---------------

Bajo una nube gris – Elisabet Soler

Bajo una nube gris – Elisabet Soler

Bajo una nube gris – Elisabet Soler

Descargar libro Gratis    En PDF

mi nube
esfuerzo casi imposible por contener las lágrimas. Ahora mismo soy una metáfora del cielo, gris y nublado que retiene inútilmente la lluvia. Bien pronto lloverá. Me
dirijo hacia la salida, necesito marcharme de aquí.
―¡Emma! ―escucho detrás de mí. Es Judit, mi mejor amiga, que corre hacia mí. Está guapa incluso vestida de negro―. ¿Dónde vas?
―A casa ―contesto de manera cortante, no me puede salir de ninguna otra manera ahora.
―Te acompaño.

Mira El Vídeo Para Enseñarte como descargar 

Andamos en silencio, lentamente y con desgana, por las calles de nuestro pueblo natal. Finalmente, y obviamente, tenemos que acelerar el paso porque
empiezan a caer gotas. Al llegar al portal de mi casa, entramos y subimos los cinco pisos con el ascensor sin decir nada. Yo ni siquiera puedo levantar la cabeza. Abro la
puerta y entramos al piso vacío, lleno de un silencio doloroso que me encoge el corazón. En la cocina, me siento en una silla delante de Judit, mientras ella, sin decir nada
tampoco, prepara café.
―Gracias por estar a mi lado, Judit.
―Ya sabes que cuentas conmigo ―me dice intentando dibujar una sonrisa, que le agradezco.
Sirve dos tazas de café con leche y nos las bebemos en silencio. Desvío la mirada hacia la ventana y observo, absolutamente ausente, como llueve. No he
asimilado la situación, es todo demasiado irreal.
―¿Ahora qué harás? ―me pregunta con todo el tacto de que es capaz―. Quieres que me quede a dormir?
―No, quiero estar sola.
―Como quieras ―me contesta con un tono que lleva implícito que lo comprende.
Seguimos en silencio. Yo sigo con la mirada perdida mirando a través de la ventana de la cocina. Ella se acerca algo más a mí y me coge la mano con ternura. La
miro y veo cómo sólo con una mirada y un gesto me da todo su apoyo. Es inútil retener las lágrimas, que me empiezan a brotar sin cesar. Me siento totalmente perdida.
Por la noche, ya sola, acurrucada en el sofá ante la televisión encendida sólo para romper el penetrante silencio, no entiendo cómo en una casa en la que había
tanta calidez, tanto amor, de golpe haya quedado fríamente vacía, rota. La vida feliz que viví aquí se ha derrumbado y sólo queda un recuerdo que ahora me es lejano.
Los recuerdos de toda mi existencia me pasan por delante como los fotogramas de una película antigua. Me veo de pequeña con pijama abriendo los regalos de reyes,
con las amigas jugando a las muñecas en la habitación, con toda la familia comiendo en la sala de estar. Recuerdo con tristeza la última comida familiar, sólo hace unos
meses, donde todos estábamos alrededor de la mesa y conversábamos animadamente. En aquel momento, no era consciente de que todo estaba a punto de acabar, de
desaparecer. Todo ha acabado y no queda nada. Lágrimas de rabia y odio me bajan como un torrente mejillas abajo. Suelto un grito desesperado. Me encojo sobre mis
rodillas y me enrollo como un ovillo de lana. Me he quedado sola, me han dejado sola, perdida y sola. Lo odio, lo odio con todas mis fuerzas.
Paso los días como si estuviera en un sueño, más bien, en una pesadilla. No salgo de casa, casi no duermo, prácticamente no he comido nada, ni siquiera me quito
el pijama. El teléfono de casa no para de sonar, pero no lo descuelgo porque no tengo ganas de hablar con nadie. Necesito un cambio. ¿Qué hago con mi vida? No puedo
pensar con claridad, estoy muy cansada y débil, y los pensamientos se mezclan, confundidos, dentro de mi cabeza. Tengo que marcharme de este piso, de este pueblo,
tengo que irme lejos y empezar de nuevo.
Al atardecer, escucho el timbre de la puerta. Lo ignoro, no tengo ganas de ver nadie, pero sigue sonando insistentemente, martilleándome la cabeza. No lo
soporto más y a disgusto, me levanto y voy a abrir la puerta. Es Judit, que parece bastante molesta.
―Emma, no me coges el teléfono.
―No tengo ganas de hablar con nadie ―mi tono también es molesto, me molesta. Quiero estar sola.
Vuelvo a sentarme en el sofá, donde me he instalado desde hace días. Ella me sigue y se sienta a mi lado. Me observa detenidamente con la mirada llena de
preocupación.
―¿Has podido dormir? ¿Has comido algo? ―me pregunta al ver mi aspecto―. Tienes que descansar y comer algo.
―No. Tengo un nudo en el estómago y no me entra nada.
―Voy a preparar algo para comer ―se levanta y va hacia la cocina.
Terca como siempre, ignora mis palabras y no me hace caso, así que prepara un bocadillo de atún para mí, que sabe que me gusta, y uno de jamón para ella. Los
lleva al sofá y me alarga el bocadillo. Yo lo cojo, bajo su mirada atenta, y hago un esfuerzo, aunque sólo sea para no escucharla más. Cuando trago por primera vez,
enseguida me doy cuenta de que hace demasiado tiempo que no como nada. Mi cabeza está tan confundida que supongo que ha olvidado enviarme señales de hambre.
―Y ahora, ¿qué harás? ―me pregunta, preocupada.
―No lo sé. Tengo que salir del piso la semana que viene, no puedo pagar el alquiler. De todos modos no quiero seguir viviendo aquí, quiero marcharme de este piso,
quiero alejarme del pueblo.
―¿Por qué no vuelves a Barcelona con nosotros?
―No tengo ganas. Además, ahora ya no hay espacio, alquilasteis mi habitación.
―Sabes que si lo necesitas, te puedes quedar ―insiste.
―Lo sé. Pero no, quiero empezar de nuevo.
―¿Adónde irás, pues?
―Había pensado mudarme a Gerona ―no sé de dónde he sacado la idea, pero parezco decidida.
―¡¿A Gerona?! ¿Qué carajo se te ha perdido en Gerona? ―exclama―. ¿Y cuándo has decidido esto? No piensas con claridad ―me conoce demasiado bien Judit.
―Cierto, pero pienso ir ―acabo de decidirlo ahora mismo.
―¿Y dónde vivirás? ―me pone a prueba―. ¡Pero Emma! ¿A Gerona?! ¡Pero si no conoces nadie!
―Iré a un albergue unos días. Cuando encuentre trabajo, alquilaré un piso para mí sola. Judit., necesito cambiar de aires, necesito marcharme. El alquiler allí es
mucho más barato que en Barcelona y siempre he querido ir. Necesito un cambio radical.
Me mira boquiabierta con evidentes ganas de abuchearme pero se contiene. Aguanto orgullosa las ganas de llorar. Conozco a Judit desde hace una pila de años y
sé que en otras circunstancias intentaría hacerme cambiar de opinión, siempre para hacer lo que ella cree que es más conveniente para mí, pero en esta ocasión reprime
las ganas y me mira paciente.
―No veo claro que te vayas a Gerona.
―Si no funciona, siempre puedo volver ―le digo para tranquilizarla.
―Prométeme que si no encuentras trabajo o lugar para vivir vendrás a Barcelona a vivir ―insiste.
―De acuerdo.
―Te pienso llamar y más te vale que cojas el teléfono.
―De acuerdo.
Acabo de preparar la maleta gorda. Sólo me llevo ropa y unas cuantas fotografías. No cabe nada más, no caben los recuerdos. No me puedo creer que no vuelva
a ver más el hogar donde he vivido toda la vida. En un cerrar y abrir de ojos, todo se ha roto en mil pedazos, y una fuerte corriente los ha esparcido por el horizonte.
Nunca habría pensado que mi vida, fácil y sencilla, se podría desmontar. Cada pedazo, esparcido. Todavía no lo he asimilado, tengo la sensación de que en cualquier
momento me despertaré y nada habrá pasado. Miro el piso con nostalgia por última vez antes de irme y salgo del piso cargada con la maleta, con la poca fuerza que me
queda. No puedo evitar las lágrimas.
Subo al tren sintiéndome como una fugitiva, huyo del piso, huyo del pueblo, huyo de todo y de todo el mundo en un desesperado intento por olvidar. Siento
cómo las lágrimas, que parece que no vayan a acabarse nunca, me caen calientes por las mejillas. Qué mala manera de acabar el año. ¿Qué haré ahora? ¿Qué haré a solas?
Mil preguntas me pasan por la mente y me asusta no tener ninguna respuesta. Tengo miedo, me siento perdida, sin identidad. Me propongo dejar atrás todo el pasado,
toda la tristeza, todo el rencor. Me enjugo las lágrimas con la manga y decido que, con la marcha del tren, avanzaré hacia la nueva ciudad dejando atrás todas estas
emociones. Escucho cómo el tren empieza a arrancar dirección Gerona y, cogiendo
Bajo una nube gris – Elisabet Soler libro Bajo una nube gris – Elisabet Soler libro pdf descargar

Leer En Online

Comprar Ebook  en 

Clic Aquí Para comprar 

Bajo una nube gris – Elisabet Soler

[sociallocker]
[popfly]

Descargar 

[/popfly] [/sociallocker]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

---------