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Amantes a la italiana – Cathryn de Bourgh

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zapatería de Milán, su carrera en leyes estancada y para peor acababa de romper con su novio de la adolescencia y eso, aunque lo veía venir desde hacía tiempo, la había
dejado muy deprimida. Tal vez por eso veía todo negro y nada podía motivarla.
Y para colmo su prima la modelo, alta, rubia y vestida como una princesa llegó al local del centro comercial donde trabajaba para pedirle cerca de cinco pares de
zapatos todos del mismo modelo casi, lo único distinto era el color.
No era que la afectara encontrarse con su prima, siempre la atendía cuando iba a comprarse sandalias, botas, y tampoco la envidiaba por ser rubia, alta, y trabajar

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como modelo y ganar un montón de euros. Sabía que su familia no la apoyaba pero ella se había ganado un lugar y como declaró que no le interesaba estudiar, y
entonces como por encanto fue descubierta por un diseñador francés de look algo extravagante… Y a pesar de la negativa de sus padres, hoy era una modelo famosa y
salía con los hombres más atractivos, y con los autos más costosos…
Laura se asomó para ver un Ferrari rojo intenso y un hombre de esos que ella solo veía en fotografías. Tan atractivo que se quedó mirando como una tonta. Alto,
de cabello rubio estilo nórdico, noruego, musculoso… Diablos, en su país no había hombres así. Y entonces vio que su prima salía del Ferrari como una princesa, sin
dejar de sonreír mientras se acercaba al centro comercial.
Así comenzó todo, solo que entonces jamás lo habría imaginado.
—Hola Laura, ¿cómo estás? ¿Sigues trabajando aquí?—preguntó su prima mientras entraba al local y se convertía en el centro de las miradas.
Una pregunta retórica. Sonreía y se veía regia, con poco maquillaje pero con esos ojos azules tan inmensos y el cabello rubio levemente ondeado y muy largo.
Vestía unos jeans y una blusa blanca y tacos, un look sencillo, casual, que estaba muy de moda entre algunos famosos, porque si no estuviera de moda ella no lo habría
llevado.
Conversaron un momento porque la encargada no permitía charlas en horas de trabajo, y luego consiguió la docena de zapatos para que su prima se probara y
descartara. Era terriblemente indecisa, tanto que en una ocasión le confesó que como no había podido decidirse por un solo vestido se había llevado tres, que valían
además una bonita suma.
En esa ocasión solo se llevó cinco pares. Muy parecidos pero de distinto color. Sandalias altas, de plataforma, con tiras, solo un par, tacones en distintos
diseños.
—Oh gracias Lauri, eres un sol…—dijo su prima obsequiándole una sonrisa brillante.
Y luego, como si recordara algo, le dejó un perfume carísimo y unas muestras de maquillaje de la nueva línea de Orleans Paris.
—Gracias, qué amor, pero este perfume está sin abrir—protestó Laura mientras recibía todo en una bolsa de cartón muy mona.
Su prima hizo un gesto de ¿qué importa?
—Lo compré equivocado, no sé en qué pensaba es muy suave para mí, parece perfume de bebé, quédatelo a ti te va más lo floral. ¿Cómo está tu mamá?
—Gracias… Bien, todos están bien, pero ya no vivo con mamá. Me mudé con unas amigas y por eso…
—¿No? ¿Y qué pasó con tu novio Pietro?—su prima parecía sorprendida mientras buscaba efectivo o tarjeta para pagar la compra.
—Peleamos hace dos meses, pero.
—Oh, qué pena… Eran dos tortolitos, hermanos siameses… Iban juntos a todas partes. Debes sentirte deprimida.
Chiara sacó una billetera llena de tarjetas y luego algo de dinero en efectivo… Unos cuantos billetes de cien para pagar la compra. No estaba segura si usar
crédito o efectivo luego de escuchar el importe total.
Su prima Laura sintió vértigo al oír la cifra pero sabía que su prima siempre gastaba mucho en ropa y zapatos, diciendo que una modelo podía ganar pero debía
invertir no solo en ropa, zapatos, perfumes y clínicas de belleza para estar impecable. “Una carrera muy cara de mantener” solía decir. Y sabía que no miraba el precio
cuando algo le interesaba.
Luego de pagar con una de las tarjetas de crédito le sonrió diciéndole que fueran a almorzar juntas así charlaban con tranquilidad. ¡Hacía tanto tiempo que no se
veían!
Laura vaciló. Todavía no era su hora de descanso y…
—Pide permiso, no eres una esclava—insistió Chiara.
No, no lo era, pero…
—Déjamelo a mí… Hablaré con esa ogra encargada. Ya verás—su prima parecía resuelta a salirse con la suya.
Bueno, había gastado más de quinientos euros en zapatos, bien podían hacerle una atención.
La encargada no puso reparos… Al menos no en apariencia.
Escaparon del centro comercial y pudieron ir a un restaurant carísimo, luego de enviar sus paquetes al hotel donde se alojaba. Laura miró a su alrededor
maravillada por la decoración, el lujo, nunca antes había ido a un lugar tan bonito. Con lo que ganaba en la tienda de zapatos apenas podía pagarse el alquiler y comprar
comida y poco más. Y eso que compartía gastos con unas amigas, de lo contrario habría sido imposible. Milán era una ciudad cara, como todas, pero se sentía feliz de
poder tener una vida independiente.
—Pide lo que quieras, que yo te acompaño, hoy no haré dieta—declaró su prima haciéndole un guiño. Era muy encantadora y seductora. Le pareció extraño que
siguiera soltera cuando tenía a todos los hombres que quería a sus pies, bueno es que a ella no le interesaba el matrimonio. Esa era la verdad. O no había sido tentada por
una propuesta interesante…
De haberse conseguido un príncipe, o uno de esos millonarios norteamericano… Estaba segura de que no se lo habría pensado dos veces.
Laura sonrió.
—Tú no necesitas hacer dieta, estás perfecta.
—¿Perfecta yo? ¡Qué va!
Su prima sonrió con esos ojos tan azules.
—Oye ¿cuánto te pagan en esa zapatería de mala muerte?—dijo de pronto.
—No mucho. Un poco más del mínimo y comisiones. Pero las comisiones que me prometieron serían más de la mitad del pueblo no llegan ni a una tercera parte.
Bueno, siempre lo hacen, y mi otro trabajo me tenía podrida un tipo que no me dejaba en paz.
—Pero eso es una miseria, ¿cómo le haces para vivir, para comprarte ropa?—su prima estaba horrorizada.
—Yo solo compro en rebajas y vivo con mis amigas, no podría pagar un alquiler yo sola y comer. Al menos no querría vivir en uno de esas casas viejas llenas de
ratones.
—Pero ¡es una miseria, te explotan! Deberían pagarte el doble.
—Sí, estoy buscando un trabajo mejor pero siempre dejo mis datos y nunca me llaman. Y si me llaman luego resulta que el horario es tremendo y yo estoy
estudiando administración de empresas, ¿recuerdas? No puedo trabajar todo el día.
—¿De veras? Qué bien. Siempre tuviste buenas calificaciones en la secundaria. Pero lo otro, no puedo creer que sean tan explotadores, no imaginaba que fuera
tan duro trabajar aquí. Laura tú eres bonita, podrías tener un mejor trabajo. ¿Nunca has pensado en ser modelo?
Su prima soltó la carcajada.
—¿Modelo yo? Pero si no tengo altura ni tampoco físico… Por favor Chiara deja de burlarte.
—No me estoy burlando boba, hablo en serio. Si quieres podría recomendarte… Sé que te falta un poco de altura y tienes unos kilillos de más pero ahora hay
una línea de chicas regordetas así como tú, modelos XL pero tú en realidad no eres XL… Y podrías hacer publicidad. Eso da buen dinero. No hablo de desfilar, eso lleva
más tiempo, pero sí puedes hacer una campaña de publicidad. Tienes unos ojos oscuros muy bonitos.
—¿Publicidad? ¿Modelo publicitaria?—Laura no estaba nada convencida, le parecía todo un cuento chino. ¿Ella modelo? Siempre había sido gordita, de niña y
de grande, vivía a dieta y nada le daba resultado. Solo hacer ejercicio. No es que tuviera muchos kilos, tal vez diez. Y no le quitaba el sueño a sus veintidós años, tenía
compañeras en el trabajo que eran mucho más rollizas y altas, y no hacían dietas ni se privaban de nada. Tenían novio y eran muy felices. Había aprendido a aceptarse,
pero de allí a querer ser modelo… Bueno, eso no era para ella. No solo porque se veía rolliza sino porque no iba con su personalidad y punto.
—Sí, ¿por qué no?—insistió su prima— ¿Sabes cuánto me pagan hacerle publicidad a Orleans? ¿Solo por campaña?
Cuando Laura se enteró abrió los ojos y se quedó sin palabra, ganaba veinte veces más su prima por campaña que ella en un mes.
—Oye, si eres astuta y te manejas bien… Tú eres ahorrativa, yo gasto millones en un minuto, soy un desastre y estas tarjetas me comen viva pero… Te
pagarían mucho más que en ese trabajo y podrías viajar. Déjame hacer unas llamadas. Anímate. Tienes potencial. Eres joven y preciosa, y no te preocupes por ser algo
gordita. Porque los diseñadores están pidiendo chicas con más carne, no tan flacas anoréxicas. Tú me ves flaca sí, pero yo no soy anoréxica, hay otras que son como
esqueletos y… Se han quedado sin trabajo por todo ese asunto de la anorexia.
—Chiara eso no es para mí, soy muy tímida y nada fotogénica.
—Vamos, iríamos juntas de viaje, conocerás París, Viena, Nueva York y tendremos un novio nuevo en cada ciudad. Y ganarás mucho dinero. Si eres paciente…
Laura se sonrojó.
—Me encantaría ser tú, de veras, pero tendría que nacer rubia y de piernas esbeltas y yo no podría, ¿cree que tendría la audacia d

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