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Atrévete a quererme – Norah Carter

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Atrévete a quererme – Norah Carter 

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el lunes; salí de los despachos y me fui a una terraza a comer sola. Ya tenía todo listo en el coche, salí hacía
Tarifa. Al aparcar para darle el encuentro, saqué el pañuelo y me lo dejé caer por la cabeza, echando para atrás una de las puntas. Sonreí al verme frente al espejo. Y ahí
bajé, con mis vaqueros pitillos, una camisa vaquera metida por dentro, unos taconazos y mi velo. Me sentía guapa. Lo vi aparecer de lejos, ya me estaba mirando
muerto de risa, negando con la cabeza y directo hacia mí.
Estás preciosa dijo mientras me daba un cálido abrazo.
Gracias respondí sonriendo.
Sabía que lo harías antes de que te lo pidiese dijo bromeando, señalando al velo.
¡Soy muy fácil! dije medio chillando a modo de de broma.
No me viene mal saberlo. ¿Puedo preguntarte algo?
Adelante, caballero.
¿Estás segura de pasar cuarenta y ocho horas con este extraño? dijo de manera seductora.
¡Claro! Llevo un chip y tengo avisada a la policía, los Geos y a todos los cuarteles militares de la zona. Más vale que seas bueno ya que nos tienen vigilados.
No me asustan, créememe dijo con tono suave y casi intimidante, hasta se me pasó por la cabeza quéhacía allí. Pronto me entró la risa. Por cierto, ya
puedes quitarte el velo, ya te lo pondrás cuando sea necesario.
¡No te lo crees ni tú! chillé para dejarle claro que nunca sería necesario.
Seguidamente nos reímos.
Me pidió las llaves de mi coche y me mandó con el dedo a la otra puerta, de copiloto.
Conocía muy bien la zona, así que empezó a conducir y me llevó a la zona de Costa Ballena, en Rota. Tenía reservado un hotel precioso tipo caribeño, yo ya había
estado en él varias veces.
La habitación era preciosa, con una terraza impresionante mirando al mar, había dos camas enormes de matrimonio. ¡Eran gigantes!
Colocamos las cosas y bajamos a tomar algo, pedimos dos Gin Tonics. Yo estaba en una nube, sus miradas eran penetrantemente seductoras, me moría por darle un
beso, pero jamás daría ese primer paso y menos con él, que con su cultura me imponía más.
¿Qué piensas sobre la vida europea, Abdul? dije mientras sacaba un cigarrillo y le ponía los ojos en blanco, esperando su respuesta.

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Me miró impactado por tal pregunta.
No le veo diferencia con ninguna otra.
¿Cómo que no, Abdul? dije asombrada por su respuesta.
Natalia, ya irás descubriendo cómo soy, cómo veo la vida y cómo actúo. No quieras sacar conclusiones de anécdotas o algunas vivencias en mi país
ocasionales. Conoce a la persona desde dentro. Y no te hagas ideas inequívocas.
En tu país solo he conocido personas magníficas que me respetan y siempre se ofrecen de alguna manera u otra, pero la cultura es muy diferente.
La cultura es una definición muy amplia, pero no tiene que ver con la personalidad ni con los sentimientos de las personas. Anda no te ralles más, es más
sencillo, quizás, si te dejas llevar. Sigue a tu corazón y descubre tus inquietudes.
Valeafirmé mientras reía cortada.
Se nos pasó la noche charlando, descubrí muchas cosas de él. Era una persona cercana pero no terminaba de contar toda su vida, algunas anécdotas pero muy
cuidadas. Algo me decía que había temas que evadía, pensé que quizás no se fiaba de mí en tan poco tiempo y yo, que era muy preguntona, fijo que lo frené.
Subimos a la habitación un poco achispados, pero él nunca perdía la compostura, era muy atento.
Una vez en la habitación agarré mi pijama y fui al baño a cambiarme, mientras pasaba por su lado se acerco a mi oído y me dijo suavemente que estuviera tranquila,
no pensaba mirar. Me entró un ataque de risa y se lo dije mientras me iba, que por soso ya no le hacía el striptease, a lo que soltó un sonrisa acompañada por una
negación como diciendo que yo no tenía remedio.
Cuando salí, estaba ya metido en la cama con una camiseta blanca de manga corta. ¡Estaba para comérselo!
Me metí en mi lado y me senté. Como él bajó las sábanas, nos miramos y me dijo:
Hasido muy bonito el día contigoyo estaba flotando de escucharlo, prosiguió. Me siento atraído por ti, conocerte fue algo imprevisto pero afortunado.
Aquí estoy, no sé qué pasará mañana, pero aquí estoy.
Yo también,Abduldije muy suave.
Entonces agarró mi mano y la puso entre las suyas, las acercó lentamente a sus labios y las besó con mucho cariño.
Descansa. Buenas noches, Natalia.
Igualmente, Abdul.
Apagó la luz y se volvió para la pared.
Yo estaba flipando, me dice que le gusto, se viene a mi país a verme, me mete en su habitación y… ¡Ahora me dice buenas noches!
No me lo podía creer. Ni un beso, ni una caricia, ni un gesto de deseo… Nada de nada. No pedía un polvo, pero algo más de romanticismo no me importaba. Sonreí
de pensarlo.
Por la mañana despertamos a la vez, parecía que estábamos sincronizados. Su teléfono sonó, él miró quién era y lo silenció rápidamente.
Cógelo si quieres, voy al baño. Buenos días.
Buenos días. Puede esperar la llamada.
Me duché pensando que esa llamada le había cambiado el semblante, podía ser cosa mía, pero me daba esa sensación.
Fuimos a desayunar, yo estaba babeando, me parecía tan guapo y seductor que me tenía encandilada.
Abdul, ¿no has tenido ninguna relación sería?
Sí, pero prefiero no hablar de ello.
Perdón, no pensé que tuvieras una historia que aún te causara recordar.
No pasa nada. De todas formas no tengo sentimientos agradables, es por eso.
Vale, no te preocupes, Abdul.
Empecé a comer la tostada, me quedé sin palabras, cada vez tenía la sensación de que tenía algunos temas en su vida que iban a ser difícil de descubrir y me di cuenta
de que le había incomodado la pregunta.
Natalia, ¿cuándo piensas volver a Chaouen?
Voy el fin de semana que viene, se casa la hermana de Layla y no puedo fallarles, además me hace mucha ilusión. Voy el jueves y me están haciendo una
chilaba para la ocasión. Por cierto, me tengo que hacer la prueba para que me la entreguen el viernes por la mañana.
Me encantará verte vestida para la ocasión.
¡Vale!contesté encantada.
¿Por qué te gusta la gente marroquí y mi país, Natalia?
Desde que descubrí Marruecos, me di cuenta de que la gente de allí era muy hospitalaria, fue lo primero que percibí. Un país con mucha cultura y
civilización. La mezcla de etnia árabe y bereber me pareció muy sorprendente. Un lugar lleno de contrastes, olores, colores y con mucha historia. Me enganché a
Marruecos desde el minuto uno.
Me gusta que definas así a mi país.
Abdul, ¿te ocasionaría problemas tener una relación con alguien de otra cultura?
Creo que me estás tanteandodijo mientras sonreía. Mi familia se basa en el respeto y en el amor, con ese concepto nos educaron. Mientras se respete
eso, no hay problema por abrir el corazón, sea musulmana o no. De todas formas siemprete puedes convertir al islamsoltó como el que no quiere la cosa.
Sonreí. La verdad que me dejaba sin palabras.
Echamos un día estupendo, hicimos planes para que me recogiera en Tánger el jueves.
Estuvimos en el bar del hotel hasta las tantas, le conté algunas relaciones que había tenido esporádicas, me llamaba “bad girl” (chica mala). Yo me reía y decía que era
española, él se echaba las manos a la cara.
Nos fuimos a dormir y esta vez me echó sobre su pecho, nos dormimos charlando mientras acariciaba mi pelo. Yo estaba en la gloria, me sentía muy segura en sus
brazos.
Al despertar seguía echada sobre él, me dio los buenos días besando muy cariñosamente mi frente. Sus miradas lo decían todo.
Nos fuimos hacia Tarifa, comimos en un kebab antes de que cogiera el ferry, recibió una llamada y se salió del bar a hablar. Entró muy serio.
¿Te pasa algo, Abdul?
Nada, cosas de trabajo.
Valedije sin quedar conforme, pero sin darlo a entender.
Él no empezaba en Tetuán de profesor hasta el próximo curso. ¿Sería otro trabajo? Estaba claro que me cortó rápido, así que lo mejor era no seguir preguntando.
Nos dirigimos al puerto y esperamos a que se montara en el barco.
Me pidió que no lo olvidara y me recordó que el jueves estaría ya aquí y eso le haría pasar unos días con expectante ilusión.
Nos despedimos con un afectuoso abrazo.
Me pasé todo el camino pensando en él, sobre todo con el respeto que me había tratado. Era un hombre misterioso, pero estaba segura que tenía un gran corazón
4.
El lunes me llamó Lucía a primera hora para que le contara el fin de semana con Abdul, quedamos para comer, así que estuve toda la mañana trabajando sin tregua
porque el miércoles sería mi último día de trabajo de esa semana.
Lucía apareció feliz, me contó que Naser le escribía a menudo. Ese fin de semana no me acompañaría a Marruecos porque tenía compromisos laborales. Bromeó
diciendo que nos veía atravesando el charco todos los fines de semana. Nos entró la risa.
Se quedó asombrada cuando le conté que Abdul no me había puesto una mano encima.
Hablamos sobre el misterio que rodeaba estos hermanos y que lo mismo se marcharon por otros motivos a Marrakech durante tantos años; nos reímos de la película
que nos estábamos montando.
De repente sonó un WhatsApp de él:
“Hola, Natalia. ¿Por qué no te vienes el miércoles por la tarde y así aprovechamos para pasar la noche en un precioso Riad de Tánger?”
Me lo comía, esos mensajes me dejaban sintiéndome especial. Respondí inmediatamente:
“Vale, a las cinco de la tarde, hora marroquí, estaré en el puerto de Tánger”.
Lucía estaba como una niña chica viviendo lo mío por un lado y su historia por la otra.
Volvió a entrar otro mensaje.
“Gracias, Natalia, sabía que aceptarías. El miércoles nos vemos. Un abrazo”.
Era súper educado en sus mensajes, bromeé diciendo a mi amiga que a ver cuándo me enviaba uno diciendo que me iba a violar.
Creo que tienes para largo dijo riendo.
Tú igual, Lucía, creo que los dos están cortados por el mismo patrón.
Nos entró nuestro ataque de risa. Lucía y yo parecíamos hermanas. De repente sonó el teléfono y era Bea, la invitamos a venir a casa.
Pasamos la tarde bromeando sobre los hermanos; Bea nos dijo que se veía viajando a Marruecos a estar en nuestras bodas. Le dijimos que ni de broma.
¿O sí?pregunté irónicamente.
En el fondo, con Abdul, no estaba segura de no cometer ninguna locura, me gustaba tanto que cualquier cosa me la plantearía, dije muerta de risa.
Nos dieron las tantas hablando como cotorras, pedimos pizza para cenar.
El martes pasó volando, la mañana del miércoles también. Y cuando me di cuenta, ya estaba en el barco rumbo a Tánger.
Llegué al puerto y pasé el control, pude observar cómo Abdul se acercaba a mí. Me dio un abrazo y agarró mi pequeña maleta.
Fuimos hacia su coche y nos dirigimos a La Riad, era una de las calles de la zona de arriba de la Medina. El lugar era impresionante. La Riad se componía de casas
típicas que habían sido rehabilitadas para recibir huéspedes. Solían tener un patio interior con alguna fuente. Esta estaba cuidada al más mínimo detalle. En la tercera y
última planta había una gran terraza para desayunar o comer con unas vistas increíbles a la parte antigua de la ciudad.
Dejamos las cosas en la habitación y nos fuimos a perdernos en el bullicio de la Medina de Tánger, uno de los atractivos turísticos de la ciudad. Paseamos por las
murallas de la Medina sintiendo toda la historia que había dentro de ella. Andar por el Gran Zoco junto a él fue muy divertido, al tener aspecto de allí no nos molestaban
tanto. Cenamos en un lugar precioso, era muy acogedor e íntimo y Abdul estaba muy charlatán ese día, se le notaba relajado.
Natalia, el sábado quiero que comas con mis padreslo miré asustada por su petición. No te preocupes, les hablé de ti y me pidieron conocerte. No les he
dicho que estuviéramos comprometidos ni que lo fuéramos a estar sonrió tocando mi nariz.
Abdul, yo soy muy diferente. Con Layla sé cómo comportarme, pero tu madre me da respeto.
No te preocupes, sabes estar. Y comportarte te será muy fácil. Solo te pido que no fumes delante de ellos, por respeto.
Vale.
Es broma, Natalia, puedes fumar. Que lo hagas no significa que le estés faltando al respeto a nadie. Mi mamá también fuma, aunque solo en mi casa, por
respeto a nuestra cultura no lo hace a vistas de nadie.
Me quedé sorprendida por su revelación.
¿Será necesario el velo? dije bromeando.
Claro, pero no te obligaría, lo dejo a tu elección.
Puse ojos en blanco.
Dormimos abrazados, esta vez su beso de buenas noches fue en la mejilla, con un intenso abrazo. Yo me moría por dentro porque me diese un beso en los labios que
durara una eternidad, pero me temía que iba a tener que esperar.
Por la mañana desayunamos en la terraza, era espectacular esa estampa. Fuimos tranquilos hacia el pueblo, una vez pasamos Tetuán paramos en un bar que tenía
unas vistas a unos embalses naturales dentro de la montaña. Me encantaba parar allí cada vez que iba a Chaouen, tomar un té en ese lugar me hacía sentir en el paraíso.
Hay sitios que no hay lujo que lo consiga superar, y ese era uno de ellos.
Llegamos a mi casa y soltamos las cosas.
Layla me dejó una nota y un cargamento de comida lista en el frigorífico. Nos veríamos al día siguiente en la boda. Yo solo asistiría al almuerzo, eso puse de
condición desde primera hora, aún no controlaba mucho el idioma y en esa boda la única que hablaba español era Layla, aunque la familia se volvía loca de contenta
cuando me veían, me constaba que me adoraban.
Me fui con Abdul a la prueba del traje, entré al probador; cuando salí con él puesto, Abdul me miró asombrado.
Estás preciosa, el color rosa te sienta genial. Estoy gratamente sorprendido. Vas a destacar, Natalia.
La verdad que cogí un rosa chillón con adornos dorados, pero muy discreto, nada de adornos llamativos. La chilaba quedó preciosa y me quedaba a la perfección, me
la llevé al momento.
Fuimos a dejarla en casa. Luego le invité a que me ayudará a decorar toda la cena que me dejó Layla preparada.
Cenamos en el salón, mi casa estaba decorada tipo árabe, con sus sofás bordeando todo la estancia y una gran mesa de madera. Nos dieron las tantas charlando hasta
que se fue.
Quedamos en vernos después del almuerzo de la boda. Se quedaría en mi casa a dormir y comería con él en su casa el sábado. Temía conocer a la madre, eso me tenía
en tensión, me imponía mucho.
Fui a la boda nerviosa, me recogió Layla. Se sorprendió cuando me vio, no me dejó de decir lo guapa que estaba durante todo el tiempo. Ella estaba radiante también.
Disfruté de la comida, las mujeres lo hicimos separadas de los hombres, se veían muy animadas y bromistas. Yo me enteraba una cuarta parte y a veces ni eso, me
limitaba a sonreír y Layla me traducía la mayoría de las veces.
Me fui de la boda, Abdul me estaba esperando en la puerta, habíamos hablado por mensajes. Paró a un chico para que nos hiciera una foto con su móvil.
Quiero tener esta foto para recordar este día en que brillas con luz propia, Natalia.
¡Gracias!le dije emocionada.
La foto quedó genial, luego me la pasó por WhatsApp.
Fuimos a que me cambiase y luego nos marchamos a perdernos por la Medina del pueblo y a tomar té.
Tengo muchas ganas de que conozcas mis padres, eso marcará un antes y un después.
¿Por qué dices eso?
El tiempo te contestará.
No, no me contestará el tiempo, ya te contestaré yo mejor dije en tono chulesco.
Ya veremos, Natalia.
Me ponía mala ese dejar entrever que tenía de las cosas, un control que me gustaba pero que a la vez me hacía sentir insegura, pero yo la verdad que no quería que
nunca acabase esas ganas que demostraba de verme. Me sentía cómoda, feliz e ilusionada a su lado. Estaba deseando que algo pasara entre nosotros, pero parecía que
eso estaba muy lejos de suceder.
Acabamos cenando en mi casa, luego nos acostamos viendo un documental en mi tablet. Yo caí rendida. Cuando me levanté, Abdul ya había preparado el desayuno.
Buenos días. Si te ve tu madre haciendo el desayuno a una occidental, te va a matar.
Buenos días, mal pensada. Quizás es lo que me ha inculcado ella, tratar con igualdad y cariño a las personas.
Al final me hago fan de tu madrele guiñe seguidamente un ojo.
Nos duchamos y me puse unos vaqueros con unas botas altas al estilo camperas y una camisa por fuera con un jersey encima, salí del baño con el velo rosa dejado
caer, sin tapar todo el pelo, pero adaptándome un poco a las circunstancias.
Gracias, preciosa, te lo agradezco.
Salimos hacia su casa. Al llegar salió la madre al jardín a recibirnos, me saludó efusivamente.
No sabía que usabas velo me dijo mientras acariciaba mis hombros.
Lo puse en señal de respeto por venir a su casa.
Pero si ni yo lo llevo aquí en casa. Si hubiera tenido una hija nunca le hubiera exigido que lo usara. Quítatelo, por favor.
Mire Abdul y comprobé que estaba muerto de risa, la madre se dio cuenta y dijo:
Abdul, esto es cosa tuya, ¿verdad?
Sí, mamá. Ella es muy bromista y quise hacerle entender que aquí también nos la gastamos. Le dije que sería bueno pero que no la obligaría y sabía que ella
así se lo pondría, cayó en la broma.
Me dieron ganas de matarlo, había caído como una tonta. La madre me lo quitó y se fue para él dándole guantazos en broma con el velo. Yo no paraba de reír. ¡Qué
tonta fui!
La comida se hizo amena, sus padres eran respetuosos y muy simpáticos, hablaban perfectamente el español. El padre le hizo varias amenazas en plan bromas a
Abdul, diciéndole que procurase cuidarme, que no volvería a tener tanta suerte.
Pasamos toda la tarde allí, su madre me contó muchas cosas de Abdul, creo que cuando la pillase a solas se lo iba a recriminar. Abdul, por lo visto, tenía una mente
brillante y varios premios destacados de investigación.
La madre me hizo prometer que cada vez que fuera al pueblo la visitaría. Se notaba que habíamos conectado genial. Fuimos a mi casa y Abdul me agradeció el día
familiar.
Sabía que estarías a la altura.
Ha sido fácil. Son personas admirables.
Están encantados de haberte conocido, se lo vi en el brillo de sus ojos y con lo cómodos que estaban.
Me alegro mucho, Abdul.
Nos acostamos charlando sobre el próximo fin de semana. Yo volvería a Chaouen con Lucía, eso hacía feliz a Abdul.
Me llevó a Tánger después de desayunar, nos despedimos y vi que su mirada me hablaba, sabía que estaba triste porque me iba pero feliz de que en cuatro días
volvería. Nos fundimos en un bonito abrazo y me monté en el ferry. Subí a la terraza del barco mientras zarpaba y vi como Abdul seguía abajo y empezó a despedirse
con la mano. Me salieron unas lágrimas, me dolía despedirme de él.
5.
La mañana del Lunes fue rara, vi a Bea muy inquieta por los despachos de la bodega, a media mañana me propuso ir a comer juntas.
Claro, Bea. ¿Te pasa algo?
Sí, Nati, estoy súper agobiada, luego te cuento en la comida.
Vale, si te puedo ayudar en algo no dudes en decírmelo.
Lo sé, luego te explico y verás que no puedo ayudarme ni yosoltó una sonrisa floja.
Me estás asustando, Bea.
Anda ya, Nati, no es nada grave, pero es que… ¡Me pasa cada cosa!
Cierra la puerta y siéntate que hago dos cafésdije mientras encendía la cafetera y preparaba las cápsulas.
Nati, ¿te acuerdas de los tres chicos que hemos visto varias veces juntos?
Claro, me los he seguido cruzando por muchas partes dije mientras echaba los cafés.
El sábado conocí a uno de ellos, el más alto.
¿Te has liado con ese?
Sí. Y el domingo también pasé el día con él.
¡Me muero! Ahora espero que hayas averiguado por qué siempre van juntos y qué relación tiene ese tríodije asombrada.
Eso te lo cuento en la comida.
¡No! Eso me lo cuentas ahoradije muerta de risa.
Son de la secreta, anti drogas.
¡Qué dices!
Sí, hija, sí. Pero dice que ya lo sabe mucha gente de aquí.
Estoy flipando, Bea, para mí que eran profesoresdije riendo. Se nota que te has quedado pillada.
Sigo en shock desde el sábado, estando con él no era yo, me cortaba, tardaba en reaccionar, me siento rara, pero no puedo estar sin éldijo mientras se
echaba las manos en la cara.
Estamos infectadas por un virus, yo con Abdul, Lucía con Naser y tú con… ¿Cómo se llama?
Nesta.
¿Nesta, como Bob Marley?
No sabía que Bob Marley se llamara Nesta. Pero vamos que yo también me quedé loca cuando me dijo el nombre.
Sí, Bob Marley era Robert Nesta Marley, ese era su nombre real.
Pues estoy agobiada, me gusta mucho, pero lo de su trabajo no me hace gracia y sé que no podría estar con alguien así.
¿Pero quéde malo tiene que vaya detrás del delito?dije en tono payasita.
No me gusta, lo veo mucho riesgo para llevar una vida tranquila y eso es exactamente lo que yo necesito, tranquilidad. De todas formas lo pueden ir
moviendo por toda España porque si ya saben por aquí mucha gente qué es lo que es, lo tendrán que mover… Vamos, digo yo.
No deberías darle muchas vueltas, mira yo, con un marroquí que me trae loquita, encima de otra cultura, otro país y aquí estoy dispuesta a enfrentarme a un
mundo diferente. Si continúa esto, claro.
¿No te da miedo, Nati?
¡Para nada! Respeto… mucho. Miedo… nada. Todos somos iguales pero con diferentes costumbres. Quien es buena persona es buena aquí o en cualquier
lugar del mundo, al igual con quien es mala.
Ya, Nati, pues a mí Nesta me tiene rallada, pero me encanta y tengo ganas de estar con él.
Pues no seas tonta, déjate llevar y disfruta el momento.
Lo intentaré, pero ya me conoces, soy muy simplona.
Sí, una pija muy indecisa reí mientras se lo decía.
Bueno, vamos a trabajar un poco y ahora a las dos nos vamos a comer.
Vale, nos vemos luego.
Miré el móvil que lo tenía silenciado y tenía un WhatsApp de Abdul:
“Pensé que me echarías de menos, pero no te acordaste de mí. ¿Debo preocuparme por algo?”
Su mensaje parecía serio, pero por lo poco que lo conocía seguro que era en plan seductor. Respondí inmediatamente:
“Claro que me he acordado. Cuento las horas para que sea jueves por la tarde”.
Vi como escribía:
“Con eso no me vale”.
Me chocó su respuesta, ya no sabía si iba en broma o en serio, pero tenía que salir de dudas:
“No te entiendo… ¿Me estás imponiendo o me estás reclamando que necesitas más atención?”
No entendía nada, pero necesitaba saber en qué estado se encontraba.
Contestó:
“Estoy diciendo que me hubiera gustado que me hubieses mandado algún mensaje en señal de que te acuerdas de mí”.
Tenía razón. Él siempre me escribía y yo le contestaba, pero me daba pudor escribir yo primera para no parecer pesada… Le respondí:
“Tienes razón, Abdul, no lo hice para no molestar ni agobiarte. Lo haré a partir de ahora, pero luego no me mandes lejos por pesada”.
Su respuesta no se hizo de esperar:
“Gracias por entender las cosas. Buen día, Natalia”.
¡Qué serio! Su forma correcta de hablar y escribir a veces me sacaba de quicio. Se supone que había algo, el trato debería ser diferente. Pues nada, me decidí a
responder correctamente también:
“Gracias, Abdul. Que tengas un buen día”.
Terminé mi jornada laboral y salí al encuentro de Bea, nos fuimos a comer al centro del Puerto de Santa María, había un sitio de carnes espectacular.
Natalia me ha puesto un WhatsApp. Nesta me dice que esta tarde me invita a merendar. Por supuesto he aceptado. Me encanta cómo me trata y me pone a
mil, todo hay que decirlo, en la cama ni te cuento reímos las dos.
No me esperaba que te lo fueras a tirar la primera noche dije mientras reía.
Ni yo, pero es que fue todo muy rápido y sensual, me dejé llevar y las copas me ayudaron dijo poniendo cara de pena.
Nos echamos a reír.
¿Y tú con Abdul qué tal?
Pues yo, ¡deseando que me dé una noche de lujuria!dije riendo pero con cara de desesperación.
Lo mismo está esperando que os caséis para consumar el acto dijo con ironía.
Eso he pensado yo, pero un mes más así y… ¡lo violo! Y luego ya veré si me planteo una boda dije riendo. Me habla de forma que veces no lo entiendo,
bromea tan serio que me lo creo todo, pero es tan educado y respetuoso que me gana en cualquiera de sus formas.
Al final es verdad que esto es una epidemia, Natalia.
Nos hicimos un selfie y lo subimos a Facebook.
Más tarde nos despedimos y me fui para mi casa a ducharme y descansar.
Una vez relajada y tirada en el sofá mientras me comía un sándwich, agarré la tablet para revisar Facebook. Tenía un me gusta de Abdul sobre la foto y un
comentario:
“¿Cuándo me llevarás a mí, Natalia? Se ve acogedor el lugar”.
Le di un me gusta a su comentario y le respondí:
“Ven a verme y yo te llevo”.
Volvió a llegar una notificación de un comentario de Abdul:
“Tú lo has querido”.
No lo entendí bien pero di me gusta y lo dejé ahí, quizás quiso decirme bromeando que la próxima vez que viniera


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