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Cartas desde el maltrato – Roberto Martinez

Cartas desde el maltrato – Roberto Martinez

Cartas desde el maltrato – Roberto Martinez

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Corría el año 2010 cuando publiqué
por primera vez Cartas desde el
maltrato. Por aquel entonces, era una
autopublicación y la ilusión con que la
saqué a la luz, contrastó de inmediato
con la intolerancia de algunos que veían
en mí más un blanco a quien atacar en el
ámbito personal que un autor que solo
pretendía publicar un libro que creía
interesante. No fue una experiencia
memorable, pero tengo que reconocer
que algo bueno sí me dejó y fue
comprobar que la manera de entender
las tramas que tenía desde pequeño, y
que nunca me había atrevido a presentar
a los lectores, resultaban mucho más
atractivas de lo que yo siempre había
pensado.

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Poco después, la relación entre la
protagonista y yo se rompió y nunca más
volví a saber de ella. En ese momento,
me desvinculé por completo del libro y
decidí seguir mi vida y probar suerte
como escritor. No me fue mal desde
entonces. He publicado dos novelas, que
han encabezado listas de ventas y
conseguido una buena aceptación por
parte de la crítica, y en unos días
presentaré la tercera.
Quizá pensando en ello, varias
personas del mundo literario y editorial
me han aconsejado que no reedite este
libro. Los últimos días he oído que no es
una publicación oportuna, que no me
prestigia como escritor de ficción y que
me somete como persona a un juicio
muchas veces interesado y tendencioso.
Es posible que todo sea cierto en mayor
o menor medida, pero como suelo guiar
por mi ética y mis criterios, he pensado
que debía emprender esta empresa. No
conozco otro libro que de manera tan
directa nos acerque el diario personal
de alguien que ha sufrido un maltrato y
no voy a ser yo quien lo guarde en un
cajón cuando los derechos de autor y
difusión me siguen perteneciendo, pese a
haberlo ofrecido a todas las personas
interesadas a lo largo de estos años. En
el fondo, tengo la sensación de que si
ahora lo edito, es porque nadie se ha
atrevido nunca a firmarlo con su
nombre. Quizá por su dureza, quizá por
ser una historia real, o quizá porque toca
con un tremendo realismo un tema no
exento de polémica y reinvindicaciones.
Respecto a la historia, no voy a decir
que sea historia objetiva, porque es
evidente que en este mundo no hay nada
más subjetivo que un diario, pero sí que
siempre he creído que era interesante
conocer la visión que tiene, en el mismo
momento que lo hace, alguien que ha
vivido una situación así. Para mí, esa es
la grandeza del libro y lo que lo hace
especial, el cuándo fue escrito el diario
y lo íntimo y personal de sus
apreciaciones. Y también desde ese
punto entendí el libro, pensando que mi
aportación en él no debía ser la de juez
de la historia, sino más bien la de
notario, para así dejar en manos de cada
lector, de una manera intencionada, las
consideraciones que creyese oportunas
hacer. Espero haberlo conseguido.
Gracias anticipadas por su lectura.
ROBERTO MARTÍNEZ GUZMÁN
Mayo, 2016
INTRODUCCIÓN
«Es casi imposible llevar la antorcha de la
verdad
a través de una multitud
sin chamuscarle la barba a alguien.»
GEORG C. LICHTENBER
Soy un hombre con suerte. Estoy
seguro de que, si alguien me hubiera
dicho en otras circunstancias que cuando
encontrase a mi media naranja, esta
sería una mujer que acabase de sufrir un
brutal maltrato por parte de su exmarido,
pensaría sin dudarlo que esa persona me
estaba tomando el pelo. Más que nada,
porque siempre me he considerado una
persona exigente a la hora de entablar
una relación. Pero como este mundo no
siempre es lógico, desde hace unos
meses me siento afortunado de compartir
mi vida con una mujer, Montse, que ha
sobrevivido a un infierno gracias a su
gran valentía y determinación. Unos
valores que sigue demostrándome cada
día. Una de las principales cosas que me
llamó la atención de ella fue que desde
el primer día de la relación me informó
con todo lujo de detalles de su situación
personal, de todo el horror que había
sufrido durante años y de las secuelas
que le habían podido quedar por ello.
Sin duda, este conocimiento de su
pasado fue clave para que, tras poner
sobre la mesa el dato que desde niña
tenía la afición de escribir un diario
personal en forma de cartas, nos
planteáramos la posibilidad de publicar
aquellas que había escrito durante los
últimos y más duros meses del maltrato
al que se había visto sometida. Unas
cartas que había escrito muchos días
como vía de escape a la situación que
estaba viviendo, e incluso en ocasiones,
como improvisado recurso para no caer
en la desesperación cuando todas las
salidas parecían cerrarse ante ella.
Pensamos que sería interesante
hacerlo a modo de terapia psicológica,
pero también para que cualquier persona
pudiese conocer con detalle el
desarrollo y evolución de una situación
así a través de la visión personal que
tiene la víctima en esos momentos. Es
evidente que la decisión última estaba
en sus manos, dada la privacidad de
unos documentos de este tipo, pero tras
meditarlo unos días, no solo se atrevió a
que se publicaran sus cartas sino que
además pensó que, por mi afición a
escribir, mi carácter analítico y el
conocimiento que tengo de ella misma,
de su vida y de su entorno, yo sería la
persona más adecuada para dar forma al
futuro proyecto. Me siento halagado por
ello y este es el resultado.
Lo primero que hay que tener presente
a la hora de hablar de un maltratador es
que no todos son iguales. Según los
profesionales de la psicología, existen
dos tipos principales. Uno es el
«cobra», un maltratador frío y
calculador, cuya violencia nace de la
necesidad que tiene de salirse siempre
con la suya y de asegurarse que su
pareja sepa y asuma que él está siempre
por encima de ella. Por las buenas o por
las malas. Es por esto que sus
agresiones suelen ser controladas y
premeditadas. Este maltratador, una vez
que la relación se rompe o ha sido
denunciado, se vuelve extremadamente
peligroso en un primer momento, porque
esa ruptura la considera como un desafío
a su liderazgo. Tiene una parte buena, y
es que en el momento que ve que no le
compensa seguir presionando a su
pareja, suele retirarse sin más. Sin
embargo, la parte mala es que
acostumbra a irse tan solo para empezar
de cero con una nueva víctima.
Por otro lado, está el maltratador tipo
«pitbull». Es, en líneas generales, una
persona tímida y encantadora para el
entorno, pero de una manera paralela y
silenciosa, muestra su cara más
monstruosa y violenta en la intimidad.
Considera que su pareja le pertenece
por el simple hecho de quererle y,
motivado por su baja autoestima, se
convierte en un ser celoso, posesivo y
que ejerce una vigilancia sin descanso
hacia ella por el miedo que siente a que
le abandone o le engañe. Esto hace que
intente controlar su comportamiento
desde el primer momento de la relación
y vaya rebajando poco a poco su
independencia hasta llegar a anularla
por completo. Su característica
principal es que es muy obsesivo, por lo
que su violencia surge de manera
impulsiva en medio de las discusiones,
siempre va en aumento y, por norma
general, no tiene techo. Se denomina
«pitbull» porque su obsesión no
desaparece aunque la relación se rompa
o sea denunciado. Muy al contrario,
sigue tratando de controlar y reconducir
a su ya expareja hacia sus dominios y,
en la medida en que no lo consigue,
prefiere verla muerta antes que fuera de
su control.
Como resumen, podría decirse que
aunque la manera de actuar en la
práctica es muy semejante, los dos
llegan a este comportamiento por
caminos opuestos: el «cobra», al
sentirse superior al resto de mortales y
el «pitbull», justo por todo lo contrario.
El primero necesita demostrarlo cada
día humillando a su pareja y el segundo
necesita rebajar la autoestima de esta al
sentirse vulnerable. Eso sí, tanto en uno
como en otro caso, su violencia siempre
va en aumento de una manera lenta pero
progresiva, hasta el punto en que la
mayoría de las víctimas de malos tratos,
mirando al pasado, son incapaces de
acertar a delimitar con exactitud cuál ha
sido la primera agresión física que
recibieron de sus parejas. Dicho en
otras palabras, un maltratador nunca
agrede la primera vez a su pareja sin
antes haber debilitado la confianza y la
autoestima de su pareja —descontento
en la relación, desconsideraciones,
menosprecios— como paso previo a la
violencia psicológica —insultos,
amenazas—. Una vez que consigue que
los insultos y amenazas sean asumidos
por su pareja es cuando, aprovechando
una fuerte discusión, pasa a las
agresiones físicas de pequeño calibre —
agarrones, empujones—, primero muy
leves para ir aumentando de manera
progresiva su intensidad. Cuando estas
también se han hecho en cotidianas y son
asumidas por la víctima, pasa a la
siguiente fase, la de golpearla. Al
principio, de forma esporádica y
justificándose con mil excusas, para
pronto convertirse en auténticas palizas.
Pues bien, si es cierto que todos los
maltratadores se pueden englobar
siempre con bastante claridad dentro de
estos dos perfiles, Quique, la antigua
pareja de Montse, es el más fiel ejemplo
de un maltratador del tipo «pitbull».
Tanto es así que hoy en día todavía
albergo serias dudas de que su obsesión
se haya desvanecido por completo y
estoy convencido de que es muy real la
posibilidad de que en cualquier
momento pueda aparecer en su vida con
las más siniestras intenciones.
Otra de las características de un
«pitbull» es que, al sentirse inferiores,
circunscriben su maltrato a su pareja,
pero con el resto del mundo son
inofensivos y hasta encantadores. Por
ello, suelen encontrarse más a menudo
con «cómplices tácitos» dentro del
entorno de la pareja. Personas estas que
sospechan o son conscientes de que se
está produciendo ese maltrato, pero que
actúan como si no existiera. Muchas
veces no solo lo permiten sino que
facilitan el juego del maltratador, que
intenta con todas sus fuerzas que los
allegados de la víctima lo consideren la
persona ideal para su pareja a base de
realizar favores de todo tipo o dedicar
halagos interesados.
Por eso, este libro no solo se refleja
el maltrato directo sufrido por Montse a
manos de quien era su pareja en un
principio, y expareja después, sino
también el ambiguo papel desarrollado
por el entorno de ambos y que motivó
que nadie le ayudase hasta el momento
en que tomaron conciencia de que su
muerte podía resultar inminente. Y todo
pese a que era público y notorio su
progresivo deterioro físico y moral e,
incluso, las evidentes secuelas que
presentaba por el propio maltrato. Un
claro ejemplo de esto era la agorafobia
—fobia a salir sola de casa—, quizá la
más grave y de más difícil curación que
existe, y que Montse la sufrió durante
cinco de los siete años de relación sin
que nadie a su alrededor se preocupase
por ello.
Dentro de este libro, y para que la
historia resulte ágil, he considerado
oportuno incluir solo las 256 cartas
correspondientes a los dos últimos años
de maltrato, primero psicológico y
después físico y sexual, por lo que antes
de comenzar a desglosarlas es necesario
explicar de manera breve las
circunstancias y hechos acontecidos con
anterioridad en la vida de Montse.
La protagonista del diario nace en
Valencia en 1974 y es la quinta de seis
hermanos. En sus primeros años de vida,
pasa una difícil infancia en la que su
carácter soñador contrasta con el
tremendo realismo que se respira a su
alrededor, que va desde la
incomprensión generalizada de su
carácter hasta la necesidad de trabajar
desde los doce años para ayudar a la
economía familiar, todo dentro del
entorno de bajos fondos en el que vivía.
De un modo paralelo, desde muy corta
edad viaja a Foz para disfrutar los
veranos con su familia materna, en
donde entabla una gran amistad con
Miriam, prima con edad más próxima a
ella y a la que, pese a su peculiar
carácter egocéntrico, siempre ha
considerado como una auténtica
hermana.
En 1992, coincidiendo con la mayoría
de edad, Montse va a pasar como es
costumbre el verano a Foz y, harta del
ambiente que vive en Valencia e influida
por la devoción que siente hacia su
hermana decide, con el apoyo de esta,
quedarse a vivir en Galicia. Tras
anunciar la decisión a su familia, las dos
se instalan en Lugo y permanecen juntas
durante seis años, en los que Montse
trabaja en esta ciudad, estudia por las
noches y comparte piso y vivencias con
Miriam. Hasta que, en la primavera de
1998, decide volver a Valencia por
sorpresa, consciente de que su hermana
la ha ido convirtiendo poco a poco en un
simple apéndice suyo, y que le resulta
imposible vivir con un mínimo de
independencia y dignidad. Al enterarse
de su decisión, Miriam, agraviada, no
vuelve a hablarle en cinco años.
De nuevo en su ciudad natal, Montse
vive sola desde el primer día, trabaja,
recupera viejas amistades y se relaciona
de igual a igual con su familia. Pero,
sobre todo, tras zafarse del dominio de
Miriam, consigue recuperar la
independencia y vitalidad que siempre
la había caracterizado.
Al poco tiempo de estar en esta
ciudad, también empieza a recibir las
llamadas de Quique, amigo lejano de
Galicia, seis años menor que ella y que
había conocido meses atrás en Ribeira.
Quique es una persona tímida y apocada,
pero también cocainómano y muy
desarraigado, que logró averiguar el
teléfono de Montse por amigos comunes.
Tras una primera llamada de cortesía,
comienza a telefonearla cada vez con
más frecuencia y le demuestra día a día
una entrega e interés desmesurado,
convirtiéndola en el centro de su vida
aun viviendo a más de mil kilómetros.
Después de varias llamadas, Montse
decide darle una oportunidad pensando
que, por el carácter entregado y hasta
sumiso de Quique, puede convertirse en
su pareja ideal, la que mejor se adapte a
su carácter sensible y romántico, algo
que hasta entonces nunca había
conseguido. Eso sí, bajo ningún
concepto está dispuesta a soportar los
vicios y malos rollos de este.
La relación seria entre los dos se
inicia cuando, tras una conversación en
la que Quique le pide a Montse que lo
acoja en Valencia, puesto que su vida
corre grave peligro en Ribeira por una

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