---------------

Bajo el cielo de los Celtas – José Vicente Alfaro

Bajo el cielo de los Celtas – José Vicente Alfaro

Bajo el cielo de los Celtas – José Vicente Alfaro

Descargar Bajo el cielo de los Celtas En PDF
La civilización celta ofrece al
escritor un fascinante universo con
numerosos elementos para contar una
buena historia. De hecho, no son pocas
las obras de ficción que se enmarcan en
dicha cultura, la cual llegó a extenderse
por toda Europa, desde el Próximo
Oriente hasta las costas atlánticas.
Sin embargo, la gran mayoría de
las novelas suelen situar la acción entre
los siglos i a. C. y i d. C., con ocasión
de la conquista que el Imperio romano
llevó a cabo de la confederación celta,
primero en la Galia y después en la
Britania. En otros casos trasladan el
momento histórico a la Irlanda del siglo
v, el último bastión celta en la Europa
Occidental, coincidiendo con el inicio
de su proceso de cristianización y
posterior ocaso.
Sin duda, los diferentes escenarios
citados resultan claves en la historia de
los celtas, y el interés que suscitan
queda fuera de toda discusión. No
obstante, yo he preferido situar la
presente novela en una época muy
anterior, durante la última etapa de la
Edad de Bronce, un buen puñado de
siglos antes de nuestra era. Por aquel
entonces, en el corazón de Europa —al
norte de los Alpes y a lo largo de la
cuenca del Danubio—, se gestaba nada
más y nada menos que el origen del
celtismo (cultura de Hallstatt).

Mira El Vídeo Para Enseñarte como descargar Bajo el cielo de los Celtas – José Vicente Alfaro

Es importante señalar que el
pueblo celta nunca conformó un imperio
o una nación unificada, sino que estaba
constituido por una multitud de tribus
independientes entre sí, pero que
compartían una misma lengua, así como
costumbres y creencias semejantes. En
todo caso, los celtas se reconocían a sí
mismos como distintos de otros pueblos
vecinos, como los situados en las
estepas orientales o la ribera sur del
Mediterráneo.
En la idiosincrasia del pueblo
celta coexistían dos aspectos
aparentemente contradictorios, aunque
complementarios entre sí. Por un lado,
los celtas eran reconocidos por la
bravura de su ejército. Sus guerreros
eran feroces, implacables y combatían
con un extraordinario valor. Pero al
mismo tiempo, sus gentes hacían gala de
una espiritualidad fuera de lo común. De
la mano de los druidas, su población
tenía siempre muy presente el mundo
sobrenatural, y sentía un gran respeto
hacia la naturaleza, a través de la cual se
manifestaba la Divinidad.
En sus orígenes, si los celtas
pretendían crecer y expandirse por
Europa, tan solo podrían lograrlo si
alcanzaban el punto de equilibrio exacto
entre ambos mundos: músculo y corazón.
De su capacidad para encontrar dicha
armonía dependería el futuro de todo un
pueblo.

INTRODUCCIÓN
Te ruego que disculpes mi voz
ronca y carcomida, que finalmente
también ha sucumbido al paso de los
años. Y tampoco te extrañes si toso
repetidas veces. A estas alturas ya me he
convertido en un bardo demasiado
anciano como para seguir recitando
poemas y cantando gestas con el mismo
esplendor que en mi juventud. Ni
siquiera podré acompañar el relato con
los acordes de mi inseparable lira, pues
mis dedos ya no conservan la agilidad
de antaño.
En mis años dorados yo era
considerado como el bardo de mayor
prestigio, lo que me llevaba a recorrer
grandes distancias, siempre de aquí para
allá, reclamado por los reyes de las
múltiples tribus celtas. Jamás
decepcioné a ninguno y, a la conclusión
de cada actuación, siempre me colmaban
de atenciones y halagos.
La historia que voy a contarte es
tan antigua que se remonta a nuestros
orígenes, incontables generaciones atrás.
Pese a ser muy extensa, es la que con
más frecuencia me hacen repetir. Yo me
conozco cada detalle de memoria y no
me canso de narrarla, solo por ver la
reacción de la audiencia. Si eres
observador, te darás cuenta de que el
presente relato deja entrever en su fondo
el espíritu celta como ningún otro,
aunque en mis días, por desgracia, este
ya se encuentre a punto de extinguirse.
Normalmente he contado esta
historia a un selecto grupo de personas,
cuando no ante amplias multitudes. No
obstante, y haciendo una excepción, en
esta ocasión lo haré solo para ti. Quiero
tener esta deferencia porque así me lo
has pedido y porque me consta el gran
interés que el tema te despierta.
Además, para mí esta será la última vez.
Apenas me quedan fuerzas y siento que
la muerte ya me espera para iniciar mi
viaje de tránsito hacia el Otro Mundo.
Prepárate pues, porque la
narración va a dar comienzo. Cuando
termines de escucharla, no olvides
transmitírsela después a tus propios
nietos e hijos. Solo de esa manera
podremos evitar que el espíritu del
legado celta caiga jamás en el olvido…
Siglo vi a. C.
Europa Central (territorio
comprendido por la actual
Austria y el sur de Alemania).
Las puertas de Hallein se abrieron
para recibir a los guerreros que
regresaban de la batalla. Una vez más,
los celtas nóricos habían salido
victoriosos de su enfrentamiento contra
sus vecinos germanos.
La marcha la encabezaba el rey
Calum, acompañado en primera línea
por Murtagh, el gran general. Ambos
cabalgaban en sus respectivas monturas,
escoltados por un puñado de jinetes que
pertenecían a la élite guerrera. El resto
de los combatientes les seguían a pie,
diseminados a lo largo del camino, ya
que solo unos pocos podían permitirse
el lujo de tener un caballo de guerra.
El poblado celta, situado sobre un
promontorio de considerable altura, se
recortaba en el paisaje suspendido entre
blancas nubes. La posición de Hallein
no solo dificultaba su asalto, sino que
también impedía que la llegada de
posibles enemigos pasase inadvertida.
Su indiscutible condición defensiva se
veía reforzada además por una gruesa
empalizada de madera que circundaba
todo el recinto.
Sus habitantes, congregados en
torno a las puertas de acceso a la
ciudad, recibieron a sus valerosos
guerreros con un clamor de vítores y
aplausos. El ambiente festivo se había
extendido por todas partes desde que las
primeras noticias confirmasen el
aplastante triunfo de los suyos. Los
vigorosos acordes de los músicos se
elevaron sobre el griterío, enardeciendo
el júbilo de la población. El aroma de
los cabritos asados impregnaba el
ambiente y anticipaba un opíparo
banquete, a los que los celtas eran tan
aficionados. Los guerreros, pese al
cansancio acumulado, no pensaban en
otra cosa que en entregarse al festín, en
cantar y bailar, y en emborracharse hasta
perder el sentido.
Calum alzó la mano para saludar a
su gente, mientras su larga capa

Bajo el cielo de los Celtas – José Vicente Alfaro

Bajo el cielo de los Celtas – José Vicente Alfaro image host

Leer En Online

Comprar Ebook  en 

Clic Aquí Para comprar 

[sociallocker]
[popfly]

Descargar 

[/popfly] [/sociallocker]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

---------