde, y Gary los felicitó a todos por su trabajo. Como aún era pronto, Sarah decidió ir al piso de arriba para ver su oficina y quizás
adelantar algo para el lunes. Tanto Susan como Laurel le habían puesto en copia en sus emails, por lo que sabía que le esperaba una semana ocupada. Al llegar al décimo
piso, se sorprendió de encontrarlo medio a oscuras. Se dirigió al mostrador de la recepción, pero era evidente que Laurel no estaba. Como todo estaba tan tranquilo,
decidió dar una vuelta y familiarizarse con su nuevo entorno.
Al entrar en la sala de conferencias, se quedó sin aliento ante las impresionantes vistas del exterior. Aunque Sarah vivía en San José desde hacía tres años, nunca prestó
demasiada atención al paisaje, pero la ubicación del edificio y los enormes ventanales parecían demandar respeto por las preciosas montañas que se veían al fondo.
Chilló sorprendida al escuchar un carraspeo detrás de ella. Al girarse, vio a Vitaly Chekhov, que parecía no haber dormido en días.
-Sr. Chekhov, me ha asustado, pensaba que seguía fuera.
-Vitaly. He vuelto pronto. ¿Por qué no estás en el curso de formación? -quiso saber mientras la observaba. Ella llevaba un vestido ligero bajo la chaqueta, y le gustó
cómo marcaba sus curvas.
-Ya hemos terminado- respondió Sarah. No parecía muy contento de verla. -Creo que te estoy molestando. Ya me voy. Hasta el lunes-. Cuando se marchaba, Vitaly le
bloqueó el paso con el brazo.
-Quédate- le pidió, devorándola con los ojos. Es preciosa, se dijo a sí mismo.
Arrugando la nariz, Sarah intentó esquivar el brazo. -Sr. Chekhov, esto, Vitaly, huele como si hubieses estado bebiendo. Será mejor que me vaya.
-Ven- le ordenó a la vez que se alejaba. Sarah no supo qué hacer. Aún no había empezado a trabajar para él y no estaba segura de cómo responder. -Te he dicho que
vengas- le repitió entrando en su oficina.
Sacudiendo la cabeza, Sarah le siguió despacio. ¿Qué era eso de darle ordenes como si fuera un perro? Cuando entró en la oficina, Sarah se fijo en unos archivos
esparcidos por toda la mesa, una botella de vodka medio vacía, y un vaso. Después de coger otro vaso, Vitaly llenó ambos y se giró. Empujó uno de los vasos hacia ella,
levantó el suyo, y le dio un trago largo. Cuando vio que Sarah aún no había cogido su vaso, lo señaló diciendo: -Hoy es el aniversario de la muerte de mi hermana. Bebe.
Sarah cogió la bebida a regañadientes y la olió. Su cumpleaños había sido apenas una semana antes, y fue la vez que más había bebido.
Al tomar un sorbo, tosió al sentir el ardor del vodka en la garganta. Reconoció interiormente que prefería los cócteles. Tomando otro pequeño sorbo, logró tragarse el
ardiente licor sin toser. Al levantar la vista, pilló a Vitaly mirándola de nuevo. Levantó el vaso en un brindis, tomó un trago más grande, y empezó a toser con fuerza al
notar el ardor del vodka en la nariz.
-No se te da muy bien beber- le dijo él tras acabar su bebida.
Sarah rió y puso el vaso sobre la mesa – Soy nueva en esto- afirmó.
-¿En qué otras cosas eres nueva?. Ante el sonrojo de Sarah, Vitaly se imaginó lo que pasaba por su cabeza, y se excitó de inmediato pensando en tomarla sobre su
escritorio.
Sarah no supo cómo responder, y empezó a sentirse más incómoda al ver que la miraba fijamente. Fue a coger su vaso para disimular, pero él la detuvo. Tomando su
mano, la giró y observó su palma. Con toques ligeros, trazó pequeños círculos en su muñeca usando el pulgar, mientras Sarah contenía el aliento. ¿Cómo algo tan simple
hace que me sienta tan bien? se preguntó.
Mirando a Vitaly con los ojos bajos, tuvo que admitir que era increíblemente atractivo. Llevaba el pelo un poco largo, y Sarah sintió la repentina necesidad de deslizar
sus dedos por él para comprobar su suavidad. Su cara era de aspecto fuerte, con cejas gruesas, ojos marrón chocolate y nariz recta. Tenía unos labios carnosos, y Sarah
se preguntó qué se sentiría al besarlos. Se sobresaltó al notar que le quitaba la cinta del pelo y su cabello quedó suelto. Se sentó en silencio mientras él le apartaba el pelo
de la cara.
Al tocarle el rostro, no pudo evitar presionarlo suavemente contra su mano. Tenía los labios secos y, al humedecerlos con la lengua, vio como él entrecerraba los ojos.
Al deslizar la mano por su cuello, Sarah gritó al darse cuenta de que se había arrojado sobre él. Tomando sus labios en los suyos, él aprovechó su sorpresa para besarle
en la boca.
Notó el sabor del vodka, y también un gusto a fresas. Él gimió, colocando una de sus piernas sobre ella, mientras la besaba con más fuerza. Sin saber qué hacer, Sarah
dejó que la besara. Aunque sabía que debía poner fin a aquello, le estaba provocando algo en su interior que hacía que la cabeza le diese vueltas. Al oír un carraspeo,
ambos levantaron la vista y Sarah se sonrojó. Ivan, el jefe de seguridad de VIC Enterprises, estaba apoyado en el umbral con una maliciosa sonrisa en el rostro.
Sarah se incorporó rápidamente y se puso bien la ropa, e Ivan entró en la oficina. -No sé si llego pronto o justo a tiempo- bromeó mientras se dirigía hacia los sofás. -En
cualquier caso, ¿tenemos reunión esta tarde, ¿no es así?- preguntó cogiendo la botella de vodka y apartándola a un lado.
Sarah se levantó del sofá y se dirigió a la puerta. Su rostro estaba muy rojo y quería salir de allí lo antes posible. Subir a esa planta había sido una mala idea, y ahora no
sabía qué hacer. Al llegar a la puerta, Vitaly habló: -A primera hora el lunes, Sarah.
Sarah se detuvo y se giró, todavía sin poder hablar. Asintió con la cabeza y se apresuró hacia el ascensor. Una vez dentro, observó su reflejo y se estiró la ropa. Se había
olvidado la cinta del pelo, por lo que se peinó con los dedos antes de llegar al vestíbulo. Al salir del edificio, caminó deprisa hasta el coche, y tomó varias bocanadas de
aire para calmarse. Dio la vuelta al espejo del parasol y se miró fijamente. ¿En qué estaba pensando?
No debe volver a ocurrir, se prometió a sí misma mientras se alejaba.
Capítulo 4
El lunes por la mañana, Sarah llegó a VIC Enterprises en su primer día de trabajo con Vitaly. Después de lo ocurrido el viernes, estaba un poco indecisa sobre cómo
comportarse con el. Mientras esperaba al ascensor, se miró en el espejo. No iba a tener dinero hasta el día de cobro, por lo que su ropa era una mezcla de prendas
prestadas por sus amigas. La falda le llegaba por encima de la rodilla y se movía al andar, proporcionándole una sensación fresca.
A pesar de ser más baja que sus amigas, era la que más pecho tenía, y la mayoría de sus camisas le quedaban demasiado ajustadas. Habiendo optado por una camiseta de
encaje, el escote de Sarah asomaba por la parte de arriba. Se puso un collar grande para desviar las miradas del escote. La chaqueta del traje era ajustada y acentuaba sus
curvas. Como aún hacía demasiado calor para llevar medias, Sarah remató su atuendo con un par de manoletinas de punta abierta, que revelaban un resplandeciente
esmalte rosa de uñas.
Ya en el ascensor, echó un vistazo disimulado a las otras chicas. Al haber estado todo el tiempo en el departamento de recursos humanos, no había tenido oportunidad
de ver cómo vestían las mujeres de la empresa. La mayoría iban modestas, y llevaban pantalones en vez de faldas, pero Sarah no se sintió fuera de lugar. Respirando
hondo, dejó el ascensor en el décimo piso y se aproximó a una sonriente Laurel que la acompañó a su oficina.
Durante la siguiente media hora, Laurel le proporcionó un rápido tour de la décima planta, que solo la utilizaban Vitaly y su personal más cercano, los directores de
otras sucursales cuando venían de visita, y para celebrar reuniones. Le describió de forma rápida el protocolo general de Vitaly, cómo acceder a su calendario, y la lista
de proyectos actuales. Sarah estaba tan absorta, que no oyó llegar a Vitaly hasta que éste plantó una taza de café delante de ella.
Al levantar las mujeres la vista, sonrió. -Te daré un tiempo para que te aclimates y leas los tres primeros proyectos. Nos vemos en mi oficina a las diez para hablar
sobre ellos-. Y sin esperar respuesta, salió otra vez.
-¿Es siempre tan…?
– ¿Brusco?- Al asentir Sarah, Laurel respondió, riéndose: -A ratos. A veces pienso que se olvida de hablar en voz alta y cree que le leemos la mente.
-¿Cuánto tiempo llevas trabajando para él?
-Desde que se trasladaron a este edificio, hace dos años; al principio fue bastante duro. Muchas tardes llegaba a casa llorando y jurando que no iba a volver. Puede
ponerse de bastante mal humor, y no querrás estar ahí cuando eso ocurra, pero tan rápido como se enfada, se le pasa. Además, el sueldo y las comisiones son
excelentes. Bueno, te dejo para que te pongas con ello. Si necesitas algo, dímelo.
Cuando Laurel se fue, Sarah empezó a leer la documentación. Aunque la logística era el principal negocio de VIC Entreprises, Sarah se sorprendió al descubrir que
Vitaly poseía varias discotecas, entre ellas Casbah, restaurantes, y numerosas empresas pequeñas de software por todo el Corredor Tecnológico. Y estaba en proceso
de ampliar su empresa de logística en la costa este. Ya tenía una oficina en Nueva York, y estaba negociando con las autoridades portuarias de Nueva York y Nueva
Jersey. Sonriendo, Sarah apiló los documentos y se dirigió al despacho de Vitaly.
La puerta estaba abierta, pero él estaba al teléfono. Llamando suavemente, esperó hasta que la viera para entrar y sentarse. La conversación parecía animada, pero como
Sarah no hablaba ruso, no sabía de qué se trataba. Cuando colgó el teléfono, Sarah le observó con discreción mientras él se aproximaba.
-¿Has revisado los documentos?- preguntó sin preámbulo. Sarah asintió -Bien. ¿Y qué has aprendido?.
Sarah no supo qué pensar. Estaba avergonzada por lo que había sucedido el viernes, pero ese día Vitaly era “todo negocios” y, por lo que parecía, el asunto estaba
olvidado. Encogiéndose de hombros mentalmente, se propuso hacer lo mismo.
-No sabía que tenía más vías de ingresos además de la logística y, al mirar las otras empresas, no les he visto mucho sentido.
-Pero…- le animó.
-Pero lo tienen. Las empresas de entretenimiento son ideales para ubicar clientes y proveedores. Y las de software están trabajando en aplicaciones para fortalecer su
posición en la industria. Sobre el papel parecen muy dispares, pero en realidad, está todo calculado y…controlado. La voz de Sarah se quebró al no saber cómo
continuar.
Él no esperaba que ella apareciese el viernes, ya que había excusado al personal para el resto de la jornada. Era el aniversario de la muerte de su hermana, Anna, y tenía la
costumbre de beber para olvidar. Su madre le culpaba de la muerte. Había sido un invierno particularmente frío. Con trece años y siendo el mayor, era el encargado de
vigilar a su hermana pequeña cuando sus padres trabajaban. Harto de estar encerrado en casa, le propuso salir a jugar a la calle. Anna se estaba recuperando de un
resfriado, y jugaron durante horas hasta que su madre regresó a casa y les llamó para que entraran. Esa noche, Anna tuvo fiebre y, por la mañana, tosía mucho. Tres días
más tarde seguía con fiebre y el médico les dijo que tenía neumonía.
Siguió igual durante varias semanas, y todas las noches, Vitaly se tumbaba junto a ella y le leía cuentos. Ella dormía y tosía la mayor parte del tiempo. Al final, Anna
ingresó en el hospital, donde murió. Su madre apenas le hablaba, y su padre acabó enviándole a vivir con un tío, para que aprendiera un oficio.
Había estado bebiendo un rato cuando oyó que alguien salía del ascensor. Se sorprendió de que fuera Sarah, ya que no esperaba verla hasta el lunes y, desde luego, no en
ese estado. Le avergonzaba que le hubiera visto así, pero estaba decidido a olvidar lo que había pasado.
Cuando Sarah habló, Vitaly admiró su aptitud. Sólo le había dado treinta minutos, y en ese tiempo, ella había captado cosas más rápido que algunos miembros de su
equipo de gestión. Y le gustaba cómo hablaba. Pero quería tener el control. De hecho, lo reclamaba. Perder el control significaba sentirse vulnerable. Ya había ocurrido en
cierta ocasión con una mujer, y estuvo a punto de perderlo todo. No iba a permitir que volviera a suceder. No había trabajado tan duro ni corrido tantos riesgos para
perderlo todo. Había jurado no dejar que sucediera otra vez, y el viernes casi lo hizo.
Perdido en sus pensamientos, se sorprendió cuando Sarah le tocó suavemente la mano. Al mirarla, ella se sonrojó y retiró la suya rápidamente, pero su tacto despertó
un ardor que no había sentido en mucho tiempo.
Cambiando de tema, se puso a hablar de la ampliación en la costa este, y Sarah compartió sus ideas sobre las dificultades que estaba teniendo para tratar con los
sindicatos. A medida que hablaba, él admiraba cada vez más sus procesos mentales. Ella se animó más y él se empezó a distraer con el movimiento de su busto. El rubor
se había extendido hasta el cuello y el escote, y le daba un tono rosado que a él le pareció encantador. Admiró el vaivén de sus senos y se distrajo un poco cuando ella
cambió de postura y mostró un poco más de pierna.
La interrumpió en mitad de la frase al retirar un mechón suelto de su pelo, que colocó detrás de su oreja. Al levantar la vista, sus ojos azules parecieron agrandarse, y vio
cómo la alarma se extendía por todo su rostro. Sonriendo, le dijo: -¿Has traído una bolsa de viaje como te sugirió Laurel?
-Sí… sí- logró decir Sarah.
-Muy bien, ve a por ella. Volamos dentro de dos horas.
-¿A dónde vamos?
– A Nueva York. Me gustan tus ideas. Podemos continuar la charla en el avión, ahora, vete.
Sarah se levantó e hizo una pausa. -Creo que no metí un abrigo.
Vitaly no le dio importancia. -Iremos a por lo que necesites cuando lleguemos. Ahora, vete.
Al irse Sarah, Vitaly informó a Laurel de su partida y le encargó que hiciera los arreglos necesarios con la tripulación. Tenía pensado viajar a finales de semana con el
resto del equipo, pero la idea de volar a solas con Sarah, hizo que cambiara sus planes.
***
Sarah sacó la bolsa de viaje del coche y volvió rápidamente a la oficina. Con dudas sobre qué llevar, le pidió ayuda a Laurel. Juntas, cogieron la documentación de Nueva
York, su portátil y el cargador.
Cuando subían al avión, Sarah se sorprendió de que fueran los únicos a bordo, aparte de la tripulación y una auxiliar de vuelo. Al sentarse en su sitio, admiró la
opulencia del interior, con sus cómodos asientos de cuero, giratorios y reclinatorios.
Mientras la tripulación se preparaba para el despegue, Sarah se dio cuenta de que no le había contado a Mia lo que estaba pasando. Como no quería que Vitaly le
escuchara, le mandó un mensaje de texto a su compañera de casa.
Me voy a Nueva York por trabajo. No sé cuando volveré.
¿Llevas condones?
Sarah no pudo evitar reírse ante la respuesta de su amiga, lo que hizo que Vitaly la mirara. Inentando ocultar su apuro, murmuró algo sobre decirle a su compañera de
piso que se iba, antes de apagar y guardar el móvil.
Capítulo 5
Cuando el avión despegó, Sarah observó por la ventana la ciudad menguante. Aunque no era la primera vez que viajaba en avión, nunca había volado de esta forma. Se
sorprendió cuando la azafata le trajo una copa de champán. Le hizo un gesto con las cejas a Vitaly y él se sentó más cerca.
-Creo que nos merecemos una celebración- dijo levantando su copa.
Sonriente, Sarah alzó la suya y brindaron antes de tomar un sorbo.
Delicioso, pensó Sarah. Las pocas veces que había bebido champán, no le gustó mucho, pero éste era maravilloso y no se parecía en nada al vodka. Mientras bebían,
Vitaly le preguntó sobre su vida y pronto estaban inmersos en una animada conversación. Al servirle más champán, Sarah notó que la botella estaba vacía y la copa de
él casi intacta. Con la nariz llena de burbujas, Sarah soltó una risita antes de mirarle de forma acusatoria. -Me estás emborrachando.
-Sí- fue su escueta respuesta.
-¿Por qué?
-Para nivelar lo del viernes. Y para que seas más obediente.- Cuando Sarah empezó a protestar, él cogió la copa y la depositó en la mesa. Tomándole de la mano, la
atrajo hacia él. -Súbete a horcajadas- le ordenó.
Sin pensarlo, Sarah se subió sobre él y apoyó las manos en sus hombros. Vitaly deslizó sus manos lentamente por sus muslos y cerró los ojos, disfrutando del tacto
sedoso de su piel.
-Eres preciosa- le susurró, mientras ella recorría la línea de una cicatriz apenas visible en el lado izquierdo de su rostro. Él giró la cabeza y le besó la palma de la mano,
Sarah se quedó sin aliento. Las mariposas de su estómago se pusieron a cien al sentirse seducida por el brillo de sus ojos marrones.
Inclinándose, no pudo resistirse a besarle los labios, y él puso las manos sobre sus caderas. Bajó una de ellas por la espalda, y con la otra le agarró del cabello. Sarah
jadeó, y él la obligó a inclinar su cabeza para besarla con fuerza.
A Sarah le pilló por sorpresa y le empujó contra el pecho. El movimiento hizo que él tirara aún más de su cabello haciéndola gritar, a la vez que insitía en su beso. Las
manos de Sarah se aferraron a su cuello y sus dedos se enredaron en el pelo, animándole a seguir. Gimiendo, él la sujetó aún más fuerte mientras ella se restregaba contra
su erección. Vitaly le quitó la chaqueta tirando de ella con rapidez, y la arrojó a un lado. Deslizó los tirantes de la camisola sobre sus hombros, y la parte superior de sus
senos color crema asomó por encima del sostén. Al sentir sus pulgares sobre los pezones, Sarah suspiró y notó como se hinchaban.
Antes de que pudieran ir más allá, sonó el teléfono. Sonriéndole, la depositó en el asiento de enfrente antes de levantarse para contestar. Una vez finalizada la llamada,
se dio la vuelta y vio a Sarah acurrucada y dormida. Mientras la tapaba con una manta, tomó nota mental de no servirle tanto alcohol.
***
Sarah se despertó cuando sintió el acople del tren de aterrizaje. Incorporándose, se sorprendió al ver que estaba cubierta con una manta. Miró a su alrededor y vio que
Vitaly se había trasladado a una de las mesas, y estaba revisando los documentos que ella había traído.
Al verla despierta, Vitaly sonrió. -Genial, estás despierta. Estamos a punto de aterrizar.
Sarah no supo muy bien cómo responder, y se arregló la ropa y se peinó. Mientras miraba por la ventana al panorama urbano de Manhattan, se acordó de haber besado
a Vitaly. Se sonrojó de vergüenza por haber permitido que aquello ocurriera otra vez, y esperó que él no pensara que era así de fácil. Cuando se humedeció los labios,
los ojos de Vitaly se oscurecieron al recordar el beso. Aunque estaba molesto porque se había dormido, ya que esperaba poder disfrutar de lo que le hubiera ofrecido, se
dio cuenta de que le había servido demasiadas copas y que la culpa era suya. Se sentía completamente fascinado por esa rubita, y estaba deseando hacerla suya. La
observó mientras se tocaba los labios con los dedos y se sonría a sí misma.
Cuando desembarcaron, llegó una limusina y el chófer salió a recoger las maletas. El viaje por la ciudad transcurrió en silencio, mientras Sarah miraba por la ventana.
-¿Tu primera vez en Nueva York?
-Sí- respondió Sarah con entusiasmo. -Siempre he querido venir.
-También tendremos tiempo libre mientras estemos aquí, te llevaré a mi club.
Antes de que Sarah pudiera contestar, se adentraron en un garaje. Mientras se dirigían a los ascensores, Sarah se dio cuenta de que no estaban en un hotel. -Erm… ¿no
nos alojamos en un hotel?
-No- fue la brusca respuesta de Vitaly. -No hay necesidad de ello. Paso mucho tiempo aquí; tenía más sentido comprar un apartamento.- Al ver la mirada incómoda de
Sarah, le apretó ligeramente el brazo. -Relájate. Tiene tres dormitorios.
Aún así, Sarah no se sentía cómoda de tener que compartir un apartamento con su jefe. Sobre todo después de lo que había ocurrido entre ellos, pero no supo qué decir.
Aunque entendía sus razones, un apartamento llevaba asociada una intimidad que la ponía nerviosa. Cuando llegaron arriba, él la condujo a su habitación. Al entrar,
Sarah vio prendas colgadas en el armario abierto y con las etiquetas aún puestas. Se volvió para preguntar a Vitaly, pero éste se le adelantó.
-Dijiste que no traías abrigo. Y como no quise arriesgarme con otras opciones, le pedí a Laurel que enviara tu foto a un personal shopper, junto con tu talla. Y ella se
encargó del resto. Ponte lo que quieras del armario y los cajones, con toda libertad, y si te gusta algo, te lo puedes quedar. Ahora, si me perdonas, tengo cosas que hacer.
Esta tarde tenemos un compromiso semi formal, así que estate preparada a las siete.
Y sin más se fue, cerrando la puerta detrás de él.
Capítulo 6
Sarah no sabía qué pensar. Tenía la sensación de que estaba siendo manipulada y no le hacía ninguna gracia, pero se sentía completamente abrumada por la rapidez con
la que estaba sucediendo todo. Solo una semana antes, estaba pensando en cancelar la entrevista, y ahora estaba en Nueva York. Cogió el teléfono, esperando poder
charlar con Mia. Lisa y Chloe estaban con ella, y Sarah puso a sus amigas al día de todo lo que había pasado. Se alegró de que ellas no pudieran verla mientras
bromeaban y se reían del beso y de ella por quedarse dormida.
A instancias de Chloe, inspeccionó el armario y los cajones, e informó a sus amigas de lo que iba encontrando. Tras abrir un cajón, se quedó callada mientras observaba
su contenido. Sus amigas le increparon y ella les describió la preciosa lencería de seda y encaje que había encontrado.
Se interrumpió ante su silencio. -Eh, no os oigo. ¿Qué pasa?
Mia se volvió a poner al teléfono. -Escucha, parece que este tío tiene planes para ti. Si te parece bien, de acuerdo, pero creemos que le debes enseñar a la fiera que
conocemos y hacerle probar su propia medicina.
-¿Qué queréis decir?
-Ponte elegante. Pero elegante de VERDAD, y coquetea con él. Hemos visto cómo te camelas a los pobres compradores de ganado en las subastas. Exagéralo un poco y
diviértete.
Mientras las chicas seguían charlando y tramando, Sarah se decidió por un vestido rojo de seda estilo chino, con una abertura en el lateral que llegaba hasta la mitad del
muslo.
Después de desempaquetar lo poco que trajo consigo, Sarah se dio una larga ducha. Tras vestirse, dedicó más tiempo de lo habitual a su maquillaje y se cepilló el cabello
en largas ondas. El vestido era más ajustado de lo que acostumbraba a llevar, pero al mirarse en el espejo, se quedó impresionada de lo guapa que estaba. La tela ceñía
sus curvas y acentuaba lo justo. Calzándose un par de Louboutins, Sarah no podía creerse lo cómodos que eran. Estos se iban con ella a casa.
A las siete menos diez, salió de su cuarto para encontrarse con Vitaly en el salón. Cuando él vio su reflejo en la ventana, se giró para saludarla y se quedó sin aliento.
Estaba radiante.
Ella se acercó sonriendo. Tuvo que reconocer que Armani le sentaba muy bien. El color oscuro del traje resaltaba su tez, y la corbata roja le hizo sonreír. Se podría decir
que iban conjuntados para la ocasión. -¿Listo?- le preguntó.
-¿Quieres beber algo antes de irnos?
-No, gracias. Aunque puede que luego cambie de opinión- dijo sonriéndole mientras se dirigía a la puerta.
***
De camino al restaurante, Sarah le preguntó con quién se iban a encontrar. Vitaly le informó que eran los representantes de las dos autoridades portuarias y dos
delegados sindicales. Su objetivo era conseguir una plaza en ambos puertos para poder empezar a hacer negocios en la costa este. Al llegar al Meatpacking District,
Sarah se sorprendió de la cantidad de discotecas y restaurantes que había. Todavía era pronto, pero las calles estaban llenas de gente. Cuando aparcaron delante del Club
Aero, Sarah le preguntó si era el dueño.
-Sí. Lo adquirí cuando el propietario anterior se declaró en quiebra. El restaurante está en el segundo piso y la discoteca en el tercero. He habilitado el cuarto piso como
zona privada con vistas al club, y el último piso es para fiestas privadas.
Al entrar en el club, Vitaly se quedó sorprendido con la transformación de Sarah. Ya no era la joven tímida a la que le tenía acostumbrado. Hoy, prácticamente vibraba
con energía.
Cuando entraron en el vestíbulo, Sarah se asombró de lo abarrotado que estaba. El edificio tenía al menos cien años de antigüedad, y aún conservaba mucho de su
encanto original. El suelo de anchas tablas y la complicada forja, conferían al espacio una sensación de apertura. Al subir las escaleras, Sarah miró a su alrededor. -Te
gustan los espacios abiertos.
-¿Qué?
Señalando al interior del edificio -Los espacios abiertos. Es como el décimo piso de la oficina y tu apartamento. Muy amplios.- Vitaly se detuvo y la miró.
-Odio estar encerrado- dijo, haciendo un gesto con la boca.
Antes de que Sarah pudiera replicar, entraron en el restaurante donde les esperaban cuatro hombres y dos mujeres. Sarah conoció a Bart Sullivan y Bill Hanson, y a sus
esposas. Eran los representantes sindicales de los puertos. Steve Markos, de la Autoridad Portuaria de Nueva York, y Nicolai (Nico) Demolios, de la de Nueva Jersey.
Aunque nadie lo mencionó, todos se sorprendieron de que trajera a una becaria, y las mujeres tuvieron la sospecha de que era algo más que una asistente personal en
prácticas durante el verano.
Tras tomar asiento, Sarah observó cómo Vitaly hablaba con todos durante la cena. Siguiendo su ejemplo, respondió preguntas y formuló otras, consiguiendo que no
decayera la conversación. Antes de que la cena finalizara, todos los comensales estaban convencidos de que Sarah era idónea para el trabajo. Después de cenar, Vitaly
sugirió que se trasladaran al cuarto piso para continuar con la conversación. Los sindicalistas se excusaron y partieron junto a sus esposas, pero Steve y Nico se
quedaron.
Al acomodarse en la planta superior, Sarah miró a su alrededor. El cuarto piso era una especie de ático semi privado, con espacio para grupos reducidos y abierto a la
discoteca del tercer piso. Acercándose a la barandilla, contempló la pista de baile y su enorme cabina para el DJ. La barra ocupaba una pared entera, y una espaciosa
zona de asientos rodeaba la pista de baile. Los mismos motivos de forja y tuberías que adornaban el restaurante, se habían usado para decorar la discoteca, y su elevado
techo con aislantes acústicos estratégicamente colocados, reducía el sonido de la discoteca para que los cuatro ocupantes del cuarto piso pudiesen hablar con
tranquilidad.
Al darse la vuelta, pilló a Vitaly mirándola. Estaba sorprendido de lo bien que se había manejado durante la cena, y de su capacidad para seguir la conversación. No se
había dado cuenta de lo puesta que estaba en cuanto a los planes de expansión, y le agradó su comportamiento. Estaba guapísima con ese vestido, y ella lo sabía, porque
la había observado coquetear con los otros. Se negó a admitir que estaba celoso, pero notó que había estado prestando atención a todos menos a él.
Sarah regresó a los sofás sonriéndole y con la cabeza ladeada. Los Louboutins le quedaban genial, y los tacones tenían suficiente altura como para hacer que sus caderas
se balancearan seductoramente al caminar.
Todos los ojos se posaron en Sarah cuando ésta se sentó junto a Nico. Tomando el cortapuros, sesgó con pericia el extremo de un puro y le ofreció fuego a su
acompañante.
Cuando el camarero trajo las bebidas, Nico preguntó: -¿Y dónde ha aprendido alguien tan joven como tú a manejar un puro?
Sonriendo tímidamente, Sarah alcanzó su coñac. Lo olfateó ligeramente, tomó un pequeño y saboreó su dulzor. -Mi madre murió cuando yo era pequeña, y me he criado
entre hombres. Cuando no estaba esquivando escupitajos de tabaco, lo estaba encendiendo.
-¿Dónde fue eso? preguntó Steve.
-En un rancho ganadero del centro de California.
-¿Montas a caballo?
Sarah se inclinó por delante de Nico para encender el puro de Steve. -Sí, señor- entonó Sarah con acento, arrastrando las palabras. -Monto a pelo desde que tenía edad
para cabalgar sola. Vitaly se atragantó con el brandy y entrecerró los ojos mirando a Sarah, que se volvió hacia él. -¿Se encuentra bien, Sr. Chekhov?
-Sí- logró articular, mirándola fijamente.
Ignorándole de nuevo, continuó bromeando con los demás y contestando preguntas sobre su vida en el rancho, y sus motivos para escoger su titulación. Cuando la
velada tocaba a su fin, Sarah se excusó brevemente. Una vez fuera del cuarto, ambos hombres se interesaron por su disponibilidad.
Vitaly estaba cada vez más enfadado al ver cómo Sarah flirteaba con ellos mientras que a él no le hacía ni caso. Por la forma en la que se comportaba, estaba claro que
tenía mucha más experiencia de lo que pensaba, pero ni loco iba a dejar que se fuera con cualquiera de ellos. Haciendo oídos sordos, les comunicó que no estaba
disponible.
Cuando Sarah regresó, ellos ya habían terminado y se dirigían al ascensor. Vitaly colocó una mano en la parte baja de su espalda de forma posesiva. Dando un paso
adelante para alejarse de él, Sarah les dio las gracias a los otros dos por una maravillosa velada, y les deseó suerte.
Capítulo 7
Regresaron al apartamento en silencio, mientras Vitaly seguía consumiéndose por dentro. Sarah no pudo evitar sentirse complacida por haberle dado su merecido, pero
se preguntó si había ido demasiado lejos, dado que su enojo era palpable. Continuó ignorándole, esforzándose por aparentar indiferencia, pero la tensión en el ascensor
se podía cortar con un cuchillo. Una vez en el apartamento, se volvió para darle las buenas noches, pero antes de que pudiera algo, él se abalanzó sobre ella.
Empujándola contra la pared, se apretó contra ella por detrás. La cogió del pelo y tiró de su cabeza hacia atrás, susurrándole al oído: -¿Crees que puedes tratarme así y
que no haya consecuencias?
Las manos de Sarah se apoyaron en la pared intentando apartarle, pero él siguió presionando con fuerza. Al besarle el cuello, Sarah tembló, dándose cuenta de que se
estaba excitando. -Sr. Chekhov, no sé de qué me habla.
-Mentirosa.- La giró y tomó sus brazos colocándolos por encima de su cabeza, mientras la mantenía clavada a la pared. La besó salvajemente y Sarah estuvo a punto de
derrumbarse ante su repentino embate. Aunque aún tenía esperanzas de seguir manteniendo el control, no estaba preparada para la reacción de su cuerpo. Cuando él
aflojó sus manos, Sarah consiguió liberarse. La sonora bofetada que le propinó resonó por todo el salón. Vitaly retrocedió asombrado, y ella se puso las manos en las
caderas y lo miró con desprecio.
-No sé quién te crees ni a lo que estás acostumbrado, pero NO lo vas a conseguir conmigo. He aceptado este trabajo para aprender de ti, ¡NO para ser tu puta! ¡Buenas
noches!
Alejándose de él, Sarah caminó airada por el pasillo y cerró su puerta detrás de ella. El sonido del pestillo se dejó oír en el silencio del apartamento.
Se apoyó contra la puerta mientras recuperaba el aliento. Ese hombre era imposible. Tuvo que coquetear con aquellos hombres toda la noche para ignorar las
penetrantes miradas de Vitaly. Se encontraba como pez fuera del agua, y temía ir demasiado lejos y meterse en problemas. Aunque creía que no lo había hecho tan mal,
era evidente que Vitaly estaba furioso.
¿Quién diablos se creía? Vitaly Chekhov, por supuesto, se respondió a sí misma. Su brutal reputación y temperamento eran famosos, y Sarah estaba dispuesta a lidiar
con él en un ambiente de trabajo, pero esto era diferente.
Se cambió de ropa y se lanzó sobre la cama, esperando que la venciera el sueño. A las tres de la mañana, seguía sin pegar ojo y decidió levantarse. Poniéndose una bata,
salió silenciosamente del cuarto. El apartamento estaba a oscuras, pero las cortinas estaban abiertas y las luces de la ciudad inundaban el salón con un suave resplandor.
Sarah se acomodó en una silla para observar el panorama. Perdida en sus pensamientos,

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