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Libro Agente K. Intrepida y sexy – Javier Haro PDF

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haber logrado su objetivo: Atrapar al
malvado y escurridizo Doctor H.
―¡Mirá qué hora es, por el
amor de Dios! Como no me apresure,
volveré a llegar tarde al trabajo; y si eso
pasa, Carolina me despide fijo.
Algo más tarde, después de
darse una ducha ultrarrápida y
prepararse una enorme taza de café bien
cargado, y de meterse un buen par de
tostadas bien cargadas de mantequilla
con mermelada de arándanos, por fin
Karina Delprato se siente dispuesta a
afrontar con energía la dura jornada
laboral que le espera en la redacción de
la prestigiosa revista de moda y
cotilleos femenina “Female World”,
donde trabaja redactando una columna
semanal sobre chismes sexuales varios,
y cuya sede se encuentra ubicada en
pleno centro de Valencia capital, por lo
que aún le esperan al menos otros treinta
minutos de subidas y bajadas, y entrar y
salir de los atestados vagones del metro.
Pero… ¿Quién es Karina
Mariela Delprato, y qué importancia
tiene en nuestra historia?
La segunda pregunta tiene
fácil respuesta: ¡Toda! Ya que es la
protagonista principal de este libro.
En cuanto a quién es. Pues es
una guapa porteña, esto quiere decir
nacida en Buenos Aires, Argentina, hace
unos cuarenta y pocos años, felizmente
casada con Beto, su adorado marido, y
madre de dos hijos guapísimos y
estupendísimos, como todo buen hijo
que se precie, y que, por cuestiones de
la vida, hace diez años tuvo que dejar su
Argentina natal junto a su familia y
emigrar a España.
Físicamente es una mujer de
rompe y rasga, de formas rotundas y un
modo de ser muy suyo, es decir, una
latina de sangre caliente, que siempre
sabe lo que quiere y cómo lo quiere.
En cuanto a su trabajo. Pues
como hemos dicho antes, trabaja
redactando una columna de cotilleos
sexuales en la prestigiosa revista
“Female World”, a las órdenes de la
típica Barbie rubia polioperada, con
enormes tetas de silicona y que está
donde está no por ser una lumbrera
precisamente, sino por ser hija de quien
es, es decir del jefazo y mandamás de la
editorial bajo cuyo sello se publica el
magazín a la que, como buena
trabajadora que se precie, odia con toda
su alma. Obvio es decir que la tal
Carolina, apellidada Delafuente y
miembro de una familia de pijos
redomados e insoportables, no solo es
obtusa y cortita de entendederas como
ella sola, sino que además es un mal
bicho de la peor calaña y categoría, que
no soporta, por ejemplo, que nuestra
protagonista sea más inteligente que
ella, y que tenga dos carreras
terminadas, la de Periodismo y la de
Ciencias de la Información, así como
que su columna sea la más leída y
preferida de las lectoras y seguidoras de
la revista, y siempre que puede procura
dejarla mal ante la junta directiva; cosa
que a Karina le importa bien poco, pues
dicha junta directiva está formada en su
mayoría por hombre con bastante más
seso e inteligencia que la tal Carolina, y
a los que ha sabido ganarse con sus más

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que evidentes encantos femeninos.
Pero hay algo más sobre
Karina Mariela Delprato, como por
ejemplo que, en secreto, trabaja como la
misteriosa y peligrosa Agente K para
una agencia secreta gubernamental
conocida con el nombre clave de
“Agencia Omega”, con la que colabora
desde hace diez años, pues fueron ellos
quienes le ofrecieron trasladarse a
España, prometiéndole un sinfín de
aventuras y emociones fuertes; oferta
que nuestra intrépida protagonista no
pudo rechazar.
CAPÍTULO 2º
DOCTOR H, UN VILLANO DE
LOS DE TODA LA VIDA
El hombrecillo, calvo y de
enormes y redondas gafas de culo de
vaso, se detiene ante los formidables
monitores de vigilancia que ocupan toda
la pequeña estancia y tras un leve
carraspeo, dice lo siguiente con su
gangosa y afectada voz:
―¡Esa maldita metomentodo
de la Agente K ha estado a punto de
atraparme esta vez! ¡Por suerte, soy un
Genio del Mal, y para mí fue un juego de
niños escapar de ella! ―Y luego,
dirigiéndose a su ayudante, una bella y
exuberante joven de origen colombiano
de nombre Milena, agrega―: ¿Qué digo
un genio? ¡SOY EL MÁS GRANDE
ARTISTA CRIMINAL HABIDO Y POR
HABER EN LA HISTORIA DEL
CRIMEN! ¿No lo crees así, querida
niña?
Y Milena, mostrando una
radiante sonrisa, que deja a la vista sus
blancos y perfectos dientes, responde
totalmente convencida:
―¡Por supuesto, Doctor H!
¡Es usted el más grande, sin lugar a
dudas!
Y luego, comienza a dar
palmaditas y alegres saltitos, que hacen
botar sus generosos pechos dentro del
ajustado jersey de lycra.
―Bueno. Dejémonos de
tonterías, y vayamos a lo que importa
―dice de repente el malvado villano
caminando hacia la puerta de la sala de
vigilancia, seguido de cerca por la bella
y voluptuosa Milena, que inquiere en
tono inocente con su dulce y sensual
vocecilla:
―¿Y qué es lo que importa,
Doctor H?
―¡Umf! ―Resopla el
Doctor H, mientras eleva su barbilla
ante la evidente simplicidad mostrada
por su asistente―. Cualquier día, te
opero el cerebro para ponerlo al nivel
de tus… ―Y mientras dice esto, dedica
una mirada la mar de lasciva a la
prodigiosa delantera de la joven, que
emite una divertida risita, y vuelve a
saltar, haciendo brincar de nuevo sus
grandes senos―. Lo que importa, mi
querida e inocente niña es que, dentro de
muy poco, nos habremos librado de una
vez por todas de esa maldita
metomentodo de la Agente K y la
conquista del país, ¿qué digo del país?
Del continente, ¿qué digo del
continente? ¡DEL MUNDO ENTERO
ESTARÁ POR FIN AL ALCANCE DE
MIS MANOS! ―Y luego comienza a
carcajearse con una risa maquiavélica
con un más que notable parecido al
chirrido de una bisagra vieja y mal
engrasada, mientras Milena lo mira con
expresión admirada, para luego alzar
tímidamente la diestra e inquirir en un
suave murmullo y con voz triste y
compungida:
―¿Sólo de sus manos,
Doctor H? ¿Acaso yo no pinto nada en
sus planes de dominación mundial?
―¡Umf! ―Vuelve a
refunfuñar el pérfido criminal mientras
sus ojillos tornan a posarse sobre el
tremendo busto de su ayudante con
evidente lujuria―. A ti te dejaré algún
pequeño país, para que hagas con él lo
que te dé la gana.
―¿¡De verdad!? ―Casi
chilla Milena, mientras se agacha para
besar la brillante calva del genio
criminal, pues le saca al menos un
palmo, al tiempo que le susurra al
oído―: ¿Le he dicho alguna vez,
querido doctorcito, lo guapo y sexy que
me parece?
A lo que el Doctor H,
poniéndose rojo cual tomate maduro,
responde con la voz ligeramente
temblorosa por la excitación:
―P-pues no… Nunca me lo
habías dicho.
―¡Pues ya lo sabe!
―Replica su hermosa ayudante, para
luego abandonar la sala de vigilancia
meneando sensualmente sus rotundas
caderas.
Y ahora, la pregunta del
millón.
¿Quién es el Doctor H, y cuál
es su historia?
Lo cierto es que nadie
conoce su verdadero nombre, ni su
origen. Lo poco o lo mucho que se
conoce de él es que es una de las mentes
más brillantes del planeta y que, por
motivos que sólo él conoce, hace tres
años decidió dedicar esa inteligencia
única y exclusivamente al servicio del
Mal, convirtiéndose en la pesadilla de
agencias como la C.I.A. estadounidense
o el C.N.I, español y, ¿cómo no? La ya
mencionada “Agencia Omega”, a la cual
pertenece nuestra protagonista, con la
cual, y como iremos viendo a lo largo de
esta historia, mantiene una insana
relación de odio/admiración.
Pero hemos de aclarar que
también tiene algo así como un
corazoncito, lo que le llevó a rescatar a
su ayudante Milena de las garras de unos
peligrosos traficantes de blancas,
ofreciéndole un puesto a su lado en su
pequeña pero eficiente organización
criminal.
Huelga decir que la guapa y
exuberante colombiana aceptó
encantada.
Otro dato a tener en cuenta
sobre H es que le pirran las mujeres
bien “dotadas”. Y no hablamos
precisamente de inteligencia.
CAPÍTULO 3º
NUEVO ENCARGO DE LA
“AGENCIA OMEGA”
Son las cinco de la tarde
cuando Karina Delprato concluye su
trabajo en “Female World” y vuelve a su
hogar junto a Beto, su marido, sus dos
hijos y su fiel perro “Tyson”.
―¿Qué quieren de cenar esta
noche, familia? ―Pregunta mientras
deja caer su bolso sobre la cama, y se
desviste para ponerse algo más cómodo
para andar por casa.
―¿Tenés que salir esta
noche a tu otro laburo? ―Pregunta Beto,
sorprendiéndola y abrazándola desde
atrás para besar su cuello, cosa que
provoca en una protagonista una
carcajada y un intenso estremecimiento
de placer.
―Pues no tengo ni idea
―responde luego, mientras se cuelga de
su cuello y lo besa en la boca con pasión
antes de añadir con una gran sonrisa en
los labios―: ¿Por qué lo preguntás?
¿Acaso tenés planes para esta noche?
Beto eleva la mirada hacia el
techo de la habitación, como si meditase
profundamente la respuesta, y por fin
contesta en tono confidencial:
―No sé… Pensé que tal vez
te gustaría ver una película conmigo, ya
que los chicos tienen pensado salir a
tomar algo con los amigos.
―¿Qué clase de película
querés ver vos? ―Inquiere Karina,
risueña y en tono pícaro y mordaz―.
¿Acaso una subidita de tono, y de ahí
tanto misterio?
―¡Por el amor de Dios!
―Exclama su esposo, haciéndose el
ofendido y agregando en el mismo
tono―: ¿¡Por quién me tomaste, mujer
mala y perversa!?
Karina se dispone a
responder, tras lanzar una divertida
carcajada, cuando su “otro móvil” suena
de repente, cortando la fiesta.
―Perdoname, mi amor
―dice Karina con evidente tono de
disculpa, mientras se lanza a por el
celular a responder la insistente
llamada, en tanto Beto la mira fijamente
con el ceño fruncido y refunfuña:
―Para mí está más que claro
que tenés que tomar una determinación
con esos boludos de la “Agencia
Omega”, y cantarles la caña sobre
nuestra intimidad.
Pero su guapa esposa no
contesta, pues está centrada en la
conversación telefónica y respondiendo
con monosílabos y frases cortas tales
como:
―Sí, señor. Ahora mismo.
Déme cinco minutos.
Una vez corta la
comunicación, se vuelve hacia su
cariacontecido esposo, y tras besarlo
largo y tendido en la boca, le susurra al
oído con voz melosa y sensual:
―Procuraré no regresar muy
tarde. Cuando tengamos otro ratito para
nosotros, prometo compensarte con
creces por todo esto.
Luego, y tras ponerse su

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segundo traje de faena bajo la atenta y
enfurruñada mirada de su amado Beto,
sale del piso seguida por “Tyson” su
precioso y fiero American Stanford, y
camina por las ya desiertas calles de
Valencia hasta llegar a un oscuro
callejón ubicado cerca de la calle
Archiduque Carlos, donde de repente
desciende una escalerilla metálica que
ha de llevarla al enorme aerodeslizador
usado por la agencia secreta para la que
trabaja para conducir a sus agentes al
cuartel general, oculto en el corazón del
monte Monduver.
Una vez allí, se dirige sin
dudar un instante al despacho de su
inmediato superior, don Roberto Giner,
todo un ejemplar de macho hispano con
cerca de un metro noventa de estatura,
ojos verdes, cabello negro y rizado, piel
permanentemente tostada por el Sol,
sonrisa Profident, cuerpazo de
escándalo; el sueño de toda mujer que se
precie, vamos, incluida nuestra
protagonista si no estuviera casada con
su adorado Beto, aunque, claro, ella
también ha fantaseado con él en alguna
que otra ocasión, pero ahora eso no
viene al caso.
Pero como pasa siempre,
toda maravilla tiene su pega, y la de
Roberto Giner sin duda son tus
tendencias sexuales, ya que es un
homosexual declarado, que hace años
que salió del armario, y ahora comparte
sus días con otro “macho” casi tan
perfecto como él y de raza negra, para
más señas.
―¿Mandó llamar, Jefe?
―Inquiere la agente K tras plantarse
ante la mesa de Giner, que en ese
instante está hablando con su guapísima
y neumática secretaria; esto es, una
pelirroja despampanante, de grandes
pechos y largas perfectamente torneadas
piernas, que responde al nombre de
Miranda; pero claro, todo esto le es
indiferente al Jefe de la sección
valenciana de la “Agencia Omega”, que
la escogió por su inteligencia, pues la tal
Miranda acabó los estudios con
reconocimiento “Summa Cum Laude” en
todas las carreras en las que se
matriculó, ¡nada menos que cinco! Entre
ellas, gestión y dirección de empresas;
por no decir que habla con fluidez ocho
idiomas, entre ellos el alemán, el
italiano y el francés, con esto último nos
referimos a la lengua hablada en el país
vecino, no a lo otro que muchos
pervertidos estarán ya imaginando. Y sin
olvidar que es experta en kárate y
Jiu―Jitsu.
Roberto Giner aparta su
mirada de su bellísima y preparadísima
secretaria, y centra por fin toda su
atención en nuestra no menos bella
protagonista, a la que dedica una cordial
sonrisa, antes de exclamar en tono
claramente adulador:
―¿Pero a quién tenemos
aquí? ¡Si es nada más y nada menos que
nuestra mejor agente de campo!
―Luego, se alza de su comodísimo
asiento de casi seis mil euros, rodea la
carísima mesa escritorio, cuyo valor es
tan escandaloso que os caeríais de culo,
queridos lectores, y abraza a la cada vez
más sorprendida Karina, que no tiene ni
la más pajolera idea de a qué vienen
tantas alabanzas por parte de su
superior.
Pero si algo caracteriza a
Karina Delprato es que no se calla una,
así que una vez Giner se ha apartado por
fin de ella, sin más miramientos
inquiere, tras suspirar levemente
sofocada al sentir tan cerca del suyo el
pétreo cuerpazo del líder de la “Agencia
Omega”:
―Perdoná, Jefe; ¿me ha
hecho venir para encomendarme alguna
misión o para regalarme los oídos?
Lo que sin duda deja
perplejos tanto a Giner como a la
exuberante Miranda, ya que el primero
se lleva la mano a la boca en claro
ademán escandalizado, y la segunda
abre unos ojos como platos, pues no está
para nada acostumbrada a oír a los
agentes hablarle así al mandamás de la
agencia.
Pasada la sorpresa inicial,
Giner gira el plasma de su computador
personal, mostrando a nuestra heroína
una vista aérea del puerto de Valencia,
más concretamente de la zona de carga y
descarga de la costa valenciana, al
tiempo que coloca su impecablemente
cuidado índice derecho sobre un
pequeño carguero atracado en el lugar e
inquiere:
―¿Ve ese barco, Agente K?
―Lo veo.
―Nuestro informador en el
puerto nos ha dicho que dentro
transportan un aparato explosivo con
potencia suficiente como para hacer
volar por los aires media ciudad de
Valencia ―explica Giner sin dejar de
señalar el moderno monitor de plasma.
―¿Y qué querés que haga,
exactamente? ―Replica entonces la
Agente K con claro deje de protesta―.
Pensé que vos habíais dejado bien
clarito que mi única misión, de
momento, era mantener a ralla al Doctor
H.
Al oír esto, Roberto Giner
deja escapar un hondo suspiro mezcla de
tristeza y de resignación, y luego
responde en tono paciente, paternal se
diría incluso:
―Digamos, Agente K, que la
Cúpula de Mando, después de ver como
se te volvía a escapar hace un par de
noche, ha decidido darte un pequeño
descanso en el asunto del Doctor H.
―Ya entiendo… ―Replica
Karina con el ceño fuertemente fruncido
y en evidente tono de sarcasmo―. Y
habéis decidido apartarme del caso, y
pasárselo a otro agente más cualificado,
¿cierto?
Roberto Giner se encoge
levemente de hombros, y con voz
condescendiente responde:
―En pocas palabras…
―¿Pues sabés lo qué te digo,
pelotudo del carajo? ¡QUE OS
PUEDEN DAR POR EL ORTO A TI Y
A TODA LA JODIDA CÚPULA DE
MANDO! ―Dicho esto, y con la
barbilla alzada en actitud arrogante y
retadora, la bella Agente K da media
vuelta y sale del despacho de su
inmediato superior, dejando a este con
la boca abierta y una expresión de total
anonadamiento en el varonil semblante.

CAPÍTULO 4º
CUMPLIENDO LA MISIÓN DE
LA “AGENCIA OMEGA”
Karina Delprato puede ser
una dama tremendamente impulsiva,
pero no es tonta, así que, tras relajarse
debidamente en la zona de descanso del
cuartel general secreto de la “Agencia
Omega”, vuelve al despacho de Roberto
Giner, dispuesta a pedir disculpas por
su salida de tono de minutos antes y a
aceptar la misión encomendada por su
superior, que sonríe como un niño con
zapatos nuevos al verla regresar a su
despacho con aire avergonzado y sin
tantos humos.
―Eso es lo que más me
gusta de ti, Agente K ―dice Giner en
tono de perdonavidas total, una vez
nuestra heroína ha pedido perdón―;
que, tarde o temprano, siempre acabas
por recapacitar y por sentar la cabeza.
―Sí, bueno… ―Musita
Karina, para luego espetar en tono
impaciente, pues lo que ahora necesita,
después de que hayan echado al traste su
noche de pasión junto a Beto es algo de
acción―: ¿Pensás quedarte ahí como un
pasmarote, o vas a contarme en qué
consiste mi misión en el puerto?
―¿Er…? ―Balbucea
Roberto, sacudiendo con fuerza su
rizada cabeza―. Sí, claro por supuesto
―añade luego haciéndose hacia delante
en su comodísimo y carísimo sillón de
respaldo reclinable para girar hacia su
mejor agente su costosísimo y
modernísimo monitor de plasma, donde
sigue viéndose la misma imagen de
minutos antes, es decir, la imagen del
puerto de Valencia con el mercante
extranjero en ella―. Tu misión es
sencilla: Has de colarte en el barco que
ves en la pantalla y hacer lo posible por
inutilizar los explosivos que se hallan en
su interior.
―¿Cuento con algún tipo de
apoyo? ―Karina mira atentamente la
pantalla, con el ceño levemente
fruncido―. ¿O tenés pensado dejarme a
mi suerte y a mi libre albedrío?
―Pues… ―También Giner
frunce sutilmente el ceño con gesto
claramente meditabundo durante unos
segundos que a Karina se le antojan
eternos, y por fin, tras un leve resoplido,
responde―: Creo que estarás sola.
―¿¡Qué carajo!? ―Exclama
al momento la Agente K, dedicando al
hombre una mirada ciertamente asesina,
antes de espetarle visiblemente
furiosa―: ¡No sos más que un miserable
boludo, Roberto Giner! ¡Y te puedo
asegurar que esto no va a quedar así!
¡Podés tener la certeza de que algún día
me las pagarás!
―Como bien te dije antes,
no es cosa mía ―intenta disculparse
Giner, dando a su voz un tono lo
bastante sincero como para que Karina,
por un momento, se lo trague. Pero sólo
por un momento, ya que un instante
después, la guapa porteña sale
nuevamente del despacho de Roberto
Giner, tras haber recogido el pase que
ha de mostrar al piloto del
aerodeslizador que ha de llevarla hasta
el puerto de Valencia.
Diez minutos más tarde,
mientras el sofisticado y silencioso
artefacto volador sobrevuela la zona de
carga y descarga del puerto de
Valencia…
―¿Lista para saltar, Agente
K? ―El piloto se dirige a nuestra
protagonista en tono amable y
comprensivo, y ésta le responde que sí
con un enérgico cabeceo y una nerviosa
sonrisa en el bello semblante.
Después, y sin pensárselo
dos veces, salta al vacío desde una
altura de casi mil metros, abriendo el
moderno paracaídas poco antes de
estrellarse mortalmente contra las
tranquilas aguas nocturnas del
Mediterráneo, a tan sólo unos doscientos
metros del mercante con nombre y
matrícula extranjeros.
La Agente K es una
magnífica nadadora, por lo que alcanzar
su objetivo es para ella poco más que un
juego de niños.
Cuando está junto al barco,
saca una pistola de aire comprimido, y
dispara un gancho sujeto a una resistente
y sólida, aunque delgada cuerda de
nylon. Y comienza la escalada hasta la
cubierta del mercante.
―¿Base Omega? Estoy en el
barco; si podéis guiarme para llegar a
los explosivos, os lo agradecería ―dice
le guapa agente secreta dirigiéndose

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