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Libro Cosas que se sobre mi vecino el Marqués – Elvira Ashton

Libro  Cosas que se sobre mi vecino el Marqués - Elvira Ashton

Libro Cosas que se sobre mi vecino el Marqués – Elvira Ashton

PDF Descargar “nuevos ricos” como nosotros, aunque
mi padre hizo su dinero hace años en
América.
La segunda se debe a su carácter, o lo
que una joven de veinte años como yo
considera como carácter. Es un calavera
incorregible. Con treinta años tiene una
larga lista de mujeres que caen rendidas
a sus pies, solteras y casadas, por lo que
jamás se fijaría en una chica como yo…
Aunque yo tampoco lo querría.
Y la tercera razón, pero no por eso
menos importante, es la distancia física.
Y es que, incluso siendo vecinos, no
hemos coincidido en más de dos o tres
ocasiones. Nuestras casas están
separadas por un extenso jardín, e
incluso si no fuese así, él tampoco pasa
demasiado tiempo en la suya.
Lo que me trae al objetivo de esta
noche.
Como ya he dicho, soy una admiradora
de la arquitectura, y resulta que mi
vecino, el Marqués, posee una de las
mejores casas de Londres.
Y yo la voy a ver esta noche, eso es todo
lo que sé.
CAPÍTULO 1:
Londres, una noche de primavera de
1876.
Marcus Allan Kleint, sexto Marqués de
Ashford tenía todo lo que necesitaba.
Sus inversiones en la nueva zona
industrial de Londres le habían ayudado
a mantener las endeudadas y
deterioradas propiedades, heredadas de
su padre en ruinas, y a sus treinta años
sabía cómo aumentar algo más su
fortuna.
Su madre y sus dos hermanos pequeños
estaban a salvo pues del declive que
vivían las clases altas en los últimos
tiempos, y además se habían adaptado
con él a los cambios sociales que
comenzaban a suceder.
Le gustaba el progreso. Sabía que
formaba parte activa en los cambios, y
después de unos años de trabajo
continuo podía permitirse decidir dónde
invertir algo más de sí mismo. Podía
hacer lo que quisiera con su vida.
Pero esa noche estaba aburrido. Había
quedado con sus amigos para una de sus
noches de juerga desmesurada, pero uno
de ellos había tenido que partir al
campo, y el otro dependía de su
carruaje.

Libro Cosas que se sobre mi vecino el Marqués – Elvira Ashton

Así que allí estaba él, a las doce de la
noche de un jueves, cuando la vio. Una
aparición en blanco y plata. Desde la
ventana de la biblioteca la observó
avanzar en línea recta hasta la casa. Y
sonrió. Esa noche ya no se aburriría
más.
Dallas avanzaba a grandes zancadas por
el jardín que separaba Ashford Court de
Bay Manor, maldiciendo a cada paso su
vestido blanco de paseo, y de paso a su
madre y su hermana mayor, porque
insistían en que toda su ropa debía ser
de ese color por su edad. Eran unas
románticas. Y unas antiguas, de paso.
Esa noche se había propuesto visitar la
casa de su vecino porque su tutor, el
señor Hale, le había asegurado que tenía
al lado una de las mejores
construcciones de la ciudad.
Y ella sin saberlo…
Lo que había empezado como una
afición se había convertido para ella en
toda una pasión. La Arquitectura. Le
emocionaba analizar cómo encajaban
todos los detalles en una estructura,
creando obras magníficas tan sólo con el
poder de las matemáticas. Su padre
siempre la alentaba en sus preguntas y
sus estudios, e incluso le había
prometido un viaje por Europa para ver
monumentos históricos de diferentes
países. Y le había enviado al Señor
Hale.
Pero Dallas sabía que en ese momento
estaría de parte de su madre…
– Dallas, no hemos sido ni tan siquiera
presentados…
– ¡Es su casa de soltero!
Georgiana, su hermana mayor estaba
igual de escandalizada que su madre
ante sus palabras sobre ir a ver la
mansión de Ashford.
– Sólo quiero verla por fuera…
Dallas hasta había suplicado, pero ellas,
que nunca habían comprendido su amor
por unas piedras colocadas una encima
de otra, y que además no se cansaban de
repetirle que lo de la arquitectura era
cosa de hombres, no se habían dejado
convencer.
Como tampoco su padre.
Así que allí estaba ella, en mitad de la
noche, vestida de blanco, agradeciendo
que no hiciese frío, y decidida a no
dejarse vencer. No suplicaría más.
Y entonces la vio.
Hale no se había equivocado, no le
había mentido. Pese a ser una casa de lo
más sencilla saltaba a la vista que las de
toda la ciudad habían copiado a esta.
Desde el lateral, donde se encontraba,
se veían las amplias ventanas y la zona
de entrada del servicio. La piedra con la
que estaba construida tenía un cierto
tono verdoso que a la luz de la luna
creciente se veía gris, y los arcos de las
puertas y las ventanas eran perfectos.
Dallas se disponía a sacar su libreta de
dibujos cuando se dio cuenta que el
silencio de la noche se había roto. Eran
pasos. Que se dirigían hacia ella.
Muerta de miedo sólo tuvo tiempo de
esconderse bajo la puerta de servicio,
que apenas la tapaba. Y con su vestido
blanco… Bien, Georgiana al menos se
arrepentiría de hacerla vestir así…
– Sal de tu escondite gatita, no te hagas
la tímida…
Una voz ronca atravesó la noche y
Dallas notó latir su corazón al máximo
de velocidad. Se mordió la mano para
no gritar y delatarse, aunque nadie la
oiría…
– Vamos preciosa, no tengo ganas de
jugar… Todavía…
Marcus sabía que muchas mujeres
intentaban cazarlo, ya fuese para una
noche o para toda la vida, pero aquella
se había extralimitado, entrando en su
jardín… Pensaba darle un buen susto,
divertirse un poco y luego dejarla
marchar impune.
Se acercó al lateral por el que había
visto llegar a esa aparición de blanco.
– ¿Dónde estás gatita blanca? -dijo, y
oyó un gemido de… ¿Miedo?
Bien, él no era tan malo. Decidió acabar
con aquello cuanto antes, y dejarlo en
una anécdota que contar a sus amigos.
– Sal ahora, mujer. Soy el Marqués de
Ashford y llamaré a Bond Street si no
lo haces… -dijo cambiando su tono de
voz por el que usaba con sus
subalternos.
Y la mujer salió de su escondite, y era
en verdad una gatita que le arañó el
alma con tan sólo una mirada.
Dallas decidió salir y explicarle al
Marqués la verdad. Al fin y al cabo los
tiempos estaban cambiando, ¿no?
Compuso su mejor gesto rebelde y
dando un paso adelante, le miró.
Pero cuando los dos cruzaron sus
miradas algo ocurrió. Fue como si las
piezas encajasen de una forma perfecta,
a nivel de plano, con medidas exactas.
Lo primero en lo que Dallas pensó fue
que no le recordaba tan guapo. En ese
instante llevaba tan sólo un abrigo sobre
la camisa sin chaleco, y esta se veía con
la abertura del abrigo. Sus pantalones
eran los de un traje con el que tal vez él
había salido esa noche. El Marqués de
Ashford. Su vecino. Y como dándose
cuenta de ese hecho, le miró a los ojos.
Su cara era una obra de arte, su pelo
rubio sobre sus ojos, una barba de un
día sobre su gesto serio. Parecía
desconcertado.
– ¿Qué hacéis aquí?
Marcus se felicitó a sí mismo por haber
sido capaz de hablar. Aquella mujer era
una ninfa de los bosques y, a la vez, una
gatita escalfada. Tenía el pelo, largo,
negro y tremendamente rizado, apenas
recogido con dos horquillas en la frente,
y su cuerpo… Volvió a mirarla a los
ojos, de un color indefinido debido a la
oscuridad. Unos ojos de gata asustada y
a punto de atacar. Respiró hondo para
recuperar la compostura, que había
perdido de forma inaudita.
– ¿Quién sois?
La vio retroceder y avanzó como si ella
fuese un imán, su imán. Qué cosa tan
estúpida…
– Yo… -la voz ronca de ella le llegó
derecha a la ingle.
– Ni se os ocurra dar un paso más. -dio
la orden en tono militar, estaba
enfadado con esa joven por hacerle
sentir… Bueno, sólo sentir.
Dallas le miraba con cautela. Había
decidido que el Marqués no le haría
daño. Tan sólo debía salir de allí sin
que él supiese quién era ella…
– Debo marcharme, señor…
– Ashford, mi nombre es Ashford.
Ella hizo una perfecta reverencia. Así
que era una jovencita de sociedad. Muy
arriesgado, el papel de seductora le
quedaba grande… A menos que no
hubiese ido a seducirle, ¿Tal vez una
apuesta tonta con sus amigas?
– Dígame la verdad y la dejaré marchar.
Marcus vio la duda y la determinación
en los ojos de ella. Luego le contestó
con una pregunta.
– ¿Lo promete? -chica lista, pensó
Marcus, y arriesgada. Nadie se había
enfrentado a él así nunca. Tenía que
reconocerle que le mantenía intrigado.
Asintió con la cabeza.
Ella le escrutó el rostro con intensidad y
pareció sacar un veredicto positivo.
– He venido a ver su fachada. -dijo al
fin.
Y a él le dio un ataque de risa.
Dallas valoró si escapar en ese
momento sería oportuno. Ashford
parecía muy divertido riéndose a su
costa, y le había confirmado algo que
por otra parte ya se imaginaba. Era un
tonto de remate. Demasiada fachada…
Dio un paso leve hacia su casa, y
entonces él se le echó encima.
En un segundo estaban sobre la hierba
fresca, Dallas apoyada sobre un brazo
como si se hubiese caído, porque así
era, él la había tirado, y la tenía
atrapada bajo su cuerpo.
– No tan rápido gatita… Así que… La
fachada, ¿no?
Dallas se negó a hablar. Él no la creería
pese a su promesa.
Entonces él le apartó un mechón de pelo
y, para su sorpresa, lo olió
acercándoselo a la nariz.
– No te enfades… Humm -dijo. -Te
dejaré marchar ahora.
Marcus sabía que ya se había divertido
lo suficiente con aquella chica que había
intentado burlarse de él, pero era tan
seductora…
– Aunque tendrás que darme algo a
cambio.
La miró a los ojos para verla arder de
rabia y determinación.
– Ni lo sueñe…
Sí, ella era como un sueño, pensó
Marcus, y la besó.
Dallas nunca había imaginado cómo
sería el beso de un hombre.
Simplemente no entraba en sus planes
besar a uno. Y allí estaba en ese
momento. Y decidió aprender.
Marcus supo que ella era inexperta nada
más posar sus labios sobre los de la
chica, pero no lo pudo evitar, cuando
ella reaccionó, el imán que les atraía
aumentó su poder.
Dallas se dejó envolver por el sabor, el
olor y el peso de Ashford, sintió el tacto
de sus manos sobre su cara, sobre su
pelo, y saboreó su lengua con la suya.
Luego él se apartó despacio y ambos se
miraron jadeantes.
– ¿Quién eres? -volvió a preguntar el
Marqués.
Y Dallas supo que el sueño se había
acabado. Cuando hizo ademán de
apartarse, Ashford se separó de ella y la
ayudó a levantarse. La

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