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Cien facetas del Sr. Diamonds Volumen 4 – Resplandeciente– Emma Green

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CEh? Qué? Qué ha dicho? Olay alguien en este avidn que haya escuchado
10 mismo que yo? Me gustaria gritar: «Corten. irepetimos!» al imbécil que dirige
esta pelicula incomprensible. Me gustaria rebobinar, hacer que 10 repitiera. Y,
sobre todo, me gustaria tener treinta segundos para recuperarme del orgasmo y
entender qué estå pasando. •Yo también». Pero, qué? Qué él también? do
también me he corrido? Yo también te quiero pero no he encontrado una forma
mds Clara de decirtelo? do también te quiero pero soy un cabronazo de primera
y sölo te quiero cuando me la chupas? Yo también te quiero pero prefiero tener
un vuelofrio, de silencio e incomprensiån antes de confesårtelo? ZPero qué nari-
ces es esto?
—Yo también podria enamorarme de ti. Pero no debo. Aléjate de mi Vida.
No soy 10 que buscas, Amandine.
—Ah. eso pensabas mientras te corrias?
—por favor…
—No, nada de por favor. No dices ni una palabra durante el vuelo, estoy
desquiciada, 10 sabes, y esperas a tener un orgasmo para decirme esto, Qué?
Wn ültimo momento de placer antes de romper conmigo? Das asco.
—Fso es exactamente 10 que te decia.
—iLEl qué?!
—Soy töxico para ti.
—Ay, por favor, no me vengas con tonterias. Si no quieres estar conmigo,
dimelo, ah6rrame tus frases hechas. ZA qué estås jugando? No te reconozco.
—No estoy jugando. Me gustas pero te hago daho y no 10 soporto.
—No… Escüchate. @uieres hacerte la victima?
—No he sido nunca la victima, siempre seré el verdugo. Y tengo que dete-
ner esto antes de causar rnås danos.
—Ya, ipara! d)or qué me haces esto?
—Por ti, Amandine. Lo hago por ti.
—Pero, iyo no te he pedido nada! De acuerdo, te dije que te queria. Se me
escapö, no debi hacerlo. Y ni siquiera sé si de verdad 10 pienso. No hace falta
que me respondas. No hace falta que tengas miedo ni que te preocupes por
mi. Ya soy 10 suficientemente mayorcita como para defenderme del malvado
Gabriel Diamonds.
—Amandine, tri no me conoces.
—iPues dame la oportunidad de hacerlo! No al millonario al que todo el
mundo admira. No al hombre de negocios al que todo el mundo teme. No al
donjuån al que todo el mundo desea. Sölo a ti-
—Ya has visto y sufrido demasiado. Créeme.

Cien facetas del Sr. Diamonds Volumen 4 – Resplandeciente– Emma Green

—Qué podria pasarme peor que esto? Qué podria descubrir?
—Que no hay amor en mi Vida, sÖIo tristeza y violencia. Y ni no te mere•
ces eso.
9d.46 Cien Facetas del Sr. Diamonds – vol. 4: Resplandeciente
—Pero yo no te quiero. No te quiero en absoluto. Te odio.
—Miente muy mal, Amandine.
Ese trato de usted repentino me revuelve el estömago. Podria servir para
distanciarnos pero, dicho por Gabriel, s610 resulta enternecedor. Sus rasgos se
dulcifican ligeramente y una leve sonrisa le ilumina la cara- Aprovecho la si-
tuaciån y le digo delicadamente:
—No le quiero. que quiero es su tristeza, su violencia, su frialdad, su
indiferencia. Quiero todo eso-
—Yo le quiero mucho. Pero no es usted quien debe tomar esa decisiön.
Soy yo el que debe hacerlo.
Vuelta a empezar. El dominador monomaniaco ha regresado.
—Si le divierte creer eso.„
—No veo nada divertido en esta realidad.
—Me temo que usted miente, como poco, tan mal como yo.
—No me incite, Amande.
—No querria alimentar su cålera pero ya sabe que yo también sé volverme
—Da igual dulce que amarga, ya estoy cansado de la almendra. Siento de-
Punalada directa al corazön.
LDS ojos se me Ilenan de lågrimas. No sé qué quiere. Qué intenta decirme,
cuåndo bromea, cuåndo debo creerle, qué debo entender. Me agota. me vacia,
me destruye. Y, a la vista de su forma odiosa de entusiasmarse, parece que le
gusta el efecto de su afirrnaciön asesina.
—ZTocada y hundida? No estå a la altura del juego que ha empezado.
—Estoy cansada de jugar.
—Volvemos al principio de esta discusi6n. Tenemos que terminar esto.
—ZYa estå? alas terminado? iMe tomas por una estüpida! iDesde el prin-
cipio!
—He decidido hacerlo por su bien. Pero, si 10 prefiere, podemos decir que
usted me ha dejado.
—iQué te jodan!
—No sabia que podia ser tan vulgar. Dejemos aqui esta historia, se recupe-
Cuando el jet privado cornienza a descender lentamente, me acurruco en
mi asiento. Gabriel estira las piernas, apoya la cabeza en el respaldo de cuero
to de 46

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