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Cien facetas del Sr. Diamonds Volumen 6 – Relumbrante– Emma Green

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—-iEl de la muerta!
—Ah, si, dime.
Probablemente un nombre de Barbie californiana…
—Eleanor Fitzgerald.
Error…
Los descubrimientos de mi c6mplice me han dejado pasmada, ya no sé en
qué pensar… si en realidad Gabriel me ha expulsado definitivamente de su
Vida. Pero, después de 10 que le pas6, no puedo reprochårselo. El amor le ases-
to una puialada en el pasado, por eso evita ‘volver a pasar por 10 mismo otra
vez. Aun asi, la idea de haberle perdido me parece insoportable. dC6mo renun-
Ciar a alguien que me hace vibrar y que me fascina tanto? No, no puedo dejarle
escapar, le necesito demasiado, necesito que me abrace, que me emocione con
su mirada, que me transporte con la boca, que me Ilene con su sexo…
No sé d6nde estå, no tengo ni idea de qué hora es en el pais donde se en-
cuentrat pero he decidido llamarle. No me sorprende que me salte el contesta-
dor pero, esta vez, una voz monocorde me invita a dejarle un mensaje. Mi voz
no oculta mis emociones, ni siquiera intento controlarlas, quiero que sepa que
su silencio me desgarra, que su ausencia me mata€
[Gabriel, he descubierto tu secreto, sé todo. Ya no necesitas esconderme la
verdad, huir de mi. La Vida fue extremadamente cruel contigo hace tres anos
pero déjame amarte. Vuelve, te 10 ruego, Te espero…l
Son las once de la noche. Me acuesto y dejo el teléfono en mi segunda al-
mohada esperando que mi nueva melodia de los Lumineers se ponga a sonar
por la noche. No sé si responderå a mis stiplicas, si mi amante torturado volve-
rå a mi al saber que la verdad no me asusta o si, al contrario, estarå mås con-
vencido que nunca a conservar la distancia que nos separa. Antes de cerrar los
ojos y dejarme Ilevar por un suefio agitado, rememoro su bello rostro para no
olvidarlo nunca…
—Amandine, é„puedes enviar la “ültima newsletter para que la confirma, por
favor?
Eric Chopard me habla con un tono amistoso, sin sospechar que el trabajo
es la åltima de mis preocupaciones en ese momento. Deberia prestar mås aten-
cic5n a las 6rdenes de mi jefe pero, desde esa mafiana, s610 me asalta una obse-
si6n: imaginar como seria Eleanor, la prometida difunta de Gabriel He busca-
do por Internet pero no he encontrado nada.
—No la he empezado, pensaba ponerme con ella esta tarde,..
—Como veas, me basta con tenerla antes de las cuatro.
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Cien Facetas dej Sr. Diamonds – vol. 6: Relumbrante
Al levantarme, le veo, vestido totalmente de blanco, avanzando hacia mi. En
este entorno idflico, parece un ångel. El ångel Gabriel… i*Mi amante diabölico
se ha metamorfoseado? Soy incapaz de moverme, me limito a admirarle mien-
tras recorre la corta distancia que nos separa. Es terriblemente guapo. Su piel
es color miel, Ileva el pelo alborotado y la ropa se adapta a la perfecci6n a esa
silueta esbelta y viriL La escena pasa a cåmara lenta ante mis ojos subyugados.
Cuando Ilega por fin hasta mi, mi bello amante se arrodilla sin decir una sola
palabra y sumerge su mirada azul en la mia.
La ‘tensidn sexual es palpable. Sin ni siquiera tocarme, se enciende en mi in-
terior una hoguera. Su rostro Ileno de deseo se acerca despacio al mio, como
un depredador se acerca insidiosamente a su presa. Respiro a sacudidas, espe-
rando que este ser sublime haga 10 que quiera conmigo. Cuando al fin sus Ia-
bios se apoderan de Ios mios, gimo, con el coraz6n a punto de explotar. Mi
reacci6n le invita a continuar, y, mientras su lengua acaricia la mia, coloca sus
manos sobre mi piel. Me rozan la nuca, los hombros, me cogen los pechos y bas
jan hasta mi intimidad håmeda. No Ilevo nada debajo de mi vestidito de playa
y separo las piernas para alentarle a proseguir. Me introduce un dedo y descri-
be circulos al ritmo de mis jadeos. Cierro los ojos y saboreo el momento. Somos
los tinicos seres de esta isla paradisiacat nada podria arruinar este momento
inesperado.
Todo se acelera. Mis ojos estån Ilenos de placer, mi amante bestial saca su
sexo empalmado, me echa contra el suelo, se coloca entre mis muslos dominån-
dome desde arriba. Se introduce en mit siento c6mo se me abre la carne para
acogerle y me levanto del suelo. A 10 lejos, percibo sus gemidos de placer. Se
retira y vuelve a penetrarme, esta vez con mayor violencia. Repite ese movie
miento una y otra vet, sin dejar de mirarme, hasta que le suplico que se quede
en ml, que no vuelva a dejarme. Su virilidad se desliza en mi cuerpo cada vez
mås fuerte, cada vez mås deprisa y siento que Ilego al abismo. Escapan de mi
garganta gemidos roncos mientras mi voz articula sonidos agudos. Finalmente,
mi cuerpo se rinde y disfruto de un orgasmo de una intensidad loca, casi sobre-
natural, Estoy en las nubes, agotada pero noto como mi amante reencontrado
se arquea en 10 mås profundo de mi y se derrama en mi intimidad.
—Amandine, idespierta!
El aterrizaje ha sido brusco. Cuando escucho la voz de mi mejor amiga a un
metro de mi, me doy cuenta de que estaba sofiando. Me cuesta mirarle a los
ojos ya que todavia Sigo excitada por esta escena inolvidable, Quizås no deberia
haberle dado una copia de mis naves… Y, después, me vienen a la memoria to-
dos Ios acontecimientos recientes y eso deja de tener importancia alguna. Me
doy cuenta de que es domingo, de que Gabriel me ha dejado esa mafiana, de
que los mails intercambiados no han arreglado nada, de que nunca reconocerå
sus sentimientos hacia mf y de que tengo ganas de morirme.
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Que asi sea
1.

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[Amande dulcet te devuelvo tu libertad. Haz buen uso de ella.
Ha escrito el mensaje con tal pulcritud que no cabe dudar de sus palabrasr
Gabriel acaba de dejarme, definitivamente. Tras descifrar dolorosamente estas
palabras, mi mundo se hunde un poco mås. Me aparto las såbanas, me cuesta
respirar, la cabeza me da vueltas, mi est6mago se contrae y siento unas violen-
tas nåuseasr
iPor qué se ha marchado?
No soy nada sin él…
Me sumerge una Ola de tristeza, de desesperaci6n, me siento hueca, vacia.
Por fin puedo admitir que estoy enamorada de ese hombre. Sit 10 confieso, ile
quiero! Como nunca habia querido antes y nunca pensé que podria hacerlo. Me
encuentro ligada a él en cuerpo y alma, es algo ffsico y mental, delicioso y dolo-
roso, inconcebible y manifiesto.
iPara qué amar a un hombre que no te quiere..-?
Mi vocecita interior intenta poner fin a mis lamentost mi ira aumenta de for.
ma brusca y violenta y ahoga mis sollozos. Si mal no recuerdo, ayer por la no-
che, Gabriel me prometia el el sol y las estrellas, Cierto, no me prometia amort
sålo el resto, “Amandine, no sabes de qué soy capaz por timer”, Esas palabras me
parecian tan prometedoras… Las promesas se han hecho humo, mi terrible
amante acaba de dejarme, de abandonarme, de escaparse de mi cama como un
Casanova de tres al cuarto. Y eso no 10 acepto.
De repente, estoy como poseida, un subid6n de adrenalina me da fuerzas
para levantarme, para actuar- Me visto råpidamente y corro hasta el metro, Ne-
cesito verle, escucharle, demostrarle que, si él no estå dispuesto a luchar por
nosotros, yo 10 estoy mås que nunca. El andén de la linea 6 estå pråcticamente
desierto. No es raro un domingo a las 7.30 de la mahana… Sigo absorta en mis
pensamientos y casi se me olvida bajar en Nation. Mientras me dirigo a buen
paso hasta el andén de la linea 2, me preparo psic016gicamente para enfrentar-
me a Gabriel alegrarå o se enfadarå al verme? Durante las diecinueve esta-
ciones que me Ilevan hasta Monceau, hago todo 10 posible para canalizar mis
emociones, para adoptar una imagen de tranquilidad. Saco mi espejo de bolsi-
110, el pequefio neceser de maquillaje e intento mejorar mi rostro marcado por
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Le necesito tanto…
Después de hacer una serial a Éric y Émilie para despedirme, salgo de la ofi-
cina y bajo las escaleras que Ilevan hasta la calle. Todavia no tengo un plan fijo
para la tarde, quizås podria llamar a Marion, Louise o Camille para no estar
sola con el fantasma de Eleanorm. Acciono el mecanismo de la pesada puerta
marrön del edificio, doy unos pasos en direcci6n al metro antes de detenerme
en seco. Gabriel estå ahi, frente a ml, apoyado en un roble enorme, guapisimo
en su traje negro.
No se marchd al extranjcro. Soledad me mintid.a. iFurcia!
—Buenas tardes, Amande,
La intensidad de su ronca voz me traspasa pero su mirada azul estå cargada
de incertidumbre, de dudas„.
—Estås aquf…
Mi sorpresa le hace esbozar una sonrisa. Avanza hacia mf y me basa tierna-
mente en mis labios entreabiertos.
—Sf. Y no me voy a ninguna parte sin ti.
iEsto si que es nuevo!
—Ven, Amande, vamos a tomar un café„, io un whisky!
No me muevo, estoy en estado de shock. Pensaba que nunca iba a volver a
verle, estaba dispuesta a suplicarle una y mil veces para que volveria pero, aho-
ra que estå ahi, a unos centimetros de mi, no sé c6mo reaccionar. Tengo ganas
de saltarle al cuello pero también de darle un bofetÖn, gritarle mi amor y mi
odio. Vuelvo a encontrarme con su mirada y detecto una mezcla de inquietud y
de asombro. Él tampoco pensaba que reaccionaria asi… Finalmente, consigo re-
cuperarme y acepto seguirle al bar mås cercano.
—é.No tienes frfo?
—a-las vuelto para preguntarme eso?
—Nov Pero eso no quita para que me preocupe por tire.
—Y 10 haces muy bien desde el principio,..
Me gustaria conservar la calma porque sé que la conversaciön podria ser in-
terminable y agotadora, pero hierbo por dentro. Mi tono es brutal, åcido, las
palabras que le reprocho son feroces.
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é.Morena o rubia? Odta y esbelta? Oaja y rellenita? Seguro que estå mal
envidiar a una persona fallecida, considerarla una rival, pero es mås fuerte que
yo. ZQué tenia esta chica tan especial para que Gabriel estuviera dispuesta a
comprometerse y a tener un hijo con ella? Quizås por aquel entonces era dife-
rente, mås despreocupado e inocente, menos reservado y desconfiadoe i,Me ha-
bria gustado esa versiön de él tanto como la actual? No estoy segura… Me sien-
to inexorablemente atraida por sus diferentes facetas, por ese lado sombrio,
salvajet insaciablet obseso del control…
—La pequefia Emilie espera a su compafiera Amandine en la måquina de
café…
La voz burlona viene del otro lado del pasillo. El humor de mi compafiera
me trae de vuelta a una realidad, sacåndome de mis reflexiones confusas y des-
ordenadas. Bajo a la tierra de repente y salgo de mi oficina para ir con ella. La
guapa rubia me entrega un café cargado y me dirige una sonrisa apenada. Su
simplicidad, su frescura y su naturalidad me levantan el ånimo. Émilie siempre
encuentra las palabras perfectas para tranquilizarme, para ayudarme a ver el
lado positivo de las cosas.
—Gracias, Emilie, 10 necesitaba.
—iSin tu dosis de la café no eres la misma! Qué tal?
—De lunes.
—cuéntame.
—Estoy cansada, eso es todo.
—é-No tiene nada que ver con tu Apolo millonario?
—-é.Tå qué piensas…?
Sin necesidad de decirselo, Émilie entiende que no tengo ganas de hablar
del tema. No insiste y se pone a enumerarme IOS filtimos chismes que circulan
en las oficinasr Ultimamente, he estado tan embelesada por mi propia Vida que
he olvidado observar 10 que pasaba a mi alrededor. Por 10 que parece, Fred, el
maquetador freelance, ha salido del armario; Iphigénie, la asistentat estå en
pleno proceso de divorcio y nuestra panadera favorita espera su sexto bebéi
Eleanor murid dando a luz al primero…
Haga 10 que haga, itodo me recuerda a él! Me enfado conmigo misma, ten-
go ganas de darme de cabezazos contra la pared para dejar de pensar todo el
tiempo en 10 mismo. Intento concentrarme en el trabajo para dejar de macha-
carme y 10 consigo un poco. A las cuatro en punto, envio el documento Word a
Éric con el convencimiento de que es una chapuza pero aliviada por haber res-
petado el plazo indicado. Para mantener ocupada hasta las 17.30, me pongo a
redactar un articulo sobre los vinos aromatizados, el nuevo fen6meno que estå
haciendo furor. Cuando estudio la ficha de una boetella de sabor rosado “sex
on the beach”, vuelvo a pensar en mi suefio er6tico del dia anterior.
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