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Libro Con sabor a ti – Guadalupe Vera

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Libro Con sabor a ti – Guadalupe Vera

PDF Descargar aparentemente todo, sin embargo, no lo
suficiente que te aporte lo que necesitas.
¿De qué sirven los lujos, un trabajo con
el que disfrutas, en el que además eres
el dueño y mujeres dispuestas a
complacerte si en el fondo te sientes
vacío? Mi mundo se había vuelto
rutinario, la monotonía me había
atrapado, pero entonces llegó ella.
Un inesperado encuentro en una
discoteca donde yo era el propietario,
marcó un antes y un después en mi
aburrido universo. Adriana Soriano
apareció regalándome frescura,
iniciando algo que sin saber, se me
escapó de las manos. Participando en un
juego peligroso donde los dos quisimos
jugar nuestro mejor papel… Ella, una
mujer llena de desconfianza, con una
vida rota a causa de las pruebas que a
veces nos pone esta misma. Luchando
por seguir hacia adelante con una
fortaleza que admiré hasta anhelar más.
El que nos dejáramos llevar desde
el primer momento en que nuestras
miradas se cruzaron no fue suficiente. Su
pasado le podía, el dolor de una traición
y los recuerdos de un hecho que la dejó
decepcionada la frenaban.
Sin embargo algo me incitaba a
insistir. A querer arriesgar sin pensar en
lo que podría perder… Decidido a darle
intensidad, a devolverle la ilusión. A
aportarle lo mismo que ella había traído
a mí sin haberlo planeado.
Sus cualidades me engancharon de
una manera arrolladora. Pues no solo
derrochaba una pasión que me
enloquecía, tenía metas, confirmándome
que no era una más… si no la mujer que
buscaba. Pero quizá Adriana, aun
deseándome tanto como yo lo hacía,
nunca lo entendería.
No obstante, estaba dispuesto a
descubrirlo.
Kevin Pérez.
Por Patrica Geller
Con Sabor a Ti
Un nuevo comienzo…
(Barcelona, 10 Junio 2011)
Hoy ya no tengo nada que hacer
aquí, todo lo que tenía ya no está. Me
encuentro sola y vacía, hace tan solo
seis días que mis padres murieron en ese
terrible accidente de coche, ni siquiera
los he enterrado, he decidido tenerlos
conmigo, aunque sea en una urna, pero
no aquí, esta casa me recuerda todo de
ellos, esta casa se hace inmensamente
grande para mí. La he puesto en venta,
me voy a mudar a la casita que tenemos
en Córdoba, necesito empezar de nuevo,
un trabajo, amigos, retos, sueños…
Estoy sentada en el jardín de esta
casa, al borde de la piscina mojando mis
pies, voy a echar de menos todo esto,
pero necesito respirar de nuevo, creo
que he tomado la mejor decisión al
alejarme de todos mis recuerdos, aunque
no podré olvidarlos nunca, son mis
padres. Gracias a Dios, mi padre ya
estaba jubilado y había vendido la
agencia de publicidad hace poco más de
un año, yo no sabría qué hacer con ella
después de todo lo que ha pasado.
Lo único que podía retenerme aquí
salió de mi vida hace dos años, Pedro,
menos mal que lo pillé acostándose con
una de mis mejores amigas, eso me
abrió los ojos. Solo me daba qué pensar
cómo no me di cuenta antes. Le he
prometido a mi amiga María que
estaremos en contacto, que la recibiré en
mi casa cuando ella decida tomarse sus
vacaciones, la voy a echar de menos.
Bueno, ya lo tengo todo
preparado, mañana los de la mudanza
vendrán a por mis cosas para llevarlas a
Córdoba, donde comenzaré mi nueva
vida, sí, una nueva vida que voy a
comenzar a mis veintiséis años y sola,
creo que podré lograrlo, y una vez y
termine de instalarme empezaré a buscar
trabajo, espero y sea el que me gusta, al
que me especialicé en la universidad,
magisterio infantil.
1
4 años más tarde…
Estoy sentada en la terraza de mi
casa, hoy hace cuatro años que decidí
empezar una nueva vida, y aquí estoy
intentándolo, aunque bueno, me ha ido
muy bien. Conseguí el trabajo de mis
sueños: trabajar en un jardín de infancia.
Me encantan los niños, no sabes lo que
siento cuando alguna madre me dice que
no deja de recordarme ni en los fines de
semana, cuando me dicen que me
quieren, o, simplemente cuando me
dedican esa sonrisa de satisfacción
cuando les digo que está todo muy
bonito, hace casi cuatro años que trabajo
en “PEQUEÑOS ENANOS”.
Suena el teléfono en el salón, debe
de ser Anabel o Soraya. Anabel.

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—Hola Ana.
—Adri, ¿estás en tu casa?
—Sí, ¿Por qué? —Respondo
recelosa.
—Necesito despejarme. Mis
sobrinos me van a volver loca, y hoy es
sábado, ya tengo bastante de lunes a
viernes en la guardería para que también
me dejen la cabeza como un bombo los
fines de semana. —Qué exagerada es
Anabel, desde que la conocí siempre le
pasa lo mismo, cuando se acerca su
cumpleaños, se vuelve insoportable.
—Trae el bikini y nos damos un
baño en la piscina.
—Ok, pero también me llevo la
ropa para esta noche y me quedo el fin
de semana contigo porfis, ¡no quiero
estar en esta casa de locos! —Qué
envidia me da, me gustaría tener una
familia como la suya, una madre
cariñosa como la suya o, simplemente,
tener la casa llena de personas.
Casi siempre estoy hablando con
su madre Luisa, es como si fuese una
madre para mí. Desde el día que la
conocí supe que ella iba a ser un gran
apoyo que sustituiría el de mis padres.
—Me parece perfecto, avisaré a
Soraya para que se venga con nosotras,
¡ah! Tráete unas botellas de vino, ¡me he
quedado sin existencias!
—Ok, en una media hora estoy ahí.
Voy hacia el jardín y me siento en
la hamaca. Me encanta esta casa, mis
padres tenían buen gusto, aunque bueno,
he ido redecorándola desde que me
mudé aquí. Ahora es una casa de dos
plantas, con cuatro habitaciones, un
baño en cada una de ellas, un despacho
pequeñito; allí me encierro para
elaborar nuevos juegos para mis niños.
La planta baja es toda abierta, salóncocina-
comedor y está rodeada por
cristaleras del suelo al techo, y rodeada
de un jardín enorme con una piscina,
aunque no muy grande, lo suficiente para
disfrutarla yo. Aunque mis padres me
dejaron muchísimo dinero en la
herencia, solo gasto lo que gano en mi
trabajo. Nunca me ha gustado gastar a lo
loco, de vez en cuando me doy mis
caprichos, pero aun así consigo ahorrar
para los quince días en los que, mis
amigas y yo, elegimos algún destino
para irnos de vacaciones. Cojo mi
iPhone y llamo a Soraya para que se una
a nosotras.
—Sori, ¿te apetece tarde de
piscina antes de salir de fiesta esta
noche?
—¡Viva las amigas con dinero!
—¿Eso es un sí?
—Sí, pero si me prometes que el
lunes cuando salgamos de la guardería
me acompañas a comprar el regalo de
Ana.
—Acepto, yo también voy a
comprarle algo.

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—Bueno, en una hora estoy allí,
voy a comprar algo para hacer la cena
en tu casa y ya me quedo allí a dormir.
—¡Estupendo! Ya te dije que te
mudaras a vivir conmigo, pero eres una
cabezota —le recuerdo.
—Me lo estoy replanteando.
—Sabes que no tienes que pagar
nada Sori.
—Vale, hablamos más tarde.
Hay veces en las que me encuentro
muy sola bajo este techo. Quisiera tener
pareja, pero el miedo me corroe al
pensar que me pueda pasar lo mismo
que con Pedro. No soportaría pasar por
ese dolor otra vez, por esa decepción
desgarradora que nunca querría ver ni
sentir. Siempre tengo el apoyo de mis
amigas, pero sé que eso no es suficiente,
necesito algo más en mi vida, algún
hombre con el que arriesgar mi solitario
corazón.
Soraya es la típica mujer que duda
de todo, siempre se pregunta todo lo que
hace, eso no me gusta de ella, no disfruta
al cien por cien. Es una mujer preciosa,
rubia, melena larga y ondulada, vamos
todo una modelito, tiene dos años menos

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que yo, veintiocho.
Anabel es todo lo contrario. Es
todo curvas, morena y cabello largo y
liso. Ella es la más atrevida de las tres,
la más vivaracha, y sobre todo, no se
calla ni una. Es de las típicas que hablan
sin pensar en las consecuencias. Anabel
tiene mi edad.
Yo… yo uso una treinta y ocho,
tengo una noventa y cinco de pecho, ojos
verdes como la esmeralda y pelo largo
pelirrojo, pero siempre digo lo mismo,
yo soy la más sensata y a la vez
cabezona de las tres… somos tan
distintas.
El sonido de un coche me saca de
mis pensamientos, es Anabel. Voy al
comedor y le doy al mando de la puerta
de la entrada para que aparque el coche
en el porche delantero.
—Adri, ven, venga vamos a
tomarnos una copita que la necesito
—algo le pasa a Ana y, no sé por qué,
pero me temo que es un hombre.
—A ver, Anabel, cariño. Cuéntame
que es lo que te tiene así.
— No es nada, Adri, solo que ya
casi tengo treinta años y no sé qué hacer
con mi vida.
— No hables así. Tienes un buen
trabajo, una familia que te quiere sobre
todas las cosas y unas amigas que te
apoyan incondicionalmente, Ana.
— Sí, pero… pero me falta amor,
Adri. Ya estoy cansada de acostarme
prácticamente con desconocidos, vale
que lo disfruto y lo paso bien… pero…
necesito a un hombre que me abrace, que
duerma conmigo todas las noches y
sobre todo que me diga que me quiere.
−Ana, ¿Qué piensas?, ¿que yo no
me siento sola?, ¿que yo no necesito a

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ese hombre que me abrace y no me
suelte nunca?, ¿que no necesito que me
digan que me quieren?, ¿que no necesito
un poco de amor? —dejo resbalar por
mi rostro una lágrima tan solitaria como
yo, estos temas me sobrepasan, pero no
por eso me voy a ir a la cama con el
primero que pase…
Desde que me encontré a mi ex con
una de mis mejores amigas no es que no
crea mucho en el amor, simplemente es
que aún no ha llegado esa persona que
haga desbocar mi corazón a mil por
hora.
Ana me tiende una copa de vino
blanco, es Yllera, me encanta este vino,
es tan suave que me podría beber una
botella en una hora.
—Voy a mi habitación a ponerme
el bikini, por lo que veo tú ya estabas
tomando sol —dice Ana de pronto.
—Sí. Y me regreso al jardín. Te
espero allí.
2
Me vuelvo a quitar el pareo y me
recuesto en la tumbona. Me siento
tranquila pero no soy feliz, tengo a mis
amigas que me quieren, que no me dejan
sola, pero ya nos estamos haciendo
mayores y cada una hará su vida,
formarán su familia y yo me volveré a
quedar sola. Sé que soy egoísta, pero no
puedo dejar de pensar en que ese
momento llegará tarde o temprano. Me
termino la copa de vino de un trago, no
hay nada mejor que algo que endulce el
sabor tan amargo que tengo en la boca.
Voy a la cocina a llenar la copa de
nuevo y veo a Ana bajar las escaleras.
—¿Qué pasa por tu cabecita Adri?
—Nada, no es nada, solo estaba
pensando en que nos hacemos
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