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Como perfume derramado

Como perfume derramado – Marie Ximena

Como perfume derramado – Marie Ximena

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SINOPSIS
Claire es perfumista y está
trabajando en un perfume muy especial
que le llevará a vivir la experiencia más
fascinante de su vida.
¿Imaginas que no te quedara más
remedio que viajar con tu jefe al que
detestas, a un lugar inhóspito, para
encontrar algo que buscas
desesperadamente?
Alain es el jefe de Claire y es
insoportable: arrogante, borde, terco y
demasiado sexy.
La búsqueda de una flor muy
especial, una orquídea, para la
elaboración del nuevo perfume de la
firma les conducirá a un viaje muy
especial, al corazón de la selva
brasileña, que los cambiará para
siempre.

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Una viaje, una aventura, intriga,
pasión… y amor.
Como perfume derramado es una
novela apasionante, romántica, sensual y
divertida, que devorarás…
À toi.
Toujours dans mon coeur.
Endlessly.
Capítulo1
“Sobreviví porque mi fuego
interior ardía más brillante que los de
alrededor”
Joshua Graham
Hace dos meses que frecuento
el mismo restaurante. Siempre reservo
la mesa del rincón, la que posee las
vistas a la playa. Es un lugar discreto
que me permite observar sin ser
observada, contemplar un mar
embravecido o en calma. Esta noche han
abierto las puertas de la terraza y el olor
a sal que trae la brisa penetra a través
del salón e impacta con fuerza en mi
nariz, haciendo que aspire
profundamente, mientras cierro los ojos
durante un instante que se prolonga algo
más de lo habitual.
Al abrirlos compruebo con
deleite que el objeto de mis deseos ya
ha llegado y está sentado en la misma
mesa de siempre. Solo le veo los
martes. Hoy por supuesto es martes y ha
acudido fiel a su cita con… una
increíble botella de… ¿ni idea? No
entiendo mucho de vinos, pero por las
molestias que se está tomando en
observar la copa recién servida por el
camarero, la manera en la que la gira en
su mano, la concentración que emplea
para descifrar la gradación rubí del
vino, diríase que es todo un experto
catador.
Aspira el aroma del contenido de
la copa… El gesto me produce un
escalofrío que recorre las piernas y
asciende lentamente a través del
estómago, hasta posarse dulcemente
como plumas de ave sobre mis pezones.
Contengo un jadeo. No entiendo muy
bien qué me ocurre últimamente, pero
necesito explorar este otro mundo de
sensaciones totalmente novedoso para
mí.
Sigo hipnotizada cada uno de sus
movimientos perfectamente
sincronizados. Mi memoria los tiene
registrados por los dos meses que
llevo espiándole; mi cuerpo responde de
forma anticipada a cada uno de ellos.
Encojo los dedos de los pies en las
sandalias de tacón imposible que
reservo para estos días, recordando que
el siguiente gesto será para mí motivo de
un gemido apenas contenido en la
garganta. Y es que verle cómo se acerca
la copa a la nariz aspirando el aroma del
vino, me hace desear que sea yo la
merecedora de tal atención.
El gemido escapa
irremediablemente de mi boca, así que a
toda prisa me acerco la copa de agua y
bebo sin disimulo un gran sorbo. El
entrechocar de cubiertos y platos en la
sala, parece haber ahogado el sonido
incontrolado que ascendió por mi
garganta, o eso creí hasta que espiando
por encima del fino cristal compruebo
que el hombre que me atrae desde
entonces, me está mirando fijamente.
Ha sido cuestión de otro par de
segundos, sí, pero los suficientes para
sentir la caricia de sus ojos por todo mi
cuerpo. Imagino entonces cómo sería ese
instante en el que su nariz olisqueara con
total abandono mi cuello. Siento el
roce del encaje del sujetador en la piel,
la humedad comenzando a inundar mi
sexo a la vez que el rojo líquido hace lo
propio en su garganta…
La música de Roxanne de Sting
a ritmo de jazz me invita a mecer las
caderas, hacia delante y hacia detrás,
despacio muy despacio…
—Señorita…
—¿Sí? —me escucho
responder. Mi voz suena lejana en los
oídos. La ensoñación no me permite
volver a la realidad con la rapidez que
desearía, aunque intento disimular tanto
como es posible.
—El caballero de la mesa de al
lado me pide que le pregunte si desea
acompañarle a tomar una copa del vino
que está bebiendo.
Realmente me ha pillado fuera
de juego. No sé qué contestar. Intento
elaborar una respuesta rápida, pero el
cerebro no me da más de sí. Noto el
efecto de la transpiración en el cuello, y
alguna gota de sudor que resbala por la
nuca hacia la espalda provocándome
escalofríos.
—Gracias. Preséntele mis
excusas y tráigame la cuenta por favor.
—De acuerdo. Ahora mismo.
Pago a toda prisa las dos
botellas de agua que he bebido sin tino.
Me levanto y me dirijo al cuarto de baño
intentando no mirar en la dirección en la
que está él sentado. Sin embargo cuando
paso por su lado, inspiro profundamente
inhalando su aroma que como una nube
invade su espacio y el mío.
Su elección ha sido la de un
perfume caro, sin duda: Notas de
bergamota, madera de cedro… Sí, esa
es la elección de mi hombre misterioso
para esta noche de verano.
Mi nariz es excelente, no en
vano soy perfumista, trabajo en Grasse,
cuna de los perfumistas, donde puedo
desarrollar al máximo mi profesión.
Y también desde entonces me
acerco hasta Cannes a contemplar al
hombre enigmático que llena mis
noches, alimentando mis fantasías y
cubriendo ese vacío que siento desde
que me encuentro desarraigada de todo
lo que poseo a unos mil kilómetros más
hacia el sur de donde me hallo.
Un duro golpe para mí, pero
necesario para mi supervivencia.
Camino por el pasillo en dirección al
baño. Además de las pisadas
acentuadas por los tacones de mis
Louboutin plateadas, escucho otras
cuyos pasos son más alargados; sin duda
pertenecen a un hombre. No quiero girar
la cabeza, después de todo la valentía
me llegó hasta aquí.
Y hasta aquí es donde se
supone que iré, porque noto que alguien
me toma del brazo desde detrás y me
hace parar en seco a la vez que oigo una
voz que pronuncia de forma calmada:
— ¿Mademoiselle?
El oui francés se me queda
atascado en la garganta. Mi acento es
claramente español, es inevitable, pero
aunque hubiera sido francesa de pura
cepa, no hubiera conseguido tampoco
que afloraran las palabras de mi boca.
Sé que es él. Su olor le precede
unos segundos y me alerta de su
presencia. Por fin me doy la vuelta para
enfrentarme a un hombre alto delgado
pero de complexión fuerte, a un rostro
moreno, atractivo de ojos color avellana
que parecen encerrar un montón de
secretos: Un piercing que adorna el
extremo de la ceja derecha me atrae
irremisiblemente al primer golpe de
vista…Un pequeño adorno de color
cobrizo que le hace aún más deseable
ante mis ojos.
—¿Por qué me espías? —Me
arrastra prácticamente hasta una cabina
del cuarto de baño de caballeros,
cerrando con firmeza y arrinconándome
contra la puerta.
Su respiración es normal,
acompasada, tranquila, mientras que la
mía es agitada, entrecortada, errática. Y
sin embargo alzo la mano derecha, que
de repente ha adquirido vida propia, e
independiente de mí, su dueña, se dirige
al piercing. Las yemas de mis dedos
delinean la ceja, recorriendo su longitud
hasta llegar al adorno, que tomo entre el
índice y el pulgar, tirando ligeramente
de uno de los extremos.
Ese gesto le provoca un
pequeño jadeo que captan mis oídos al
instante. No le he causado ningún daño,
lo sé, por lo tanto deduzco que le gusta…
Eso me hace sentir poderosa, de manera
que de nuevo le doy otro pequeño tirón.
—¿Tu nombre? — susurro en
francés.
—Alain. —Tan dulce me ha
sonado que le rodeo el cuello con mis
brazos y acerco mi boca a la suya en un
intento casi vano por atrapar el sabor
de su nombre. No reacciona a la
proximidad, mantiene el tipo y vuelve a
repetirme la pregunta.
—Soy un hombre muy paciente,
podemos estar aquí todo el tiempo que
haga falta, así que, dime lo que quiero
saber. —Al calor húmedo, que aumenta
de forma increíble en el espacio tan
reducido que compartimos, se le suma el
deseo intenso que siento por él,
alimentado por el sonido Fallin de
Alicia Keys que proviene
probablemente de la terraza…
Solo he tomado agua pero me
siento borracha de necesidad, me acerco
más si cabe a su cuerpo y sigo el ritmo
de la música con un suave balanceo de
caderas imitando el movimiento más
antiguo del mundo, hacia delante y hacia
detrás, incitándole a seguirlo…Gotas de
sudor resbalan entre mis pechos, gotas
que son recogidas hábilmente por sus
dedos, que se introducen por el escote
algo pronunciado de mi vestido de
tirantes.
—Dímelo. —pronuncia una vez
más, pero a diferencia de la ocasión
anterior, noto el pulso acelerado en la
base de su cuello, y su erección
encontrándose con mi sexo en cada
embate de caderas. Sus manos se
enredan en mi pelo mojado por la
humedad del ambiente. Comienza
entonces un juego perverso en el que su
lengua invade mi boca entrando y
saliendo, penetrándola como lo haría su
pene en mi vagina, variando el ritmo,
pequeñas embestidas cortas, alternadas
con algunas más largas, lamiendo mis
labios, acariciando mi lengua con la
suya, en definitiva volviéndome loca.
—Me siento sola… —
respondo entre gemidos al notar su mano
subirme el vestido a la altura de las
caderas.
—¿Por eso me espías? — Su
mano derecha se posa en mi entrepierna
y con dedos ágiles dibuja a través de las
bragas una línea hasta alcanzar mi
clítoris abultado. Aprieta mi excitación
con las yemas de los dedos…
—No te creo. —Con un
movimiento preciso e inesperado para
mí, se desenreda de mi abrazo,
girándome rápido, situándome de cara a
la puerta. No siento miedo, solo noto sus
dedos acariciando suavemente mis
pliegues húmedos…—Tu nombre…
—Clara, Claire —Desde hace
dos meses mi nombre se ha
transformado en un sonido más suave y
musical, algo que adoro.
—Claire…—Su abrazo se
estrecha, su aliento me moja aún más la
nuca, su lengua traza un rastro húmedo
por mi espalda. Noto los latidos del
corazón en mis oídos. El mundo de las
sensaciones, mi mundo, me invade a
través de unas manos expertas que no
dudan en conquistar mi cuerpo ávido de
caricias.
—¿Sí? —Apenas oigo lo que
me está diciendo. La sangre ruge fuerte
en mis oídos, algo así como si fueran
tambores de guerra.
—Lárgate de aquí. No quiero
verte más por mi restaurante. ¿Lo has
entendido? —La piel se me eriza hasta
el punto de la congelación. Siento un
frío como no lo había notado en mucho
tiempo. Sin darme la vuelta, pues no
podría mirarle nuevamente a la cara sin
perder la poca autoestima que me queda,
bajo a trompicones el vestido, abro la
puerta de la cabina y salgo disparada en
dirección a la terraza.
Las notas de This is a man’s
world suenan a través de una cantante
con la voz rota, en el jardín, tomando un
especial sentido para mí. Malditos
bastardos que tienen el mundo en sus
manos pero que no son nada sin
nosotras, y se

Como perfume derramado – Marie Ximena

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