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Bliss el multimillonario, mi diario íntimo y yo. Volumen 1 – Emma Green –

Bliss el multimillonario, mi diario íntimo y yo. Volumen 1 - Emma Green

Bliss el multimillonario, mi diario íntimo y yo. Volumen 1 – Emma Green 

Descargar libro En PDF – Número de cápsulas de capuchino consumidas
desde esta mañana:
4 (es decir 336 calorías sin haber comido nada
en absoluto)
– Número de latas de Coca Light tomadas desde
esta tarde:
5 (es decir 0 calorías, pero 27 eructos y, según
la última ELLE, un cáncer temprano debido al
exceso de aspartamo)
– Número de millonarios inventados en mis
novelas hasta ahora:
4 (Gabriel, Vadim, Emmett y Jude… Pensar en
darle un nombre « normal » al próximo. ¡¿Pero,
quién quiere enamorarse de un Robert, quién?!)
– Número de millonarios conocidos en mi vida
hasta ahora:
todavía 0
– Número de millonarios conocidos en mis
sueños esta noche:
2 (¡Gabriel Diamonds y Vadim King reunidos
en la misma habitación, eso es sorprendente! Y
reunidos en la misma cama, ni siquiera les
cuento…)
– Tendencia a la esquizofrenia, del tipo en la
que yo me tomo como la heroína de mis novelas:
inquietante
– Número de actos sexuales reales este mes:
definitivamente, todavía 0
– Número de sueños eróticos este mes:
29 (la décima tercera noche, yo flotaba
desnuda, ebria de felicidad, en un frasco de yogurt
stracciatella gigante… No me pregunten por qué.)
La verdadera pregunta, de hecho, consiste en «
Someone like you », sí, de acuerdo, ¿pero, quién?
¿Alguien como quién? ¿Quién es el hombre que
espero? ¿Una combinación perfecta de mis héroes
de papel tan libres de imperfecciones? ¿Gabriel
Diamonds: viril y carismático, con tendencia
dominadora? ¿Vadim Arcadi-King: rebelde sexy
con tendencia machista? ¿Jude Montgomery:
elegante dandi con tendencia sarcástica? ¿Una
mezcla de todo eso? ¿En carne y hueso? ¿Será que
ese tipo no tendría una tendencia insoportable con
su belleza insolente, su brillante carrera, sus
cualidades de corazón y su réplica a toda prueba?
Eso me fatiga desde ahora…
¿O, entonces, como todas las jóvenes
treintañeras que todavía están solteras, pero que
aún no están completamente locas, sueño con un
hombre sencillo, no tan apuesto ni tan rico, tan
solo lo suficientemente gentil como mi padre y
menos estúpido que mi ex?
Sí, con eso bastaría.
Bueno, a partir de ahora, dejo de fantasear con
un tipo que no existe – o que, de cualquier forma,
sería demasiado bueno para mí. Dejo de pensar de
nuevo en mi boda cancelada y en todos los hijos
que nunca tuve – siendo que detesto a Dean en lo
más profundo de mi ser y que casarme con él
habría sido el error del siglo. Dejo de pasear en
piyama hasta horas avanzadas de la madrugada:
estar vestida, peinada y maquillada antes de las
9 de la mañana será mi nuevo desafío. Y, sobre
todo, lucharé contra el síndrome de la página en
blanco de la mejor manera que sea posible: yendo
rápidamente con mi editor para dejarlo darme una
buena patada – ahí, donde está lo suficientemente
redondeado como para no lastimar.
Unos jeans y una blusa – un poco ajustada –
más tarde, por fin pongo la nariz afuera para una
caminata de doce minutos: es lo que separa
normalmente mi apartamento de República de la
oficina de Stan, en la calle Oberkampf, en el 11o
distrito de París, mi querido vecindario. Doce
minutos « normalmente », porque no puedo evitar
estudiar los anuncios inaccesibles en cuanto me
cruzo con una agencia inmobiliaria, detenerme
frente a la vitrina de una panadería salivando, para
luego estudiar mi reflejo en el cristal para

Bliss el multimillonario, mi diario íntimo y yo. Volumen 1 

 Emma Green 

confirmarme que no, no necesito comer ese pan de
chocolate con almendras en medio de la tarde.
¿Por qué los dos extremos de mi blusa
intentan sistemáticamente alejarse uno del otro y
revelar una pequeña parte de piel desnuda justo
entre mis senos?
Me queda el trayecto en ascensor para apretar
mis dos botones que intentan saltar y entro al piso
de Stanislas Delalande, mi editor preferido – y,
sobre todo, el único que me contrató.
– ¡Emma Lucie Margaret Green, siéntate, tengo
algo que decirte!
– Buen día a ti también, Stan, le digo sonriendo
al nervioso sujeto, quien desliza el sillón de
terciopelo hasta mí y regresa de inmediato a su
computador, tecleando como un lunático sobre el
teclado, al mismo tiempo que golpea
frenéticamente con la pierna debajo de su
escritorio.
Con él, las ideas estallan más rápidamente que
las frases de cortesía. No es que sea maleducado,
frío o inadaptado, simplemente no tiene tiempo que
perder. A pesar de sus semanas de sesenta horas,
siempre luce fresco y, sobre todo, tiene
perpetuamente otro proyecto en la mente, un nuevo
capricho, un concepto revolucionario que hará de
mí una autora con un éxito planetario y de él un
editor ingenioso. En realidad, no corre tras el
dinero: si no se hubiera lanzado en el despiadado
mundo de la edición hace una decena de años,
podría ejercer la más hermosa profesión del
mundo: rentista. Stanislas proviene de una familia
aristócrata que no comprende por qué él todavía
está casado con su trabajo, a sus 40 años pasados,
mientras tiene todo lo que el perfecto caballero:
hermosa carrera, apariencia de dandi y buenos
modales, lleva el bigote mejor que nadie y el
peinado de « salto de la cama », que más bien lo
hace parecerse a un niñito apurado por ir a la
escuela.
Lo que seguramente su familia ignora, es qué
tan fatigante es Stan. Brillante, creativo, jovial y
generoso seguramente, pero también desastroso,
hiperactivo, lunático e inconstante, como él mismo
lo reconoce. Mi última novela, Call me Baby, tan
solo acaba de salir a la venta – como prueba, las
pilas de libros, todavía en plástico, resaltando en
pleno suelo de su oficina. En cuanto a su
continuación Call me Bitch, ni siquiera ha sido
aún imprimida y este gentil tirano ya me está
reclamando la continuación.
Y algo me dice que acaba de tener una nueva
inspiración que me concierne…
– ¡Querías ir a ver millonarios más de cerca, te
encontré el evento perfecto! Una subasta ultrasecreta,
que se llevará a cabo esta noche en el
palacio de Chaillot, en los jardines del Trocadéro.
No me preguntes cómo, pero te encontré un pass
para la sala de ventas. ¡Y para el coctel,
evidentemente!
– ¿Esta noche…? le digo, atragantándome a
medias.
– Es una venta de obras de arte, esculturas,
cuadros… Normalmente, las personas que tienen
los medios para comprarlas envían a un experto en
su lugar para obtener los mejores precios, pero
escuché decir que habrían personas de la alta
sociedad esta noche; americanos, japoneses,
daneses, millonarios de carne y hueso…
– ¡Stan, esta noche… es en menos de cuatro
horas!
Ah, sí, Stanislas también tiene dentro de su
repertorio secreto de cualidades innegables una
capacidad de escucha de aproximadamente diez
segundos.
– Con gusto iría contigo, pero voy a cenar con
un productor. Él no lo sabe aún, pero muere de
ganas por comprarme los derechos de Tú y Yo para
adaptarla en una serie televisiva, me dice
sonriendo con todo su bigote marrón y mal
arreglado, como si estuviera preparando el golpe
del siglo.
Puse los pies en esta oficina hace menos de
diez minutos y ya estoy agotada.
¡Definitivamente, debí regalarme ese pan de
chocolate para aguantar!
– ¡Aquí está tu pass, tienes toda la información
en él! No te estoy sacando de aquí, pero tengo que
ver a los grafistas: tenemos que cambiar todas las
portadas de Call me, ese azul cielo no representa
nada a la impresión. ¡Es rosa lo que necesitamos!
– ¡Anda, anda, Stan! Voy a desmayarme
discretamente bajo tu escritorio para recuperarme
de mis emociones. ¿Me reanimas en una hora?
Si no se ríe de mi broma, es porque ya salió,
velozmente, hacia el departamento de diseño.
Decido dejar mi desmayo para más tarde y
correr a mi casa, con un pan en una mano y mi
teléfono móvil en la otra, para llamar a Margo al
rescate. Ya extendí todos mis vestidos sobre mi
cama cuando ella llega en su camioneta blanca con
puntos rojos – personalizada por sus propios
medios – la cual suena el claxon debajo de mis
ventanas. Se estaciona en doble fila, acciona las
luces intermitentes y va a abrir la puerta trasera de
su camioneta, cortando su eslogan en dos: «
¡Margo, un relooking y go! ». En la puerta lateral,
su logo está todavía completo: una varita mágica
roja que libera una farándula de pequeños vestidos
de pin-up. Todo un programa… Con una decena de
fundas transparentes abrazadas, mi amiga cierra de
nuevo la camioneta con la punta de la zapatilla y
salta hasta la entrada de mi edificio.
– Toc toc… ¡¿Usted pidió una especialista en
cambios de look extrema?!
– ¡Entra, Margotte, estoy en mi habitación!, le
grito, paralizada en ropa interior, frente a mi cama
sumergida bajo la ropa.
– ¡No grites cosas como ésa, desgraciada! Le
quité la T a Margot para dármelas de americana,
estás arruinando mi reputación.
– ¡Sorry, Margo!, le lanzo con mi más bello
acento.
– Tienes suerte, aún tenía estos vestidos de gala
en mi vestidor ambulante para mi última cliente.
¿Qué necesitas? ¿Piel, dominio, sirena,
patinadora?
– ¡Un vestido en el que entre sin tener que dejar
de respirar, para comenzar! Y negro, eso estaría
bien.
– Asco, demasiado triste para la primavera, me
dice haciendo muecas, sacando la lengua del asco.
¡Y ya te hice tu colorimetría Em’, son los colores
cálidos los que van con tu tez!
– ¡El día que quiera parecerme a un rostizado
que aún no está cocido, te llamaré para probarme
unos vestidos rojos de licra! Ayúdame a ponerme
ése.
Yo le echo el ojo al más sobrio del lote: un
vestido recto de pequeñas mangas, de un azul
marino oscuro, que me llega por encima de la
rodilla. Margo me hace rápidamente un dobladillo
para acortarlo un centímetro – « ¡Esto lo cambiará
todo, ya verás! » –, luego agrega un delgado
cinturón dorado, que se supone deba marcar mi
cintura. Un bolso y un par de zapatos más tarde,
estoy transformada, con la suficiente clase como
para mezclarme entre una multitud de millonarios,
lo suficientemente discreta como para no darme a
notar y lo suficientemente cómoda como para
poder pasar una buena velada.
O, en todo caso, intentarlo…
– ¡Había olvidado cuánta habilidad tenías! Una
verdadera maga, le digo, admirándome en el
espejo sin reconocerme.
– « ¡Margo, un relooking y go! », me dice
sonriendo, lanzándome un golpe de varita mágica
imaginaria. ¡En cuanto al look, cuando quieras! En
cuanto a la actitud, harías mejor en llamar a Penny.
Y, en cuanto a las técnicas de coqueteo… no sé a
quién.
– ¡El hombre que llega en el momento justo!, se
burla Elliot al llegar a su vez a mi apartamento con
su réplica de llaves. ¿A quién quieres conquistar?
– ¡A nadie, voy únicamente por el trabajo!
– No escuches ni un solo consejo que salga de
su boca, me susurra mi amiga, lo suficientemente
fuerte como para que mi hermano la escuche.
– La única razón por la cual no has sucumbido a
mis encantos, Margo, es porque no asumes tu lado
en el que te gustan los hombres más jóvenes que
tú, le lanza él, con una voz suave y un guiño
forzado.
Ella ríe ahogadamente y comienza a guardar de
nuevo sus pertenencias, sin comprender que mi
hermano menor – 26 años y, por lo tanto, cuatro
años menos que ella solamente – no está
bromeando más que a medias. Ella le gustó desde
hace mucho y Elliot, quien renta un estudio tres
pisos arriba de mi apartamento, se presenta cada
vez que percibe la camioneta a puntos estacionada
abajo.
Pero Margo está demasiado elevada para ver
esas señales…
– ¡Joyas doradas, maquillaje fresco y cabello
atado!, me lanza ella, como últimos consejos antes
de irse.
Luego agrega un rasguño al aire dirigido a mi
hermano, con un intento de rugido que más bien
parece un gatito ronco maullando por primera vez.
– ¡¿Es mejor que deje de hacer gestos y ruidos,
no?!, dice haciendo muecas para burlarse de ella
misma.
– ¡Buena idea!, replico yo, mientras Elliot
responde « ¡Pero claro que no! »
Nuestras tres risas estallan al mismo tiempo y
Margo huye revoloteando como una niña para
agitar su largo cabello y su falda de volados. Mi
hermano, a la vez encantado por esta salida
extravagante, y decepcionado porque se vaya tan
rápidamente, me deja también, sin ningún
escrúpulo.
– Bueno, había venido sólo por ella, pero voy a
dejar salir mi frustración, tengo copias por
corregir. ¡« Brian is in the kitchen »… and Elliot is
en la mierda!, bromea él, antes de besarme en la
mejilla.
– ¡Eso es, abandóname!
– ¡Luces sexy, Em’! ¡Vas a hacerlos caer a
todos!, me asegura alejándose por el pasillo.
– ¡Es una subasta para millonarios, no una
noche de solteros!, le protesto por principios.
– ¡Good luck de cualquier forma! Me molesta
mi hermano menor, antes de cerrar la puerta.
***
El palacio de Chaillot está iluminado con una
suave y agradable luz plateada cuando llego a la
plaza y disminuyo el paso al fin. Mis tacones me
torturan desde hace varios cientos de metros pero
conservo una sonrisa para la circunstancia. Mi
corazón late exageradamente – el esfuerzo y el
estrés mezclados – y el vistazo lanzado a mi reloj
no mejora en nada mi estado. Rara vez llego con
anticipación, es un hecho indiscutible, y, a pesar
de toda mi buena voluntad, no logré hacer la
excepción esta noche. Un flash estalla delante de
mí, observo al hombre que lo accionó y me giro
para descubrir el tesoro que se esconde detrás de
mi melena rizada: la Torre Eiffel centellante; tan
cerca que casi bastaría con que estirara el brazo
para tocarla. Una fascinante ilusión óptica que
agrega algunos minutos suplementarios a mi
retraso.
Un hombre de unos cincuenta años en un traje
extravagante se dirige hacia la inmensa puerta de
entrada, yo lo sigo, mal que bien, subiendo los
últimos escalones. Correr sobre doce centímetros
de tacones y caminar sobre el agua: mismo
combate, se necesita de un milagro. Dos jóvenes
en chaqués me reciben a fuerza de sonrisas y
reverencias, yo les extiendo mi pass, luego, uno de
los dos me lleva hasta el guardarropa. Dejo ahí mi
chal de reflejos dorados, estoy tentada a pedir
unas zapatillas de piel en renta, pero renuncio a
ello. No estoy segura de que la top model que
tengo enfrente comprenda mi humor. Aquí, en este
lugar ilustre y lleno de creaturas excepcionales,
por ningún motivo puedo resaltar; al menos no por
mi propia voluntad.
Sigo el movimiento y accedo a un primer salón.
Las columnas de piedra tallada, los techos de
molduras centenarias, los candelabros iluminados
que rivalizan en luminosidad: lo suficiente para
sentirse microscópico en este lugar inmenso y
cargado de historia. Mientras un camarero delgado
me saca de mi torpeza tendiéndome una copa de
champaña, en la cual nada una frambuesa
recubierta en una lámina de oro, me sobresalto y
por poco le lanzo mi bolso al rostro. Sorprendido
pero compasivo, él me sonríe educadamente y
sigue su camino. No hay champaña para mí; me lo
busqué.
Deja de abrazar este ridículo bolso contra ti
como si necesitaras un escudo…
El peligro público aquí, eres tú.
Por todas partes a mi alrededor, las voces se
animan en todos los idiomas y se lanzan en grandes
conversaciones. Los trajes y los vestidos parecen
sacados directos de una revista de modas – de alta
costura – y las sonrisas afables o forzadas
iluminan los rostros maquillados, en ocasiones
retocados. Los pechos realzados están de paseo, al
igual que los relojes de lujo y los diamantes de
múltiples quilates. Entre estas personas, un buen
número de millonarios, hombres y mujeres de
negocios tenaces, herederos afortunados, así como
un puñado de billonarios. ¿Quién es quién? No
tengo la más mínima idea, es mi primera inmersión
en este medio ultra-selecto, y cerrado.
Ciertas miradas se colocan en mí, más o menos
condescendientes, percibo algunos cuchicheos
curiosos pero intento no dejarme impresionar,
recorrer los cientos de metros cuadrados sin
mostrar sobre mi frente « ¡Tengo problemas para
pagar mi alquiler! ».
Mientras el maestro de ceremonias anuncia que
la subasta está a punto de comenzar, yo me dirijo a
la sala de ventas, ignorando las nuevas señales de
alarma que me lanzan mis pies. Me siento en el
extremo de la última fila, me sumerjo en el
catálogo y me contengo de atragantarme al
descubrir las estimaciones de las diferentes obras
en juego esta noche. Mientras la sala se llena de
conjuntos y aromas Chanel, Prada, Hermès o Yves
Saint Laurent, yo aguardo, impidiéndome respirar
demasiado fuerte, hasta que el subastador lanza las
hostilidades.
¡Que el espectáculo comience!
Decenas de entusiasmados, atornillados a sus
orejeras de Bluetooth, o los más serenos y
adinerados, cómodamente sentados sobre el
terciopelo, levantan incansablemente la mano,
haciendo subir las ofertas más allá del
entendimiento. Están enajenados y, de pronto, esta
escena, hasta ahora intimidante, se convierte en
casi cómica. Nunca había visto tantos ceros, ni
lienzos, dibujos y esculturas desfilar bajo mis
ojos; a tal punto que, muy rápidamente, pierdo la
noción de lo bello y razonable. Es momento para
mí para ir a desalterarme en la habitación de al
lado, a riesgo de hacer enfadar a mis pies y
recolectar al paso algunas miradas enfurecidas; y
un largo suspiro agotado del snob en saco rojo, a
quien, evidentemente molesté.
– Dejo pasar ese Rembrandt de quince
millones… Se lo dejo, murmuro en dirección del
enfadado a mi izquierda, antes de irme
discretamente.
¿Rico Y bien educado, es demasiado pedir?
El bar, el lugar en el que nada nunca sucede en
la vida como en las novelas o las series. El lugar
en el que podría esperar que un camarero se dé
cuenta de mi presencia de inmediato y me pregunte
qué quiero beber, en lugar de tener que esperar
mientras bailo de un pie al otro y pronunciando «
¿Disculpe? » sin que nadie me escuche. El lugar en
el que un apuesto desconocido me abordaría
espontáneamente, con una frase inteligente, con un
chiste que me relajaría de inmediato; y quien me
propondría irnos de aquí, sin lucir como un
psicópata o un obsesionado, y a quien seguiría con
los ojos cerrados. En lugar de eso, me quedo sola
durante un corto momento, sin una copa en las
manos para disimular, sin nada más que mi
imaginación y mis clichés para hacerme compañía.
– ¿Señorita… señorita?, insiste el camarero
vestido de blanco, quien termina por golpearme
suavemente sobre el hombro.
Si soñara un poco menos, tal vez sería más
sencillo, en efecto, conocer personas en la vida
real…
– Sí, perdón…. ¿Hace mucho tiempo que
usted…? ¡Olvídelo! Quisiera un…
– De hecho, ese señor me encargó

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2 Comments

    • aber prueba otra ves puse mas opciones , y si claro ya los links estaban caídos pero gracias ha tu comentario ya se arreglo el problema gracias!!

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