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Cien facetas del Sr. Diamonds Vol. 8 – Centelleante – Emma Green

Cien facetas del Sr. Diamonds Vol. 8 - Centelleante - Emma Green

Cien facetas del Sr. Diamonds Vol. 8 – Centelleante – Emma Green  

Descargar libro En PDF prisionera de mis sentimientos y de
mi admiración por ese hombre
mitad ángel, mitad demonio. Me ha
hecho sucumbir a sus encantos, a
sus deseos ardientes, me ha abierto
las puertas a un mundo en el que el
dinero y el placer emanan a
borbotones. ¿Pero quién es él en
realidad? ¿Cómo pudo abandonar a
Eleanor en su lecho de muerte hace
trece años? Era el amor de su vida,
su futura esposa, la madre de su
hijo. ¿Cómo pudo dejarla sin
defensa y presa de su enfermedad,
presa de sus deseos mórbidos y
suicidas?
Por fin mi amante me lo ha
confesado todo, me ha dicho toda la
verdad y yo me he caído desde lo
alto… desde lo más alto.
¿Y si él me abandona también?
Si hubiese estado cerca de
Eleanor, ella no estaría muerta…
Absorta en mis pensamientos, ya
no siento las lágrimas derramarse
por mi rostro marcado por la cólera
y la decepción. Un bip sonoro me
saca brutalmente de mis
reflexiones. Mi teléfono se está
quedando sin batería.
No es el único…
Como si no tuviera ya bastante
con el tema de mi amante, empiezo
a pensar en la voz trucada que
escuché al teléfono unos minutos
antes.
«No he terminado contigo.»
¿El autor anónimo ha vuelto? ¿Se
trata de una broma pesada de Silas,
el gemelo desequilibrado que me
acosó durante semanas? ¿O se trata
de otra persona que ha decidido
coger el relevo y martirizarme
ahora?
¿Pero quién?…
Mientras maldigo la suerte que
parece haberse cernido sobre mi
pequeña persona y sobre mi
relación con Gabriel, ya de por sí
bastante complicada, un nuevo
sonido me sobresalta. Alguien
llama a la puerta.
– ¡Gabriel, te dije que me dieses
tiempo!
– Soy yo, Silas. ¿Puedo entrar?
Mi corazón da un vuelco en el
pecho. ¡Viene a provocarme, estoy
segura! Se va a desternillar de risa
cuando vea mi rostro destrozado y
me va a dar una palmadita en la
espalda diciéndome que no era más
que una «broma». Me visto a mil
por hora, me pongo unos shorts
vaqueros y una camiseta de tirantes
negra y me recojo el pelo en una
coleta. Segura de dirigirme al
culpable, me trago mis palabras y le
doy permiso para entrar en la
habitación que empieza a
asemejarse a un ring de boxeo.
– ¡Te estaba esperando! ¡Eres un
pirado!
La puerta se abre y al ver su
rostro insolente y falsamente
condescendiente, me lanzo sobre él
y le sacudo pequeños golpecitos
ridículos en su brazo, hasta que él
consigue controlarme y me empuja
contra la cama.
– Amandine, cálmate. ¿Qué te
pasa?
– Sabes muy bien lo que acabas
de hacer, a mí no me hace ni gota de
gracia, Silas. ¿Ya me lo hiciste
pasar fatal y vuelves a empezar?
¿Te divierte torturarme?
– ¡Para! ¡No entiendo nada,
explícame desde el principio!
– La llamada que acabo de
recibir, la voz trucada, ¿me vas a
hacer creer que no eras tú?
– ¿Qué?
– Deja ya tu jueguecito, Sillas y
asúmelo por una vez. ¡Confiésalo!
– ¡Amandine, te juro que no he
sido yo! Acabo de dejar a Camille
para venir a verte, ella te puede
confirmar que no he llamado a
nadie en las últimas dos horas.
– ¡Quizás tengas un cómplice!
– ¿Un cómplice? ¿Piensas en
alguien en particular?
Deja escapar una pequeña
sonrisa, como si esta historia le
hiciese gracia…
– ¡Soy yo la que hago las
preguntas, no cambies los papeles y
respóndeme francamente!
– Amandine, me he dado cuenta
del daño que te he hecho. ¡Me pasé,
fui demasiado lejos al querer
proteger la memoria de Eleanor,
pero también tengo corazón y no
sería capaz de volver a hacerlo!
Además, sería inútil. No me puedo
oponer a la voluntad de Gabriel y él
ha sido totalmente claro con el
tema…
– ¿Ahora quieres que sienta
lástima por ti?
– No, solo te digo lo que siento
de verdad. Espero que llegue un día
en el que no pongas mi palabra en
tela de juicio. Y que me perdones…
Percibo sinceridad en su voz
temblorosa, a él también le cuesta
reprimir sus emociones y dejo de
ver al Silas calculador y
manipulador que había sido hasta
ahora. Mis declaraciones le han
sorprendido y no tiene ni idea de
quién puede estar detrás de todo
esto.

Cien facetas del Sr. Diamonds Vol. 8 – Centelleante – Emma Green  

¿Dos autores anónimos
diferentes? ¡¿Cómo puede ser?!
– Te perdonaré, quizás ya lo
haya hecho. Eres el hermano de
Gabriel y yo no quiero separaros.
Él sería el primero en sufrir. Pero
nunca olvidaré, Silas.
– Lo sé…
– Y mientras tanto, no le digas
nada. No quiero que se entere de
que alguien más intenta separarnos.
Es demasiado pronto, demasiado
reciente.
– Yo no le diré nada, pero tú
deberías decírselo. Si recuerdo
bien, te ha pedido que no le ocultes
nada.
– No hagas como si te
interesases por mí. Eres el menos
indicado para darme consejos.
– ¡Es increíble que alguien te
vuelva a hacer pasar por lo mismo!
Y lo peor es que debe tratarse de
alguien de nuestro entorno…
¿Quieres que indague un poco?
– Hazme un favor, Silas, ocúpate
de tus asuntos.
– Lo único que quiero es que no
te ocurra nada a ti… o a Gabriel…
– ¡Tu hermano no tiene por qué
preocuparse de esto ahora y menos
en este momento!
– ¿De qué hablas? ¿Tiene algún
problema?
– ¿Tú qué crees? ¿Te parece que
le ha venido bien volver a pensar
en la muerte de Eleanor?
– ¡Yo nunca quise hacerle daño,
nunca fue mi intención! Sé que se
siente culpable…
– Tiene sus motivos, ¿no?
Al soltar esas duras palabras, yo
misma me sorprendo. Mi tono de
voz es contundente, implacable y
está lleno de rencor. Si Gabriel las
hubiese escuchado, se sentiría
dolido…
– ¡Amandine! Tú no estabas allí,
no sabes todo lo que sufrió…
La voz de Silas se hizo
sorprendentemente autoritaria y
apagada. Nunca antes lo había oído
así. Le interrumpo sin dejarme
impresionar…
– Solo sé que la dejó morir.
– ¡Tú no sabes nada, Amandine!
Deberías apoyarlo y no hundirlo.
Gabriel vivió todo un infierno con
Eleanor. Era una mujer depresiva,
con ideas suicidas. Eso la carcomía
por dentro. Se hubiese suicidado
aunque él hubiese estado con ella,
aunque él hubiese resistido.
Hubiese dado su vida por ella, pero
ella solo quería una cosa: echar su
vida a perder y encontrar por fin la
paz. ¡Gabriel no es el responsable,
nadie podría haberla salvado!
Mis ojos se llenan de lágrimas.
Silas quizás no lo sepa, pero sus
palabras me reconfortan, me dan
seguridad. Gabriel no es malo, no
abandonó con cobardía a su novia
en su lecho de muerte, hizo todo lo
que pudo por mantenerla con vida.
No es el verdugo, es la víctima.
– ¿Entonces por qué no queréis
que Gabriel ame a otra persona?
– Porque yo también me siento
culpable. Yo era el mejor amigo de
Eleanor, no pude protegerla en vida
y le prometí que no sería olvidada.
¡Cuando te conocí, vuestro parecido
fue como una apuñalada en el
corazón y me volví loco!
– Esa chica os volvió locos a
todos…
– Seguramente sí. Es la
maldición de los hermanos
Diamonds. ¿Crees que si escribiese
nuestra historia, me comprarían los
derechos de autor para hacer una
película? ¡Imagínate, podría hacer
de mí mismo o de Gabriel! Silas
Diamonds, una superestrella de
Hollywood…
– ¡Silas!
– Estoy de broma, chica seria.
¡Tienes que relajarte un poco!
Grrr, el tío que me saca de
quicio ha vuelto…
No puedo evitar enrojecer al
pensar en los golpes, aunque desde
luego nada dolorosos, que le
sacudí. Pensaba que no tenía la más
mínima violencia en mi interior,
pero Silas tiene el don de ponerme
de los nervios. Sin embargo, el
hermano gemelo me dedica una
amplia sonrisa tan pancho, como si
esta tensa discusión nunca hubiese
tenido lugar y después desaparece
cerrando ruidosamente la puerta.
1.90 metros de altura y 3 años
de edad mental…
Me encuentro sola de nuevo. De
repente, un sentimiento se adueña
de mí y me ahoga: necesito ver a
Gabriel, tocarlo, sentirlo contra mi
cuerpo, sentirlo dentro de mí.
Quiero que sepa que lamento las
últimas palabras que le dije, que
lea en mis ojos cuánto le quiero,
que comprenda que soy toda para
él, que nadie podrá separarnos
nunca. Me voy a la ducha, me lavo
en un minuto cronometrado, me
maquillo un poco y le echo el ojo a
un pequeño vestido marinero y a
unas sandalias planas. Estoy lista
para ir a buscar a mi torturado
millonario cuando mi teléfono
empieza a vibrar. Al conectarlo
para cargarlo, veo aparecer la cara
de mi mejor amiga.
– Hola Marion, te iba a llamar
esta noche, ahora estoy ocupada.
– Amandine, necesito que me
dediques cinco minutos, ¿es pedir
demasiado?
– Dime…
– Lo primero, ¿cómo está tu
madre?
– Un poco mejor, se está
recuperando. Los médicos que ha
contratado Gabriel le están dando
todos los cuidados necesarios.
– ¡Menos mal! Bueno, pues a mí
me han echado de Starbucks.
– ¿Qué? ¡Pero si hace una
semana que empezaste!
– ¡Sí, pero no era para nada un
trabajo de verano divertido y
relajado! Mi responsable era un
negado y no me privé de decírselo
delante de los clientes.
– Tú y tu diplomacia
legendaria…
– Y después cuando me ha
llamado de todo menos bonita, le
lancé un Frappuccino a la cara.
Tenías que haberlo visto…
– Nunca vas a cambiar.
Se me escapa una sonrisa.
Marion siempre se las apaña para
meterse en problemas, pero al
menos no lo falta… espontaneidad.
– Bueno, pues no tengo novio, ni
trabajo y mi mejor amiga se lo pasa
genial en Los Ángeles. ¿Qué te
parece?
– Lo siento, Marion, pero si eso
te consuela, ¡aquí todo es un caos!
– ¿Cómo? ¿Qué me he perdido?
¿El fantasma de Eleanor sigue
haciendo de las suyas? ¿Has
descubierto que Gabriel es bipolar?
¿Que Céleste estaba enamorada de
ti en secreto? ¿Han internado a mi
ex?
Su ex… Silas. Si ella supiera
que se tira a mi hermana, sería
capaz de aparecer en Los Ángeles
para untarle la piel.
– ¡Oh! Ya sabes, ajustes de
cuentas por todas partes. ¡Uno
nunca se aburre en el clan de los
Diamonds! Ahora no tengo tiempo
de contarte todo, ¿te puedo llamar
esta noche?
– Tengo una idea mejor: ¿y si
aparezco ahí? Podríamos ahogar las
penas juntas… ¡bebiendo unos
mojitos!
¡Busca una excusa, Amandine,
busca una excusa! Marion, Silas y
Camille bajo el mismo techo:
¡alerta roja!
– Pues, va a ser complicado,
Marion. Se supone que yo estoy
aquí para trabajar para Gabriel, no
estoy de vacaciones.
– ¡Vale, vale, solo era una idea!
Y con Gabriel, ¿qué tal?
– Más o menos, ahora he
quedado con él…
– ¡Vale, chao!
– Ánimo, Marionnette, pienso en
ti.
– Ah, una última cosa. Tristan
está deprimido pensando en ti, ya
sabes…
[Fin de la llamada]
Le acabo de colgar a mi mejor
amiga, pero ella se lo ha buscado.
Sabe perfectamente que no tengo el
tiempo ni las ganas de hablar de su
hermano. Es un amigo al que quiero
mucho, pero nada más, los
sentimientos que él siente por mí no
son recíprocos. Evidentemente, esa
situación me incomoda y Marion lo
sabe y se aprovecha. Solo que hoy,
soy yo la que salgo ganando en su
juego.
Me aventuro en la inmensa villa
y salgo a la búsqueda de Gabriel,
sin cruzarme con un alma en el
camino. Mejor, no estoy de humor
para hacerles reverencias a
Prudence o a Céleste. Hago un alto
en su oficina en la que dominan
majestuosamente los premios que
ha ganado por sus mejores cosechas
y publicaciones, pero no hay nadie.
En la cocina (del tamaño de mi
antiguo piso parisino), lo mismo,
tampoco está. Voy al salón
pequeño, al grande, al comedor, a
la sala de juego, a la sala de
proyecciones, al patio, a la
terraza… mi amante no está en
ningún sitio. Recorro el jardín
arbolado de arriba a abajo, visitos
todos los rincones, me dirijo

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