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Cien facetas del Sr. Diamonds Volumen 1 – Luminoso– Emma Green

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Cien facetas del Sr. Diamonds Volumen 1 – Luminoso– Emma Green

Descargar libro En PDF puesto al corriente antes de marcharme y me ha metido un poco de presión:
«Amandine, yo no puedo ir, pero estos dos días son muy importantes.
Confío en ti pero es absolutamente necesario que consigas intercambiar
unas palabras con Gabriel Diamonds». Gabriel Diamonds… Ese hombre es
un mito en el mundo del vino. Este multimillonario, magnate de la prensa,
posee casi todas las publicaciones internacionales relacionadas con el vino.
Pero, sobre todo, es uno de los mayores amateurs de vino del mundo y,
poco a poco, se ha ido haciendo con los mejores viñedos de Francia.
Organiza todos los años un gran evento en el Château de Bagnolet para dar
a conocer sus viñas e impulsarlas. No sé muy bien por qué pero,
aparentemente, todo el mundo mataría por asistir. La guinda del pastel de
estos dos días de festejos entre un lujo desbordante es un concierto de
música clásica que Diamonds ofrece a sus invitados más cercanos. Suele
invitar a la prensa especializada pero solo un selecto grupo de periodistas
tiene el honor de asistir al concierto y de acercarse más a Diamonds.
Contemplo atentamente la bella invitación color crema impresa en papel
grueso que llevo en el bolso y acaricio con el dedo el relieve de las grandes
letras doradas que rezan: «Gabriel Diamonds tiene el placer de invitarle».
El placer no es mutuo. Todavía no he llegado y ya me está estresando, pero
al mismo tiempo, siento curiosidad, estoy intrigada. He escuchado hablar
hasta la saciedad de ese misterioso señor?Diamonds, tanto en boca de Eric,
como en cenas y periódicos. Todavía no me creo que me estén mandando
aquí.
Me doy cuenta de que no sé ni siquiera cuántos años tiene ni cómo es su
rostro ; lo busco en Google con un puntito de impaciencia. Intento
tranquilizarme, no puede ser tan impresionante. Su página de Wikipedia
me cuenta un poco sobre él: Gabriel Diamonds, 35 años, nació en Estados
Unidos, de madre francesa y padre norteamericano. Creció en una familia
más que acomodada y después vino a estudiar a Francia. Actualmente vive
entre estos dos países. Aumento el zoom para ver mejor la foto y descubro
a un hombre con un rostro escultural. Su marcada mandíbula le da un aire
muy viril. Su cabello rubio, con un corte impecable, enmarca una frente
grande y ancha. Por encima de la nariz, fina y recta, sus ojos de color azul
intenso tienen algo enigmático. Un azul con matices negros. La mirada
tenebrosa contrasta con la dulzura de su boca, divinamente enmarcada por
unos labios carnosos, que se abre a unos dientes perfectos. Aunque no me
tranquiliza demasiado, ahora lo entiendo mejor: una cara así no deja
indiferente a nadie. Me doy cuenta de que la foto me ha dejado impactada,
me pongo a pensar con cierta excitación en este viajecito de dos días. No
obstante, sé que acercarme al señor?Diamonds será un auténtico reto para
mí. Éric me ha pedido que prepare varias preguntas para incluir una
pequeña entrevista en mi artículo, empiezo a garabatear algunas ideas en el
cuaderno pero la foto atrae constantemente mi mirada, de forma casi
magnética. Tengo la cabeza en las nubes y me cuesta concentrarme en lo
que hago. Pienso en Éric, que estaba enormemente decepcionado por no
poder asistir a esta fiesta entre viñas del señor?Diamonds, y en mí, que no
me apetecía en absoluto. ¿Estaré cambiando de opinión…?
Busco más fotografías de Gabriel Diamonds en Internet. No hay
muchas, parece que ha intentado proteger su intimidad. Sin embargo, en
una de ellas se le ve perfectamente, de pie, en una ceremonia vitícola. Es
más alto que la mayoría de los hombres que conozco, parece esbelto y bien
proporcionado. A la vista de su ancha espalda, los sólidos hombros y las
nalgas musculosas, Gabriel debe de ser un deportista constante o ha sido
agraciado con una fuerza natural. Resulta casi irritante. Y, para conservar
la armonía, parece tener un sentido innato del estilo. Está vestido de forma
elegante, sin pecar de sofisticación. Un traje negro sobrio y chic deja
entrever una camisa blanca cuyos tres primeros botones están abiertos,
dejando al descubierto un torso tan bronceado como su cara. Me sorprendo
analizando detalladamente a este hombre que apenas conocía hace unos
minutos. Bueno, de acuerdo, es muy atractivo. He de admitir que su físico
inusual, esa presencia, ese porte y esa altura me causan un efecto increíble.
Suspiro y cierro los ojos tras mirar una vez más las dos fotos de Gabriel
Diamonds. Sin darme cuenta, me sumerjo en un sueño increíblemente
dulce, con una sonrisa en los labios y la mente repleta de fantasías.
Montado sobre un purasangre de raza, me domina desde arriba y su
prestancia me hace sentir todavía más pequeña. Además, mi pelo castaño
demasiado lacio y liso, los vaqueros metidos en unos botines planos de lo
más sencillo y el holgado chaquetón negro no me ayudan a ganar
confianza. Él, sin embargo, está vestido con ropa de montar chic y me mira
con dureza.
— Llega tarde — me regaña con voz viril, mirándome fijamente con
esos ojos azules.

Cien facetas del Sr. Diamonds Volumen 1 – Luminoso– Emma Green

– Sí, perdón…
– Ahórreme sus excusas. ¿Quién es usted?
— Eh… Vengo para la entrevista.
¿Qué me pasa que no puedo más que balbucear como un zoquete
incapaz de hilvanar dos palabras sin vacilar?
— Creo que le he preguntado quién era usted. No a qué se dedica.
— Ah. Sí, disculpe, trabajo de becaria para Éric Chopard. La página
Web de vinos.
— Ya sé quién es. Pero sigo sin saber nada de usted. Salvo esa manía de
pedir perdón constantemente. ¿Tiene un nombre, «becaria de Éric
Chopard»?
— Sólo intentaba ser educada. Pero puedo parar si lo prefiere.
Su forma de mirarme por encima del hombro empieza a molestarme.
Me ha puesto el dedo en la llaga con su último comentario. Pero, a juzgar
por su mirada oscura, los labios entreabiertos y el silencio posterior, parece
que tampoco le ha gustado la insolencia de la respuesta. No debe de estar
acostumbrado a que le planten cara. Reanudo e intento decir rápidamente.
— Amandine. Amandine B…
No me da tiempo a decirle mi apellido, me interrumpe.
¡Viva la educación!
— Amandine. Bien, su nombre es el diminutivo de almendra. Es bonito,
afrutado. Aunque un poco azucarado. Amande le quedaría mejor. Fruto
duro, piel aterciopelada, interior lechoso, sabor dulce y amargo. Sí,
Amande le queda como un guante. Le llamaré así a partir de ahora.
Suelto un largo suspiro.
Pero, ¿quién es este tío arrogante? ¿Quién se cree que es para
permitirse cambiar el nombre de la gente? Pero estoy subyugada por su
belleza, tanto que casi olvido su ego sobredimensionado. Me sorprendo al
ver que le admiro.
— ¿Está buscando una respuesta o va a seguir mirándome fijamente sin
hablar? ¿Acaso está enfadada, Amande amarga?
— Prefiero callarme. ¿Tiene otras preguntas?
— Sí, señor. Sabia decisión, dulce Amande. Pasemos a la siguiente
pregunta. ¿Cuál es su tipo de hombre?
— Bajo, castaño, tipo latino. Vestido de forma sencilla. Cool, discreto,
natural. Y, por encima de todo, muy dulce. Y que sepa reírse de sí mismo.
Toma esa.
Y, mientras disfruto describiendo a su contrario, se dibuja en su cara
una ligera sonrisa y se echa a reír. Es la primera vez que le veo una
emoción sincera y espontánea. Su coraza de belleza fría se resquebraja y
deja entrever un tipo seductor. No, un pibón. Debe de haberse dado cuenta
de su efecto porque ha bajado del caballo para colocarse a menos de un
metro de mí.
— Querida Amande, ¿tiene experiencia con los hombres?
— Creo que eso no le concierne en absoluto.
— Creo que no es una respuesta a mi pregunta.
— Y yo creo que no era una buena pregunta.
— Y yo creo que está intentando evitar la respuesta.
Tocada.
Tengo 22 años, tres ex a mis espaldas, de los cuales sólo uno ha sido
serio, es decir, hemos durado más de seis meses. La mayoría de los tíos no
me interesan y, cuando les intereso, ni me doy cuenta. No veo las señales,
siempre me tiene que abrir los ojos alguna amiga y, de todas formas, nunca
he dado yo el primer paso. En lo referente a los sentimientos, nunca he
tenido una gran relación pasional y, en lo que respecta al sexo, calma total,
de lo más clásico e intranscendente. Simplemente, no he encontrado al
amante con el que desinhibirme. Y no tengo ganas de probar veinte antes
de encontrar el adecuado, eso es todo. Mi experiencia se resume en eso así
que, no, no tengo nada que contar y, no, no tengo ganas de responder a esa
pregunta. Pero el señor Diamonds, el sublime multimillonario a quien
nadie le puede negar nada, me fusila con su mirada azul, exige una
respuesta apuntándome con la punta de la barbilla y no parece dispuesto a
dar el brazo a torcer.
En un arrebato de valor o de locura, doy un paso y reduzco la distancia
entre Gabriel y yo, con los ojos clavados en la boca más sensual que nunca
haya visto, coloco lentamente la mano sobre su mejilla y acerco mis labios
a los suyos, sintiendo como su respiración se mezcla con la mía. Después,
¬noto que algo se mueve a mi lado, una presencia que me empuja y me
sobresalta.
***
Me despierto de repente, con

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