---------------

Los besos van aparte Hermanos Rey 2 – Lina Galán

Los besos van aparte Hermanos Rey 2 – Lina Galán

Libro Los besos van aparte Hermanos Rey 2 – Lina Galán

Descargar Gratis    En PDF
ranura del pequeño estuche de
terciopelo y se lo entregó a su buen
cliente y amigo. Solo había sido un
trabajo de pulido y limpieza pero había
devuelto a la antigua joya todo su brillo
y esplendor.
Ricardo salió del establecimiento y
levantó el rostro hacia el sol radiante de
la mañana. Era un día perfecto para
dejar a un lado cualquier tipo de
transporte y dirigirse caminando a su
destino, sintiéndose ligero y optimista,
sin dejar de acariciar la suavidad del
tejido de la pequeña caja que llevaba en
el bolsillo. La multitud de gente que
atestaba las aceras de la ciudad a esa
hora punta podrían pensar cualquier
cosa del joven que caminaba a grandes
zancadas con una enorme sonrisa
pintada en su boca, pero a él no le
importaba en absoluto reflejar de una
forma tan evidente tal grado de felicidad
en su semblante.
A pesar del discurso negativo de su
hermano pequeño esa misma mañana.

Mira El Vídeo Para Enseñarte como descargar 

—¡No jodas, Ricardo! ¿Matrimonio?
¡Estás loco! ¡Solo tienes treinta años!
¡Eres joven y rico, el imán perfecto para
las mujeres!
—No tengo unos objetivos marcados
para cada edad. Las cosas vienen así a
veces, sin planificarlas, como el amor,
por ejemplo.
—¿Amor? No me hagas reír,
hermanito. La tía está buena, pero para
pasar con ella unos días, una temporada
a lo sumo, pero…
—Arturo —le cortó su hermano
mayor—, tú no entiendes de
sentimientos, así que deja de frivolizar
sobre ello. Quiero a Julia, la quiero
desde que estudiábamos juntos, y quiero
casarme con ella.
—Perdona que te parezca un tanto
inoportuno, Ricardo, pero, ¿has
olvidado acaso que te engañó con otro?
¿Que tenía un amante?
—El amor implica saber perdonar.
—Pues me da la sensación de que la
vas a tener que perdonar más veces —
susurró Arturo entre dientes.
—¿Qué intentas decir? —preguntó su
hermano achicando los ojos.
—Nada, nada, hermano. Espero que
seas feliz, de verdad. —Alargó su brazo
y estrecharon fuertemente sus manos.
Ricardo sacudió ligeramente su
cabeza para disipar el recuerdo de esa
conversación, y para demostrar más aún
su radiante ánimo, paró frente al puesto
de una vendedora ambulante de flores.
La buena mujer solo vendía pequeños
ramos de margaritas, girasoles o
claveles y Ricardo optó por las
margaritas amarillas, símbolo del amor
leal.
Con una mano todavía en su bolsillo
aferrando la caja que contenía la joya y
la otra sosteniendo el vistoso ramo,
llegó, por fin, a la entrada de la casa de
la familia de Julia.
Era una gran casona, en la elegante
Avenida del Tibidabo, aunque había
conocido tiempos mejores. La pintura
desconchada, los batientes golpeando
contra la fachada o las celosías
desportilladas ofrecían el evidente
aspecto de una casa en decadencia.
—Buenos días, señor —lo saludó el
mayordomo tras haber golpeado la
puerta con el chirriante y vetusto
llamador.
—Buenos días, Armando —le
contestó Ricardo. El mayordomo
llevaba más de una generación con la
familia Dalmau, aunque en los últimos
tiempos fuera mucho más que eso y a
cambio de casi nada, permaneciendo en
esa casa únicamente por fidelidad. La
familia había vivido holgadamente
durante la primera mitad del siglo XX
gracias a la heredada industria textil de
sus antepasados, amasando una
considerable fortuna de la cual llevaban
viviendo demasiado tiempo ya en
condiciones un tanto deplorables. Aun
así, Ricardo no se prestaba a escuchar
las habladurías que tachaban únicamente
de económico el interés de la familia
Dalmau sobre el compromiso. Julia era
guapa, refinada y elegante y era la mujer
ideal. Si salía beneficiada por esa unión,
a él no le importaba.
—¿Se encuentra Julia en casa? —le
preguntó al mayordomo mientras
atravesaba la descolorida y desnuda
entrada, cuyas paredes solo revelaban
las marcas de los cuadros que ya habían
sido vendidos hacía tiempo.
—Sí, señor. Está tomando el sol en el
jardín trasero, puesto que por fin han
acabado la restauración de la piscina,
por lo que vuelvo a expresarle mi
agradecimiento en nombre de la familia.
Si le parece voy preparando unos
refrescos.
—Muy amable, Armando —y se
dirigió a la parte trasera de la casa.
Llamarlo jardín era ser demasiado
imaginativo. Solo un conjunto de
arbustos y malas hierbas componían
aquel espacio antaño utilizado para
fiestas y reuniones informales. Gracias a
la generosidad de Ricardo, al menos
habían podido restaurar la piscina, ya
que Julia no había dejado de quejarse
por no poder darse un baño cuando el
intenso calor más apretaba. Un regalo
que él había ofrecido a sus futuros
suegros y que seguro no sería el último.
Una hamaca junto al agua y una mesita
con algunos vasos revelaban el lugar
donde su novia debía haber estado
tomando el sol, aunque nadie lo ocupaba
en esos momentos. Solo se escuchaba el
murmullo de la depuradora, junto a la
cual descansaban varios utensilios de
limpieza y mantenimiento, por lo que el
joven supuso que la empresa
constructora ya habría enviado a algún
operario para la puesta a punto.
Todavía acariciando el estuche de
terciopelo, Ricardo se dispuso a
recorrer aquel espacio en busca de su
novia, pero la joven no daba señales de
encontrarse por allí. Se acercó a la
pequeña y también nueva casita de
madera que habían habilitado como
vestuario y probó a escuchar si podría
encontrarse en su interior. Sin atreverse
a mirar por una ventana por si llegaban
sus padres en cualquier momento,
acercó su oído a la puerta y escuchó una
especie de murmullos ahogados, como si
alguien se recuperase de algún esfuerzo
físico. Como gemidos.
Ricardo se tensó. No, no podía ser
posible, ella no volvería a traicionarle.

Leer En Online

Libro de Los besos van aparte Hermanos Rey 2 – Lina Galán gratis

Lo hizo una vez, cuando su relación aún
no había tomado un camino serio, pero
no fue más que un desliz, una tontería.
Aun así, no podía pasar de largo sin
mirar hacia el interior de la

Comprar Ebook  en 

Clic Aquí Para comprar 

Leer en Online Los besos van aparte Hermanos Rey 2 – Lina Galán

[sociallocker]
[popfly]

Descargar 

[/popfly] [/sociallocker]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
---------