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Libro PDF Casi ángel – A. Daniela

Casi ángel – A. Daniela

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que transgredió la ley y no logró
visualizar a una víctima, violando no
solo sus derechos, sino algo tan sagrado
como la vida. Yo no he recibido
cuidados y amor de otra persona que no
sea el criminal, el antisocial, el
estructurado autónomo, el psicópata.
Siempre he estado desde el lado del
victimario y creyendo en el
desistimiento, algo que causa polémica
en una sociedad que quiere ver a los
criminales pagar por sus delitos, e
incluso, que apoya la pena de muerte de
forma silenciosa y ferviente. Pero,
¿cómo puedo yo pensar lo mismo?, si
aquella persona que algunos aseguraban
estaba totalmente contaminada con lo
criminógeno, siempre se preocupó por
inculcarme valores prosociales y
queriendo evitar a toda costa que yo
siguiera su camino de destrucción.
Mi padre fue un homicida y yo
siempre lo supe. Parezco una
adolescente común y corriente, pero
oculto muchos secretos. Les advierto
que mi historia puede resultarles
censurable, no obstante, no se
preocupen. Todas estas vivencias son
exclusivas de…un ser como yo.
Capítulo 1: “Sed de sangre”
El callejón era estrecho y
oscuro. El hombre estaba a solos unos
pasos de distancia nuestra. Su rostro
reflejaba el horror, pero aún así, sus
cuerdas vocales no eran capaces de
emitir ningún sonido. Su respiración
entrecortada estaba cercana a
transformarse en un ataque de asma,
mientras que su corazón emitía los
últimos latidos de vida. Axel, mi padre,
parecía disfrutar del miedo emanado por
aquel hombre. Cada paso, cada latido,
cada jadeo, lo acercaba hacia un
precipicio sin salida, la muerte. Mi
padre vestía su característico abrigo
negro, y en el guante que cubría su mano
derecha, llevaba aferrado un afilado
cuchillo. Su víctima trató de dar un paso
hacia atrás, pero en el intento tambaleó
torpemente cayendo sentado en el
húmedo piso. Axel dio unos pasos en su
dirección, y de modo suave se acuclilló
cerca de su cabeza. El hombre movió
sus manos con desesperación y mi padre
le propinó una bofeteada que lo lanzó al
suelo con violencia. Se subió sobre él, y
con una cuerda sacada desde el bolsillo,
amarró sus manos. El hombre estaba
totalmente aturdido, por lo que lo
acontecido a continuación se realizó de
forma fácil y rápida. Muy despacio mi
padre pasó el cuchillo por alrededor del
flácido cuello, dejando a su paso una
chorreante capa de sangre obscura que
me hizo retorcer de nervios. El último
signo de vida de aquel hombre fue un
sonido ahogado característico de la
degollación antes de que su cuerpo
tomara la postura desgarbada de un
típico cadáver. Una vez finalizada su
tarea, Axel se puso de pie rápidamente y
propinó una suave patada al cuerpo sin
vida.
Desperté de esta pesadilla con el
cabello mojado y jadeando. Bebí del
vaso de agua que siempre dejaba al
costado de mi cama. Debía
tranquilizarme. Sólo había sido un mal
sueño. Sin embargo, me conocía lo
suficiente como para saber que ya no
podría volver a dormir. Debía hacer
algo, lo que fuera, antes de volver a
intentarlo.
Bajé las escaleras y decidí
ocupar este tiempo limpiando el
laboratorio subterráneo en el cual
trabajaba mi padre. Eso era lo bastante
aburrido para que volviera a darme
sueño. Axel era químico farmacéutico y
tenía montado un enorme laboratorio con
toda la implementación necesaria para
analizar muestras y fabricar productos.
Las farmacias o laboratorios exteriores
solían enviarle trabajo que mi padre
realizaba de manera rápida y eficaz.
El laboratorio era enorme. Las
paredes estaban pintadas totalmente de
blanco invierno, y el único color que se
veía era el azul piedra procedente de la
superficie de los mesones. Había un
enorme mesón cerca de la entrada con
lavatorios y llaves de gas incluidas. Al
costado de éste, había una “centrifuga”
con algunos tubos de ensayos que en
estos momentos estaban quietos y no
girando como comúnmente los veía
cuando acompañaba a trabajar a mi
padre. Sobre ella, casi llegando al
techo, podía verse una débil luz roja
procedente de la alarma de incendio. En
la pared derecha, se encontraba un
enorme mueble con puertas que
contenían dentro vasos precipitados,
pipetas, barómetros, matrices, etc. Y en
la pared opuesta a esta, era donde se
encontraba la vitrina con todos los
materiales necesarios para realizar
medicamentos, productos de belleza y
fórmulas especiales. Al final del
laboratorio, había un microscopio y un
notebook donde Axel analizaba y
respaldaba los registros de su trabajo.
Me dirigí al lavatorio del mesón
central y mojé allí un pequeño trapo
amarillo para limpiar los restos de cera
que estaban dispersos en el mesón. En
medio de esta tarea fue cuando
aconteció el primer hecho que meció los
cimientos de mi anormal vida de manera
precipitosa. Oí un sonido peculiar que
parecía venir desde uno de los tantos
muebles con llave que había en el
laboratorio. El sonido me desconcertaba
a tal nivel que interrumpí mi tarea para
intentar localizar la fuente que lo emitía.
Me acerqué a uno de los muebles
ubicados al fondo y me sorprendí al ver
que tenía la llave puesta en la cerradura.
Mi padre había cometido el olvido más
peligroso de todos….
Un cuervo negro lustroso se
encontraba atrapado en una jaula. Su
mirada era nebulosa como si hubiese
estado sedada con una de las tantas
fórmulas que Axel era experto en
realizar. Al acercarme, me percaté de
que la jaula estaba abierta, otro
descuido más. Y fue en el momento en
que miraba fijamente las plumas sedosas
de esta ave, cuando empezó a surgir en
mi garganta una sed incontrolable. Sentí
miedo, y mis manos comenzaron a
temblar sin poder tener control de ellas.
Un instinto fuerte y desesperado me
estaba impulsando a tomar a ese cuervo
con furia y beber cada gota de su sangre
hasta dejarlo sin vida. Me arrodillé de
manera automática y saqué
violentamente al ave de la jaula para
olerlo como un animal huele a su presa.
La sed era incontrolable, y sin darme
cuenta, mis labios se encorvaron en una
siniestra sonrisa por la sola expectativa
de tener su caliente sangre en mi
garganta. Me preocupaba que mis
dientes no fueran lo suficiente fuertes
para desgarrarle el cuello, y esta leve
distracción fue la que me permitió ver
como el ave luchaba contra mis manos
dejando el piso lleno de plumas. Lo
agarré con más fuerza y la excitación
que experimenté me llevó a enterrar mis
dientes en su cuello y a romper su carne
sin piedad. El sabor de su dulce sangre
me produjo un placer sobrehumano y un
poderío que se prolongaba por cada una
de mis células. Sangre, sangre,
recorriendo mi boca, mi garganta.
Sangre manchando mis dientes y
cayendo por las comisuras de mis
labios. Oí unos leves pasos cerca de la
puerta, pero ya no tenía voluntad para
frenar mi acto. Axel entró al laboratorio
y sus ojos quedaron fijos en mí,
desconcertados y alarmados. Corrió con
urgencia y arrancó al ave de mi boca,
lanzándola al piso que estaba bañado en
plumas y gotas de sangre. Lo miré
asustada, aún sin entender lo que había
hecho. Axel me hizo señas para que me
levantara del piso. Quedamos frente a
frente.
– Yo… – susurré.
– Dime que no lo mataste.
Dime que lo dejaste con vida.
Miré al cuervo en el piso y sin
dudas ya no vivía. Estaba desgarbado,
como el hombre de mi pesadilla, como
todos los cuerpos sin vida que había
imaginado desde niña.
– Estaba vivo. Hasta que lo
arrojaste al piso- le señalé con
temor.
– Lo importante es que no le
hayas quitado la vida tú.
– No, aún vivía mientras yo
tomab.. – me callé.
No podía terminar la frase, me
daba asco el solo recordar lo que había
hecho. Axel me observaba de forma
extraña, sus enormes ojos negros
reflejaban un sentimiento que no podía
descifrar. Pasó la mano derecha por su
lacio cabello castaño, quedándose
inmóvil por unos segundos.
– No tengas miedo, Uriel–
murmuró.
Sabía que en esos momentos
sentía frustración por no poder
acercarse, por no poder darme un abrazo
como cualquier padre a su hija. Ambos
sabíamos que eso no se podía, sus
manos no podían tener contacto con mi
piel. Me acerqué y puse mi cabeza en su
pecho. Él alzó ambas manos cubiertas
por unos guantes negros de cuero,
alejándolas lo más posible de mí, e
inclinó su cabeza sobre la mía. Este era
el único contacto que podíamos tener.
– Pequeña – murmuró- No
temas, sé que todo esto te parece
inexplicable, pero estoy en eso
hija. Busco las respuestas a todas
tus preguntas.
Me alejé de él y lo miré con las
cejas alzadas. No entendía de qué
hablaba. Sabía desde pequeña que
ninguno de los dos entraba en la
categoría de “normal”. Sabía que no
éramos humanos comunes y corrientes,
pero no sabía que Axel estaba
realizando investigaciones a mis
espaldas.
– No quiero que te involucres
en esto, Uriel – me dijo de forma
seria – Sólo quiero que sepas que
la sed incontrolable que
experimentaste recién, es algo que
también me ha sucedido a mí y a
muchos otros que… encajan
conmigo. Lo que me perturba es
que tú no eres como yo, tú…debes
ser diferente- aseveró con
determinación.- Si quieres hacer
algo por mí, te pido que trates de
no pensar en lo acontecido esta
noche. Yo por mi parte te aseguro
que apenas sepa algo concreto te lo
haré saber. Te doy mi palabra.
Asentí. Lo conocía, no iba a
conseguir más de él. Tendría que
hacerle creer que obedecería lo que me
había dicho. Por ahora, estaba agotada
emocional y físicamente. Lo miré por
última vez y él me sonrió con dulzura,
señalando con su mano la puerta.
Caminé hacia la entrada del laboratorio
con el único objetivo en mente de
comenzar a investigar por mi cuenta lo
antes posible.
El cálido sol de mediados de
Marzo se asomó por la ventana trasera
que daba con mi cuarto. Realmente lo
odiaba, el verano era mi tortura
personal. Y odiaba Marzo,
especialmente por ser el mes donde
iniciaban las clases.
Mi cuarto era una pieza grande
ubicada en el segundo piso de la casa.
Supuestamente, eran dos habitaciones,
pero Axel mandó a derribar la pared que
las dividía para que se convirtiera en un
amplio dormitorio para mi sola, ya que
él tenía su cuarto en el primer piso. No
tenía tantas cosas dentro de mi
habitación. Sólo una cama, un escritorio
para trabajar en mi notebook, y un
closet. Las paredes estaban adornadas
con diplomas otorgados a Uriel Aurora
Falaccios, por aprobar los distintos
niveles de ballet. La mayor parte de la
pieza, estaba ocupada por un mini sector
de lectura que creamos con Axel en el
rincón derecho. Este espacio estaba
repleto de cojines tirados en el piso, y
un mueble lleno de libros y discos de
música clásica cubriendo toda la pared.
También, había allí una pequeña
lámpara púrpura.
La casa donde vivía junto a Axel
se ubicaba dentro de un condominio
situado cerca de la carretera principal
de la ciudad. Todas las casas eran de
distintos colores, pues teníamos total
libertad de personalizarlas. Nuestro
hogar era color lila, una elección que me
encargué de tomar a los 4 años. Ninguna
de las casas tenía rejas y en su frente
todas mostraban pequeños jardines,
algunos con flores, otros con hierbas
medicinales. Me gustaba bastante el
lugar donde vivía.
Salí de casa bajando con prisa
los cuatro peldaños que estaban bajo la
puerta principal. Al mirar hacia al
frente, lo vi. Estaba abriendo el candado
de la cadena que amarraba su bicicleta a
un fierro de metal. También parecía
llevar prisa, pues hoy comenzaba su
primer año de universidad. Llevaba
puesta una polera de color gris y unos
vaqueros azules. Así era él, sencillo y
despreocupado por las apariencias.
Santos alzó la mirada y se quedó
viéndome por unos segundos para luego
desviar sus ojos. Esa sería toda la
interacción que tendríamos.
Caminé hacia el garaje para
buscar mi moto color calipso, y así
poder trasladarme hacia el colegio. La
ciudad “Estrella Divina” nuevamente
cobraba vida luego del término de las
vacaciones de verano. Un nuevo año
académico y laboral comenzaba para
todos los ciudadanos de mi país,
“Angora”.
Al llegar al colegio, estaba el
sitio donde solía estacionar mi moto sin
ningún intruso. Nadie se atrevía a usarlo
y nadie era capaz de estacionarse
demasiado cerca, por lo que era dueña
de un gran perímetro de terreno. Todas
las personas sabían que mi padre había
sido procesado por homicidio, por lo
que no le permitían a sus hijos acercarse
a mí. Al principio todo esto me causaba
tristeza, pero luego descubrí que era una
persona introvertida y que disfrutaba de
la soledad. Estaba acostumbrada a que
sólo un par de personas me saludaran.
En mis clases de ballet el panorama era
distinto. Las chicas se comportaban de
manera muy amable y solían invitarme a
salir. Esto, porque mi maestra habló con
sus padres, diciéndoles que no podían
juzgarme por algo en lo que no había
participado. Además, les aclaró que en
ese proceso mi padre fue declarado
inocente. En general, mi vida nunca fue
tan simple, pero Axel era el que la había
tenido más difícil.
Cuando mi padre era joven, fue
un hombre relativamente normal. Él,
como la mayoría de las personas, vivió
su propio romance. El gran problema
siempre fue la pequeña anormalidad con
la que nació: podía matar a alguien, si se
concentraba lo suficiente, tan sólo con
tocarlo con sus manos. Evidentemente,
mi padre tenía miedo de lastimar a su
novia, pero ella decidió correr el riesgo.
Samira, al poco tiempo estaba
esperando un bebé, una noticia que los
llenó de alegría. Lamentablemente,
desde un principio el embarazo fue muy
complicado por lo que era de esperarse
el desenlace. La prometida de mi padre
murió al dar a luz a su pequeña hija que
recibió su mismo nombre. Axel me dijo
que esto lo destrozó por completo, pero
que no había tiempo para caer en la
depresión. Tenía a una pequeña
personita que dependía absolutamente
de él. Sus miedos se incrementaron al
ver la fragilidad de la dulce Samira, y
por lo mismo, buscó a alguna mujer que
hubiese dado a luz hace poco para que
amamantara a su hija y tratara de darle
los cuidados básicos, pues él no podía
tocarla. Magdalena, una mujer muy
joven, tomó el control de Samira y
ayudó a Axel en esta gran
responsabilidad. Nadie podría haber
imaginado lo que pasaría después.
Tan sólo a unos días de su
llegada, Axel encontró muerta a
Magdalena en su casa con un extraño
símbolo dibujado en su frente: una
estrella hecha con su propia sangre.
Samira seguía con vida, pero él tuvo
miedo de que lo acusaran de la muerte
de Magdalena, por lo que escapó con su
bebé a su antigua casa de campo. Y
como si hubiese sido informada por
espías, a los días llegó allí
inexplicablemente la madre de
Magdalena diciéndole que creía en su
inocencia y que deseaba asumir el lugar
de su difunta hija. Axel confió en ella,
pues jamás esperó la masacre que
encontraría en su casa al día siguiente.
Cuando éste llegó del trabajo, vio que su
pequeña hija estaba muerta en su cuna,
asfixiada, mientras que una hoja de
papel le explicaba que esa era la forma
en que había sido vengada la muerte de
Magdalena por parte de su madre. Axel
se llenó de dolor, de angustia,
desesperación, de odio, venganza y de…
sed de sangre. No le fue difícil encontrar
a la mujer y usó todo el poder de sus
manos para arrancarle la vida.
Ese fue el inicio de todo, eso fue
lo que desencadenó la furia y el que mi
padre se llenara de repulsión hacia la
sociedad, deseando acabar con la vida
de cada persona que se cruzara en su
camino. En medio de ese oscuro
momento llegué yo a su vida. Alguien
me abandonó en el bosque que estaba
cerca de su casa de campo. Axel me
encontró de camino a su casa y al verme
tan frágil y con signos de hipotermia,
decidió hacerse cargo de mí. Según él,
yo había sido “un ángel puesto en su
camino”. Me cuidó y crió con toda la
precaución posible para no lastimarme,
y me bautizó con el nombre de Uriel
como el arcángel. Lo que papá no sabía,
era que yo tampoco era tan normal como
aparentaba. Con el paso del tiempo
descubrimos que tenía la habilidad de
provocar miedo en las personas. Debía
enfadarme, concentrarme mucho y mirar
fijamente a mi objetivo. Era como si mis
ojos irradiaran ese sentimiento que
luego se introducía en el interior de las
personas. Papá pensó que quizás por eso
me habían abandonado. Tal vez,
inconscientemente, había hecho que mis
padres me temieran tanto que decidieran
abandonarme- luego descubrimos que mi
madre había muerto en el parto-. Axel
creía que quizás yo también había
tratado de asustarlo cuando me encontró,
pero como él estaba tan lleno de odio y
desesperación, no lo había percibido.
Sé que todo esto puede
resultarles demasiado fantástico, pero
les aseguro que fue así, tal cual. Es
como si alguien hubiese planificado
nuestras vidas, transformándolas en una
triste película de crímenes, para luego
atar hilos y unirnos. A dos personas con
habilidades sobrehumanas que no
comprendían el por qué de su existencia.
Claro que todo tenía una
estúpida razón. Ya lo verán.
Capítulo 2: “Santos”
Todo comenzó una tarde de
Diciembre, cuando estaba sentada en las
escaleras de la puerta de mi casa a punto
de terminar de beber un refresco de
naranja. En la casa roja que quedaba en
frente, había llegado alguien. Lo intuía
por todo el movimiento que se
observaba a lo lejos, y por la llegada de
algunos vehículos y personas con trajes
formales. Imprevistamente, un niño casi
de mi edad salió de la casa y cruzó la
calle en mi dirección. Su piel era color
crema y adquiría un tono sonrosado en
las mejillas. Su pelo era de un castaño
intenso, aunque de seguro se vería muy
claro si se contrastaba con mi oscuro
cabello. Estaba peinado de forma
graciosa, con una partidura al costado,
como cuando las madres peinan a sus
hijos para ocasiones importantes. Pero
lo que más me llamó la atención en ese
momento, fue el color de sus ojos. Eran
café muy claro, casi como la miel.
– Hola, mi nombre es Santos–
me dijo mientras estiraba su mano
para que se la diera.
– Hola- lo saludé de vuelta,
pero sin tomar su mano.- Yo me
llamo Uriel, y tengo 7 años.
– Yo tengo 8 –dijo con
suficiencia, mientras se sentaba a
mi lado- ¿Vives en esta casa?
– Sí, con mi papá.
– Yo desde hoy vivo en esa
casa roja del frente. Tengo papás
ahora.
– ¿El señor Francisco y la
señora Antonia son tus papás?- le
pregunté asombrada.
– Sí, me los compré hoy – me
respondió.
– ¿Los compraste?
– Sí, mis papás murieron y
toda mi familia también. Por eso
tuve que comprarme nuevos papás.
– Mis papás me regalaron
porque se asustaron de mí. Y me
encontró Axel. Ahora él es mi
papá.
– ¡También compraste un
papá! – gritó con júbilo.
– Sí, y es el mejor.
– ¿Por qué tus papás se
asustaron? Yo te veo muy normal.
Quizás es por el color de tus ojos.
Es raro.
– Puede ser, aunque a Axel le
gusta. Dice que el azul se ve bien
con el negro de mi pelo.
– A pesar de que eres blanca
como un fantasma, me gusta tu pelo.
Es del color de la cola de un
caballo. Pero brilla más, como el
sol.
Nos reímos a carcajadas, pues en
esos tiempos todo era divertido. Y junto
a él, toda la alegría se triplicaba. Santos
fue mi amigo inseparable por todos esos
años, y cuando me enteré de lo que Axel
había hecho en el pasado, fue mi
confidente y protector. Nunca reveló mis
secretos. Incluso ahora, que me odiaba.
Me enteré del asesinato cometido
por Axel cuando tenía 8 años. Me lo
confirmó él mismo. Desde niña me había
contado su historia, pero omitía detalles
sobre la muerte de su hija. No obstante,
a mis 8 años, Axel dijo que debía
revelarme su oscura verdad, después de
haberlo presionado mostrándole unas
noticias impresas que había encontrado
navegando por internet, a causa de los
fuertes rumores sobre una investigación
hacia mi padre que ya eran imposibles
de omitir. Hablaban de un juicio en el
cual había participado por la muerte de
una mujer y la desaparición de otra. Me
contó a grandes rasgos lo que había
pasado y como el cadáver de la madre
de Magdalena nunca fue encontrado
porque lo arrojó al mar. El crimen
perfecto. Sobre la muerte de Magdalena,
lo habían interrogado cuando se conectó
la muerte de ella con la desaparición de
su madre, pero este nexo fue débil al no
estar registrado en ninguna parte ni el
nacimiento ni la muerte de la hija de
Axel- información que él prefirió omitir
para no crear más sospechas-. Las
huellas en la frente de Magdalena no
coincidieron con las de Axel, por lo que
fue declarado inocente. Sin embargo, sí
había ejecutado a alguien.
Recuerdo haberme asustado tanto,
que salí corriendo de mi casa para
encaramarme en el árbol que daba con
la ventana de la habitación de Santos.
Éste estaba escribiendo en un cuaderno
cuando me vio entrar con la cara llena
de lágrimas.
– ¿Uriel? – preguntó
refregándose los ojos.
Corrí a sus brazos y lo abracé
con tanta fuerza que pensé le estaba
haciendo daño. Pero él no me soltó y me
devolvió el abrazo. Recuerdo sus claros
ojos mirándome con preocupación, y a
su mano pasar por mi cabello, mientras
me decía que todo iba a estar bien.
Porque él era más grande que yo y me
cuidaría.

Nuevo asesinato en el callejón
“Maldito” (Recorte de un diario)
“Maldito”, así ha sido
denominado por la gente un callejón
que se encuentra en la ciudad “Estrella
Divina”, debido a los brutales
asesinatos que se cometen día a día
allí.
La policía a tratado de tomar
medidas en el asunto, pero dicen no
tener personal suficiente para proteger
el perímetro de ese lugar: “Si nos
preocupamos de proteger ese sitio,
tendríamos que descuidar el centro

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